Quedó clara la intención de las autoridades culturales segovianas por presentarse "apoyando" al arte contemporáneo ... movilizando las estructuras endogámicas propias de estas iniciativas. El resultado fue tan esperpéntico que hasta Telesegovia se hizo eco de comentarios sumamente negativos, sobre todo, ante la "obra" de mayor repercusión mediática y popular, "Conductus Vocis", encargada a Eugenio Ampudia, que, según la documentación publicada al efecto, "vendió" la idea de presentar al acueducto "flotando", mediante el recurso de forrar los pilares centrales con espejos hasta una cierta altura:
"Conductus Vocis juega con el concepto que encarna el monumento como crisol de culturas y voces populares. La base del acueducto está oculta. Las piedras flotan. El volumen vuela. La estrategia que lo completa implica la participación del espectador. Desde el atardecer hasta la madrugada un interactivo transformará los sonidos emitidos por los espectadores en una intervención luminosa".
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La instalación floral, sumamente "efectista" no podía anular el tono de las "lápidas funerarias" repartidas por las paredes de todo el patio: "Honor y gloria a los que mueren por la Patria..." El resultado final era un montaje híbrido , desequilibrado hacia lugares muy alejados de los objetivos propuestos. Más parecía instalación funeraria hindú con acotaciones fascistas, que evocación romana. El entorno, que condiciona decisivamente la percepción estética, puede engendrar paradojas indeseables.. ¿O buscadas? ¿Se trataba de establecer una relación metafórica entre "César" y Franco?.
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Aunque pudimos ver algunas obras interesantes, desde los objetivos explícitos de Oxigenarte, es difícil destacar en positivo alguna de las intervenciones... La de Suso33 fue, sin duda, la más espectacular , aunque a mí no me interese esa línea expresiva, que substancia la domesticación más populista del arte callejero. Me pareció buena idea la instalación de Anna Rubin en la Iglesia de San Martín... La proyección de Canogar era demasiado simple, en el peor sentido del término. La obra de Thomas Engelbert me pareció lamentable. La silla roja de Eloísa Sanz, trivial. Mejor no decir nada de "Esencial Interior" de Ricardo Calero...
Pasados los tiempos en los que estas iniciativas debían valorarse en positivo por sus implicaciones en el erial estético y aunque entre los sectores locales especializados, quienes expresaron públicamente sus juicios fueron sumamente benevolentes , a mi me pareció que Oxigenarte fue un evento lamentable, diseñado desde los resabios más provincianos y endogámicos la política cultural, para alimentar la "mala prensa" del arte contemporáneo.
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