miércoles, 11 de mayo de 2016

Georges La Tour en el Museo del Prado

Se dice de él que fue un discípulo de Caravaggio... aunque, hasta la fecha no se ha documentado que viajara a Italia y las obras que supuestamente dan fundamento a esa relación tienen una categoría muy alejada del modelo; seguramente por ello, los estudiosos lo vinculan con los "caravaggistas" holandeses; hace años, antes de que se profundizara en su conocimiento, algunos estudiosos lo relacionaban con la escuela sevillana e, incluso, con Zurbarán.

El recién nacido, Musée des Beux-Arts de Nantes
La exposición, organizada en colaboración con el Louvre, ofrece un conjunto bastante numeroso de las obras conocidas del autor, que permite valorar lo mejor y lo peor. Lo peor: las manifiestas torpezas a la hora de proporcionar volumen a las figuras a pesar de emplear la luz según fórmulas comparables a las del pintor milanés. Lo mejor: las obras que se construyen con luz de velas. Es una obviedad que Georges La Tour resolvió esas composiciones con cierta habibilidad. En todo caso, el aficionado a estos asuntos debe tomar en consideración que, en pintura, hacer ese tipo de representaciones simplifica considerablemente el proceso creativo: en pintura no ocurre lo mismo que sucedía hace cuarenta años en cine...
Como la cabra tira al monte, mientras recorría la exposición me he acordado del reto de Kubrick en Barry Lyndon con el Zeiss Planar de 50/0.7 y me ha sorprendido lo poco que se complicó la vida La Tour en sus diseños compositivos.

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