¿El arte creado? A raíz del texto : Lo útil.
Por Andrea López Montero“El propósito de la utilidad es cumplir correctamente con la función por la cual ha sido creada”.
Dicha afirmación no creo que sea precisamente una respuesta amplia, sino el origen de las preguntas.
El arte surgió como respuesta a nuestra falta de funcionalidad, para dar sentido al sinsentido, en paralelo al pensamiento.
“La utilidad hoy en día depende de nuestro sistema socioeconómico… ¡pero eso no significa nada! Uno puede ser una distinguida personalidad en el ámbito medicinal y dedicarse toda su vida a recetar enemas.
Por el contrario, creo precisamente que ese es el principal problema: la creación y la difusión del arte se está limitando a la función que el sistema le permite o le provoca.
El arte no es un objeto que se pueda fabricar, habida cuenta de que abarca un concepto más amplio que el que se reduce a la materia (o al objeto artístico). Al igual que el pensamiento no es algo que se deba limitar y prefigurar con valores establecidos. Deben ambos fomentar la duda que despierte la necesidad de saber…y eso es lo que se controla.
El hecho de que el sistema haya marcado una función concreta y exigida al arte contemporáneo (y limitado al arte anterior, tachándolo de documento histórico incapaz hoy de generar una crítica en el presente) ha forzado al arte a una creación determinada, administrada por unos valores que coartan su capacidad de generar un conocimiento evolutivo.
Marina describe al artista actual como “frívolo maestro de la seriedad, que enseña moral desmoralizando, orgulloso con su papel de heraldo de la liberación”.
Se vende la libertad del arte actual y la del artista para decir, pero ¿Qué se le exige?
La receta actual ha de combinar un poquito de sublimación (con un sabor dominado por el Thanatos) aliñada de preocupación social, algo de regionalismo y minorías: a ser posible emplatada en un uso de la tecnología cutre como signo evolutivo.
Se le enmarca exclusivamente en una utilidad y el artista debe responder a la misma. Decía Elena: “debe impregnar aspectos de nuestra vida tal y como lo hace la imaginería popular” y “servir a la sociedad en la que vive en lugar de escindirse de ella “.
Y precisamente eso hace, lo que le han enseñado, lo que la sociedad consume… el servicio de facilitarles seguir con su vida actual, sin inquietarles realmente, siendo este el papel que se le ha otorgado y reconocido institucionalmente. La amoralidad queda subvencionada. Siendo este el papel del arte no hay cabida para que contribuya al enriquecimiento crítico.

La reflexión es dada por el propio creador, lo que sitúa al individuo en una posición pasiva: ya ha consumido su dosis de preocupación social y hecho gala de su alto nivel cultural, puede volver tranquilo a casa. Es lo oficial, y por tanto, correcto.
Ahora, ¿ es arte?.
El arte debe generar una crítica, no ser esencialmente una crítica. Debe general reflexión, no ser reflexión.
Hay una confusión entre el medio y el fin, cuando estos se confunden o equiparan bajo un mismo significado, entonces se genera discurso, entonces no hay arte, no hay experiencia artística.
Lo correcto al igual que lo útil se condiciona desde la sociedad, pero es accionado por el individuo.
El arte se entiende útil en el momento que permite al sujeto liberarse. Decía Russell que el intelecto libre es la principal máquina del progreso humano.
Pero si dicho intelecto se adormece mecido por el discurso y la autoridad no hay progreso. Porque si siempre te dan la comida masticada, no aprendes a masticar.
El arte correcto es por tanto el arte que permite liberarnos, en cuanto a instruirnos y no por el contrario, colaborar en el adoctrinamiento socioeconómico.