miércoles, 1 de julio de 2015

Un testimonio científico sobre ciertas ilusiones ópticas

Hace unos días los medios se hacían eco de un trabajo coordinado por Tapan Gandhi (proyecto Prakash), con nueve niños de entre 8 y 16 años ciegos de nacimiento por problemas de cristalino que, tras una operación, podían ver con normalidad. Junto con un grupo de control, compuesto por chicos sin problemas visuales, se les ofrecieron imágenes de dos de las ilusiones ópticas más conocidas, la de Ponzo y la de Müller-Lyer. El resultado fue descorazonador para quienes, aún hoy, tanto se esfuerzan en afirmar que casi todos los fenómenos visuales —incluidas las ilusiones ópticas— derivan de fenómenos de aprendizaje: no hubo diferencias de apreciación entre los niños de ambos grupos.
Y para ilustrar la noticia, en lugar de reproducir las muy conocidas "ilusiones", se me ha ocurrido ofrecer otra menos conocida en la literatura perceptiva: el "efecto Caravaggio"...

Caravaggio, La vocación de San Mateo, capilla Contarelli de San Luis de los Franceses (Roma)

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