viernes, 14 de junio de 2019

Los capiteles del Tempietto Longobardo de Santa Maria in Valle

En un espacio especialmente angosto se abre el sorprendente Tempietto de Santa Maria in Valle, una de las piezas arquitectónicas de mayor relumbrón para definir lo que "debió ser" la arquitectura longobarda, a la que he dedicado algunos renglones tangenciales en este blog, por lo que tiene en común con la "arquitectura visigoda". Y ante todo, tienen en común unas circunstancias históricas comparables, aunque durante los siglos VI y VIII el ambiente territorial italiano seguramente muy diferente al hispano. Al menos eso se deduce de cómo ciertos historiadores interpretan la existencia de un "Estado longobargo", tal vez, con planteamientos motodológicos demasiado inclinados en la dirección de sus respectivas ideologías. Y en ese sentido, las posturas se han polarizado tanto como en la historiografía española entre quienes los consideraron ( y consideran) un factor disolvente de las grandes aportaciones de la cultura romana y quienes los contemplan como personajes propios de sus tiempos, condicionados por lo que había supuesto la desintegración del Imperio Romano.
Por suerte o por desgracia, los restos materiales que nos han llegado de la "cultura longobarda"son bastante significativos a la hora de construir a partir de ellos una imagen de lo que debió ser la realidad histórica.




Si en España ciertos hitoriadores se preguntaban cómo fue posible que lo más relevante del "arte visigodo" fuera la ermita de San Juan de Baños, en Italia las dudas son otras, seguramente, porque las edificaciones longobardas conocidas insisten en ideas arquitectónicas que refuerzan la visión oscurantista que se tenía de ellos desde, al menos, el siglo XIX. San Eusebio de Pavia, Santa Sofía de Benevento, San Salvador de Brescia, etc., son obras de concepción tosca, matizadas por el recurso de la reutilización... mal avenidas con la idea de un "Estado" en cualquiera de las acepciones que se aplique a ese término. Recuerde el lector que estamos hablando de los tiempos que contemplaron el nacimiento del sistema señorial.
En ese sentido, el Tempietto de Cividale presenta un conjunto que superficialmente sorprende, ante todo por la entidad estética del friso de santos, que rompe las expectativas derivadas de las generalizaciones proporcionadas por el resto de las iglesias longobardas. Por "desgracia", las imágenes fueron talladas en yeso y esa circunstancia implica cuestiones de especial relevancia, sobre todo para quienes sustentan su pensameinto en los postulados idealistas y para quienes, en general, manifiestan que el arte altomedieval es como es porque quienes lo realizaron no se regían por los principios del Humanismo Helenístico sino por las implicaciones del pensamiento de Plotino.
Si cuando desaparecen las dificultades "técnicas" los artífices son capaces de recuperar las fórmulas estéticas "clásicas" —ese parece ser el caso del Tempietto—, es que esa fórmulas aún permanecían asociadas al substrato social. Sin embargo, parece obvio que no es lo mismo trabajar el yeso que el mármol.



Y en este caso no se trata del debate estúpido sobre los materiales pobres y los materiales ricos, sino ante todo, de que en un caso se requiere una infraestructura de gran complejidad que, según parece, desapareció con la caída nominal del Imperio Romano y tal vez, antes. Si colapsan las redes comerciales, cede el suministro de materiales específicos; con ellos, se van perdiendo las herramientas especializadas, etc., etc. Lo he comentado tantas veces, que me inoportuna repetir la cantinela, aunque en este caso sea especialmente apropiado, porque el Tempietto, en sus dos partes (cabecera y "pies") materializa esa cuestión de modo particularmente elocuente. En la cabecera tenemos un repertorio ornamental que ayuda a entender perfectamente lo que acabará siendo el románico italiano, aunque el soporte, por su naturaleza, casi denota "ensayo".
Por su parte, los pies nos informan de fórmulas tan prosaicas como las acreditadas en el resto de las iglesias del mismo ciclo cultural, siempre definidas a partir de la reutilización de elementos arquitectónicos.

CTL01
Esa reutilización se manifiesta en este caso de modo particularmente singular, porque a pesar de que en los alrededores debía haber multitud de restos procedentes de templos romanos (paganos) aquí se emplearon piezas de datación más tardía, probablemente cristianas. ¿Se trataba de conectar indirectamente con las tradiciones locales inmediatas? Si así fuera, estaríamos ante un fenómeno comparable al acreditado en la Mezquita Mayor de Córdoba y relativamente alejado de otras formas de reutilización de voluntad menos definida o más abierta, al menos, aparentemente. Quien recuerde cómo se concretó el "renacimiento califal" en Alándalus, entenderá perfectamente en qué estoy pensando: mientras en tiempos emirales se emplearon materiales de procedencia diversa (de templos paganos e iglesias cristianas), el impulso califal se apoyó en la recuperación de fórmulas hispanorromanas y en la integración de una estética bizantina centrada en el objetivo de expresar poder y, por supuesto, riqueza.
Volveremos a ello más adelante...

CTL02
Los cuatro capiteles grandes son básicamente similares a los del "baptisterio", de modo que es de suponer que todos ellos procedieran de la misma edificación, seguramente una iglesias cristiana, por supuesto, si admitimos la cronología otorgada a aquellos. No insistiré, pues, en lo ya dicho salvo para enfatizar algunos detalles significativos. Por ejemplo, la homogeneidad del conjunto: aquí no existen hojas con ojales de trépano grueso. También tiene interés la configuración que ofrecen las vueltas de las hojas de acanto, matizadamente distintas, que podrían falsar lo indicado sobre la posible retalla de los ejemplares del "baptisterio". Juzgue el lector.
También tiene interés destacar que el CTL04 presenta ornato mediante incisiones paralelas e inclinadas en la zona que debiera corresponder a la parte superior del kalathos. Desde lo visto, es probable que esas incisiones fueron realizadas a posteriori.


CTL04

CTL03
Tienen especial interés los dos capitelillos que soportan la viga de madera transversal. Tipológicamente son capiteles de pilar que derivan del orden corintio y ofrecen ciertas anomalías significativas. Cuentan con collarino de listel liso, carecen de conjunto axial y aunque poseen caulículos de diseño sumario, ofrecen un cáliz atrofiado que recuerda con exagerada similitud, fórmulas del pórtico exterior de San Miguel de Escalada...
Se distinguen por tipo de talla de cierto volumen, cuando menos, en el tratamiento de unas volutas de concepción tosca en las que sólo queda indicado el origen helicoidal mediante un cono diminuto.
Como sus compañeros tienen ábaco de brazos con escasa curvatura, bastante estrecho, con incisión lineal perimetral. Aunque ni en el "baptisterio" ni en el Tempietto existe indicativo en ese sentido, pudieron haber sido concebidos para soportar sobreábacos.
La anomalía que orienta su realización tardía, en el camino que conduce al olvido de las fórmulas típicas del orden lo encontramos en las hojas pareadas de perfil triangular que ocupan el lugar dedicado a la floración externa que en el orden corintio acompaña a las volutas. Son hojas que brotan de la parte superior

CTL05
Sobre los rasgos comunes, se distinguen en el tratamiento del ornamento vegetal, tan diferente que pudiera hacer pensar a alguien que corresponden a momentos diferentes. El CTL05 tiene acantos similares a los de los capiteles grandes. Sin embargo, el CTL06 ofrece un diseño de ojales calados que hacen pensar en ciertas fórmulas documentadas en el Museo de Braga, sin que sea posible llegar muy lejos a la hora de establecer relaciones entre el CTL05 y el de Braga (BRMA02) o los de San Román de Hornija.
También en este caso debo enfatizar que nos encontramos ante un universo que parece fundir las tradiciones romanas, ya en fase de disolución, con las aportaciones bizantinas, para obtener objetos híbridos en los que es relativamente fácil aislar las referencias de ambos orígenes.

CTL06
BRMA02, capitel del Museo de Braga
El Tempietto cuenta con una cualidad de valor inestimable: dos capiteles que, de acuerdo con el estado actual de los conocimientos, debemos considerar sin ninguna duda de época longobarda: los que  soportan el arco de la ventana alta dispuesta entre las figuras. Sus cualidades informan perfectamente sobre cómo entendían el orden corintio quienes trabajaron para los nuevos jerarcas. Aunque obviamente tenían delante las piezas anteriores y, muy probablemente, algunas otras de diferentes épocas, los artífices sujetos al poder de los señores longobardos, seguramente inspirados por la misma voluntad realista-idealista que reflejas los personajes, consiguieron un resultado sumamente anómalo, por lo que se refiere a la interpretación del orden corintio.
Merecen ser destacados, en primer lugar, la peculiar disposición de los caulículos, nacidos de la parte inferior del cesto, los frutos representados en la zona axial, como si nacieran de la unión de los cálices anexos. También tiene interés la manera de decorar el frente del ábaco con bocel liso y perlado de tipo 1-1, que recorre todo el frente incluyendo las cartelas. Y, como sucede con las piezas tardías, el acanto tradicional ha dejado su lugar a un ornato estilizado y geometrizado que prefigura fórmulas de los siglos XI y XII; las mismas que se desarrollan en el arco del piso inferior.

CTL07

CTL08
También hay un capitelillo (CTL09), seguramente de ventanal, de concepción sumaria y talla de escaso relieve, con ábaco cuadrado y molduras lisas en el frente, cuatro hojas también lisas en los ángulos, volutas helicoidales y ornato geométrico axial, que es complicado situar entre las referencias definidas por el resto de los capiteles, pero no entre piezas de concepción similar, tanto italinanas como hispanas, de "época visigoda" o longobarda.

CTL09
Para finalizar, cumple recuperar el asunto comentado líneas atrás: que los promotores longobardos recurrieran a piezas que, muy probablemente, fueron realizados para iglesias construidas poco antes relacionadas con el poder de Bizancio. Como en el sur de Italia, tal parece que se impuso la voluntad por expresar también en el terreno religioso lo que sucedió en el terreno militar. Y las iglesias construidas a instancias del poder oriental rápidamente fueron convertidas en canteras para construir otras nuevas, infinitamente menos depuradas en lo formal, pero manifiestamente longobardas o "longobardas".

Ménsula reutilizada

miércoles, 12 de junio de 2019

Los capiteles del Baptisterio de Calisto (Cividale del Friuli)

El Museo Diocesano de Cividale del Friuili contiene varias piezas de excepcional interés desde los objetivos reiterados en este blog: el altar de Ratchis (737-744), que acaso sea una de las obras más significativas de la escultura longobarda y que tantas relaciones permite establecer entre "lo italiano" y "lo hispano" de tiempos prerrománicos, el Baptisterio de Calisto y la cátedra patriarcal.
El altar de Ratchis ilustra sobre una manera de entender la escultura durante el siglo VIII que hace pensar en fórmulas documentadas aquí en Quintanilla de las Viñas y San Pedro de la Nave. Tantas veces se ha enfatizado esa relación entre los estudiosos hispanos e italianos que no insistiría en ello salvo por "razones" malévolas; y en este caso, no procede. En estos tiempos me preocupan poco las relaciones formales más o menos forzadas. Esa relación podría ser paradigmática para explicar la diferencia entre fenómenos de convergencia y de difusión cultural (influjos), por supuesto, si no estamos interesados en forzar las relaciones entre distintas "regiones" por razones derivadas de nuestras presunciones ideológicas. Se me ocurre que, al hilo de lo que veremos enseguida y de las relaciones formales entre lo hispano y lo italiano, "alguien" podría deducir que existieron vínculos directos entre Lombardía y, por ejemplo, la Corona de Aragón o el Reino de León... ¿Entiendes, querido lector, lo que intento decir?

Altar de Ratchis
Al margen de esas circunstancias, creo que merece un breve comentario la cátedra patriarcal, que se acostumbra a situar entre los siglos X y XI. Pero, desde "nuestro" punto de vista, basta echar un vistazo a la imagen adjunta y percibir el lateral para que salten todas las alarmas. En efecto, los laterales de la cátedra poseen sendos bajorrelieves  que determinan otras tantas plantas de iglesia de tres naves con presbiterio en arco de herradura. Teniendo en cuenta ese "pequeño detalle", las cualidades de las molduras, que hacen pensar en procedimientos de talla muy depurados, desde las cualidades de las patas delanteras, que remiten a fórmulas romanas, me atrevería a pensar en un momento muy anterior a los siglos X y XI...



Detalle del arco de herradura en los "tableros" laterales
Pero centrémonos en lo que reza el título de la entrada... El "baptisterio", de dimensiones sumamente modestas, probablemente estuvo recubierto en todas sus superficies planas perimetrales con relieves de cualidades parejas a las del altar de Ratchis, para definir un universo estético, que armoniza bien con las columnas, pero proyecta de modo manifiesto la confluencia de dos universos culturales perfectamente diferenciados. Uno homologable con las tradiciones romanas tardías y otro, con las posibilidades de un momento sacudido por la crisis en el que ya no era posible contar con mano de obra especialmente capacitada para tallar la piedra como se había hecho unos cuantos lustros antes. En esos momentos, la retórica grandilocuente del poder debía supeditarse a las posibilidades de artesanos eventuales, apenas dotados para conseguir bajorrelieves de concepción sumaria y estética infantil, que tal vez pudiéramos "justificar" recurriendo a los postulados idealistas....



El "edículo" contiene ocho capiteles que, junto a los fustes y las basas, acreditan posibilidades muy diferentes a los relieves realizados con total seguridad durante el siglo VIII, en tiempos de Calisto (737-756). Por si la "primera vista" fuera insuficiente, en el propio "baptisterio" enseguida se advierten detalles que informan de un nuevo proceso de reutilización: apréciese, por ejemplo, cómo los fustes rematan de modo irregular (en uno no hay remate abocelado en el sumoscapo; en otros, los boceles son de diferente tamaño). No se aprecia desproporción grave entre el diámetro de los cestos y de aquellos, probablemente, porque basas, fuste y capiteles, proceden del mismo lugar.: ¿tal vez, de un edículo comparable a la "miniatura" del Museo de Narbona?

"Maqueta" del Museo Arqueológico de Narbona. Siglo V
 Y lo más importante: quienes realizaron los encantadores relieves de la pila de Ratchis y del propio "baptisterio" no tenían capacidad para tallar capiteles de cierta sofisticación; de otro modo hubieran regularizado la articulación de las basas, los fustes y, por supuesto, los capiteles.
Los ocho capiteles fueron concebidos según el mismo orden estructural, definido mediante dos coronas de hojas de acantos contrapeados, sin kalathos troncocónico ni caulículos ni acompañamiento vegetal junto a las volutas, de diseño en espiral, pero sin desarrollo helicoidal. A destacar, los florones descomunales, que pudieran remitir a las variedades itálicas o a ciertas fórmulas empleadas en las columnas conmemorativas; también el ábaco moldurado mediante incisiones lineales, de brazos casi rectos y escasa concavidad.
Es tentador relacionar esta estructura con la de los capiteles de "volutas en V", pero no me atrevería a decir que esa relación sea de naturaleza difusiva, porque también podría derivar de las variedades corintizantes de los siglos III y IV, bien documentadas en los museos arqueológicos de los alrededores.
Especial atención merecen los acantos, definidos mediante folíolos lanceolados alargados, agrupados paralelamente; el efecto visual que proporcionan los acerca a las series de Lebeña, aunque el vuelo de las pencas es diferente; pero también a las de Bari y otros lugar del sur de Italia.
Los CFBA03, CFBA04, y CFBA07 presentan ornato de espiguilla en la vuelta superior de las hojas. No me atrevo a asumir una postura terminante, pero es muy probable que este detalle sea producto de un retalla en época incierta, tal vez, cuando los reemplearon durante el siglo VIII.

CFBA01

CFBA02

CFBA03

CFBA05

CFBA07
El CFBA07 contiene en uno de sus frentes una curiosa "flor" definida mediante haces curvados y cuatro trepanaciones, que pudiera ser alusión crucífera, al igual que otras fórmulas empleadas en otros capiteles.

CFBA08
Los CFBA02  CFBA06 cuentan con un tipo de acanto que incluye anulaciones realizadas mediante trépano de gran diámetro, que ayuda a definir agrupaciones de folíolos cortos, en diseño prácticamente idéntico al de fórmulas estrictamente bizantinas.
Estos dos capiteles contienen alineaciones de trepanaciones de diámetro fino, que hacen pensar en "retoques" a posteriori de distinta naturaleza de los que mostraban los capiteles anteriores, como dos capiteles del Museo Arqueológico de Sevilla, mencionados en una entrada anterior. Sin embargo, en este caso, las trempanaciones pudieran ser fruto del trabajo de calado necesario para dar volumen a la vuelta de las pencas.

CFBA06

CFBA04

Las cualidades de estos capiteles, cuya modalidad veremos repetidas en el Templo Lombardo de Cividale, hacen pensar en fórmulas comentadas varias veces en este blog, de manera que intentaré no ser reiterativo, incluso aunque "me lo pida el cuerpo", dadas las relaciones casi obvias que hay entre ellos y la serie "mozárabe" de la diócesis de Astorga, y que de nuevo ponen sobre la mesa el peso de un manifiesto influjo bizantino, aquí mucho más claro que en la serie leonesa (por supuesto, con la excepción del capitel de Wamba).
Como en las series más "bizantinas" del claustro de Benevento o en los capiteles leoneses, se diría que estamos ante "reinterpretaciones locales", realizadas por artífices familiarizados con las fórmulas tardoimperiales y bizantinas; y, por supuesto, aún bien dotados de recursos técnicos.
Como sucede en Benevento, estos capiteles no fueron tallados intentando imitar alguna de las modalidades más repetidas en época de gran influjo bizantino, pero son obvias las relaciones, por ejemplo, en la proximidad a las estructuras de "volutas en V" y a los tipos de acanto, que siguen haciendo pensar en los "capiteles corintios de acanto asiático".
A efectos de datación, en este caso y dada su reutilización durante el siglo VIII, se estrecha considerablemente la horquilla de atribución: bajo ningún concepto, podríamos hablar del siglo IX, frente a lo que ha propuesto algún estudioso para las series leonesas. Teniendo en cuenta la claridad del influjo bizantino, cuando menos, en los CFBA04 y CFBA06 y que fueron reempleados durante el siglo VIII...¿Dejamos el siglo VI como solución "de compromiso"? Como adivinará el lector, a este humilde amanuense el siglo VI le encaja como guante de gacela; pero estaría dispuesto a "negociar" otra época, siempre y cuando no nos condujera a situaciones excesivamente forzadas... Quizás el siglo V, aunque teniendo en cuenta los fenómenos expansivos de la época de Justiniano, parece una época menos probable.

"Basílica y Baptisterio en corte", Grado.
¿Y qué decir de la cátedra patriarcal? Para la consideración del lector añadiré unos cuantos detalles que ilustran la posible difusión del arco de herradura en el noreste de la península italiana...
La planta de la "Basílica y Baptisterio en Corte" de Grado, que algunos estudiosos identifican con la iglesia de San Juan Evangelista fundada por Macedonio (539-557), tiene ábside ultrapasado, que se aprecia perfectamente en los restos arqueológicos (no en el esquema ofrecido al público)(¿¿¿)
Para mayor abundancia, en el Museo Paleocristinao de Aquileia cuentan con una placa ritual con seriación de arcos de herradura (mesa sigma)...


Obviamente, no parece que en Italia existan tantas referencias a los arcos de herradura como en la península Ibérica. Sin embargo, estos elementos también están documentados entre lo romano: en el Museo Civici agli Eremitani de Padua existe una lápida alusiva a un personaje que probablemente se acota en ámbito escolar. Supongo que habrá alguna más...


Museo de Padua, Estaleta funeraria de Caius Valerius Diodorus, detalle. Finales del siglo III.
En todo caso, sí está documentado con profusión el uso del arco de herradura en ambientes de gran influjo oriental y, muy especialmente, en Rávena, cuando menos, a partir del siglo V, donde aparecen con cierta frecuencia en los relieves de los sarcófagos y /o asociados a la envolvente de las veneras: brillante maridaje para relacionar la  Ω con lo que implica la concha como símbolo de resurrección o de regeneración...

Sarcófago de Sant Apollinare in Classe

Detalle de un sarcófago de Sant Apollinare in Classe
No obstante, si teniendo en cuenta estas circunstancias —seguro que las han tenido— los especialistas han llegado a la conclusión de que la cátedra debe situarse entre los siglos X y XI, ¿quién soy yo para colocarla en el siglo VI?

Capiteles con sobreábacos en la Basílica de San Marcos de Venecia

Desde la entrada dedicada a San Cebrián de Mazote tenía "la espina" de documentar la existencia de "ábacos suplementados" o sobreábacos en contexto de cultura bizantina. Reconozco haber estudiado con atención la obra de Deichman; sin embargo, el asunto estaba bastante claro para quien no se centrara en asuntos estrictamente formales.
Pero antes de atender a "la espina", debo manifestar mi incapacidad para establecer la frontera que delimita el territorio de los cimacios con dichos elementos. No obstante, parece clara la diferencia entre "cimacios estrechos" y sobreábacos, dado que los primeros son de base cuadrada y los segundos estarían caracterizados por tener una base que se adapta a la superficie superior del ábaco, es decir, al diseño de los brazos del ábaco y a los resaltes de las cartelas. 
Esa cualidad es el rasgo que justifica el término elegido, incluso aunque no lo reconozca la Real Academia de la Lengua, dado que acreditaría una manera específica de encajar los capiteles en el conjunto estructural, que tal vez fuera efímera. Si no interpreto mal los datos que suministra la Basílica de San Marcos, estas piezas estarían asociadas a capiteles realizados entre los siglos V y VI (según Deichman), y más probablemente, durante los tiempos de Justiniano.

VSM194
En cualquier caso, entiendo que se esos elementos informan de una manera de vincular los capiteles a los elementos sustentados mediante una fórmula que estaría a medio camino entre los cimacios que, por ejemplo, encontramos en San Vital o en San Apolinar en Classe, y las fórmulas romanas que unía los capiteles a los entablamentos sin otros intermediarios que los "reguladores" de asiento.
Desde esa concepción como elementos que suponían un leve incremento en la elevación, pero sobre todo, teniendo en cuenta que suponían un manifiesto debilitamiento de las zonas extremas del ábaco, se me ocurre que tal vez pudieran relacionarse con el uso de arcos de herradura, dado que la zona prolongada se encargaría de recibir únicamente la carga del arco ultrapasado
En todo caso, confieso que esta hipótesis, aunque inductivamente tentadora, me parece aventurada y que, obviamente, no conozco caso alguno que lo documente. Por compensar mis dudas y limitaciones —recuerde el lector aquello de "mal de muchos..."— hago notar que si aparecieran elementos de este tipo en un contexto arqueológico "problemático", acaso fuera difícil identificarlos...

VSM201
Los VSM194, VSM201 y VSM206 de la fachada de San Marcos están asociados a suplementos de planta cuadrangular de escaso espesor. Me cuesta emplear en este caso el término cimacio para nombrarlos, pero en todo caso ilustran el proceso mencionado. Las heterogéneas circunstancias de conservación de los capiteles y los suplementos asociados impone dudas sobre la asociación lo fuera en origen.
Debemos tener en cuenta que en casos como el del VSM206 cabría la posibilidad de que el suplemento fuera realizado cuando se adosó el capitel a la fachada de San Marcos. 

VSM206
En el VSM227 tampoco parece clara la relación en origen del capitel y el sobreábaco correspondiente. Al menos eso es lo que deduzco del encurvamiento de los discos angulares, que fuerza la separación angular entre capitel y suplemento. No obstante, en este caso ya nos encontramos ante una asociación con elevado grado de ajuste, que nos hace pensar en fórmulas como las documentadas en San Cebrián de Mazote, que presuponen un planteamiento estructural diferente a lo más común en las iglesias bizantinas que han llegado a nuestros días. Santa Sofía, San Vital, Santa Inés, etc., con el uso de los cimacios, tienden a concentrar las cargas superiores sobre la prolongación del cilindro del cesto; la existencia de sobreábacos amplia el cono de recepción de cargas de manera que ello pudiera estar hablándonos de situaciones distintas a las más conocidas.



VSM227
Algo más clara parece la relación entre el capitel AVSM110 y el sobreábaco doblemente moldurado, similar al que veremos junto con el VSM111. Aunque el ajuste parece más evidente, el tipo de abultamiento circular del suplemento no se corresponde bien con la cartela del capitel.

VSM110
Es particularmente notorio el que manifiestan los dos capiteles de carneros. El VSM111, que ha perdido la "zona" inferior (algunos autores denominan a estos capiteles "de dos zonas") presenta un doble sobreábaco: seguramente las labores de consolidación impusieron la necesidad de recalzar la unión del sobreábaco con el bloque superior. A destacar cómo se prolonga la "cartela" prácticamente semicircular del capitel en una especie de semidisco de ajuste aceptable. También tiene interés la molduración del sobreábaco en el frente perimetral, mediante dos listeles de perfil liso vertical, el superior, y acanalado, el inferior.

VSM111
El VSM117 (325 de Deichman) es un capitel que cuenta con una única corona de hojas de acantos denticulados, carneros en los ángulos y que, en lo accesible, contrapone, en las zonas axiales, un águila y una cornucopia que, a su vez, determinan espacios de sección circular muy alejados ya de los antiguos florones. A destacar el grueso sogueado inferior y la naturaleza del ábaco, bastante cóncava y con incisión perimetral para definir doble listel.
Desde el punto de vista implicado en el título de esta entrada, es el capitel más interesante por cuanto expresa con particular claridad la naturaleza del suplemento que no pudo ser ajustado en los trabajos de consolidación de la fachada. También aquí se advierte la molduración sencilla pero bien marcada en el frente del sobreábaco. Deichman situaba este capitel, que tiene muchos "parientes" repartidos por el mundo mediterráneo, entre los siglos V y VI. A mi juicio, es más probable que fuera realizado durante el siglo VI.

VSM117 (Deichman, 325)
Parece milagroso que en un contexto de piezas reutilizadas, se haya mantenido la vinculación original entre capitel y sobreábaco como sucede en las piezas de San Cebrián de Mazote, que además acreditan el encaje más ajustado que conozco... Espero que en otra entrada pueda aportar más datos en este sentido.





En todo caso y aunque en esta entrada no desarrollaré más la relación de los capiteles de Mazote con fórmulas bizantinas o con ejemplares derivados de ellas (tiempo habrá de hacerlo en otra entrada), me parece particularmente relevante que también en este sentido esté clara la vinculación entre los capiteles hispanos y los de dicha filiación cultural, con referencias que, como en este caso, de nuevo apuntan al siglo VI. El "taller bizantino" de Gómez-Moreno realmente lo era.

miércoles, 29 de mayo de 2019

Los capiteles de la Porta Ferrada del Monasterio de Sant Feliu de Guixols

La Porta Ferrada acaso sea parte de un edificio del que únicamente resta el paramento definido mediante una arquería baja simétrica, de cinco arcos de dimensiones desiguales (los extremos son de menor radio que los otros tres); sobre ella se dispuso una segunda arquería definida mediante agrupaciones de tres arcos sobre los tres centrales y otros dos más en los extremos. Por fin, en un tercer orden se talló un friso de arquillos en bajorrelieve, ciegos y soportados por pequeñas ménsulas que recuerdan fórmulas empleadas en los alerones de ladrillos.
No hay acuerdo general en su valoración, Con independencia de las conclusiones de cada cual, en general, los estudiosos establecen el mismo marco de referencias que pasa por: lo carolingio, las fórmulas lombardas y la cultura andalusí, por lo general, anterior al califato de Córdoba.
Ciertos estudiosos entienden que se trata de una obra realizada en dos fases distanciadas en el tiempo...

La Porta Ferrada en la actualidad

La Porta Ferrada en 1931 (imagen del Ajuntament de Sant Feliu de Guixols)
La "fachada" permaneció oculta hasta 1931, cuando gracias a lo trabajos de restauración patrocinados por los Amics de l'Arte Vell, se descubrió y fue consolidada. Más tarde, se realizaron pequeños "reajustes" inducidos por lo que sugerían los restos, hasta llegar a la configuración actual que, a mi juicio, ha respetado cuidadosamente lo que apareció.
Cuando menos, se realizaron reformas importantes (antiguas) en ambos extremos. Al menos, eso parece indicar que los arcos extremos sean de diámetros diferentes, teniendo en cuenta que, al menos en apariencia, el conjunto debió ser concebido según criterios de orden simétrico. Además, el tipo de sillería, ciertamente irregular en ambas zonas, avalaría esa hipótesis. Asimismo también parece obvia  una "reparación" en el extremo norte, que supuso la eliminación de los últimos arquillos.
En todo caso, destaca la configuración definida por los tres arcos centrales de tamaños diferentes, que, por su posición relativa, complican la posibilidad de relacionar el conjunto con un arco romano o con estructuras comparables a las de ciertas puertas antiguas, como la Puerta Negra de Tráveris.
Si atendemos a la sillería y a la manera de organizar los paramentos, se diría que la parte inferior fue realizada con despieces poco cuidadosos, si exceptuamos los bloques que conforman los tres arcos y los que la delimitan en la zona alta. Los bloques de la parte superior definen un aparejo más homogéneo, que se combino con una hilada de ladrillos para marcar la separación entre la zona de ventanas tríforas y el friso de arquillos en sobrerrelieve.
Sin embargo, no creo que, en principio, la anómala disposición de los arcos, de modo que el central es menos amplio que los laterales sirva para descartar tajantemente la existencia de relaciones con lo romano. De hecho, existen detalles que apuntan en esa dirección: el tipo de aparejo, el uso de piezas cerámicas de retaque y la hilera de ladrillos, hacen pensar en fórmulas relacionadas con el opus mixtum. En la misma dirección apunta la "aparente" falta de trabado entre las pilastras del piso superior y el paramento inferior, tal y como es común en construcciones como el Acueducto de Segovia.
Por último y como detalle de cierto interés por lo que pudiera corresponder a su ubicación cultural, es importante tener en cuenta la posibilidad de la parte menos cuidada del aparejo fuera concebida para ser enfoscada y pintada.

Entre lo carolingio y las posibles influencias andalusíes



Desde la supuesta relación con lo carolingio, no se le escapará a nadie la proximidad del conjunto con la Torhalle del Monasterio de Lorsch; desde esa proximidad, sería particularmente sugerente hacerse una idea de cómo pudo ser el edificio del que formó parte, tal vez, una especia de pequeña sala de recepciones o para albergar un grupo no muy amplio de individuos. Pero, insisto, ello siempre estaría condicionado a que nos apoyemos en la mencionada hipótesis, que también pudiera ser matizada si observamos que el paño de Sant Feliu tiene un desarrollo diferente..
Aunque algunos autores sitúan la realización de la Porta Ferrada durante el siglo X y aún más tarde,  desde la "obviedad" de esa relación, tiene sentido fijar su realización durante el siglo VIII,, por supuesto, en tiempos de Carlomagno. Por desgracia, no existen referencias documentales que lo avalen y además, no creo que la relación sea tan obvia, incluso, aunque ciertos detalles que mencionaré más adelante, pudieran afianzarla.
Sobre esta tesis, que parece ser la más aceptada en la actualidad y está recogida en el cartel firmado por el Museu d'Historia de San Feliu de Guixols, se me ocurren varias cuestiones que, con valor contrastante. La primera cuestión derivaría del uso "masivo" del arco de herradura, que aparece en los tres arcos centrales del piso bajo, en todos los arcos del alto, en los arquillos que, muy probablemente, soportaban el voladizo del tejado y una de las series de capiteles de la galería alta. Si la obra se realizó en tiempos de Carlomagno, ¿qué sentido tenía emplear un elemento tan relacionado con las formas culturales del emirato cordobés? Por no ser excesivamente reiterativo, remito al lector a la entrada que puede ayudar a explicar la aparición de arcos de herradura en zona tan "anómala".
Tampoco tiene sentido que, si la comparamos con la Torhalle de Lorsch, advirtamos que con una sillería menos elaborada en Cataluña —lugar "periférico"—, se empleara un sistema constructivo más sofisticado que el de la edificación centro-europea.
Todo ello impone la necesidad de formular otras consideraciones. Entre ellas, una que me parece de relevancia excepcional: la escasa entidad de los restos de época romana aparecidos en los alrededores de Sant Feliú, donde destaca el muy relevante enclave de Ampurias. Ese "detalle" debería imponer cierta prudencia a la hora de explicar la aparición, en secuencia cultural derivada de la cultura romana, de un conjunto, en su modestia escalar, tan espectacular como el que nos ocupa. Y en ese sentido pueden ayudarnos los capiteles, que, junto con el integral arquitectónico, definen rasgos  culturales de especial significación.

Nessebar. Iglesia del Cristo Pantócrator, siglos XIII-XIV
El componente lombardo

En alguna ocasión ya he manifestado mi escepticismo hacia los supuestos componentes lombrados de la arquitectura románica catalana. Francamente, creo que esa valoración, generalmente admitida por "todo el mundo", me parece que choca con el sentido común y, muy especialmente, con lo que sugieren lo que conocemos sobre la arquitectura tardoimperial, bizantina y los restos tardoantiguos de la Península y el sur de la actual Francia. Desde esos datos es fácil explicar la aparente relación entre la arquitectura románica (no sólo catalana) y lo lombardo: ambas habrían bebido de las mismas fuentes, dado que durante la Alta Edad Media seguramente permanecían en pie muchos edificios construidos en ladrillo, con detalles ornamentales similares a lo que hoy consideramos "elementos lombardas". Basta acercarse a algún lugar donde se hayan conservado construcciones de época romana o tardo-romana y bizantinas, como Ostia, Pompeya, Atenas o, incluso, Nesebar, para observar la entidad de los recursos ornamentales asociados a la combinación de la piedra y el ladrillo; y cómo esos repertorios se mantuvieron en las riberas del Mediterráneo y sus proximidades, al menos, hasta el siglo XV. No creo que, por ejemplo, se pueda hablar de influjos lombardos y cordobeses  en la Iglesia del Cristo Pantócrator de Nessebar (costa del mar Negro), construida entre los siglos XIII t XIV (y, por supuesto, restaurada recientemente) aunque cuente con varios "elementos lombardos" y "cordobeses": alternancia entre piedra y ladrillo, arquillos ciegos, arcos entrecruzados, ventanas tríforas, etc., etc.


Los capiteles de la planta baja

Tallados sobre granito, los capiteles de la planta baja están tan erosionados que es difícil imaginar su configuración original. El SFG01 parece derivado de fórmulas sencillas y evolucionadas de las variedades corintizantes. Podría contar con cuatro hojas angulares y una más central, de modo que no se distanciaría mucho de las fórmula de "volutas en V" o, tal vez (ver capitel SFG02), de una variedad derivada del orden compuesto. Entre lo poco que se puede valorar, se aprecia un ábaco sensiblemente cuadrado y de espesor considerable.

SFG01
El SFG02 es similar al anterior pero con varias diferencias relevantes: posee collarino abocelado liso, el cuerpo inferior está muy reducido en altura y el "cuerpo superior" cuadrado define una especie de almohadillado que podría sugerir cierta relación con las variedades de orden compuesto. No obstante, también cabe la posibilidad de que dicho bloque almohadillado sea, en realidad, un ábaco definido con torpeza.

SFG02
El SFG03 es similar al anterior (SFG02) aunque está más erosionado y apenas permite apreciar el astrágalo.

SFG03
Por fin, el SFG04, dentro de una concepción similar, fue tallado como capitel adosado. Su existencia abre una posibilidad que, en cierto modo, hace pensar en fórmulas tardoantiguas, varias veces indicadas en este blog. Por otra parte, la heterogeneidad estructural del conjunto, apunta en la misma dirección: que estos cuatro capiteles fueran piezas reutilizadas.De nuevo nos encontraríamos con la voluntad de conectar con el pasado, probablemente, con...¿intención autolegitimadora?

SFG04
A la hora de establecer paralelos para estos capiteles, es tentador recurrir a las piezas que han aparecido en otros ambientes prerrománicos. Entre lo que conozco, deseo enfatizar un capitel de Sant Pere de Casserres, también muy erosionado, que, sin embargo, mantiene más conexiones con la tradición romana que éstos de Sant Feliu y además, carece de collarino.
El grado de torpeza en la talla garantiza la dificultad de encontrar paralelos, más allá de los que, forzando los términos, podrían establecerse con piezas de ambientes tardoromanos marginales.
¿Podrían ser de época visigoda? Asociados a un aparejo de cierta calidad, tal vez, conseguido empleando sillares de edificios de época romana, con arcos de rosca irregular..... En efecto, podrían ser de época visigoda, pero también de un edificio —religioso o civil— anterior.


Los capiteles de la galería alta

Forman dos familias: la serie más numerosa, con arcos de herradura y los que podríamos interpretar como derivados del orden jónico.
Los capiteles "de herraduras" estructuralmente componen un sólido que se aproxima a la idea del "capital imposta", aunque sus cualidades lo alejan de lo más común en esa modalidad bizantina. Tienen forma de tronco de pirámide irregular, que en la parte inferior se remata en un pequeño tronco de cono y astrágalo abocelado. Por la parte superior, culminan en ábaco rectangular, sin florones ni cartelas, pero que permitiría hablar de un cierto "espesor" si consideramos que el fragmento paralelepipédico de la parte superior debe adjudicarse a esa parte del capitel. Las cuatro caras planas cuentan con arcos de herradura perfectamente definidos.




SFG05
En la zona meridional hay dos capiteles de concepción diferente. La parte inferior es similar a los anteriores: cuentan con astrágalo abocelado grueso y suplemento de tronco de cono. Las divergencias aparecen en la parte superior, con un esquema de dos planos verticales paralelos que limitan lo que parece ser una "peculiar" interpretación (estilización) del orden jónico (o con forma de π), que de nuevo hace pensar en la abadía de Lorsch, donde también se emplearon capitelillos derivados del orden jónico, por supuesto, de originalísima concepción. Obviamente, esa relación no debe ocultar que estamos ante una fórmula sumamente acreditada por los usos de época romana, de donde pudieron tomarla tanto los constructores alemanes como los catalanes.
En todo caso, desde la concepción general de la Porta Ferrada, es sorprendente que se rompiera la simetría con estos dos capiteles y tal vez ello debiera inducirnos a buscar una explicación, siempre forzada. Desde el supuesto de que estemos ante un espacio más civil que religioso, cabría plantear que el conjunto estuviera articulado en dos zonas de funcionalidad social diversa: los capiteles derivados del orden jónico podrían corresponder a un espacio (relativamente reducido) dedicado a las mujeres (al cortejo de una mujer principal). Recordemos que en los años que pudieron albergar la construcción de este paramento, era común que se destinaran espacios para los hombres y "acotaciones" casi marginales para las mujeres.


SFG10
Reconozco que cualquier tesis que se ofrezca para catalogar estos capiteles ha de ser sumamente "inductiva" dada la escasez de paralelos claros. Si los capiteles jónicos suelen inducir problemas de clasificación, éstos imponen, ante todo desconcierto. Por orientar su clasificación, me permito recordar que la idea de los capiteles jónicos comenzó a recuperarse a partir del siglo V, en el contexto cultural bizantino; que en la península Ibérica las concepciones muy evolucionadas son propias de los siglos IX y X; que en el resto del antiguo Imperio Romano, sucede algo parecido...
También me parece importante destacar que, más allá de las mencionadas proximidades "anecdóticas",
Desde la hipótesis manejadas en este blog, no encuentro detalle alguno que permita hablar de influencias cordobesas... Y tenga en cuenta el lector que, desde lo que es propio del estudio de los capiteles, esas influencias están documentadas perfectamente en otros lugares de la propia Cataluña (Sant Benet de Bages, Ripoll, etc.). Sabiendo que las estructuras de los capiteles islámicos estaban perfectamente sistematizadas durante los siglos X y XI, parece muy forzado incluir a éstos de Sant Feliu de Guixols en esa línea de relaciones culturales.
Obviamente, tampoco se puede hablar de relaciones con "lo mozárabe", al menos, con lo más característico del núcleo de la Diócesis de Astorga...
Sería más apropiado relacionarlos con piezas como la de Mansilla de la Sierra o con algunas del Museo de Burgos, de ubicación cultural complicada, pero que se suelen relacionar con "lo mozárabe"... Y en ese sentido y sabiendo que está perfectamente documentada la existencia del monasterio en el siglo X, cuando sufrió vicisitudes de cierta relevancia, no encuentro inconveniente alguno para situar la realización de los capiteles del piso alto durante el siglo X, aunque dentro de un fenómeno cultural dominado por factores locales..


LMLR05. Capitel de Mansilla de la Sierra. Museo de La Rioja)

Si comparamos los capiteles altos con los bajos, es razonable concluir, como admiten buena parte de los estudiosos, que fueron realizados en dos momentos de circunstancias diferentes. Ante la integridad del conjunto arquitectónico, cabría argumentar alguna reserva, pero ello sólo implicaría que en el resultado final del siglo X pudo latir la voluntad de aprovechar lo que había para conformar una fachada orgánicamente (estéticamente) integrada.
Desde lo que han documentado las excavaciones y si, realmente existió un templo tardoantiguo dedicado a San Feliu l'Africà, y sabiendo que muy probablemente, los capiteles bajos fueron reutilizados (recordemos la cualidades del SFG04), parece natural que procedieran de la iglesia primitiva, así como las basas y los fustes  Y en esa línea, aún cabría imaginar que hubieran sido, en origen, concebidos para un edificio anterior a la primera iglesia, por supuesto, de concepción sumaria.  En ese caso estaríamos ante un fenómeno de doble reutilización, como los acreditados por ciertas piezas de Córdoba, Sevilla, etc.

Para finalizar

Reitero que desde lo poco que queda a ambos lados de los Pirineos, es difícil ser taxativo a la hora de valorar un "influjo carolingio". Desde mi punto de vista, aunque existan elementos que permitan relacionar el edificio catalán con el de Lorsch, entiendo que esas relaciones son meramente circunstanciales o, si se prefiere, de "fuente común". Incluso, aunque a la postre, por obra y gracia de algún proceso analítico, llegáramos a la conclusión de que la Porta Ferrada es una obra del siglo VIII.
Tampoco creo que se la pueda relacionar con un influjo cultural derivado de las primeras fases de la Mezquita Mayor de Córdoba. La manera de construir que documenta este paramento hace pensar en fórmulas directamente derivadas de las tradiciones romanas, si se quiere, tardías; y en este sentido, me gustaría llamar la atención del lector sobre un detalle, a mi juicio, muy relevante: la carencia de cimacios, que, en principio, descarta un influjo directo "demasiado tardío" (léase bizantino) y desde luego, también cordobés. Y no olvidemos que Barcelona es el lugar peninsular que conserva mayor cantidad de restos estrictamente bizantinos de la Península y que ese influjo aún se deja notar con particular claridad en lugares como San Pedro de Rodas. Además, han llegado a nuestros días restos del mismo carácter en zonas no muy distantes: Narbona, Toulouse, Arlés...
Pero sea como fuere, la estructura próxima a la de los capiteles imposta, la existencia de collarino y el arco de herradura, nos sitúa, en un contexto que apunta a los tiempos de gran influjo bizantino. Recuerde el lector los restos de placa (o mesa) del Anticuarium de Sevilla, y, por supuesto, la del Metropolitan, que podrían ayudarnos a entender la difusión del arco de herradura en zonas sujetas a la influencia bizantina desde momentos tempranos.

Mesa sigma del Metropolitan, siglos V-VI (foto MET)
No obstante, debo confesar que en este caso la vinculación con lo bizantino debe interpretarse como un "recurso "de oficio" porque es una obviedad que esa referencia marcará decisivamente todo la cultura europea, desde el siglo V hasta, al menos, el siglo XIII.
De todas formas, tampoco está de más recordar que, de momento, no conozco testimonios que permitan suponer que el arco de herradura estuvo implantado en la zona catalana desde época romana. Aunque sí existe algún indicio de que no fue "cosa muy rara" en tiempos altomedievales. Recuerde el lector la arquería prerrománica de Albí.
Desde los pocos restos tardorromanos y altomedievales conocidos, deberíamos concluir que los arcos de herradura de Sant Feliú de Guixols pudieran relacionarse con tradiciones locales más o menos arraigadas y (o) con elementos culturales de "época visigoda" (de "época de gran influjo bizantino"), si es que se puede establecer una diferencia entre ambas categorías.
En este caso, la inexistencia de elementos iconográficos netamente cristianos no debería servir únicamente para considerar el conjunto como "obra civil". También podría ser un indicativo de mayor antigüedad de lo hasta ahora reconocido mayoritariamente...
Si, ante tantos matices puntillosos, que implican alarde público de inseguridad  —ha de ser que relacionar un edificio con los siglos VI-VII y X sobrecarga mis circuitos—, alguien me pusiera una pistola en el pecho para que estableciera una fecha de compromiso y "definitiva" para la Porta Ferrada, reiteraría la ya indicada, que el siglo X es una buena fecha —mejor que el siglo VIII—, y no dudaría en enfatizar que, muy probablemente, sus cualidades responden más a tradiciones de gran significación local que a los influjos tradicionalmente mencionados.



Los especialistas se empeñan en definir para el siglo X un marco de relaciones culturales que debe manifestarse en las relaciones formales. La actividad expansiva que debió suponer el califato cordobés en sus áreas periféricas seguramente estuvo en el origen de ciertos fenómenos económicos, sociales y culturales que se aprecian al norte del río Duero: a partir del siglo X se advierte cierto desarrollo en las actividades relacionadas con la construcción del reino de León. Desde mi punto de vista, es importante tener en cuenta ese fenómeno expansivo que también se aprecia en Cataluña.
Desde ese fenómeno, que podría ayudar a entender la proliferación monástica prerrománica, podríamos contemplar ciertos rasgos del monasterio de Sant Feliu con otros ojos. Concretamente me refiero al sentido práctico la actividad constructiva, perfectamente acreditado en la Mezquita Mayor de Córdoba, donde conviven las primeras fases, realizadas con materiales de acarreo, con las de la segunda mitad del siglo X. Me refiero también al desarrollo de todo lo relacionado con las técnicas constructivas, a la recuperación de la construcción en ladrillo, a la diversificación de las herramientas, que refleja la técnica de talla, etc. Desde ese punto de vista, acaso pudieran establecerse relaciones entre "lo califal" y la Porta Ferrada sin necesidad de enfatizar el papel que pudo tener el arco de herradura como vehículo fundamental de relaciones culturales.
En ese sentido, la Forta Ferrada sería tan mozárabe (o tan "de resistencia") como San Miguel de la Escalada y tan "mozárabe" —en el sentido de Gómez-Moreno— como San Miguel de la Escalada. Ambas edificaciones compartirían, entre otras cosas, un planteamiento arquitectónico esencialmente pragmático, el uso del arco de herradura, la reutilización de elementos de ornamentación arquitectónica procedentes de otros edificios, y documentarían una cierta recuperación tecnológica (herramientas, ladrillos, etc.)...
Para finalizar, aún restaría mencionar una "última" posibilidad "desconcertante": que el arco de herradura aparezca en Sant Feliu de Guixols por irradiación cordobesa directa, es decir, que la Porta Ferrada fuera construida por inspiración cordobesa, en algún momento de estrechas relaciones "políticas" o "administrativas" entre Córdoba y el territorio catalán...