lunes, 17 de marzo de 2014

No hay crisis para el Museo Taurino de Madrid

Según la nota de prensa de la Comunidad de Madrid, ésta va a cerrar los ojos "al compromiso de deuda" y va a "invertir" cerca de un millón de euros en las obras que se realizarán en la plaza de las Ventas y en el Museo Taurino para ampliar sus instalaciones y crear un acceso que desvincule su funcionamiento del uso del coso. Se estima que con ello se incrementen las visitas en un 30 %.

"El año pasado, 41.665 personas visitaron sus instalaciones, destacando el incremento de las visitas de grupos de escolares y personas mayores”, explicó el portavoz del Gobierno regional, Salvador Victoria, quien señaló que cada vez son más los visitantes europeos, americanos, así como de países asiáticos y orientales, que incluyen la visita al Museo de Las Ventas dentro de su recorrido por Madrid."

Sí señor, ya podemos decir que la Comunidad de Madrid, cuyos gestores han acreditado desmesurada voluntad de excelencia, va a contar con un magnífico "instrumento educativo y de activación turística". Propongo que asimismo inicien las negociaciones para que el Museo de la Tortura se instale definitivamente en Madrid; también es "un magnífico instrumento educativo y de infraestructura turística".
¡Manda güevos!

domingo, 16 de marzo de 2014

Patrimonio cultural "al desnudo"

Durante estos días los medios llenan páginas o minutos entre baterías de publicidad y publicidad con una noticia que tiene gracia... Al parecer, a la gente le ha dado por hacerse fotografías en pelotas en los lugares más sacrosantos de nuestro actual sistema de valores trascendentes: ante las ruinas del Machu Picchu, en la Gran Muralla china y en otros lugares por el estilo.


Foto El Comercio
Me pregunto cuánto tiempo transcurrirá hasta que la tendencia se convierta en moda... Sería un nuevo aliciente para visitar lugares tan sacrosantos como el Museo del Prado, el del Louvre o, incluso, el MNCARS...

The Architect is Present

De acuerdo con la costumbre, la Fundación ICO ofrece otra interesante exposición, en este caso, con proyección no exclusivamente orientada hacia los futuros arquitectos:

"La exposición ‘The Architect is Present’ muestra la obra de cinco influyentes estudios internacionales que han hecho de la austeridad su referente ético y estético. Extendidos por los cinco continentes, estos jóvenes arquitectos trabajan en entornos de economía precaria, mostrando que la escasez de recursos puede ser un estímulo para la inventiva técnica y la participación comunitaria, y el fundamento de una arquitectura responsable donde la vocación de servicio no excluya la belleza y la emoción. Desde Noruega y Alemania hasta Burkina Faso, y desde Paraguay hasta Australia pasando por la India o Tailandia, Diébédo Francis Kéré, TYIN Tegnestue, Anupama Kundoo, Solano Benítez y Anna Heringer han construido alojamientos, escuelas rurales o centros sociales de extraordinaria economía de medios, admirable adecuación a las necesidades colectivas y ejemplar materialización constructiva, ofreciendo inspiración a los muchos arquitectos que hoy persiguen reconciliar el compromiso moral con la excelencia artística."

El montaje es espectacular y el planteamiento museístico, claro y elocuente; para completar su potencialidad, varios jóvenes (seguramente alumnos de la ETS de Arquitectura de la Politécnica de Madrid) se ofrecen a resolver dudas o a comentar lo que el visitante estime oportuno...


A pesar de algunas ingenuidades, la exposición es un magnífico ejemplo de las posibilidades expositivas actuales... 

sábado, 15 de marzo de 2014

El Greco Show

Con gran boato y previa inauguración protagonizada por la Reina Sofía y otras muchas autoridades políticas, religiosas y militares, se ha puesto en marcha el Greco Show para contento de los comerciantes toledanos y de quienes ansían experiencias estéticas trascendentes.
El evento fue diseñado hace tiempo para celebrar el cuarto centenario de la muerte de Dómenicos Theotocópuli, el pintor que llegó a España con la intención de poner su genialidad al servicio de Felipe II en El Escorial y que, por obra y gracia del “mal gusto” de éste y sus asesores, que sólo apreciaban fervientemente las obras de Tiziano, acabó varado en Toledo… Y es que aunque los poderosos atraigan a los artistas como la mierda a las moscas, con frecuencia los gentilhombres sólo reconocen la genialidad tarde; porque aunque parezca increíble, la capacidad para comprar arte no asegura buen juicio estético; tampoco los títulos nobiliarios...


El evento, que se desarrolla en varios lugares y está acompañada por actos de muy variada naturaleza, ha sido organizado por la Fundación El Greco 2014, que, según la "página oficial", tiene el siguiente sentido:

La Fundación El Greco 2014 tiene como fin conmemorar el IV Centenario de la muerte del pintor, el 7 de abril de 1614 en Toledo, la ciudad que eligió para vivir los años más fructíferos de su creación artística.
Esta conmemoración debe traducirse en un verdadero proyecto cívico que haga de Toledo ese año una verdadera capital cultural europea, como lo fue en el tiempo del Greco. Los resultados de cuanto hagamos tienen vocación de perdurar y, por tanto, no nos dejaremos deslumbrar por lo efímero por muy brillante que pudiera parecer.
El IV Centenario tiene que trascender la fecha de 2014, enriquecer la identidad de Toledo y favorecer el mejor conocimiento del Greco y de su obra.
La celebración del IV Centenario será para Toledo la oportunidad de mostrar una excepcional oferta cultural renovada con la ambición de la excelencia, mediante un proyecto basado en el potencial artístico de la figura del Greco. Un proyecto abierto a la colaboración de otros países y a todas las aportaciones de la sociedad civil que lo enriquezcan.
El Griego de Toledo, como se le conoció en su tiempo, fue ese inmigrante que nunca llegó a dominar nuestra lengua, firmó siempre en caracteres griegos y mantuvo el apodo de su nacionalidad de origen, llegando a ser el más universal toledano de todos los tiempos, y un verdadero icono de la identidad de nuestra ciudad. El valor simbólico de su ejemplo para los hombres y mujeres de hoy trasciende la genialidad de su arte y tiene también una dimensión social.
A su muerte quedó en el olvido, hasta ser descubierto a mediados del siglo XIX, en un proceso de recuperación que tuvo su mayor auge con las vanguardias de comienzos del siglo XX, como demuestran los numerosos lienzos que hoy se exhiben en los principales museos y colecciones del mundo.
Desde entonces ha sido objeto de la mayor atención, plasmada especialmente en numerosas exposiciones. Pero nunca en Toledo se le rindió el homenaje que merece, hecho inexplicable porque aquí alcanzó la cima de su arte y porque sólo Toledo conserva sus obras en el espacio original para el que fueron creadas.
Con ayuda de todos, y entre todos, vamos a hacer realidad lo que es un apasionante sueño.
  
                                                                                                                Gregorio Marañón
                                                                                             Presidente de la Fundación El Greco 2014




Para que los seguidores de este blog entiendan un poco mejor lo que expresa el señor Marañón, y por qué cobran 41 € por ver todos los eventos relacionados con la celebración, creo conveniente recoger los nombres de quienes están detrás de la entidad que se ha encargado de proporcionar cobertura al evento:

Fundación El Greco 2014

Patronato

Presidencia de Honor     SS.MM. los Reyes de España
Presidente    Gregorio Marañón y Bertrán de Lis. Marqués de Marañón* 
              Director general: Jesús Carrobles
              Coordinadora General: Paloma Acuña

 Patronos natos

Presidenta de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha     María Dolores de Cospedal García
Ministro de Educación, Cultura y Deporte     José Ignacio Wert Ortega
Presidente de las Cortes de Castilla-La Mancha     Vicente Tirado Ochoa
Alcalde de Toledo     Emiliano García-Page Sánchez
Arzobispo de Toledo     Braulio Rodríguez Plaza
Secretario de Estado de Cultura del Ministerio de Educación Cultura y Deporte*     José María Lasalle Ruiz
Consejero de Presidencia y Adm. Públicas de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha*     Leandro Esteban Villamor
Consejero de Educación, Cultura y Deportes de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha*     Marcial Marín Hellín
Consejero de Hacienda de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha     Arturo Romaní Sancho
Subsecretario del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte     Fernando Benzo Sáinz
Presidente de la Diputación Provincial de Toledo*     Arturo García Tizón
Dir. Gral. de BB.AA. y Bienes Culturales y de Archivos y Bibliotecas del Min. de Educación, Cultura y Deporte*     Jesús Prieto de Pedro
Concejal de Educación, Cultura, Patrimonio Histórico, Deportes y Festejos del Ayto. de Toledo     Jesús Ángel Nicolás Ruiz
Deán de la Catedral de Toledo     Juan Sánchez Rodríguez
Obispo auxiliar de Toledo*     Ángel Fernández Collado
Ayuntamiento de Toledo*     Andrés Javier Ruedas

Patronos

Presidente de la Comunidad de Madrid     Ignacio Gonzalez Gonzalez
Alcaldesa de Madrid     Ana María Botella Serrano
Director de la Real Academia de la Historia     Gonzalo Anes y Álvarez de Castrillón
Director de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando     Antonio Bonet Correa
Director de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo     Ramón Sánchez González
Rector de la Universidad de Castilla-La Mancha     Miguel Ángel Collado Yurrita
Presidente del Real Patronato del Museo del Prado     José Pedro Pérez-Llorca
Presidente de la Real Fundación de Toledo     Juan Ignacio de Mesa
Presidenta de Acción Cultural Española     María Teresa Lizaranzu
Presidente de Globalcaja     Higinio Olivares
Presidente de Liberbank     Manuel Menéndez
Presidente de la Federación Empresarial Toledana, FEDETO     Ángel Nicolás García
Presidente de la Fundación Casa Ducal de Medinaceli     Ignacio de Medina y Fernández de Córdoba, Duque de Segorbe
Capilla de San José     Luis Fernando Londáiz y Mencos , Marqués de Eslava
Director de la National Gallery of Art, Washington DC     Earl A. Powell III
Director del Metropolitan Museum of Art, Nueva York     Thomas P. Campbell
Presidente de Patrimonio Nacional   José Rodríguez- Spiteri Palazuelo
Consejero Delegado de Nestle Laurent Dereux 
Secretaria     María de los Reyes Escrig

(Las personas con * forman parte de la Comisión Ejecutiva)

Realmente sorprendente.
Sea como fuere, las gentes desbordan las posibilidades de la calle del Comercio y hacen cola a las puertas del Museo de Santa Cruz...


No obstante y por si alguien confunde la "intención profunda" de este comentario, debo manifestar que, con independencia de quien los patrocine, incluso aunque sea la lideresa de los despidos en diferido, estos eventos turístico-culturales son una opción magnífica para desentumecer un sector de la industria cultural española, excesivamente volcada hacia el sol, la playa y el alcohol. Y lamento que no se afronten iniciativas afines con más frecuencia, por supuesto, poniendo en juego los medios necesarios para que el evento sea atractivo.

lunes, 10 de marzo de 2014

El Museo de Cuenca

Durante este fin de semana dimos un paseo por el Museo de Cuenca;  desde hace tiempo tenía ganas de fotografiar unas cuantas piezas que me parecía interesantes y, algunas de ellas, incluso, particularmente interesantes….
Encontramos un museo en situación manifiestamente mejorable; da la sensación de que no se han tocado sus instalaciones desde cuando fue inaugurado en 1974, aunque me consta que algunas cosas no son tan antiguas. Se echan en falta cartelas de información específica más completas y, seguramente, no le vendrían mal vitrinas de diseño más actual, aunque las actuales cumplen su función mejor que otras de museos de inauguración reciente. Seguramente sería conveniente cambiar las cartelas de "rústicas" madera... Según, la página oficial:

"En la actualidad la dirección del Museo trabaja  para abordar la remodelación, ampliación y modernización, tanto del edificio como de la exposición permanente."

Francamente va siendo hora... aunque si las autoridades políticas prefieren hacerse fotos inaugurando instituciones como el Museo de las Ciencias de Castilla-La Mancha, la dirección lo tiene crudo.
Como suele ser frecuente en otros museos españoles, apenas está  recogidos los años de cultura islámica, aunque es notorio que Cuenca fue un lugar de gran relevancia, al menos, en eboraria. De hecho, el museo conserva un capitel califal que no es posible ver porque está en "las salas de reserva del museo". Por fortuna, está recogido en el grupo de "piezas esenciales" de la web y aunque la página no facilita copiar la imagen, no es difícil conseguirla...  Me pregunto por qué razón algunos gestores se empeñan en ofrecer una imagen tan mojigata y pobre. No me parece buena estrategia para que la gente se interese por lo que tiene el museo y acuda a visitarlo...
Lo más enfatizado de la actual instalación museográfica es la zona dedicada a la cultura romana...

Museo de Cuenca (procede de Segóbriga)
De las salas romanas, destaca muy especialmente, la dedicada a Segóbriga, uno de los yacimientos más espectaculares de Castilla-La Mancha, y en ella, me interesa destacar un capitel, que acaso sea uno de los más curiosos proporcionados por la arqueología romana en la península Ibérica. Cuenta con la estructura tradicional del orden corintio. En el cesto existen dos coronas de hojas de acanto de foliolos anchos y cortos, que determinan huecos triangulares comunes de las piezas de la segunda mitad del siglo II. El cuerpo superior ofrece los elementos que le hacen excepcional: los "escultores" apenas han dejado espacio libre de talla fina y minuciosa. La voluntad tapizante está a punto de romper la estructura "orgánica" derivada del mito de Calímaco; han tallado la parte superior del cesto, que normalmente suele aparecer lisa; incluso el borde superior está trabajado mediante trépanos de diámetro muy fino, que proporciona sensación de trabajo de brocado. Hasta el frente del ábaco responde a la misma voluntad tapizante. Interesa especialmente que este capitel, junto con algunos otros de zonas más norteñas (Clunia, por ejemplo) ofrecen cálices bajo las volutas de gran desarrollo, que cubren gran parte de éstas. La misma voluntad virtuosa y tapizante se presenta en la flor de cuatro pétalos dispuesta bajo la unión de las volutas interiores y que ocupa el espacio que debería corresponder al tallo del florón del ábaco (en esta pieza se han perdido los cuatro florones); es curioso que, a pesar de esa anomalía, existen las hojillas que, en piezas más convencionales y definiendo una V, acompañan el arranque de dicho tallo. Esta circunstancia parece ser rasgo común en Segóbriba, puesto que existe otro en el propio museo, más sencillo, que también carece del tallo del florón y presenta anómalo y diminuto elemento floral sobre las volutas interiores y bajo la flor del ábaco. En todo caso, en la evolución de la ornamentación arquitectónica romana, la mencionada voluntad de virtuosismo conllevó un progresivo abandono de las referencias rígidas de los años anteriores.
A partir de finales del siglo II en todas las áreas romanizadas aparecerán multitud de variedades "degeneradas" o "creativas" (según deseemos valorar los cambios). Esas corrientes innovadoras se manifestaron también en la península Ibérica. En ese sentido, el capitel de Segóbriga ilustra bien la creatividad ornamental del Pleno Imperio que desbordó ampliamente los paradigmas vitruvianos. Al mismo tiempo, es un documento inestimable para relacionar ciertos prototipos "dudosos" de la Bética en tiempos relativamente "antiguos" (desde el siglo II). Desde esa cualidad y aunque parezca sorprendente, este capitel nos ayuda a entender el capitel califal que existe en el mismo museo, que mencionaré enseguida.

Museo de Cuenca; procede de Ercávica
También es interesante un capitel clasificado como "mozárabe", procedente de Ercávica. No tiene elemento alguno que permita relacionarlo con la cultura andalusí y, en consecuencia, parece forzada dicha clasificación. Algún autor lo sitúa en la órbita visigoda, supongo que siguiendo la costumbre: si es "anómalo", ha de ser "visigodo". Pero lo cierto es que no es tan anómalo y, en todo caso, está en las antípodas de los modelos califales: éstos poseen el cesto cilíndrico; el de Ercávica es netamente toncocónico. Posee una corona de hojas muy esbeltas y lisas pero con incisiones a modo de venas; tiene caulículos, cáliz liso y volutas sumarias; también presenta ábaco de escaso espesor, pero de diseño cóncavo muy acusado, como es frecuente en los capiteles de época imperial. En el Alcázar de Sevilla hay uno parecido pero cuyas hojas están decoradas con estrías paralelas. En Toledo existe uno relativamente comparable (Museo de los Concilios), pero bastante más sumario en el ornato y evolucionado en la articulación del ábaco. 

Capitel del Museo de los Concilios (Toledo)
Creo que debería retrasarse considerablemente la catalogación de la pieza de Ercávica que, en todo caso, fue tallada para una zona marginal dentro de la inmensidad territorial del Imperio Romano. Y no creo que el de Toledo sea muy posterior. En la provincia de Soria  también han aparecido capiteles muy evolucionados, con ornamentación sumaria, en contesto arqueológico tardorromano.

Imagen del Museo de Cuenca
Capitel del Alcázar de Sevilla; probablemente sea romano del siglo II
Capitel del Alcázar de Sevilla; probablemente sea del siglo II
El capitel califal apareció  en las excavaciones de la alcazaba (Plaza de Mangana), probablemente sería importado desde Córdoba y responde a una modalidad muy común "de volutas vegetales", a mdio camino entre los corintios y los corintizantes. Posiblemente fue realizado durante la primera mitad del siglo X, cuando el juego de claro-oscuro aún se vencía hacia la valoración de la superficie marmórea; años después, predominará el valor de los huecos, del "fondo". Esta modalidad de capitel, que escapa de las taxonomías clásicas, muy probablemente derive de modelos romanos "emparentados" con el ejemplar de Segóbriga antes mencionado; al menos, eso es lo que parece indicar la "intrusión" de elementos vegetales en las partes que, tradicionalmente, se ofrecían en su valor netamente geométrico.
En varias ocasiones he mencionado el problema de los tallistas cordobeses del siglo IX... Muy probablemente, muchos de los capiteles que Gómez-Moreno incluyó en ese grupo fueron tallados en el contexto de la corriente virtuosista del siglo II; el conjunto más significativo los definen los cuatro que permanecen en el actual mihrab de la mezquita mayor de Córdoba. Ese es también el caso de los dos capiteles aún conservados en el Alcázar de Sevilla, reproducidos en las imágenes adjuntas, que seguramente fueron trasladados desde Córdoba, como el resto de los que fueron reutilizados allí y en la Giralda. Ahora interesan únicamente los dos que documentan la modalidad empleada por los tallistas cordobeses para realizar piezas como la aparecida en las excavaciones de la alcazaba conquense.
Los originales romanos y las "copias" califales se distinguen por pequeños detalles, casi de matiz: el tipo de talla es más profunda y esquemática en los califales; el tratamiento de los motivos vegetales es más "naturalista" en los hispanoromanos; éstos suelen ser más esbeltos... Los promotores califales se propusieron recuperar los modelos grecorromanos con tanto énfasis que, con frecuencia, es difícil distinguir los originales de las copias; y en esa circunstancia, acaso esté una de las cualidades más relevantes del arte califal cordobés en su conjunto, sobre todo en los tiempos de Abdelrahmán III.

Cine y arte

Lo propone Álvaro:

domingo, 9 de marzo de 2014

Altamira: ¿ciencia o ‘marketing’?

Ayer publicaba El País una "carta al director, firmada por Juan Manuel Vicent García y María Isabel Martínez Navarrete,del CSIC, y Teresa Chapa Brunet, catedrática de Prehistoria de la UCM en los siguientes términos:

"La posible reapertura de la Cueva de Altamira ha vuelto a ocupar los medios de comunicación como resultado de una ingeniosa idea de marketing. El acceso a la cueva original como premio de una lotería se nos presenta como un “experimento” a partir del cual “los científicos” decidirán si es viable una reapertura y en qué condiciones.
La opinión pública debe saber que “los científicos”, tras 15 años de observaciones, ya se pronunciaron taxativamente en un trabajo publicado en la prestigiosa revista Science (2011). Su decisión era concluyente: la cueva no debe reabrirse.
No parece razonable pensar que observaciones realizadas en el curso de unos meses puedan invalidar las conclusiones de 15 años de investigación. Sabemos que los procesos de biodeterioro se manifiestan más allá del plazo de estos “experimentos”.
Si existen dudas, sería deseable que se resolvieran bajo las garantías de concurrencia pública, evaluación por pares e independencia que definen lo que actualmente se entiende por un verdadero proyecto de investigación, condiciones que no parecen darse en el costoso “Programa de Investigación” puesto en marcha por el Ministerio de Cultura. En cualquier caso, no debería mezclarse la ciencia con el marketing."



En El Diario Montañés, ven el asunto de otro modo... Supongo que quienes habitan cerca de Santillana están muy interesados en que la cueva se abra al público y se estarán preguntando para qué sirve el arte si no lo ve nadie. La respuesta parece obvia: para conservarla. La contra-réplica también: Conservarla... ¿para quién, para qué? ¿Para que la contemplen los arqueólogos del futuro?
Solucionar el conflicto con una réplica tiene un grave inconveniente: las réplicas no conmueven a casi nadie; las personas de gran sensibilidad sólo experimentan goce estético pleno ante la obra que emana los efluvios sagrados del artista, del divino excepcional... ¿El aura de la "autenticidad"? Si Benjamin levantara la cabeza....

El Roto


Viñeta de El Roto del 10 de marzo de 2014 (El País)

Santa Comba de Bande

Introducción

Es uno de esos edificios que se adjudican a tiempos visigodos sin otros datos que un documento impreciso de tiempos de Alfonso III, según el cual existía una iglesia dedicada a Santa Colomba, que se hallaba abandonada desde hacía "más de 200 años"... Algunos historiadores dedujeron de ello que "debía ser" de finales del siglo VII, es decir, posterior a la "unificación" peninsular bajo los reyes visigodos (ha. 576). También este caso parece clara la sobrevaloración de la época visigoda... Y así lo han asumido muchos estudiosos en sus publicaciones y, con raras excepciones, así se ha estado explicando...
Recientemente se ha abierto un debate interesante gracias al trabajo de un equipo de investigadores formado por L. Caballero, F. Arce y M. A. Utrero; éstos llegaron a dos conclusiones, en apariencia, sorprendentes. La primera: que, a pesar de las múltiples reparaciones que ofrecen sus paramentos (muy visibles desde el exterior), el edificio conserva la idea estructural original. La segunda: el edificio podría ser posterior a lo que se creía:

"Los datos aportados por la lectura del documento material entran en contradicción con la explicación histórica generada por el documento escrito. A partir de aquí el texto deja de ser una referencia fiable para conocer el origen y evolución de la iglesia. No se puede basar la historia de Santa Comba en una información de la que no ha sido valorada ni su génesis ni su transmisión: un texto moderno elaborado para prestigiar el pasado de un monasterio en horas bajas (San Miguel de Celanova) en el que se recogen documentos posiblemente interpolados siglos atrás para dirimir disputas de propiedad sobre las posesiones adscritas a la iglesia. La valoración del documento escrito y de los caracteres formales, estructurales y decorativos de Bande acercan a la iglesia a una época posterior, cercana a la arquitectura asturiana del IX y descendiente del influjo oriental transmitido por el mundo omeya."



Los elementos arquitectónicos

El edificio, reparado muchas veces, ofrece un aspecto impecable y magnífico, que fuerza la integración arquitectónica de unos elementos acumulados a lo largo de los siglos; está claro el carácter postizo del actual pórtico y de la espadaña; más difícil es percibir el resto de los elementos que se fueron añadiendo por razones diversas; mil doscientos años son demasiados para una edificación dispuesta en una zona de meteorología sumamente erosiva. Entre lo más reciente, debemos destacar la restauración de A. Ferrant en 1930, que eliminó algunos añadidos de época incierta y añadió otros; con posterioridad, fue sustituido el tejado.

Fotografía que empleó H. Schlunk en Ars Hispaniae, vol II (1947).
Santa Comba de Bande antes de la restauración de A. Ferrant
Es obra de sillería irregular pero con amplios paños construidos mediante bloques prismáticos grandes y bien tallados; lo mismo sucede con los arcos que definen las entidades estructurales básicas, con algunas anomalías que podrían explicarse por efecto de las reparaciones que debió imponer su mantenimiento durante más de 1000 años.
En planta se circunscribe a un cuadrado prolongado en el ábside (y, tal vez, en el acceso hoy perdido y sustituido por el actual del siglo XVII) para articular varios volúmenes abovedados con ladrillos, que definen una articulación volumétrica escalonada hasta la bóveda central, de arista y también realizada con ladrillos. Éstos fueron estudiados mediante luminiscencias, que apuntaron al siglo VIII como fecha de su fabricación; al parecer, prácticamente nadie da por buena esta cronología, incompatible con las circunstancias históricas de la zona.


Los arcos son de medio punto, salvo el que se abre al presbiterio, de herradura levemente peraltada; esta circunstancia ha justificado relacionarla con la de San Juan de Baños, aunque en este caso, el diseño parece más dependiente de tradiciones orientales. La combinación de piedra en los muros con ladrillo en las bóvedas puede reforzar esa relación, aunque es fórmula muy utilizada también en tiempos romanos. Santa Eulalia de Bóveda documenta soluciones afines.
La iglesia no cuenta con los alerones volados soportados por modillones, que existen en el edículo de Celanova, en Santiago de Peñalba y Santa María de Lebeña: aquí hay un reducido vuelo, conseguido mediante una imposta de escaso resalte, pero que sólo aparece en el cimborrio; en el resto de las cubiertas esa servidumbre se ha resuelto con fórmulas que podríamos encontrar en obras medievales y en chalets modernos.
Existen unos cuantos ventanucos, cuyos cargaderos son arcos de medio punto, unas veces definidos con ladrillos, otros con granito; también hay huecos con cargaderos horizontales de piedra, algunos fracturados.
Esta variedad de recursos constructivos impone valorar la existencia de "restauraciones" y remodelaciones de épocas diversas. La ventana del ábside conserva una celosía de motivo "escamado", que parece haber sido colocada después de una alteración del tamaño de la abertura; debió ser realizada después de la reducción del hueco, acaso en tiempos de "repoblación", cuando se reorganizó la estructura administrativa de esta zona peninsular.


Obviamente, nos encontramos ante un edificio de concepción muy próxima al mausoleo de Gala Placidia (ha. 430), en el que se sustituyeron los ladrillos de los muros por bloques de granito, de acuerdo con las posibilidades del lugar. Ello nos proporciona una pista bastante clara sobra la función que pudo tener esta edificación: muy probablemente, fuera concebida como mausoleo o, si se prefiere, como hito conmemorativo de carácter funerario.

La ornamentación

La ornamentación está organizada definiendo dos zonas separadas por el arco que conecta el presbiterio con el resto de la iglesia. En ésta existe una  imposta discontinua con relieves en espiguilla (no creo que se pueda hablar de "sogueado"), que induce a pensar en un edificio enfoscado, cuando menos, por el interior. En la misma dirección apunta la combinación de piedra (muros) y ladrillo (bóvedas).
La imposta del presbiterio, que lo recorre por completo y recerca la ventana axial, es de concepción totalmente distinta al resto de los elementos de la iglesia: entre dos listeles discurren motivos vegetales relativamente estilizados (zarcillos, flores, racimos, yemas, etc.), pero de talla muy cuidada. La carencia de motivos animados impide adelantar demasiado su cronología. Supongo que este detalle ha sido valorado como elemento de influencia andalusí, porque el relieve se acerca mucho a las cenefas de los atauriques cordobeses; pero también podría ser interpretado como importación directa de las fórmulas hispanorromans tardías y, muy especialmente, de cuando se expandieron los influjos bizantinos por todo el Mediterráneo
Algunos autores relacionan este elemento con San Pedro de la Nave, pero esa relación, que también es obvia, puede explicarse entendiendo ambas iglesias en el contexto de las referencias tardoromanas, regionales y orientales que se imitaron durante la Alta Edad Media.























Los capiteles, que descansan sobre fustes probablemente reutilizados, forman dos parejas tipologicamente afines dos a dos. Los de la primera serie repiten modalidad de orden corintio conocida en Galicia y en el sur de Francia y caracterizada por un tratamiento algo tosco pero aún dentro de la "ortodoxia" de las fórmulas romanas. Aunque se parecen bastante, estos dos más próximos a las variedades corintias, ofrecen diferencias  en los tipos de acanto y en el modo de resolver el cuerpo superior, que permiten suponer procedencias diversas. Destaca en ellos la moldura abocelada en la parte inferior del cesto (a modo del astrágalo que, por lo general, se tallaba en el fuste), que no es rara en la Península; cuentan con dos coronas de hojas de acanto, que aún conserva las fórmulas habituales a partir del siglo II. El conjunto superior se distingue por un cáliz muy desarrollado que oculta las volutas, en un caso por completo; sin embargo, no tapan el frente del ábaco, donde se aprecia una cartela asimismo muy evolucionada. Aunque no conozco piezas como éstas que hayan aparecido contextualizadas, existen varias comparables en el noroeste peninsular (por ejemplo, en Santa María de Ourense; también en San Fructuoso de Montelius); creo que el año 300 marcaría el momento de mayores posibilidades para situar su realización.

Capiteles de Santa Comba; el de la izquierda ofrece modalidad muy evolucionada; el de la derecha mantiene los elementos del orden corintio
Capiteles de Santa Comba; el de la derecha prácticamente ha perdido los elementos del orden
La segunda serie es más difícil de evaluar y acaso su existencia en este edificio haya servido para forzar hacia el siglo VII o hacia el IX la datación del edificio. Son dos capiteles que han perdido los elementos que caracterizan a las variedades corintias y aún a las corintizantes; sólo quedan dos coronas de hojas de concepción tosca, como pencas, que arrancan de un collarino liso, de ejecución irregular. Los elementos del cuerpo superior apenas son sugeridos por un tratamiento muy estilizado de los componentes tradicionales (caulículo, cáliz, volutas), reinterpretados mediante fórmulas que encajarían bien con la ornamentación sumaria de la imposta desde la que arranca el arco de herradura y con la que existe en la nave central.
Tradicionalmente, capiteles como los de la segunda serie suelen clasificarse en "época visigoda" (Schlunck) y desde esta circunstancia, sería obvio concluir que se realizaron al efecto, durante el siglo VII.
Pero existe otra posibilidad en consonancia con las cualidades de la romanización gallega: que estos dos capiteles fueran realizadas mucho antes de esa época, en un contexto cultural muy ruralizado; en el norte de la península Ibérica han aparecido restos escultóricos y también capiteles que responden a circunstancias de torpeza comparables; si aquellos suelen clasificarse alrededor de los siglos III y IV, éstos no deberían alejarse del mismo momento. No hace mucho han aparecido capiteles muy evolucionados en contextos arqueológicos del siglo IV (Camarzana, ¿La Olmeda?) que, a mi juicio, chocan con lo "generalmente admitido", desde los tiempos de Schlunk. En suma, la serie "degenerada" podría corresponder también a los alrededores del siglo IV.


Frente a lo que algunos estudiosos suelen enfatizar, no aprecio influencias cordobesas ni asturianas por ninguna parte. Los elementos que podrías ser considerados en esa línea (bóveda de ladrillos, arco de herradura,imposta del ábside, etc.) se pueden explicar por derivación directa de las tradiciones tardorromanas. (Ver comentario sobre el arco de herradura)

Hipótesis de clasificación

El panorama de clasificación que ofrece esta pequeña iglesia es, a mi juicio, bastante complejo:

1. Tesis tradicional. Edificio visigodo o de época visigoda.

La iglesia habría sido realizada en tiempos visigodos, tal y como se ha admitido tradicionalmente y aún siguen admitiendo algunos estudiosos. Esta hipótesis se apoya, sobre todo en la relación que el edificio tiene con San Fructuoso de Montelius (a mi juicio, discutible), pero, sobre todo, con San Pedro de la Mata y Santa María de Melque, que, en escalas diferentes, ofrecerían reiteración del mismo paradigma arquitectónico. En contra de esta hipótesis apuntarían las circunstancias mencionadas en este comentario, pero sobre todo, la dificultad de entender que fuera en tiempos visigodos cuando se establecieran fórmulas arquitectónicas asociadas a la uniformidad cultural que ello supone; es más factible situar esos procesos en tiempos anteriores.

2. La iglesia fue remodelada radicalmente durante el siglo IX.

La iglesia preexistente habría sido remodelada, al menos, por el exterior, durante el siglo IX, tal y como sugieren Caballero, Arce y Utrero. Parece obvio que la "recuperación del culto" impusiera una reforma radical del edificio.

3. Iglesia de tiempos suevos

R. Corzo sostiene que la iglesia pude ser obra de tiempos suevos. Me excuso por no analizar este juicio en detalle, que encajaría mal con la cronología que propongo para Santiago de Peñalba y Santa María de Lebeña, al menos, si entendemos que la iglesia fue concebida con el aspecto definitivo. Volveré a ello en otro momento...

4. Aún anterior 

A ellas podríamos añadir la que se deduce de los comentarios desgranados en las líneas anteriores.
Si damos por aceptables (aunque no sean precisos) los testimonios literarios, debemos asumir que esta iglesia fue construida "mucho antes" del siglo IX. Y creo que ello es un dato sólido, cuando menos para situar lo que, a mi juicio, parece una posibilidad muy probable: que la primera fundación fuera una pequeña iglesia con planta de cruz griega, arcos de medio punto y bóvedas de ladrillo, sin arcos de herradura (similar al mausoleo de Gala Placidia). Desde este supuesto, teniendo en cuenta la relación con el edificio de Bóveda, cabría desplazar su cronología hacia atrás y asociarla con la primera cristianización de Galicia, en tiempos, incluso, anteriores a la llegada de los suevos y en relación con la expansión territorial de la diócesis de Braga.


La falta de correspondencia entre el arco del presbiterio y el resto de los arcos abre una posibilidad que, además, encajaría con la naturaleza de la moldura que lo recorre: que se abriera el muro este para colocar un arco de herradura que diera paso a la parte más sagrada del tempo. Naturalmente, también sería posible que la heterogeneidad en el tratamiento de esa zona se deba, como sucede en otros lugares, al interés en enfatizar lo más noble. Pero para desequilibrar levemente la situación, por el exterior se aprecian irregularidades en el enjarje de los muros y cambios apreciables en la modulación de las hiladas, que abonaría la primera hipótesis; y algo parecido sucede con las dovelas del propio arco y con los sillares colocados sobre él: los bloques de unión entre la rosca del arco y el muro son exageradamente irregulares si los comparamos con los del resto de los paramentos.

En definitiva, parece probable que la iglesia actual sea resultado de una remodelación, tal vez, temprana y por razones difíciles de adivinar, acaso relacionada con el cambio de los ritos, resuelta mediante procedimientos constructivos similares a los iniciales, para añadir el presbiterio al que se accedería mediante un arco de herradura y una banda ornamental de fuerte sentido bizantino; y acaso, también el primer cuerpo de acceso. Por supuesto, desde los testimonios escritos, habría que contar con una segunda  remodelación a partir del siglo IX y con otras sucesivas... En alguna de las primeras pudieron ser sustituidos los ladrillos de la bóveda, que fueron fechados experimentalmente en el siglo VIII.

Para finalizar... entre dudas

A modo de epílogo, debo manifestar que no pondría la mano en el fuego sobre esta valoración, porque, desde los datos que puedo manejar (me hubiera gustado estar presente en las obras de restauración de Ferrant) y frente a lo que sucede, por ejemplo, con los capiteles de Mazote, la banda de roleos me parece un dato de escasa contundencia. Si realmente la iglesia hubiera sido construida de una vez, la fecha propuesta por R. Corzo, en tiempos de Martín de Braga (activo en Gallaecia entre 550 y 579), sería la más factible.  En todo caso, lo más probable es que se trate de un edificio del siglo VI.

¿El nacimiento de la Marea Roja? Manifiesto por la Cultura




La Plataforma en Defensa de la Cultura nació nominalmente el pasado 25 de febrero de 2014. Para solemnizar el acto ofrecieron un manifiesto, que reproduzco a continuación. Y para hacer visible la situación patética del "sector cultural" en España, convocaron para esta mañana un acto de expresión pública, que se ha celebrado entre las plazas de Colón y Cibeles y que ha culminado siguiendo la senda marcada por Riccardo Muti, con una interpretación muy especial del Va pensiero. 
Aunque entre las asociaciones que forman parte de la "Plataforma" hay entidades con las que "no me tomaría un café" —seguro que ellas tampoco se lo tomaban conmigo— y aunque algunos "puntos" me parecen muy discutibles, es oportuno reproducir en este modesto foro el manifiesto que hicieron público el mismo 25 de febrero: expresa lo que sentimos y defendemos casi todos los que, de un modo u otro, tenemos alguna relación con el "asunto cultural".

25 febrero, 2014 

La cultura es  patrimonio común de toda la humanidad y forma parte primordial de la identidad y dignidad de la ciudadanía de un país; es un bien con valor simbólico, un derecho de todos y un factor decisivo para un desarrollo integral y sostenible, sabiendo que el respeto y la valorización de la diversidad cultural son indispensables para la dignidad social y al desarrollo integral del ser humano.
El artículo 9.2 de la Constitución asegura que corresponde a los poderes públicos “facilitar la participación de los ciudadanos en la vida cultural”. Por tanto debe reconocerse el derecho universal de acceso a la cultura como uno de los pilares de la construcción en una sociedad más igualitaria y participativa que integre tanto a la infancia, los adultos, y la tercera edad como a todos los colectivos con riesgo de exclusión social.
La cultura es un sector no sólo de gran proyección económica, también tiene una importante dimensión pública y ciudadana. Su desarrollo y puesta en valor deben ser una prioridad política, ya que pueden ligarse a sectores como el turismo, la educación, el desarrollo local y la proyección internacional, así como a conceptos tan sensibles y esenciales como el paisaje, la memoria, el desarrollo personal o la identidad.
La cultura no puede seguir siendo considerada únicamente como un subproducto del desarrollo, sino que debe ser vista por todos los agentes políticos y sociales como uno de los principales factores del desarrollo sostenible. La cultura no puede ser entendida como un problema o como algo incomodo a los políticos. La crisis actual no puede ser ni un freno ni una excusa, es una oportunidad para toda la ciudadanía para reencontrarse y participar de todos esos valores, sentimientos e ideales. Los bienes, servicios y actividades culturales no son mercancías o bienes de consumo que puedan ser considerados únicamente como objetos de comercio, aunque tengan un valor económico importante, por ello la externalización no resulta una buena solución.
El reconocimiento en el artículo 44 de la Constitución de la cultura como un derecho, implica la obligatoriedad de una actuación pública que promueva el desarrollo cultural y el acceso a los bienes culturales. Dado que los sucesivos gobiernos, lejos de fomentar el desarrollo de este derecho público, han impulsado patrones culturales que han fomentado la separación entre sociedad y cultura.

Desde la Plataforma en Defensa de la Cultura exigimos:

  • La NO PRIVATIZACIÓN de los espacios culturales de uso público.
  • La REDUCCIÓN del IVA cultural.
  • Cultura y espectáculos accesibles y de calidad para toda la ciudadanía.
  • Que se impida la pérdida constante del patrimonio histórico y cultural cuyo valor pertenece a todos los ciudadanos, y se impidan privatizaciones espurias y contrarias al bien común.
  • Que se reconozca a los representantes de los diferentes sectores culturales como interlocutores en el desarrollo y elaboración de las leyes culturales: Ley de Propiedad Intelectual, Ley del Mecenazgo, Leyes de Patrimonio Cultural.

Que se reconozca:    

  • Que los espacios urbanos públicos sean utilizados y mantenidos para utilización y disfrute de la ciudadanía, eliminando la usurpación de estos para usos publicitarios o privados, donde músicos, actores y cualquier creador de espectáculos puedan desarrollar su expresión libremente.
  • Una radiotelevisión pública sin dependencia de los dictados políticos, que prime la difusión de espacios y espectáculos culturales.
  • (Que) la enseñanza de las artes, (música, teatro, artes plásticas y visuales) no desaparezca de las escuelas, y que las diversas expresiones artísticas no se privaticen.
  • Que se respete y reconozca que lo que hoy se construye, crea, pinta, escribe, compone… es un valor patrimonial para nuestro futuro.
  • Que se impulse y fortalezca el trabajo en todos los ámbitos culturales: bibliotecas, centros de arte, cines, teatros, museos, asociaciones vecinales, agentes culturales, escuelas municipales, archivos, centros culturales, salas alternativas, etc.
  • Solicitamos la solidaridad y apoyo internacional de los artistas de todo el mundo.
  • Solicitamos que la LOMCE y cualquier ley sobre Educación incluya  y articule adecuadamente en su programa todos los valores de la cultura.
  • Proponemos la celebración de un congreso de la cultura, patrimonio y espectáculo donde se elabore un libro blanco sobre LA CULTURA.

Sin cultura no hay futuro ni dignidad.


Madrid, 9 de marzo de 2014 (Paseo de Rcoletos)
Madrid, 9 de marzo de 2014, Solfónica 15M
Los más optimistas creen que ha nacido la Marea Roja...

viernes, 7 de marzo de 2014

Añoranza crítica de una famosa excursión a través del arco de herradura

Introducción con digresiones. 

Manuel Gómez-Moreno publicó su Iglesias Mozárabes en 1919 y aunque parezca increíble, aún hoy para una parte importante de los historiadores del arte, su contenido continúa siendo dogma de fe en asuntos de arte hispano altomedieval. Y esa sacralidad se hace extensiva a un artículo que fue avanzadilla de aquel: "Excursión a través del arco de herradura", publicado en 1906, que definió una especie de entramado teórico de referencia en torno al elemento arquitectónico más relevante del arte de aquellos años oscuros. Lo más curioso es que ese mismo sector de la historiografía reconoce como una obviedad que la idea misma del "arte mozárabe" está en crisis... porque el constructo nació "manchado" con el estigma de la imprecisión terminológica; no era estrictamente "mozárabe", entendido este término como lo define su raíz árabe: musta‘rabí, gentilicio del árabe clásico, musta‘rab, arabizado, influido por árabe. (DRAE). Nada nuevo porque en el mundo del arte son frecuentes las imprecisiones terminológicas.
Pero lo cierto es que el artículo, contemplado más de cien años después, es asombroso por la meticulosidad y por la agudeza de sus observaciones, pero sobre todo por su capacidad para categorizar con "sentido común" los datos proporcionados por los documentos históricos y los ofrecidos por el análisis histórico o arqueológico. Es obvio y no siempre destacado que, como algunos otros personajes de su generación o algo posteriores, participó de una gran capacidad para someter sus propias dudas o, incluso, hipótesis a una autocrítica implacable que se reflejaba en sus propios textos, de un modo que se fue olvidando con el paso de los años. Como también sucede con Torres Balbás, leer sus textos con atención supone entrar en un universo de matices y propuestas veladas verdaderamente apasionante, que indirectamente ofrece puertas para proseguir en el desarrollo del conocimiento. Por desgracia, han sido abundantes los estudiosos que han preferido oficiar como "discípulos fieles y ciegos", acaso porque aquí más que en otros lugares, la lealtad es virtud muy elogiada...
La imprecisión terminológica aparece a la entrada de su aventura más elaborada, en el "preámbulo" de su Iglesias Mozárabes:

"Dudoso parecerá que el título de este libro responda bien de su contenido. Quizá peque por exceso, dando cabida, bajo título de mozarabismo, a iglesias que no son tales sino en concepto de arte, y quizá peque también por defecto, al tratarse una porción de cuestiones que sólo indirectamente atañen a los edificios. Lo primero se razona por fuerza de hechos, que asignan a lo mozárabe un área de influjos mayor de lo que se pensaba; lo segundo, por necesidades de organización en materia histórica resbaladiza y apenas autorizada".

¿"Mozarabismo sólo en concepto de arte"? ¿"Necesidades de organización en materia histórica resbaladiza y apenas autorizada"? Gómez-Moreno, sumamente permeable a las concepciones "culturalistas" de su tiempo, debía ser consciente —más que nadie— de las debilidades de un libro que se gestó durante muchos años, probablemente, desde que comenzó a trabajar en La historia de los mozárabes de España, de Francisco Javier Simonet, y en paralelo al ingente acopio documental recogido por éste. Ante la desaparición de Simonet, el propio Gómez-Moreno se encargó de completar la edición del libro, que había sido premiado por la Real Academia de la Historia en 1867, poco antes de la destitución de Isabel II.

San Cebrián de Mazote en la actualidad (siglo X con reinterpretación moderna)
El libro ofrecía una visión enfática de los cristianos que se mantuvieron fieles a su religión mientras la península Ibérica estuvo bajo instituciones de poder islámicas y de algún modo personalizaron la "resistencia" hispana frente a la cultura “invasora”... Huelga decir que un planteamiento como ese, al que ya me he referido en entradas anteriores, estaba muy alejado de las actitudes objetivas exigibles a cualquier trabajo histórico "actual"; sin embargo, en España es difícil encontrar historiadores que hayan ejercido su labor al margen de condicionantes de naturaleza diversa. Durante la segunda mitad del siglo XIX, los sectores "ilustrados" apostaron decididamente por enfatizar todas las referencias culturales que nos acercaran a los paradigmas del desarrollo social y económico europeos y en esa actitud la herencia islámica era un factor, cuando menos, molesto. Paradójicamente, los sectores progresistas coincidieron con los más reaccionarios, asimismo interesados en negar ese componente de nuestra "substancia" histórica... por razones no muy diferentes, aunque los objetivos "finales" sí lo fueran.
En esa fusión "estratégica" reside, a mi juicio, la clave de un escenario que marcó decisivamente la historiografía de finales del XIX y principios del XX y aún se percibe en nuestros días, cuando se supone que cualquier historiador debería anteponer el dato a la opiniónDurante los últimos 150 años en España apenas se ha entendido la Historia como instrumento de auto-conocimiento o como escuela de estrategias políticas a medio y largo plazo; aquí se han utilizado los datos históricos, pero sobre su interpretación como arma de múltiples filos, hasta alcanzar unos resultados, con frecuencia, antagónicos a lo más elemental de su conocimiento; y en ese juego han predominado, sobre todo, las descalificaciones, recurso habitual cuando no hay voluntad de construir. Para incrementar la complejidad de un panorama especialmente obscuro, los debates relacionados con dichas interpretaciones no se limitaron a lo estrictamente histórico, porque tomaron partido en ellos personajes de formación y objetivos diversos, entre quienes estaban García Lorca, Machado, Unamuno, Ganivet, Ortega y Gasset... y, por supuesto, políticos de toda coloración.
No hace mucho hemos asistido al penúltimo eslabón de ese invariante castizo, con ocasión de las jornadas organizadas por la Generalitat de Catalunya y tituladas: "España contra Cataluña: una mirada histórica 1714-2014". Historiadores "catalanistas" y "españolistas", convenientemente respaldados por sus respectivos medios de comunicación y jaleados por los correligionarios políticos, organizaron un espectáculo particularmente penoso...

Santiago de Peñalba, acceso.
Si regresamos a la primera mitad del siglo XX, observaremos que, acabada la Guerra Civil se manifestó una voluntad de reconstrucción histórica que los ideólogos cimentaron sobre varias ideas más o menos artificiosas, entre las que destacan dos especialmente importantes para la argumentación de este comentario: el fundamento "católico, apostólico y romano", específicamente "español", y el componente germánico que emparentaba "lo español" con "lo alemán". La primera se traducíría en una tendencia, aún sensible en los sectores confesionales, según la cual, los españoles cristianos "siempre" estuvieron sometidos a la primacía de Roma. La segunda se materializaría en una obsesión casi enfermiza con el "estado visigodo", que engendró anécdotas como la pretensión de que los niños memorizaran la lista completa de los reyes godos, pero que también se dejó sentir en los ambientes más doctos.
A causa de la diáspora, la polémica más acerada fue protagonizada por dos estudiosos que ejercieron en América: Américo Castro y Claudio Sánchez-Albornoz; del áspero enfrentamiento se alimentaron casi todos los historiadores y ensayistas de la segunda mitad del siglo XX. Lo más curioso es que ambos apostaron por interpretaciones eventualmente sesgadas de la realidad histórica altomedieval. Por lo que aquí y ahora interesa (el debate, alimentado también por los medios de comunicación, fue muy amplio), bastará indicar que el uno (Castro) enfatizó el papel jugado por los judíos y el otro (Sánchez-Albornoz), sobrevaloró el desarrollo cultural del "reino asturiano". Por supuesto, ambos ofrecieron modelos que, de hecho, suponían continuar el camino de quienes desde el siglo XIX pretendía enfatizar lo que nos acercaba a Europa y que se concretaban en atenuar la relevancia cultural del fenómeno islámico. Disimular la relevancia relativa del Califato cordobés durante el siglo X suponía apostar decididamente por una "identidad nacional" alejada de los "casticismos" derivados de las pervivencias islámicas, muy arraigados en amplias zonas de la geografía peninsular.
Con matices surrealistas, los ideólogos del tardofranquismo encontraron la polémica sumamente adecuada para adaptar sus intereses a la nueva situación derivada del fin de la Segunda Guerra Mundial, cuando era importante ofrecer una imagen lo más próxima posible a los "valores occidentales" de la nueva Europa. Y en ese sentido, la devaluación del factor islámico era una apuesta muy conveniente; sólo molestaba la "aportación judía" y, quizás por ello, Américo Castro enseguida fue declarado "perdedor oficial" del debate. .
Santa María de Melque. ¿Siglo X? ¿Siglo IX? ¿"Tardorromano"?
Los factores mencionados adquirieron un matiz muy especial cuando, aún en tiempos de Franco, algunos eruditos intentaron resolver las "debilidades" de Gómez-Moreno mediante un constructo que encajaba especialmente bien con la pretensión "desislamizadora" dominante: José Camón Aznar proponía sustituir el término "mozárabe" por uno más adecuado a la "pureza" de la raza hispana; dejaríamos de hablar de "arte mozárabe" para hablar de "arte de repoblación". Para entonces, los manuales escolares ya ofrecían una imagen de la Alta Edad Media "española" perfectamente adaptada a la ideología dominante: "Cuando llegaron las musulmanes, los buenos españoles abandonaron sus tierras y se refugiaron en los montes de Asturias, donde se reagruparon para iniciar 'la Reconquista'".
Pasados los años de confusión y como en las "películas del oeste", caravanas de asturianos y cántabros, dirigidas por hombres santos,  recorrerían el territorio peninsular hasta llegar a Castilla para recuperar y repoblar los territorios de sus antepasados o para asentarse junto a los piadosos emigrados de Córdoba, en los alrededores de los nuevos monasterios... Con un destino obvio: Gibraltar.
Pero esa idea, que hizo suya pública y recientemente el ex-presidente Aznar  y que subsiste en los manuales escolares del siglo XXI, tenía menos sustento que la tesis de Gómez-Moreno, porque necesitaba el respaldo de los estudios arqueológicos y éstos no documentaron despoblamientos relevantes relacionados con la llegada de los musulmanes. Tal y como advirtió Reinhart, cuando las fuentes medievales hablan de "repoblación" deben referirse al control de un territorio, circunstancia ésta que cuadra perfectamente con la naturaleza del régimen señorial.  Llega un "señor", con unos pocos servidores y mucha brutalidad y por sus compañones decide que aquel lugar lo ha "repoblado" él y, que por consiguiente, sus moradores le deben respeto pero sobre todo las gabelas oportunas...
Y por si ello no fuera suficiente, dejando a un lado las comparaciones cinematográficas, aún quedaría una duda incómoda para la ortodoxia: ¿Repoblar con monasterios? Recuerdo una conversación sobre estos asuntos con un muy acreditado especialista en arte medieval  (no específicamente de la época altomedieval) de gran inteligencia, cuyo nombre silenciaré por discreción. Cuando surgió el "asunto Escalada" en una discusión personal me dijo con un guiño malicioso:
—Repoblación, repoblación... ¿Los monasterios "mozárabes" eran dúplices? ¿Cómo se va a repoblar un territorio con monasterios?
—Está claro: "Ora et labora" no se contradice con el "Creced y multiplicaos". Son asuntos diferentes que pueden coexistir: por el día, “ora et labora”; por la noche…  —respondí con más malicia.

San Miguel de Escalada, siglo X
El análisis de Gómez-Moreno... con acotaciones 

Tal y como adelantaba en los renglones anteriores, la estructura que Gómez-Moreno establecería para explicar y describir el proceso del arte hispano cristiano altomedieval, quedó diseñado en el sorprendente artículo infinitamente citado al que alude el título de esta entrada y publicado en el número 12 de la revista Cultura Española (1906): "Excursión a través del arco de herradura". Su contenido recoge datos asociados al arco de herradura sobre los que construyó las hipótesis (teorías) fundamentales que, junto con los escasos documentos conocidos (casi todos epigráficos) y algunos otros detalles más o menos importantes, concretaron un proceso acotado mediante dos "momentos" históricos fundamentales: la "época visigoda" y la "época mozárabe". Desde esa polaridad y mediante argumentos más tácitos que explícitos, pocos años después de la publicación del artículo de Gómez-Moreno, el arco de herradura, si pertenecía a edificaciones anteriores al año 711, ya se había convertido en el "fósil guía" de la época visigoda, sobre todo, si sus "proporciones" se aproximaban a las descritas en el artículo mencionado. En este punto, es importante hacer notar que Gómez-Moreno, como otros investigadores posteriores, partió de una hipótesis básica (axioma) discutible: que en época visigoda existía la homogeneidad cultural suficiente como para que existieran patrones arquitectónicos o constructivos (modulares) comunes para toda la península Ibérica. Basta echar un vistazo a los muy diversos sistemas de construcción que ofrecen las diferentes zonas y áreas repartidos por la Península en la actualidad para entender el reparo.

El artículo comenzaba ofreciendo datos e ideas sobre la génesis de ese elemento.  Una de las más sugerentes, la hipótesis de M. Choisy, relacionaba la forma de la letra griega Ω con la construcción de un arco sobre un muro con leve resalto para sujetar la cimbra. Gómez-Moreno argumentaba que no parecía razonable aceptar un origen tan accidental... En principio, es difícil no suscribir esta valoración, pero la apuesta de Choisy cuenta con un soporte de funcionalidad constructiva indiscutible que, además ofrece una referencia clara en la Península: Santa Eulalia de Bóveda posee unos arcos con levísima herradura, que, como señalé en su día, pudo haberse generado por el colapso del dintel. Por desgracia, la ajetreada historia de este edificio impide extraer conclusiones tajantes, pero contemplando la disposición de los ladrillos, la hipótesis no parece tan descabellada.

Santa Eulalia de Bóveda, s. IV, V
Gómez-Moreno también señalaba posibles interferencias de la India, que habrían conectado con Persia, y otras muchas referencias "orientales" posteriores al siglo IV en Capadocia, Siria, Césarea, etc.  Y continuaba mencionando ejemplos posteriores al siglo VII, en Armenia, Arabia, Irán, Grecia, etc., etc.
No lo expresaba con contundencia, pero para cualquier lector, lo dispuesto sobre la mesa conducía a una conclusión que resultará muy familiar a todo estudiante de los primeros cursos de Historia del Arte y hará sonreír o bostezar a cualquier especialista: el arco de herradura procede de "Oriente", "juicio" vago muy empleado en dichos ambientes para explicar el origen de muchos elementos decorativos, pero difícil de concretar. Muchas veces me he preguntado qué elementos no proceden de "Oriente", porque desde el etnocentrismo europeo, "Oriente" empieza en la línea que une el tacón de la bota italiana con Venecia. No conozco ningún elemento ornamental o estructural que no proceda de "Oriente".

Estela de la esposa de Flavus (Museo de León) (detalle de las arquerías)

Estela de Campilius (Museo de León) (detalle)
Sin embargo, el propio Gómez-Moreno, advirtió la debilidad de esa idea, porque cuando escribió el artículo mencionado, estaba claro que el arco de herradura era un elemento "usual" (término empleado por G. Moreno) desde el siglo II, cuando menos, en el SO de la península Ibérica (p. 186) y en la zona leonesa. Y mencionó varias piezas que documentaban el uso de ese elemento: La estela sepulcral de L. Emilio Valnete (León); la de L. Campilio Paterno ; la de la esposa de Flavus, con tres arcos de herradura.

"En Escalada tengo indicios de haberse descubierto dos más, que no ha hecho públicas D. Ricardo Velázquez" (p. 792) (...)  Otra, anepígrafa y con dos arcos de herradura abajo, está empotrada en la parroquial de Rabanales (Alcañices, Zamora), y alistana también es la pequeña estela de San Vitero, con pareja igual y epitafio de un Pistiro, hijo de Ecueso. En Picote, cerca de Miranda de Duero, aparecieron dos, finalmente, con los mismos arcos abajo, símbolos idénticos a los leoneses y epitafios de Deocena, hija de Careto, y Reburina, hija de Boutio.
Las estelas de este género son nombres indígenas o latinos, extraños símbolos y arcos semicirculares abajo, son innumerables en la región del Duero; más adviértase que la arquivolta pudiera, siendo muy pequeña, dar ciegamente origen a la herradura en manos de lapidarios ineptos; y que remedan  arcos verdaderos y no adornos a capricho, se garantiza con la primera de las estelas reseñadas.
Todas ellas son indicio vehemente de que nuestro arco era usual, desde el siglo II a lo menos, en la cuenca del Esla, si bien el arrasamiento casi absoluto de edificios de aquella edad no permite comprobarlo."
Y en nota a pie de página: "Puede sospecharse, no obstante, que algún simbolismo vinculaba dicha curva con las estelas, puesto que una, erigida por la República segobrigense a principios del siglo II, lleva en lo alto esculpida una moldura así: Ω, lo que repite con mayor claridad la estela de Valentino en Béjar" (...)"

¡¿"Algún simbolismo"?! La última letra del alfabeto griego en las estelas...  ¡¿Algún simbolismo?! El fin de la vida, el fin del alfabeto... Reconozco en este caso que se me escapan las razones de tanta vaguedad, sobre todo, teniendo en cuenta el trascendentalismo cristiano. ¿Sería aventurado deducir que el cristianismo se "apoderó" de los elementos iconográficos paganos alusivos a "la regeneración" que supone la muerte? A lo mejor es pura casualidad que los elementos de este tipo aparezcan en las estelas y en los sepulcros (discos solares, ornamentación geométrica, laureas, grifos, cráteras, copas, árboles de la vida, etc.); a lo mejor es casualidad su vinculación con la arquitectura altomedieval…

Estela de Gastiaín (Mº de Navarra) (detalle)

Estela del Museo de Burgo
A los ejemplos citados por Gómez-Moreno aún habría que añadir, cuando menos, la estela de Licinio Carisiano (Museo de Palencia, clasificada en el siglo III), la de Monte Cildá (Olleros de Pisuerga) (M. Palencia, s. III), otra más del museo de Burgos (dedicada a Ambata Caelica), la de Gastiain (Ermita de San Sebastián), la de Aguilar de Codés (museo de Pamplona), el ara taurobólica de Sos del Rey Católico (Museo de Pamplona) con dos arcos de herradura, los bloques reutilizados en Santiago de Alburquerque (Badajoz), que L. Caballero relacionada con la anterior... Supongo que existirán algunas más, por no citar ciertas modalidades de estela que por su configuración sugieren arcos ultrapasados, clasificadas en los alrededores del siglo II (en el Museo de Burgos hay unas cuantas).
Y aún deberíamos mencionar las lápidas ya cristianas, que parecen proporcionar continuidad a dicha tradición. No son muchas, pero sí muy significativas, porque alguna incluso ayuda a situar ciertos elementos supuestamente "mozárabes" como el "doble sogueado" (motivo laureado): varias lápidas de Mértola, comparables a la Andreas (citada por Gómez-Moreno), la de Leopardus, la de Fortunata y otra más incompleta; todas fechadas sin muchas dudas en el siglo VI, que parece ser época clave en la difusión del cristianismo.

"Imposta taurobólica" de Sos (Mº de Navarra)

Bloques reutilizados en Santiago de Alburquerque (Badajoz) (Imagen L.Caballero)
Para completar un panorama de posibilidades de evolución formal progresivamente diáfano, faltaría mencionar un hecho casi tangencial. Existe un grupo de estelas hispano-romanas, documentado en la zona próxima a la actual provincia de Zamora (incluyendo parte de Portugal), que parece derivar del tipo "de Picote" (estelas de rueda o de turbina), y ofrece otra posible fuente de inspiración. No es raro que estas estelas contengan bajo "la turbina" arquerías como las aparecidas en las zonas de león y Burgos; en el Museo de Zamora guardan varias piezas, aunque no conozco ninguna con arcos de herradura. Sin embargo, la de Publio Carisio, aparecida en Villalcampo, ofrece un recercado del disco, precisamente, en forma de omega, que descansa sobre el cuadrado de la inscripción que, a su vez, se apoya sobre una arquería triple. Parece evolución de otras con el disco recercado mediante círculo perfectamente trazado. La de Mustaro, asimismo de Villalcampo, es similar; y aún existen otras de configuración menos clara, que podrían interpretarse como omega muy cerrada o como círculo levemente abierto; divertido juego para una interpretación "gestáltica", que no puede ocultar la existencia de una Ω, al menos en la de Mustaro.

Estela de Publlio Carisio (Mª de Zamora)
Estela de Mustaro (detalle) (Mº de Zamora)
A todo ello faltaría unir una circunstancia muy importante: en la península Ibérica la Ω no era forma extraña en la planificación de los diseños arquitectónicos, tal y como acreditan algunas villas castellanas y otros edificios de cronología tardorromana. Lo recogió el propio Gómez-Moreno:

"Queda, sin embargo, por añadir otro indicio, y es la planta ultrasemicircular de algunas exedras en ruinas del período de decadencia, por ejemplo, en San Julián de Valmuza (Salamanca) y en Arnal, cerca de Leiria, abonándolo el ejemplo de ábsides iguales en iglesias y mezquitas donde campea dicho arco".

Hoy sabemos que no era un "indicio" solamente. La planta "ultrasemicircular" no era circunstancia extraña en la arquitectura hispanorromana tardía. Ahí están Marialba de la Ribera, las villas próximas a Valladolid... por no mencionar otros restos arqueológicos de cronología más problemática como el complejo de Segóbriga o el de Terrasa...

Con todos estos datos en la mano, parece absurdo mantener que el arco de herradura sea "fósil guía" de la época visigoda, porque habría que contar con la posibilidad de una realización más temprana... Y contando con la nota de la página 793, donde aparece la que creo es única referencia a la Ω, me pregunto si el propio Gómez-Moreno no forzó los términos para descartar la posibilidad de que el arco de herradura no fuera, en realidad, sino una "derivación" (apropiación) de la Ω (símbolo funerario romano) que encontramos en estelas no mencionadas en el artículo.

San Juan de Baños, siglo VII.
A la hora del balance, Gómez-Moreno escribió:

"Nuestra fatigosa excursión deja rotos dos eslabones indispensables para vindicar la unidad de origen del arco de herradura, ligando la India y Persia, el Asia y España. Ni los monumentos por mí conocidos ni la historia satisfacen aún para basar una teoría, y sólo indicios técnicos hacen verosímil tal enlace; pero la fecha, lugar y forma de revelársenos en España, infiltrado en el arte de los viejos astures, complican de tal modo el problema, que habríamos de remontarnos a las edades protohistóricos en busca de solución, por el mismo camino tal vez que recorrió la suástica del budismo hasta reaparecer entre aquellos indígenas con su mismo carácter de símbolo religioso y su misma forma; y si damos valor al aserto de Choisy referente a monumentos frigios análogos a nuestras estelas, será nueva y sorprendente coincidencia, pues allí en el Asia menor la suástica hizo también arraigo.
En el Oriente no caracteriza nuestro arco estilo alguno de arquitectura ni fue exclusivo, a no ser en algunos valles de Capadocia; pues aún gustando de él, como prueban sus frecuentes apariciones, debióse rechazar por inconveniencia de estructura, reservándolo las más de las veces para lo pequeño y decorativo. Quedan sospechas de si prevalecería en obras rústicas de maderos livianos; para esto, fuera de la India, quizá nunca se dilucide.
Respecto de España, hay más indicios para admitir una fase de arquitectura entre la decadencia romana y la invasión árabe, cuya característica principal hubo de ser nuestro arco, bastando quizá para ello que alguna de las metrópolis de entonces, Mérida o Sevilla, por ejemplo, lo pusiese de moda, tomándolo del arte indígena vulgar, durante la próspera reacción constantiniana. Por entonces la prolongación de curva que constituye la herradura era muy discreta, imperceptible a veces y sin exceder de un tercio del radio, en forma que la proporción usual entre alto y ancho de la rosca era sesquiátera —de dos a tres— y solía abrir más que el hueco entre las jambas."

Y finalizaba con una elegía a la cultura hispana, que —mediante la iglesia de San Vicente— ofreció a los musulmanes las fórmulas constructivas que substanciaron el brillante arte califal, y con una breve alusión a la arquitectura mozárabe...

San Miguel de Celanova. ¿Siglo X o siglo VI?
Dejando a un lado el interés por forzar la "importancia" de la cultura hispana, surge una posibilidad que ya había descrito el propio erudito granadino: el arco omega parece ser elemento perfectamente documentado, cuando menos, en el oeste de la península Ibérica, mediante fórmulas diversas y, casi siempre, con el carácter funerario implícito en la ubicación de la letra en el alfabeto griego.  Esa tradición no parece exclusiva de la península Ibérica, porque está documentada la existencia de objetos funerarios con ese elementos en otros contextos. Por ejemplo, en las "mesas sigma", que ofrecen series de "arcos de herradura" sobre formato de arco peraltado. Existe una en el MET  realizada en Roma, con elementos cristianos fechada entre los siglos V y VI. Recientemente, en Sevilla,  han aparecido restos que podrían corresponder a una pieza acaso similar a la del museo neoyorquino...
Y por resolver posibles recelos, cabría preguntarse si las representaciones de las estelas son formas elegidas por el capricho de quien hace el encargo sin relación con edificio alguno o si, por el contrario, aludían a un edificio concreto, interpretado de modo más o menos "libre" o convencionalizado, pero sea como fuere, teniendo en cuenta la tendencia "natural" que todos tenemos a la representación, parece poco probable la primera alternativa. La literatura arqueológica se ha inclinado casi monolíticamente por la segunda opción, es decir, por suponer que, cuando menos, el tallista y quienes pagaron los trabajos "imitaban" edificios concretos o tipologías edilicias específicas. Además, hasta la colocación en la puerta de las iglesias parece responder a una idea particularmente apropiada desde la ortodoxia cristiana, que, al parecer, no repugnaba con los usos de los hispanorromanos: por el fin se entra en el principio...
La vinculación entre las primeras fórmulas cristianas y las tradiciones funerarias romanas no es asunto exclusivo de Hispania, porque también están documentados fenómenos afines en otras zonas del Imperio Romano; de hecho, el cristianismo, al enfatizar el mensaje trascendente (la resurrección), se muestra como una religión especialmente atenta al sacrificio, a lo funerario. Sólo cuando el creyente muere puede acceder a la proximidad divina.

Mezquita mayor de Córdoba, siglo X (vista transversal a las naves de al-Hakam II; al fondo, la zona de Almanzor)

Las categorías forzadas

Si está clara la relación de los arcos de herradura con tradiciones culturales hispanorromanas, ¿por qué insistir en relacionar la arquitectura "hispánica" altomedieval con “lo visigodo” y con lo andalusí? En el primer caso, la explicación parece simple: la aportación germánica acercaría nuestros "orígenes" a "lo europeo. La segunda cuestión es, en este caso,  más compleja... El intento de enfatizar lo genuinamente "lo español" ("lo mozárabe") conducía a reforzar lo andalusí y ello, a su vez engendraba un problema de consecuencias paradójicas. Dado que los grupos de cristianos empeñados en desvincularse del control emiral aparecieron a mediados del siglo IX, sería en ese momento cuando deberíamos situar los fundamentos del influjo cultural que aportarían los cristianos cordobeses emigrados hacia el norte para establecerse en territorios relativamente ajenos al poder cordobés (finales del siglo IX, principios del X). Sin embargo, hay que esperar a la proclamación del califato a principios del siglo X (929) para que en al-Ándalus aparezca un fenómeno cultural expansivo que se traduzca en la realización de las grandes obras que proyectarán su relevancia hacia el futuro.
En suma, los mozárabes emigrados, que salieron de Córdoba para escapar del control islámico, únicamente podrían haberse empapado de lo realizado en tiempos emirales y resulta que de esa época sólo se conoce una obra relevante: las dos primeras fases constructivas de la mezquita mayor de Córdoba. Y por los datos que proporcionan los trabajos arqueológicos, si exceptuamos las construcciones militares, de escasa significación estética, no parece que existieran en toda la geografía peninsular obras de gran significación cultural antes de la llegada de Abdelrahman III al poder.
Así, pues, las dos primeras fases constructivas de la aljama cordobesa se convertían en factor clave para hacer encajar la cultura "mozárabe" leonesa como fenómeno cultural derivado de lo islámico y, en consecuencia, para explicar la "depuración estética" de las "iglesias mozárabes", resultaba "vital" contar con un "arte emiral" de especial significación. Pero la ampliación de Abdelrahmán II es simple continuación de lo que ya existía en la primera mezquita: los alarifes del siglo IX se limitaron a repetir lo que habían hecho sus predecesores: buscar elementos arquitectónicos de los edificios antiguos (probablemente, bloques de piedra, columnas y capiteles) para organizar arquerías arriostradas mediante arcos longitudinales de herradura...
Frente al razonamiento de Gómez-Moreno, ninguna iglesia "mozárabe" se construyó según el modelo arquitectónico de la aljama, de modo que el único nexo quedaba definido por el arco de herradura, pero con una función tectónica diferente: en la zona leonesa todos los arcos de herradura tienen el carácter que habitualmente ofrecen los arcos semicirculares en la tradición romana y bizantina en edificios de escasa complejidad estructural; son, sencillamente, elementos tectónicos elementales, de reparto o concentración de cargas, concebidos para evitar que la piedra, el ladrillo, el mortero o el opus caementicium  soporten esfuerzos de tracción.
Los detalles anexos al arco de las "iglesias mozárabes", como los definidos por la vinculación capitel-cimacio, tampoco siguen fórmulas homogéneas derivadas de la mezquita de Córdoba. En algunas (Peñalba y Lebeña) aparecen cimacios moldurados de sección bastante tendida, que están más cerca de los prototipos bizantinos de los siglos V y VI. En otras (Escalada y Mazote) se emplearon fórmulas variadas que no siempre pasan por la existencia de cimacios tendidos; sólo aparecen modelos cercanos a lo que se puede ver en Córdoba cuando existen cimacios reutilizados (en el pórtico de Escalada).
¿Se puede construir una teoría de "influjo cultural" basándose únicamente en elementos formales? ¿Los "mozárabes" importaron el arco de herradura sin integrar el valor estructural que tiene en la mezquita mayor de Córdoba? Y si sólo fue una aportación formal... ¿no habría sido más sencillo que lo hubieran tomado de las referencias hispanorromanas autóctonas?

Capiteles del mihrab (derecha) de la mezquita de Córdoba. Atribuidos al siglo IX, probablemente son obras del siglo II
Capiteles del mihrab (izquierda) atribuidos al siglo IX; muy probablemente son obras del siglo II
Gómez-Moreno reforzó la tesis apoyándose en "lo ornamental" y para ello creó un "taller emiral" de escultura que habría realizado algunos de los capiteles que aún existen en la ampliación de Abdelrahmán II y, sobre todo, en el mihrab de la ampliación de Alhákan, que según recogen las fuentes literarias, fueron trasladados desde el mihrab del siglo IX. Si existiera un taller emiral de cierta enjundia, se reforzaría la hipótesis del influjo hacia el norte...
Lo sorprendente del caso es que resulta imposible establecer la menor relación entre el "taller emiral" y los caiteles "bizantinos" de las "iglesias mozárabes" y además, es muy discutible que los capiteles de la mezquita adjudicados por Gómez-Moreno a siglo IX lo fueran realmente: todos ellos son derivaciones de tipologías romanas, con escasísima influencia oriental tardía, muy probablemente, realizados entre los siglos II y VII (volveré a ello en una entrada próxima).
En suma, se diría que Gómez-Moreno acrecentó la capacidad creadora de los artífices cordobeses del siglo IX para poder "explicar" la creatividad de los tallistas "mozárabes", pero lo hizo forzando excesivamente los datos arqueológicos.

Si enfriamos el análisis y nos desprendemos del interés en enfatizar lo genuinamente español, todo se simplifica: los "mozárabes" que emigraron de Córdoba sólo pudieron traer con ellos escasas referencias culturales, porque, como quedó dicho, la gran eclosión cultural andalusí sólo aparecerá una vez estabilizada la estructura política centralizada que permitió instaurar el Califato de Córdoba, y esa estructura no estuvo firmemente consolidada hasta mucho después de la llegada de Abdelrahmán III (912), puesto que éste heredó un emirato al borde del colapso económico, político y militar.

Capitel corintizante con volutas en doble S, atribuido por Gómez.Moreno al siglo IX; es modalidad frecuente desde los tiempos de Adriano.
Para finalizar

Quien esté familiarizado con la arquitectura romana, habrá visto mil veces como se genera una forma próxima al arco de herradura entre los dinteles y los cargaderos semicirculares. El edificio con más ejemplos de este tipo es el Panteón, que contrastan la posible accidentalidad del caso de Bóveda. Pero con independencia de cuál fuera el origen concreto del arco de herradura en arquitectura, algunas circunstancias están, a mi juicio, muy claras.
La primera: su consideración como fósil guía, específico de tiempos visigodos, su vinculación exclusiva a "lo visigodo", carece de fundamento.
La segunda: si aceptáramos la cronología de Gómez-Moreno, la "importación" del arco de herradura cordobés que se atribuye a las comunidades "mozárabes", lo sería en clave estrictamente formal: no existe ninguna iglesia "mozárabe" donde aparezcan arcos de herradura en función de arriostramiento longitudinal.

Desde los restos que poco a poco vamos conociendo, parece que el arco de herradura es una "forma" arraigada en la península Ibérica, sobre todo en el noroeste y en parte de la Baetica, asociada a las prácticas funerarias. Su obvia relación con la "omega" permite relacionarlo con los fenómenos de difusión cultural que se distribuyeron por el Imperio a partir del siglo II.
Aunque existen algunas referencias orientales, sobre todo en Anatolia, el arco de herradura en estructuras arquitectónicas parece ser una peculiaridad específicamente "hispana" y, más concretamente, de la mitad occidental peninsular. Conocido el carácter utilitario de la primera arquitectura islámica (Creswell), casi es obvio deducir que los musulmanes cordobeses lo emplearon en la primera gran mezquita de la capital porque era una costumbre local: hubiera sido poco práctico imponer a los alarifes cordobeses fórmulas constructivas ajenas a sus usos, habilidades y a lo que permanecía en pie a la vista de todos. En ese sentido el conocido y discutido "relato" sobre el uso compartido de la iglesia de San Vicente estaría informando de un proceso de continuidad cultural, que se habría substanciado tanto si se mantuvieron algunas partes de la antigua iglesia como si no. Esta interpretación parece más razonable que apoyar la "genialidad" constructiva en que Abdelrahmán, el Emigrado, llegara a Córdoba en compañía de algún "arquitecto" sirio. De hecho, la estructura de la mezquita cordobesa no tiene parangón en otras áreas del Mediterráneo; ni en Damasco.
Los arcos de herradura "mozárabes", muy probablemente, respondan al mismo origen, tanto si pertenecen a edificios reconstruidos o construidos durante el siglo X (Escalada y Mazote), como si pertenecen a construcciones de cronología anterior (Celanova, Lebeña y Peñalba), pero en todos los casos aparecen asociados a planteamientos estructurales ajenos a lo específicamente cordobés. En Peñalba y Lebeña arrancan de cimacios de fuerte sentido bizantino. En contraposición, en las dos primeras fases de la mezquita de Córdoba se emplearon cimacios de sección muy variada; muchos, manifiestamente reutilizados. En Escalada y Mazote los constructores se adaptaron a las posibilidades de los materiales de acarreo y cuando tallaron bloques nuevos prescindieron de los cimacios como piezas independientes: en ese caso, los arcos arrancan de dados, grandes en Mazote y pequeños en Escalada.

Capitel de la zona de Abdelrahman II atribuido al siglo IX (debe ser muy anterior)
En suma, desde los datos que hoy conocemos, parece más probable que el arco de herradura se empezara a utilizar en edificios funerarios de los siglos II y III, como parece representar la estela de la esposa de Flavus, y que la fórmula fuera asimilada en una parte significativa de los primeros edificios cristianos, al menos, en la mitad occidental de la Península (Baética. Lusitania y Gallaecia), donde también se manifestaron diferencias relevantes con el resto de los territorios en otros aspectos de la cultura material... Las iniciativas de tiempos visigodos, las de época emiral y, por supuesto, las rehabilitaciones del siglo X en Castilla-León seguirían empleándolo por razones de simple arraigo cultural. No creo que el uso de este elemento en los edificios altomedievales del noroeste peninsular pueda explicarse como expresión de influencia cordobesa en ningún caso.