sábado, 21 de noviembre de 2009

De nuevo, El Prado

Tenía intención de ver la exposición de Maíno... Hacía cuatro o cinco meses —acaso, más—que no paseaba por las salas del Museo del Prado, que no tropezaba con las innumerables baldosas estropeadas del pavimento, que no me cruzaba con vuejos amigos. Esta vez faltaba el autorretrato de Tiziano.
Y he encontrado un museo remozado... si no fuera por las baldosas rotas y otras deficiencias achacables a monseñor Villanueva y a un mantenimiento manifiestametne insuficiente; casi un museo nuevo, con las pinturas en lugares inéditos y sorprendentes, a menudo excesivamente sorprendentes.
Regalan unos planos esquemáticos excesivamente sumarios, insuficientes para que el visitante sepa dónde están las obras... incluso, las más relevantes.
Pero por fin, a pesar de la hostilidad a las cámaras fotográficas, en la pinacoteca madrileña advertimos un criterio de organización museística puesto al servicio de acentuar el protagonismo de las corrientes pictóricas españolas. Me parece bien, francamente bien. Me parece bien que se pueda ver la obra de Ribera con tanta amplitud... aunque Tizio e Ixión vigilen los aseos, como de costumbre, con orientación incierta... ¿Estarán colocados correctamente?

Me parece bien que, por fin, se nos permita contemplar el autorretrato de Megs (que mencioné en otra entrada) y algunas otras pinturas apolilladas en los almacenes o en despachos oficiales.
Creo que es buena idea presentar los problemas de catalogación de "El coloso"... aunque acaso también fuera buena idea indicar otros...
Y por supuesto, me parece muy bien que, por fin, podamos contemplar un grupo generoso de pinturas del siglo XIX... incluso con paisajes dispuestos como en la tienda de un conocido chamarilero, a quien encanta hacer juegos geométricos con los marcos de raíz de abedul.

Por supuesto, subsisten los inconvenientes antiguos: la disposición de los focos en algunas salas (es imposible eludir los reflejos ante muchas pinturas), el carácter laberíntico de algunas zonas, las muy precarias comunicaciones verticales (los ascensores son, simplemente patéticos), el control de las temperaturas en la planta alta...
A pesar de la impresión favorable, cada vez entiendo menos el criterio empleado para encargar la ampliación al señor Moneo y echo más en falta que a los muñidores de las necesidades culturales se les hubiera ocurrido construir un nuevo Museo del Parado, más adecuado a la cantidad y calidad de los fondos madrileños y a los actuales criterios museísticos.
Sí, ya sé que el "edificio Villanueva" es sagrado... Dedíquenlo a Museo de Historia Natural.
Otro día disfrutaré de Maíno... si fuera posible.

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