miércoles, 29 de septiembre de 2010

El Museo Arqueológico de Sevilla tiene el mal de Alzheimer


Hacía más de veinte años que no entraba en el Museo Arqueológico de Sevilla, más o menos el tiempo que he mantenido en latencia trabajos antiguos... Lo recordaba como tantos otros: organizado con criterios provincianos de influencia alemana, pobre y mal atendido, muy por debajo de las posibilidades objetivas de una zona arqueológica tan rica. Hechas las transferencias a la Comunidad Andaluza, las "nuevas" autoridades culturales han tenido mucho tiempo para resolver las carencias de antaño: recuerdo que durante algunos años, debían cerrar las salas porque no tenían dinero ni para las servidumbres más elementales. Pero está claro que, al menos en este aspecto, nuestra "nueva" estructura político-administrativa no ha favorecido el cambio de rumbo... Un dato muy significativo: el sistema tercermundista de refrigeración recogido en la fotografía adjunta (tomada en las proximidades de los aseos, delante de un panel retroiluminado).

En la parte "técnica" las carencias aún son más penosas: cartelas imprecisas, desactualizadas o, incluso, erróneas, señorean por las salas para informar al visitante de hasta qué punto las instituciones culturales navegan por cauces de indolencia. Me limitaré a dejar testimonio de las "anomalías" apreciadas en un paseo muy breve, sin salir de mis preocupaciones más inmediatas:

1. Se echan en falta cartelas que precisen un poco más las genéricas de cada sala.

2. Son frecuentes las catalogaciones manifiestamente mejorables. Así, por ejemplo, clasifican como "Capitel corintio. Mulva (Sevilla). Siglo II III", a un ejemplar que, al menos desde los tiempos de Pensabene (Scavi di Ostia, I Capitelli, 1972), debería aparecer como "capitel corintizante". Y no es el único caso, porque como sucede en muchos museos españoles, los criterios de clasificación no distinguen las variedades corintizantes ni tampoco las orientalizantes (corintios asiáticos). En consecuencia, a pesar de los trabajos de Gutiérrez Behemerid y de las tres o cuatro tesis sobre capiteles presentadas recientemente, con frecuencia aparecen instalaciones que confunden las circunstancias históricas asociadas a las diferentes modalidades. Las piedras hablan de importantes cambios sociales...

3. En la sala islámica ofrecen al público cuatro capiteles, clasificados, según figura en la cartela, como "CAPITELES EMIRALES Y CALIFALES. SIGLOS X-XI" (sic), sin mayores precisiones. Acaso se pudiera discutir cuándo empieza y cuando acaba el califato cordobés, pero, en el estado actual de los conocimientos, a efectos de clasificación arqueológica, más allá de la muerte de Almanzor (1002), cuando la corte califal se desmoronó, es difícil imaginar la construcción de edificios con piezas de esa calidad. A mi juicio, los cuatro capiteles de la sala, muy probablemente, fueron seleccionados para recoger la evolución de estos elementos durante el siglo X; únicamente, si aceptamos la hipótesis (muy forzada) de Gómez Moreno sobre la existencia de un excepcional "taller emiral" durante la época de Abderramán II, cabría imaginar que uno de ellos hubiera sido realizado durante el siglo IX, pero nunca en el siglo XI.

4. Es demasiado evidente el desequilibrio entre la extensión y el contenido de las salas "hispanorromanas" y las salas "hispano-islámicas". Según parece, los museos, como los obispados, también deben contribuir a "modificar" la historia. Al-Ándalus sólo fue una "anomalía superestructural", que los procesos posteriores borraron absolutamente. Hace muchos años, junto a la puerta del hotel Maimónides, uno de los mayores especialistas en cultura hispano-islámica de la época, de aquellos que proporcionaron argumentos a la insularidad existencial de García Gómez, nos dijo: "Todo el mundo sabe que los cordobeses somos de origen visigodo"... Faltaría más. Las peculiaridades andaluzas son rezagos de la herencia cultural visigoda.

La pérdida de la memoria histórica nos vuelve, en primer lugar, estúpidos y luego, locos.

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