jueves, 3 de febrero de 2011

Democracia antigua



Están sucediendo cosas tremendas en Egipto. Ayer mismo fui testigo directo de lo que sucedía en las inmediaciones de la plaza de la Liberación en El Cairo. Ante la pasividad del ejército y la policía, los egipcios, agrupados en dos bandos, dispuestos a cierta distancia, se enfrentaban a pedradas en las calles... ¡Qué vergüenza, qué horror, qué barbarie! ¿No hemos aprendido nada de lo sucedido hace unos años en Irak? Para implantar la democracia se deben emplear fórmulas más civilizadas, como la guerra preventiva que pusieron en marcha las potencias occidentales. Y ahí está el resultado: los iraquíes ya viven alegres y felices en un estado democrático; los afganos están a punto de conseguirlo...
Puestos a evaluar situaciones en relativo, se me ocurre que tal vez la recuperación del ostracismo en gran escala no sea tan descabellada como parece: que los seguidores de Mubarak se enfrenten directamente a quienes pretenden modificar la forma de gobierno y, con ello, quitarles los beneficios de la adhesión. Un hombre-un voto se cambia por un hombre-una piedra... Sí, ya sé que parece una bestialidad, pero la política práctica de los últimos años ha sido infinitamente más bestial.

A lo mejor, debiéramos replantearnos nuestros juicios y abrir una reflexión en profundidad sobre las fórmulas de las que nos sentimos tan orgullosos. Y francamente, si se me encarara un egipcio para discutir sobre las bondades de uno y otro sistema no sabría qué decirle... Y peor aún si nos centramos en el caso español, donde tenemos un gobierno que sintoniza positivamente con los intereses del mercado global, con los apesebrados y con los sectores de opinión más manipulables.
En el sistema egipcio se acabarán imponiendo quienes acumulen mayor capacidad para arrojar piedras... Es muy probable que mañana mismo, cuando los fieles musulmanes salgan del rezo preceptivo, cambie decisivamente la situación... si el ejército permanece en la actual posición neutral.
¿Sería más razonable que entraran fuerzas de la OTAN para imponer una solución política conveniente a los intereses occidentales?
Hoy, el primer ministro egipcio, Ahmed Sahfiq ha pedido perdón por la violencia ejercida por los partidarios de Mubarak; justificó la pasividad porque, según sus palabras, no se había enterado de lo que sucedía en El Cairo... Seguramente estaba aprendiendo a cocinar, porque mientras al-Jazira retransmitía los incidentes en directo, la televisión egipcia ofrecía un programa de cocina. También en Egipto las autoridades políticas hablan para convencer a los estúpidos.
Y puestos a decir gilipolleces, asumiendo que esta costumbre egipcia —comparable al duelo a garrotazos goyesco— puede hundir sus raíces en la noche de los tiempos, se me ocurre que algunas fórmulas iconográficas egipcias pudieran tener relación con ella. Véanse en las imágenes adjuntas, respectivamente, un modelo de casco protector contra los efectos de las dreas y los vendajes aplicados a quienes recibieron algún testimonio de adhesión inquebrantable en tiempos de Tutankamon...
Si hacemos Historia para justificar el presente, podemos reconstruir los hechos del pasado según nos plazca... ¿O no?

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