sábado, 27 de noviembre de 2010

El Palacio de Linares. Casti convivere

Aquí le pones un gorro de tranviario a cualquiera y se cree dueño del tranvía... Desde ese invariante castizo, es fácil imaginar la actitud de los vigilantes de los lugares de interés cultural, si han sido adoctrinados con criterios "liberales". Hoy he sido testigo de otra tropelía, ilustración de arbitrariedad y desprecio del servicio al ciudadano, en la visita al palacio de Linares, uno de los pocos edificios del siglo XIX que han resistido la garra especuladora y lugar celebrado por sus cualidades extrasensoriales.
La tropelía: En el transcurso de una visita guiada, un vigilante ha replicado con un exabrupto a una señora que hizo un comentario en voz baja sobre el modo de mantener agrupados a los visitantes.
—!Y si no acepta las normas, se marcha usted a la calle! —apostilló ante el gesto desconcertado de la visitante, perpleja ante la falta de correspondencia entre su mohín y la brutalidad de la réplica.
En ese momento no sabía si estábamos visitando el Palacio de Murga o la casa del Marqués de Leguineche. Y, para situarme, sonó una voz acerada de ultratumba, como de cuchillo de Albacete: "Casti convivere".
Me hubiera gustado replicarle como se merecía, pero en esta ocasión, me comporté con cobardía (vicio o virtud muy español) y opté por el silencio. Seguramente, la autoridad competente habrá explicado al vigilante que su función es "imponer orden", según paradigmas chusqueros... compartidos a escote por el Ministerio de Asuntos Exteriores, la Comunidad de Madrid y el Ayuntamiento, porque a las tres instituciones corresponde la gestión de este Centro. ¿Habrán solicitado bula a Roma para establecer un maridaje tan contra-natura? Casti convivere.
Para contextualizar la actitud del vigilante, he recogido los fantasmagóricos objetivos de la Casa de América, tal y como aparecen en la web:

¿Cuál es nuestra Misión?
Ser un laboratorio de ideas, un punto de encuentro activo y abierto para estrechar lazos entre los países integrantes de la Comunidad Iberoamericana de Naciones, y promover el acercamiento entre América y Europa. La Casa de América busca cohesionar las culturas y sociedades de ambos lados del Atlántico y dar voz a la inmensa riqueza intelectual y artística que albergan los países iberoamericanos.
¿Cuál es nuestra Visión?
La Casa de América facilita la comunicación, intercambio de experiencias y conocimiento mutuo entre los pueblos de la comunidad iberoamericana a través de la exposición, debate y reflexión. Es el lugar de encuentro para la gran comunidad de artistas y pensadores iberoamericanos, con especial atención a las figuras emergentes e innovadoras, que apuesta por las nuevas tecnologías y todas las posibilidades que éstas ofrecen para llegar de manera presencial y virtual a un público sin barreras geográficas ni temporales.

¿Misión, Visión? Ignoro quién ha redactado tan grandilocuentes párrafos, casi mesiánicos, pero al copiarla al "portapapeles", ha vuelto a sonar entre los acordes de Windows, la cantinela de sentido ignoto: "Casti convivere".
Como es habitual en lugares afines, la visita está sujeta al pago de 7 € (o 4 en pago reducido) y a las arbitrariedades del equipo gestor, en este caso, substanciadas en limitaciones muy estrictas, recogidas en el dorso de las entradas, entre las que está, ¡cómo no! la prohibición de hacer fotografías, incuestionable signo de universalidad y modernidad. Y en este caso también se me ocurre lo que expresara al visitar cierto museo... ¿Se trata de hacer entender al visitante quién manda allí, incluso contra la voluntad de los espíritus? ¿Intentan evitar que proliferen los perseguidores de espíritus errantes? ¿O, sencillamente, pretenden evitar que documentemos la situación lamentable de algunas instalaciones?
 Lo dicho: Casti convivere.

Nota. En la foto adjunta, realizada hace tiempo por un amigo que asistió a una recepción (nadie le prohibió usar la cámara), se advierte con claridad la imagen de un ser etéreo.

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