viernes, 3 de noviembre de 2017

Cuestión de ideologías

Por sugerencia de Ángeles.

3 comentarios:

  1. Muy bueno eso que dice el protagonista de que no ha podido bajar más bajo en su cretinismo después de pasar por todas las ideologías que relatan sus compañeros. Qué mal momento vive la civilización. Nos hemos dejado caer pasivamente en el ismo más peligroso, el del consumismo. Consumimos información y propaganda en los medios de comunicación de masas y no producimos nada. La información se ha convertido en propaganda porque hay millones de personas dispuestas a consumirla. Las empresas, partido políticos, asociaciones....todas tienen gabinetes de prensa para filtrar, parar, sesgar las informaciones a conveniencia. Qué es eso si no propaganda. Por qué no hablar de la publicidad. La que hacen la empresas de sus mercancías, la que hacemos de nosotros mismos a través de las redes sociales como Whastsap. La cultura audiovisual nos ha invadido de tal forma que no paramos de consumir y consumir, tragar y tragar. ¿Hay tiempo para parar y pensar? Cada vez menos. A velocidad de click navegamos de un universo a otro totalmente diferente y encima nos produce una sensación agradable; de estar conectados pero.....incapaces de sobrevolar y comprender qué pasa. Y qué pasa? pues que tanta información nos convierte en marionetas que han perdido una habilidad fundamental: la capacidad de concentración. Quién lee un libro, una columna de un periódico en papel o digital. No hay paciencia para ello y así nos hundimos más y más en ese ismo, en el triste consumismo. Así estamos desde los años 70 del pasado siglo en que se popularizó el consumo de televisión en todo el mundo. Entonces un pensador canadiense que estudiaba el fenómeno acuñó bajo el siguiente lema lo que estaba por venir: "El medio es el mensaje" dijo Marshall Macluhan. Es difícil traducir al enjundia que tiene este aserto pero cada vez que veo a gente privándose de presenciar algo con sus ojos y prefiere hacerlo filmando con su móvil veo que la maquina (el medio) se ha apropiado del mensaje y todo se ha convertido en mercancía. Bueno. Voy a parar porque me he enrrollado demasiado. Abrazos. Agustín

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    1. Creo que la crítica de la película va por un camino matizadamente diferente del que mencionas. A mi juicio, se trata de enfatizar cómo el proceso histórico es acompañado por una sucesión de corrientes ideológicas que obedecen a dinámicas similares a las de las vanguardias en el mundo de las artes plásticas; como si para entender los fenómenos “nuevos” fuera preciso establecer paradigmas que “superen” los aportados por el pasado. Sobre ello, me gustaría enfatizar dos circunstancias. En primer lugar, el mencionado paralelismo, que reforzaría la hipótesis de que los mercados necesitan productos nuevos que potencien el consumo; en ese sentido, encajaría bien lo que dices, por supuesto, teniendo en cuenta el planteamiento profundamente crítico de la película. La segunda, que no todos los paradigmas mencionados tienen la misma capacidad para explicar la conducta humana o, si se prefiere, de los grupos humanos; concretamente, algunos de ellos apenas han sido otra cosa que recursos enfatizados por las instituciones para reforzar el rol social de las estructuras económicas dominantes.
      En todo caso, la referencia a las circunstancias chinas informa bien sobre la estupidez de ciertos planteamientos europeos (franceses), por lo general, muy alejados de la voluntad de entender las circunstancias más elementales de una sociedad “lejana” y, sobre todo, tremendamente compleja…

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    2. Estoy de acuerdo con lo de China. los franceses son y han sido muy aficionados a hacer sistemas en todas las áreas de la cultura, pensamiento, economía etc. Funcionan como plantillas validas para todo y aplicables a toda circunstancia y lugar. Con China se equivocaron. Con la URSS, también. Estoy leyendo un libro de André Gide "Regreso de la URSS" (Alianza) escrito tras una visita a ese país en 1936. Fue el único verso suelto de la izquierda que cuestionó la evolución de la revolución en ese país. Al pobre le pusieron a bajar de un burro. Algo parecido ocurrió con Albert Camus unos años después. Luego la historia les ha dado la razón.

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