jueves, 20 de abril de 2017

Unas cuantas piezas del Museo Histórico de Baena

Según palabras de la web del museo:

"El Museo está instalado en la llamada Casa de la Tercia ubicada en pleno casco histórico de la localidad. Se trata de un edificio construido entre los años 1792 y 1795 para almacén de grano y semillas y como bodega de aceite. Estaba destinado a reunir la parte de los diezmos eclesiásticos y demás rentas correspondientes a la Corona. En el año 1841 la supresión definitiva de las rentas pagadas a la Iglesia, tras la Desamortización de Mendizábal, hizo desaparecer el uso previsto para el edificio, que pasó a propiedad particular. A comienzos del siglo XX se adaptó y usó como posada y durante la guerra civil entre 1936-1939 se utilizó como cárcel. .
Desde el año 1960 el Ayuntamiento fue arrendatario del inmueble hasta que en 1984 lo incorporó al patrimonio municipal, siendo objeto de una reforma importante. Está situado en la C/ Santo Domingo de Henares, 5 próximo al Ayuntamiento. El Museo fue inaugurado en 1999 y se instaló en la planta primera. Por Orden de fecha 7 de febrero de 2000, se acordó la creación e inscripción del Museo Histórico de Baena (Córdoba) en el Registro de Museos de Andalucía (BOJA núm. 35, de 23 de marzo de 2000).
Durante el año 2010 el edificio experimentó una importante rehabilitación como sede del Museo, siendo reinaugurado en febrero de 2011. Cuenta entre sus fondos con importantes colecciones de arqueología, la mayoría procedentes de las excavaciones realizadas en el yacimiento de Torreparedones, de las que destacan especialmente el conjunto votivo del santuario y las esculturas romanas del foro romano."


Realmente es un museo asentado en un magnífico edificio, con una colección de excepcional interés y que, a mi juicio, requeriría un tratamiento museográfico de mayor entidad, que haga honor, sobre todo, a la importancia de los restos ibéricos y a las esculturas romanas que, muy probablemente, si continúan los trabajos arqueológicos, crecerán en calidad y cantidad.


Desde mis intereses específicos, destacan unas cuantas piezas que permiten abrir un capítulo al que apenas he prestado atención en este blog: el referente a los "capiteles íberos", si se me permite que lo plantee con comillas, dado el peculiar carácter de un fenómeno cultural caracterizado por la heterogeneidad que expresan. Tal vez fuera mejor hablar de capiteles prerromanos, por no levantar empollas entre quienes se esfuerzan por matizar los rasgos culturales de aquella época. Además, hasta lo que conozco tengo la impresión de que los restos de ornamentación arquitectónica prerromanos no ofrecen rasgos de homogeneidad cultural más allá de la relación, más o menos clara, de algunos de ellos con modelos orientales.
El primer capitel que procede de Torreparedones, en realidad, es parte de un betilo, o "representación simbólica" de una divinidad de nombre desconocido. A continuación, las razones del entrecomillado; según Irene Seco:

MBAE03; mediados del siglo II a.C.
"(...) se puede entender el betilo, en sentido amplio, como la imagen cultual pétrea anicónica de la divinidad, imagen que cuenta con unas características muy particulares, y toda una serie de implicaciones. En este sentido, el betilo se encuadraría dentro de una determinada línea de las concepciones religiosas, y como tal, es posible hallarlo en los más variados momentos históricos, y, aún hoy, en un amplísimo número de lugares del planeta. De todas formas, aunque el inicio del empleo de betilos como imagen divina pueda corresponder a una etapa determinada —que nos resistimos a calificar de primitiva— dentro de las culturas en las que aparece, esto no significa que las tendencias a la antropomorfización dentro de la iconografía sacra, presentes en la mayor parte de los casos, y ya concretamente en el ámbito del mediterráneo antiguo, terminen por hacer desaparecer el fenómeno betílico; muy al contrario, éste no sólo sobrevive, sino que lo hace además con muy buena salud, y durante mucho tiempo. El caso indio contemporáneo puede constituir un ejemplo esclarecedor: en una tierra iconográficamente saturada, abrumadora en la complejidad de sus imágenes divinas, de templos atestados de representaciones figuradas incomparablemente ricas en minuciosidad y carga simbólica, un modesto betilo ocupa muchas veces el lugar de honor. Se trata del lingam de Shiva, betilo fálico identificado con la esencia misma del dios, y elemento absolutamente ubicuo a todo lo largo y ancho de la India. Es difícil comprender por qué este tipo de representación no fue desbancado hace muchísimo tiempo por la pujanza de la imagen icónica, a no ser que entendamos que la iconografía betílica no es una manera peor o más simple de representar a la divinidad, sino otra manera, y que, como tal, sigue su propio cauce de desarrollo dentro del sistema religioso."

El museo clasifica el "capitel" del betilo a mediados del siglo II a.C. En todo caso, es interesante para iluminar las posibles referencias que pudieron tener a su disposición quienes tallaron piezas "degeneradas" en tiempos romanos y tardorromanos, cuando menos, en las zonas geográficas donde las culturas prerromanas tuvieron gran desarrollo.

Museo Histórico de Baena. Cabeza de Augusto.
También procede de Torreparedones el MBAE01, que la cartela del museo sitúa en el siglo IV a. C. Su relación con otro del Museo de Linares de la misma cronología es, a mi juicio, bastante clara, aunque éste esté concebido para fuste cilíndrico y el de Linares para un pilar de sección cuadrada. Cuenta con collarino moldurado y se recubre con un tipo de trenzado que hace pensar en fórmulas muy posteriores como el ataurique cordobés o las lacerías celtas. En todo caso, no creo que se puedan discutir las referencias orientales...

MBAE01
Asimismo, el MBAE 02 también procede del mismo yacimiento y se sitúa en la misma época (siglo IV a.C.) aunque su carácter es muy diferente, que pasa por la zona central casi esférica que nos hace pensar en fórmulas ornamentales de Oriente. a Destacar el tipo de entrelazado, los rosetones hexagonales  y la corona de hojas lisas, casi pencas, de la parte inferior, que prefigura fórmulas muy evolucionadas.
MBAE02

MBAE02
En los tres casos, los capiteles presentan rasgos que concuerdan aceptablemente con la función tectónica que les corresponde, aunque debemos destacar que el mejor concebido es el MBAE01, cuya forma se adapta bastante bien al cono de concentración de cargas que corresponde a estos elementos arquitectónicos.


Los capiteles romanos


MBAE06
El MBAE06 es un fragmento de capitel corintio procedente de Torreparedones, que el museo adjudica al siglo I d.C., a mi juicio con buen sentido.

MBAE07
Otro tanto sucede con el MBAE07, de la misma procedencia y de similar cronología, dados los rasgos que es posible apreciar con cierta claridad. Siglo I d.C.

Es difícil hacerse una idea de cómo pudo ser originalmente el capitel MBAE05 dado el grado de erosión que ofrece. No obstante, se advierten volutas de gran volumen y un kalathos perfectamente marcado, con grueso labio y un tipo de acanto de tratamiento poco refinado pero dentro de las pautas de los siglos I y II,
Siglo II.

MBAE05
El MBAE04 es un capitel en estado de conservación que dificulta considerablemente su valoración. Parece derivar de prototipos corintizantes, aunque el tipo de talla es particularmente tosco. Llaman la atención las hojas de la corona inferior, talladas de modo sumario para configurar foliolos casi verticales que recuerdan las palmas de los capiteles corintizantes de los siglos I y II. Da la sensación de que la misma fórmula, pero agrandada, se empleó para cubrir la parte superior de un "cesto" que en los ángulos pudo tener algo parecido a volutas vegetales muy estilizadas.
La voluntad de realizar una talla de cierta modelación, aunque torpe, debería alertarnos ante una pieza no muy moderna. Siglos II-III.

MBAE04
Otras piezas

El Museo de Baena posee una pieza que podría ser un fragmento de cimacio o de imposta, de configuración irregular, decorada con los elementos habituales en la época de implantación del cristianismo. Procede del término municipal de Baena y lo sitúan en "época visigoda".


A la misma fase corresponde el fragmento de soporte de la imagen adjunta, de tratamiento más torpe de lo que es habitual en piezas afines.


El museo también posee varios capiteles valorados como "de época visigoda" que requieren un breve comenario. El primero, el MBAE08, tallado en caliza y procedente del término de Baena, está estructurado mediante una fórmula derivada de los capiteles corintizantes, con un corona inferior de hojas y un cuerpo superior ocupado por cuaro hojas lisas angulares festoneadas en el borde, pequeñas "volutas" rematadas en espirales, tema vegetal axial, cartelas abultadas, tal vez, concebidas como florones, y ábaco moldurado y de cierta concavidad.
Se trata de un capitel que, como de costumbre, impone la prudencia muchas veces mencionada. La carencia de elementos de filiación bizantina clara, nos pone en guardia ante una catalogación demasiado tardía. Aunque varios estudiosos lo relacionan, sin dudas, con los "tiempos visigodos", probablemente, su realización estuviera más cerca del siglo IV que del VII.

MBAE08
Algo parecido sucede con los MBAE09, 10 y 11 que, a mi juicio, se han evaluado como "de época visigoda". Los tres fueron concebidos mediante perfil cónico, derivan de prototipos corintios, fueron realizados por personas escasamente cualificadas que, además, no supieron interpretar los elementos superiores del orden, aludidos mediante incisiones caprichosas que, sólo en algún caso, se aproximan a lo más específico de las volutas o de los motivos "vegetales" de las variedades corintizantes; y cuentan con "ábaco" cuadrado. No acreditan influjo bizantino ni contienen símbolos o elementos ornamentales asociables a la difusión del cristianismo. Todo ello nos sitúa en un ambiente cultural, tecnológico y estético marginal que no debemos relacionar necesariamente con los "tiempos visigodos". Si unimos a ello la existencia en el propio museo del "capitel" de betilo, deberíamos concluir que no sería descabellado tener en cuenta la posibilidad de que sean tres capiteles "marginales", adjudicables a una horquilla cronológica que podría estar definida, al menos, ente los siglos IV y VII.

MBAE09

MBAE10

MBAE11
En la cartela del capitel MBAE12 dice: "Capitel siglo X-XI d.C.. Caliza. Procedencia: Córdoba". El capitel de hojas lisas y formato peraltado deriva de los prototipos califales; desde el proceso definido entre las piezas de al-Zahra y las de la Aljafería, se suele catalogar los de este tipo en el siglo XI, En este caso, nos encontraríamos ante un proceso de simplificación ornamental que pudiera justificar asociarlo a las obras realizadas en al-Zahira, donde según dicen las fuentes literarias, no se afrontaron los alardes de la ciudad palatina anterior. Desde ese punto de vista, es razonable la catalogación del Museo de Baena.

MBAE12

Para finalizar.

El Museo Histórico de Baena cuenta con un patrimonio mueble e inmueble de tal entidad que merecería contar con un planteamiento museográfico de mayores pretensiones. Confiemos en que así sea y en los próximos años regularice un montaje que, a mi juicio, es bastante irregular. En todo caso, merece dedicarle unas horas...

martes, 18 de abril de 2017

El museo Arqueológico Municipal de Cabra

Cabra cuenta con uno de los museo municipales más interesantes de cuantos conozco que, además, atesora algunas piezas de especial interés desde mis querencias más personales. Una parte del interés seguramente deriva de que ocupa el lugar que hasta la década de los ochenta del siglo fue del Banco de España y esta institución tiene por costumbre emplear edificios de cierta entidad arquitectónica.
El montaje actual, que lo vincula de manera activa con la Casa de la Cultura, se inauguró el 28 de febrero de 2015, con marcada intención didáctica y elementos de cierta espectacularidad, entre los que destaca la reconstrucción, según fórmula romanas que me son muy familiares, del mitreo de la Villa del Mitra, de donde proceden algunos de los restos más relevantes del montaje.


Me ha sorprendido gratamente la manera de afrontar la catalogación de los restos de ornamentación arquitectónica, entre los que hay algunos que guardan estrecha relación con ciertos problemas mencionados frecuentemente en este blog. Así, por ejemplo, han agrupado tres capiteles y unos pocos fragmentos junto a una pared dedicada a la ornamentación arquitectónica, donde escuetamente se dice al visitante:

"DECORACIÓN ARQUITECTÓNICA
(ÉPOCA ROMANA)
Los edificios públicos de IGABRUM y sus principales casas (DOMUS) presentaban numerosos elementos decorativos en su arquitectura: basas, fustes, capiteles, cornisas...
Son piezas que copian los modelos que vienen de la ciudad de Roma"

Alabar la prudencia y reprocharla a la vez, decía el filósofo chino: Creo que los gestores debieran haber afrontado el reto de ofrecer una catalogación más precisa, aunque ello impusiera ciertos riesgos, porque la acotación cronológica es fundamental para establecer relaciones que ayuden a entender los fenómenos asociados al desarrollo histórico.

CBR01
El primer capitel (el CBR01) está tan deteriorado que casi ha perdido por completo la parte superior, aunque aún sea perceptible que perteneció a la serie corintizante y, más concretamente, a la "familia" "de cáliz central". Es una lástima que no conserve prácticamente nada del ábaco, porque ello podría ayudarnos a afinar un poco más el análisis. En la Península no han aparecido demasiados capiteles corintizantes, pero las mayoría de éstos, con frecuencia de concepción esquemática, se relacionan con Córdoba, Mérida y sur de Portugal. G. Behemerid recogió uno (el 856) del Museo de Córdoba, fechado en el siglo II, cuya hechura de cierta tosquedad lo relaciona con éste. Creo que esa fecha serviría aquí, teniendo en cuenta la prudencia impuesta por su estado de conservación.

El segundo capitel (CB302) también es corintizante, aunque de un grupo ornamental diferente, que Pensabene definió como "volutas en S"; en este caso, el planteamiento estructural del capitel parece inclinarse hacia fórmulas menos relacionadas con la idea geométrica de las volutas, para recurrir a formas más "vegetales". Aunque el tratamiento escultórico es pobre, se advierten detalles como el tipo de acanto o lo marcado que está el labio del kalathos que debería imponernos no adelantar demasiado la cronología. El siglo II también marcaría una buena referencia para este capitel con rasgos que, incluso, podrían abrir la hipótesis de una cronología anterior; y de nuevo, debemos lamentarnos por la pérdida de la parte superior...

CBR02
El tercer capitel (CBR03) también pertenece al grupo corintizante pero, en este caso, "de doble cáliz", según fórmula relativamente común en la Península. Se distingue de los dos anteriores por un tratamiento escultórico menos interesado por conseguir los efectos plásticos propios del volumen naturalista, pero, al mismo tiempo, por acreditar una calidad de ejecución superior. Es destacable el carácter perfectamente geometrizado del cesto y la curvatura de los brazos del ábaco; frente a estos elementos que nos remiten a las fórmulas de los siglos I y II, debemos enfatizar la molduración demasiado simplificada del frente del ábaco y el escaso volumen del remate de las volutas, que ya está más cerca de la espiral que de la hélice.
En la Mezquita Mayor de Córdoba existen varios comparables; algunos, más similares aparentemente evolucionados, con talla aún más esquemática y otros de concepción estética prácticamente idéntica. El más parecido a éste de Cabra está, entre lo que recuerdo, en el Museo Arqueológico de Sevilla (SMA18). El de Cabra se distingue por un tratamiento algo más plástico y depurado, lo que, en principio, favorecería una cronología más temprana. en todo caso, la pérdida de volumen en la talla, orienta la realización de los dos hacia los alrededores del año 200.

CBR03

SMA18
En la mencionada pared, ofrecen varios fragmentos de capitel entre los que me interesa destacar dos, que refuerzan la idea de que en Cabra fueron más comunes las variedades corintizantes que las derivadas del corintio. Ambos documentan esquinas de ábacos con hélices que derivan de "volutas vegetales", como es corriente en las variedades liriformes y de cáliz central mencionadas. Ambos fragmentos, que informan de ábacos moldurados con sencillez, como el CBR03, debieron pertenecer a capiteles del mismo tipo y la misma época, hacia el año 200.

CBR04

CBR05
En la cartela sitúan un fragmento de placa ornamental procedente de la Villa del Mitra, entre los siglos II y III. Nada que objetar, puesto que gran parte de lo expuesto a propósito de los capiteles podría aplicarse a este relieve, que también ilumina la mencionada tendencia hacia la pérdida de volumen, dentro de unas posibilidades técnicas de cierta calidad.

Placa de los siglos II-III
Me ha hecho feliz la manera de afrontar el asunto "visigodo", con exquisita prudencia y dentro de ella, la forma de "explicar" la placa cerámica (clasificada entre los siglos IV y VI) y imposta de la imagen adjunta:

I"MPOSTA
(SIGLOS IV-VII d. C)
Esta pieza arquitectónico remata la jamba de una puerta sirviendo de apoyo al arco, podemos considerar que formaría parte de un edificio religioso, quizás una iglesia.
Posteriormente fue reutilizada como contrapeso de una prensa de aceite" (sic)

Al leerlo se me escapó una carcajada, sin otros matices que le pura expresión de alegría... Quienes sigan este blog sabrán que quien lo firma no hubiera sido tan "generoso": mejor, siglos IV al VI, como en el caso de la placa cerámica, que tienen en el museo y que pone a Cabra en relación con el norte de África.



Es muy posible que la prudencia esgrimida por los estudiosos que han trabajado los restos de Cabra tenga mucho que ver con un problema "endiablado" que, asimismo, ha hecho las delicias de este discreto amanuense: una de las piezas más interesantes del museo es, precisamente, uno de esos objetos que, como la piedra Rosetta, contiene ciertas claves para ordenar con cierto fundamento el gigantesco rompecabezas de la ornamentación arquitectónica hispana entre los años 200 y 1000; y nadie piense que exagero al establecer un área de juego tan amplia, que obviamente guarda mucha relación con el "territorio" definido en este blog. Se trata de un labrum (vaso de jardín o de patio grande), que apareció fragmentado en la Villa del Mitra, y que si no han recompuesto en su integridad durante los últimos años, al menos han conseguido que nos hagamos una idea muy aproximada de su concepción original. Cuando aparecieron los fragmentos, Blanco, García y Bendala concluyeron que el recipiente, tallado en una única pieza, debió ser realizado en la primera mitad del siglo III; y para justificar la clasificación, lo relacionaron con el sarcófago de San Lorenzo y con la fuente central del Patio de los Naranjos de Sevilla. Sin embargo, no todos los estudiosos aceptaron ese juicio, tal vez excesivamente formalista, y desde muy pronto se pusieron reparos que, en cierto modo, estaban justificados por los problemas que siempre hay para relacionar la realización de un pieza con la estratigrafía de aparición.
Morillo y Salido, en su trabajo sobre estos elementos publicado en el año 2011 ("Labra de época romana en Hispania", Archivo Español de Arqueología, 2011, 84, p. 153-178), comentaban, tal vez, con animosidad contenida lo siguiente:
"En la provincia de la Baetica se han constatado por el momento tres labra en ámbito privado. Uno
de ellos fue hallado en la llamada Casa de Mitra (Cabra, Córdoba). Repartidos por toda la superficie de la excavación se hallaron diversos fragmentos pertenecientes a una taza de fuente tallada en una sola pieza de piedra caliza, lisa por dentro y con su exterior decorado con motivos geométricos y vegetales estilizados. Junto al borde denticulado corren una pareja de molduras sogueadas y otra en zig-zag, a juego con el filo de dientes que limita el resto de la decoración. El elemento básico de ésta consiste en un disco de molduras concéntricas, rodeado de hojas, formando una especie de gran flor estilizada (Blanco Freijeiro et alii 1972: 318, lám. XXVI, fig. 14). Por su estilo decorativo se ha datado la pieza en el siglo III, pero no existe ningún dato estratigráfico que lo confirme."
Y reconocían que no habían tenido la oportunidad de ver los restos de la pieza en directo, tal vez porque la encontraron celosamente guardada en un museo cerrado por obras...
Anécdotas "estratégicas" y de señoríos territoriales al margen. lo cierto es que la falta de correspondencia entre los restos de ornamentación arquitectónica y los sedimentos asociados suele jugar en favor de que, en general, aquellos se valoren con demasiada alegría relacionándolos directamente con éstos, sin tomar en consideración que los objetos muebles como las pilas, los ladrillos impresos o, incluso, los capiteles, pueden haber sido reutilizados y que desde esa cualidad, siempre debe imponerse un margen de garantía que, casi siempre, debiera manifestarse en la misma dirección. Si un fragmento de pila aparece asociado a una moneda de Constantino, no tiene nada de particular que le fuente original, sobre todo si tenía cualidades excepcionales, hubiera sido tallada cien o doscientos años antes de la acuñación de la moneda.
Recuerdo que hace años, cierto ilustre colega rebatía este argumento mediante las posibilidades del rigor científico asociado a la contrastación de hipótesis, y que entre los dos compusimos un sainete afín al escenificado por Herzog cuando narró la historia de Gaspar Hauser (El enigma de Gaspar Hauser, Herzog, 1974). Mejor, no continuar por el camino de esta digresión para no ofender la inteligencia del lector...


Para mayor complejidad, también existe la posibilidad de que, como en el caso de la Casa del Mitra, en yacimientos de ocupación temporal muy dilatada, aparezcan diferentes fases de abandono y recuperación que hayan implicado labores de reconstrucción poco "cuidadosas" con las leyes de la sedimentación lineal. En ese caso podría suceder, como han supuesto algunos estudiosos, que el labrum no fuera realizado para las primeras edificaciones sino más bien para el complejo utilizado entre los siglos V y VII.
En la actualidad parece ser que los técnicos del Museo de Cabra se inclinan por esta ultima cronología... en proceso de valoración acelerado, si se me permite la broma. En 2009 se expresaban del siguiente modo: "A la hora de fechar la pieza no existe acuerdo, pus, si bien hay quien la sitúa en la primera mitad del siglo III, otros la consideran muy posterior, es decir, obra del Bajo Imperio y, por lo tanto, de ya entrado el siglo V, apoyados en el sogueado, el motivo discoidal y el estilo general de la pieza" (Museo Egabrense. Plan museológico)
Sin embargo, en el montaje museístico actual (¿definitivo?), la cartela dice: "Labrum (Siglo VII d.C.) Villa del Mitra. Recipiente para contener agua, tallado en una sola pieza de piedra caliza. Puede asociarse al hallazgo de otras piezas pertenecientes a una iglesia de Época Visigoda (sic): canceles, cruces caladas, y tapa de sarcófago".
Confieso que, en este caso, me siento más próximo a las actuales tesis del Museo que a las de los primeros excavadores por razones que tienen mucha relación con el tipo de talla aplicado a la superficie de la caliza y, desde luego, por el repertorio ornamental, en el que destacan formaciones vegetales muy estilizadas, mas propias del fin de la Antigüedad que de la primera mitad del siglo III. Los juegos de vénulas paralelas son relativamente frecuentes en la ornamentación arquitectónica, al menos, desde el siglo IV (según mis propias hipótesis). Las rosetas, los frisos dentelleados y la moldura en zigzag forman parte del repertorio helenístico desde tiempo "inmemorial".
Además está el "doble sogueado" que, en otro contexto hubiera hecho pensar en "lo mozárabe"; en éste, nos remite a posibles influencias bizantinas que, sin embargo y como es común en toda Andalucía (al menos, hasta lo que conozco), no se manifiesta con la claridad que encontraríamos en el sur de Italia y en el norte de África.
En suma, de acuerdo con lo que he planteado en otras entradas, en este caso, la catalogación más probable apunta hacia los alrededores del año 500; momento de fuerte influjo cultural bizantino que, en esta zona de la geografía hispana, se dejó sentir con no demasiada fuerza pero sí con cierta claridad, al menos, en el territorio de la ornamentación arquitectónica.
No obstante, teniendo en cuenta el trabajo de los primeros excavadores —que no debiera despreciarse alegremente—, acaso deberíamos dejar en la antesala la hipótesis mencionada por ellos, porque todos los elementos que aparecen en la pila están documentados en el repertorio del ornato arquitectónico romano, al menos, desde el cambio de era; incluso el "doble sogueado", tal y como ya tuve la oportunidad de indicar en una enrtada anterior.

Para finalizar

Me compromento a complementar esta entrada lo antes posible con un breve análisis sobre la pila de Sevilla, que siempre me ha infundido ciertos recelos... Mientras tanto y, como de costumbre, sin ánimo de agotas asunto alguno, me gustaría dejar constancia de que el Museo Arqueológico Municipal de Cabra me parece un magnífico ejemplo de lo que se puede hacer en materia de gestión arqueológica desde los actuales Ayuntamientos, que mueven presupuestos de orden cuantitativo muy superior a las necesidades de estas, por lo general, discretas instituciones. Sólo tengo un reparo que poner a la instalación museológráfica del Museo Arqueológico Municipal de Cabra: acaso debieran emplear un diseño de la cartelería diferente: no sé si son los tipos de letra o el color de las cartelas o... . 

lunes, 17 de abril de 2017

Un capitel y un fragmento del Museo de Huelva

A tenor de la potencia arqueológica de la zona onubense, sorprende la limitada entidad del museo de Huelva; y aún es más desconcertante lo recogido en las salas, tanto en la parte arqueológica como en la artística.
Aunque tenía registrada algún capitel "anómalo" desde tiempos inmemoriales, lo que en la actualidad exhiben apenas da para unos pocos renglones: un fragmento de capitel procedente de Niebla, un capitel califal y algunas pocas piezas más de primeros tiempos cristianos. En Domus, definen al HUM03 como "Fragmento de capitel de columna, probablemente de tipo corintio, decorado con una doble voluta.". En este caso, pudieran dejar la prudencia dubitativa para mejor momento. Y aunque lo sitúan entre el año 1 y el 300, acaso no fuera demasiado atrevido adjudicarlo a los alrededores del año 100, según fórmula perfectamente integrada en los usos imperiales. Lo que se aprecia del remate helicoidal y la sencilla moldura del ábaco sirve para ofrecer una valoración sin demasiado riesgo.

HUM03
El capitel cordobés (HUM02), en estado de conservación aceptable, sigue la fórmula de los capiteles compuestos califales, sin ningún elemento de relevancia especial, salvo lo que se deduce del tipo de talla, que en la persistencia en las palmas derivadas del acanto, hace pensar en el tercer cuarto del siglo X. Son numerosos los capiteles similares repartidos entre las grandes colecciones (Museo Arqueológico de Córdoba, Giralda, Museo Arqueológico Nacional, etc.)

HUM02
A destacar la tapa del sel sarcófago de Murense, que se adjudica al primer cuarto del siglo VI y que 
posee una paloma, según fórmula común en esa época, tal y como veíamos en el capitel de Estepa, aunque la manera de representar al animal es diferente.





El Museo de Estepa (Museo Padre Martín Recio)

El museo de Estepa, que ocupa un edificio del siglo XVII, ofrece unas instalaciones aceptables, dentro de lo que es norma entre los de su especie. Como es habitual, también en este caso, la zona dedicada a la cultura andalusí parece algo exigua.

MESTE01
Más allá de un fragmento de gran capitel de escaso espesor, contiene varias piezas que deseo colocar en este escaparate. La primera es un capitel muy erosionado, de proporción peraltada, derivado de las variedades corintizantes, con cuatro grandes hojas de folíolos alargados, lanceolados y paralelos, que culminan bajo un ábaco perfectamente marcado casi cuadrado. Por las razones que he explicado en otras ocasiones, teniendo en cuenta la relación con las fórmulas orientales que permite intuir el diseño de las hojas, deberíamos situarlo en los alrededores del siglo IV.

MESTE03
La siguiente pieza es un fragmento de columna que comprende parte del fuste y un capitel de hechura tosca. Éste está estructurado según fórmula derivada de los corintizantes, de cuatro grandes hojas angulares lisas con grueso abultamiento axial imposible de denominar "vénula"; las hojas se enroscan sobre sí mismas hasta definir espirales que nos recuerdan los remates helicoidales de las volutas. Sobre ellas descansa un ábaco bien marcado pero sin concavidad, que probablemente fue retallado por efectos de la reutilización hasta conseguir una acanaladura, tal vez, concebida para facilitar el asiento de un dintel de madera. Es curioso el “taco” en sobrerelieve que acaso estuviera concebido para cumplir la función de las cartelas propias de los capiteles relacionados con las fórmulas bizantinas. No obstante, en este caso, aunque forzando los términos, pudiera hablarse de una concepción volumétrica similar a la estructura de "volutas en V", no creo que se pueda hablar de influencia bizantina".

MESTE03, detalle.
En la zona comprendida entre las hojas, el artífice diseñó tres motivos diferentes (en las caras perceptibles), entre las que destaca un ave, de concepción similar a las que tienen las lápidas cristianas de los alrededores del año 500, que se han encontrado, sobre todo, por la mitad sur de la Península. Las otras dos caras poseen, respectivamente una hoja lanceolada, que arranca del taco, relabrado con posterioridad, seguramente para empotrar un travesaño, y una flor de cuatro pétalos, que definen una cruz, acaso accidental.

MESTE03, detalle

MESTE03, detalle
El motivo que más orienta su clasificación es el ave: gracias a ella podemos situar la realización de esta pieza en el contexto de la difusión del cristianismo, en los alrededores del año 500.
El museo cuenta con una ménsula de talla comparable al fragmento de fuste anterior, que ofrece un crismón en el frente y un pez en uno de los laterales. Su vinculación con la difusión del cristianismo es obvia. En todo caso, me parece aceptable la manera de redactar la cartela dedicada a ella:
"Pieza arquitectónica con símbolos paleocristianos. Siglos V-VI". Aunque la datación corresponda a los tiempos de expansión del cristianismo en la Península, los "símbolos" empleados, realmente son "paleocristianos". Nada que objetar a la clasificación cronológica.




Más discutible sería lo que se dice sobre el fragmento de sarcófago, que se valora como "frontal de sarcófago paleocristiano. Siglo IV d.C." Teniendo en cuenta que el siglo IV arranca con el Edicto de Milán (313), seria algo forzado hablar de "objeto paleocristiano".


También tiene interés un elemento de ornamentación arquitectónica con los elementos más habituales entre los que comúnmente se relacionan con "lo visigodo". Y así se explica en la cartela correspondiente: "Piedra hispano-visigoda (siglos VI-VII) tallada a bisel con motivos vegetales y geométricos estilizados. Estas piedras suelen identificarse como elementos arquitectónicos (canceles, pilastras, dinteles) formando parte de las iglesias cristianas primitivas" (sic). Insisto en que sería más propio retrasar levemente la cronología de estos objetos y, desde luego, desvincularlos de "lo visigodo".

Los capiteles de la Huerta del Alón

Están guardados en el Museo Histórico Arqueológico de Doña Mencía. En realidad, el museo, que conoció varias sedes desde los años cincuenta del siglo pasado, desde 1988, ocupa una gran sala de la Casa de la Cultura de Doña Mencía, en las condiciones precarias, que parecen ser norma en los museos comparables de la misma región. Por fortuna, en este caso, las debilidades museísticas están compensadas por la amabilidad y dedicación de las personas que atienden a los visitantes.  En todo caso, no estaría de más que afrontaran un proyecto museográfico completo, que mejorara, cuando menos, las condiciones de iluminación y la parte pedagógica y divulgativa, manifiestamente mejorables. Y si de paso enfatizan un poco más la entidad de los restos islámicos, mejor. Aunque, según parece, esa "devaluación" parece ser norma común en muchos museos arqueológicos andaluces, incluso en los de rango provincial.
Ya he mencionado varias veces la confusión que se moviliza al hablar de “lo visigodo” o “lo de época visigoda” y de lo “paleocristiano” refiriéndose a objetos que, en su propia naturaleza, deberían imponer el uso de otros términos. El caso es particularmente “divertido” a propósito de los ladrillos cristianos que, desde el estudio del profesor Blázquez, sabemos que derivan de fórmulas norteafricanas; y sin embargo, es frecuente que en los museos aún hoy aparezcan asociados al término “visigodo”.

MDME01
Desde mis preocupaciones, lo más interesante del museo de Doña Mencía son cuatro capiteles en aceptable estado de conservación, con escasas diferencias entre ellos. Aparecieron en “la Huerta del Alón”, al realizar obras en la carretera A-316, sin que quienes las realizaron tomaran las precauciones oportunas para no destruir el yacimiento que se conocía desde 1978. En consecuencia, se perdió una magnífica oportunidad para estudiarlos en su contexto inicial o, cuando menos, en un ambiente más próximo que el actual. Junto a ellos se encontraron monedas de Probo, Valente, Graciano y Teodosio.
Los cuatro capiteles responden a la misma estructura: cesto troncocónico con una única corona de hojas, que, salvo en un caso (MDME01), descansa sobre una banda lisa que no tiene entidad suficiente para hablar de astrágalo. Las hojas cuentan con folíolos en alineación de peine pero aún con cierto naturalismo que se advierte en la individualización de cada hoja, de borde redondeado. Entre las hojas queda un espacio libre de ornato con forma de cuña que cubre el cuerpo inferior y llega hasta las cartelas, muy peraltadas, de sección vertical en forma de bocel irregular, en configuración similar a las ménsulas comunes. Entre ellas y en un cuerpo que ya no depende del kalathos tradicional, se aprecian "volutas" estilizadas, que pareen arrancar del "cono" situado en la parte inferior del cesto, rematadas en espiral, como suele ser común en los modelos "degradados"; la fórmula recuerda concepciones ornamentales prerromanas de origen oriental.

MDME02

Ábaco del MDME02


MDME03
No está marcado el ábaco en alzado, aunque contemplado en planta, se aprecian unos “brazos” de cierta "concavidad" pero prácticamente rectos, que permiten el resalto de las cartelas. En uno de ellos se perciben perfectamente las trazas, que sirvieron para diseñar la configuración estructural, según modalidad relativamente común entre los capiteles del Pleno Imperio. Se distinguen bien los ejes, las diagonales y las líneas que delimitan el ancho de cartelas. Las diez líneas se combinan con precisión aceptable.
Lo más significativo aparece en las cartelas, grabadas con lo que según la ficha del museo, ha sido identificado como “un tridente o un candelabro de tres brazos”. Sin embargo, cabe al menos otra posibilidad que amplía su adscripción cultural: que el grafismo represente la letra griega Ψ; con ello se abriría un problema sumamente interesante que me siento incapaz de resolver, por no recuperar problemas viejos que, francamente, me parecen demasiado forzados y, sobre todo, porque desborda mis conocimientos y mis intenciones; pero en todo caso, lo planteo porque sería imprudente no hacerlo. En todo caso, la existencia de la letra griega, que se suele relacionar con “la psique”, y la existencia de fustes de sección octogonal (posible alusión a "lo infinito"), debería estimular la generación de hipótesis ajenas a "lo visigodo". La marginalidad de cultos más o menos "marginales" ayudaría e entender la existencia de capiteles de escasa depuración formal, incluso en tiempos tempranos.

MDME02
Para complicar el problema, al menos en una de las cartelas (MDME02) aparecen cruces de incisión leve, inscritas entre los "brazos" de los supuestos candelabros. La no existencia de cruces en todas las caras permite plantear la hipótesis de que sean incisiones hechas en fase cultural diferente a la realización de los capiteles. Sea como fuere, las hipótesis heterodoxas me parecen más plausibles que la ofrecida en la ficha del museo para justificar su adscripción a los fenómenos de época visigoda, siguiendo unas ideas que, cuando fueron formuladas y como se ha recordado recientemente, estaban demasiado condicionadas por unos planteamientos políticos sesgados hacia la búsqueda de afinidades con “lo germánico” (volveré a ello en una entrada próxima).

MDME04
Como es habitual entre las piezas de escaso refinamiento técnico, los capiteles, desde sus propias cualidades, y aunque no permiten establecer un momento concreto de realización, apuntan hacia los alrededores del año 300, coincidiendo con la época definida por las monedas encontradas, aunque confieso que no me sorprendería que el análisis de los restos sedimentados en la zona donde fueron localizados, permitiera retrasar su realización de manera sustantiva, incluso antes de los tiempos de Probo.

MDME05

MDME05
Existe otro capitel pequeño, en peor estado de conservación, procedente de La Serona (MDME05), que sorprendentemente —teniendo en cuenta la clasificación atribuida a los anteriores— en el museo han situado en el siglo V. Aunque apenas se conserva un cuarto de la pieza original, es suficiente para hacerse una idea de su estado original, articulado mediante dos coronas de hojas, sin otros elementos comunes en los órdenes tradicionales.
La ornamentación de las hojas, mediante folíolos casi biselados y estilizados que hacen pensar en fórmulas documentadas en diferentes lugares peninsulares (Mérida, Asturias, etc.) aunque no creo que se pueda establecer relación alguna a partir del paralelismo inducido por la penuria técnica y por las ingenuidades estéticas; a ello, habría que sumar en este caso el tamaño de la pieza, que puede explicar la anómala manera de interpretar todos los elementos. La inexistencia de los elementos del orden superior del capitel corintio de las variedades corintizantes indican alejamiento de las fórmulas del Pleno Imperio o la acción de un taller muy precario.
Tiene especial significación el ábaco, que aquí si se aprecia en alzado, que muy probablemente fue cuadrado, y que fue ornado con seriación de “lengüetas” que, en su relación con las ovas tradicionales, obviamente, hacen pensar en fórmulas propias de los siglos I y II, pero también de las corrientes “orientalizantes” del siglo III.
A mi juicio, este capitel debería entenderse relacionado con un ambiente cultural no muy alejado del que facilitó la realización de los cuatro anteriores, tal vez, condicionado por el influjo oriental, que muy probablemente, llegara a esta zona de Hispania a través del norte de África.
También en este caso el año 300 puede definir una buena referencia de clasificación, aunque como de costumbre, sin cerrar la puerta a la hipótesis de que fuera realizado antes por artífices con herramientas poco sofisticadas.



También tiene interés una especie de nicho tripartito ("trigemino"), que pudo formar parte de un cancel o de algún otro elemento litúrgico cristiano que, a juzgar por su configuración, estuvo concebido para ser contemplado adherido a un muro. Cuenta con ornato dentro de lo que tradicionalmente se considera “visigodo” o “de época visigoda”: recercado mediante banda sogueada, tres arquillos, asimismo con la misma banda, columnillas con plinto, basa, fuste y capitel de diseño peculiar (ver imagen); y todo ello, realizado mediante una técnica de talla prosaica.
Insisto en que me parece más preciso relacionarlo con la primera expansión del cristianismo, aunque a efectos de clasificación cronológica lo más razonable sea fecharlo a partir de finales del siglo IV, es decir, en tiempos de las crisis migratorias.

MDME06
Por último, merece ser destacado un fragmento de columnilla (MDME06) con elementos que lo relacionan con el nicho antes mencionado, sobre todo, en la manera de definir un capitelillo que, según parece, tiene astrágalo sogueado. Los elementos geométricos de la parte inferior amplían el repertorio de motivos ornamentales ofrecido por el nicho. Sería absurdo no relacionarlo con la expansión del cristianismo.

Un capitel del Puerto de Santa María

Se encuentra en uno de los museos más destartalados que recuerdo, impropio de una ciudad que rezuma riqueza por todas partes; se diría que en ella aún no es rentable políticamente hacerse una fotografía inaugurando un museo de pretensiones...

MPSM01
El MPSM01 es un capitel derivado del orden compuesto, aceptablemente bien conservado y estructurado mediante una única corona de hojas de perfiles alternantes de palmas y acantos de hojas espesas, relativamente frecuentes durante los siglos I y II, en los capiteles corintizantes. Otro tanto sucede con el cuerpo superior recubierto con contario, ovas con “dardos”, que más parecen “diamantes”, y volutas de desarrollo vegetal que, al menos en un caso culminan en racimo. Y aunque no se aprecia con claridad, es muy posible que el frene del ábaco estuviera moldurado.
En la cartela han escrito:
"Capitel romano.
Capitel de mármol blanco
Entorno del Cortijo de La Negra.
Orden compuesto por volutas, con representación de racimos de uvas, y hojas de acanto.
Siglos I-II"

Dorso del disco del racimo de vid
Más allá del anecdótico motivo iconográfico, que ha servido para realzarlo en lugar tan vinculado con la industria vitivinícola y dejando a un lado la escasa depuración técnica de la labra, que podría orientar una cronología tardía, siempre con reservas, el capitel cuenta con tres detalles que discuten la catalogación del museo. El primero, la corona de hojas alternantes según la fórmula empleada en este capitel está documentada entre los siglos I y II, pero también es propia del siglo III. El segundo es la configuración del ábaco, escasamente articulado —casi es cuadrado—. El tercero es el “orden superior” de “palmas” o “cañas” o “lengüetas” del cuerpo inferior —elemento del que me he ocupado en varias ocasiones en este blog—, que determinan un momento condicionado por el influjo oriental y, en este caso concreto, por lo que podría ser un invariante del proceso histórico de la Bética durante el fin de la Antigüedad y la expansión del cristianismo: las relaciones con el norte de África. A destacar, también en este caso, que esas vinculaciones ofrecerían una peculiaridad notable, que acaso relacione a la Bética con el sur de Italia: la carencia de los acantos de hojas afiladas, que suelen ser propios de estos años en otros puntos del Imperio y, más concretamente, en las variedades "asiáticas" del orden corintio.
A mi juicio, debería adelantarse la cronología de este capitel, al menos, hasta el siglo III; sin descartar la posibilidad de que, dado su tamaño, pudiera pertenecer a una villa construida más tarde. Aunque la distancia formal es grande, compárese el capitel del Puerto de Santa María con los BSSC02, 05, 08, etc del claustro de Benevento: todos ellos ofrecen fórmula "creativas" que no me parecen culturalmente muy alejadas.