lunes, 6 de agosto de 2018

¿Por qué "la gente" no acude a ciertos museos?

En ocasiones los medios de comunicación son especialmente divertidos. Ayer leí una "noticia" que me agitó las meninges durante un buen rato; tanto que fui incapaz de redactar unas líneas...
Hoy, más sosegado, he decidido recoger lo que me parece más relevante del artículo firmado por Ángel Villarino, que comenzaba hablando del Museo Nacional de la Energía,de Ponferrada, ese lugar del que depende "uno de los pueblos más hermosos de España", al que, en la actualidad, no se puede ir si no se dispone de un vehículo todoterreno y ganas de arriesgar la vida. Se emplearon 100 millones de euros en un museo que no le interesa prácticamente a nadie, mientras se desatendían asuntos tan elementales como el acceso a un lugar especialmente hermoso y singular, que está en penuria desde cuando Gómez-Moreno, lo visitaba en burro.

(...)
"El director general de Bellas Artes, Román Fernández-Baca, admite que se pueda haber generado “una especie de inflación de museos en algunos casos” fuera del ámbito estatal. En su experiencia, mantener vivo cualquier ecosistema museístico requiere tres factores. “Lo primero es tener un relato, que el discurso del programa los mantenga vivos”. Lo segundo, asegura, es “un plan de infraestructuras”, dotado de presupuesto, para poder acometer modernizaciones como las del Antropológico de Madrid (60 millones), la del Museo de Málaga (40 millones), o la reciente reapertura del Museo de Menorca. “El tercer factor a tener en cuenta es estudiar la demanda del público y esforzarse por llegar a más gente haciendo una labor de captación a través de programas específicos”.
Uno de los objetivos del ministerio para esta legislatura es precisamente atraer hasta los museos a los estratos sociales que no están acudiendo. El retrato robot del público de museos en España es una mujer de cuarenta y tantos años. Y en general, acude más la gente joven y con estudios. Por el contrario, los sectores sociales que menos atraídos se sienten son los adolescentes varones, las familias -los niños apenas acuden fuera de los programas escolares-, las personas mayores de 65 años y los grupos excluidos por razones económicas o por discapacidades. Para atraerlos, el ministerio planea organizar paquetes de actividades muy concretas y con un 'target' definido -desde conciertos a programas formativos-, "tirando de imaginación y trabajo comunitario". Hay ejemplos recientes que están funcionando, como el del Museo Nacional de Escultura de Valladolid, en el que a los alumnos en visita escolar se les anima a volver con su padre -no con su madre- y se les proporciona entrada gratuita si lo hacen."



Tener un relato, un plan de infraestructuras y tener en cuenta la demanda del público y esforzarse por llegar a más gente haciendo una labor de captación a través de programas específicos... Francamente, por ese camino lo tenemos crudo.
Para completar la charada, el autor se ha dirigido a una persona que conoce el asunto "desde dentro" y enseguida ha hecho notar que el número de visitantes a un museo no debería ser un objetivo prioritario, dado que existen museos de cualidades y circunstancias muy variadas:

“Hay una tendencia a aplicar a los museos criterios que no son de nuestro campo sino de la publicidad, el marketing, el entretenimiento y las industrias culturales”, dice Oliveira. “Y es una perversión porque la función del museo es contribuir al conocimiento del mundo en el que vivimos. Un museo funciona bien si cumple con esa misión multifacética y, además, consigue que cada vez más amplias capas de la ciudadanía hagan uso del derecho constitucional y de servicio público que son los museos”.

¿Conocimiento del mundo en que vivimos? Entre las viejas paredes de aquel pintoresco hospital no se me habría ocurrido función tan grandilocuente. Deberían ponerlo en letras de bronce dorando, por supuesto, en latín:

 "Esta institución sirve para que quien cruce sus puertas conozca mejor el mundo que le rodea"

Lo más divertido del caso: ¿no se le ha ocurrido a nadie invertir el asunto y plantearse por qué a la inmensa mayoría de la población no le interesan los museos y, en especial, ciertos museos? A lo mejor —digo yo— esa inmensa mayoría no está de acuerdo en que los museos sean lugares apropiados o simplemente útiles, para contribuir a conocer el mundo en que vivimos; a lo mejor no les interesan en absoluto los discursos ni los relatos que ofrecen. A lo peor el problema está en parámetros alejados de las actuales prácticas museísticas... y, en especial, de ciertas maneras de entender la función del museo y el reparto de los recursos del Estado.
Pero querido lector, tú que, más allá de su literalidad, sabes por dónde va este comentario necesariamente lacónico —también en este caso podría redactar una "versión extendida"—, no debes preocuparte, porque el nuevo director general de Bellas Artes tiene un target...

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