martes, 14 de febrero de 2017

De lo cordobés al mudejarismo y viceversa

Hace unos días, eldiario publicaba que faltaba un mes para que la Iglesia católica se apropie "definitivamente" de dos edificios mudéjares de Zaragoza (La Seo y la iglesia de La Magdalena); el proceso de apropiación se produjo mediante la fórmula de inmatriculación en el año 1987. Según la Ley, pasados treinta años, la apropiación pasaría a ser "definitiva"...
Al hilo de esta cuestión, me he acordado del juicio expresado hace un mes por el obispo de Córdoba para justificar el carácter cristiano de la antigua Mezquita Mayor:

“En realidad, los Omeyas, los califas, no tenían arquitectos propios ni crearon un arte nuevo, no es arte musulmán. Fueron a por sus paisanos cristianos de Damasco y los trajeron a Córdoba. Pero el arte no es musulmán. Es bizantino.” (...)“Es cristiano bizantino. Los moros solo pusieron el dinero”.

Obviamente, el "razonamiento" del obispo de Córdoba, que es formulación torpe de juicios "expertos" discutibles, proporciona argumentos para justificar que los edificios mudéjares de Zaragoza se "entreguen" a la comunidad islámica de Zaragoza. Es la "esencia" del mudejarismo: arte realizado por artífices empapados de cultura islámica puestos al servicio de las instituciones cristianas que, poco a poco, se hacían con el control territorial de la Península.



Reconozco que me ardían las manos por responder como se merecía al juicio de Demetrio Fernández; pero también reconozco que, en esa dirección, los esfuerzos son estériles y que ello me empodera de pereza. En todo caso y puesto que acaso sea una de las personas que más defienden en España el peso de la cultura bizantina entre los siglos V y X, me gustaría enfatizas algunos circunstancias particularmente claras:
1. Tal y como expresó en su día K.A.C Creswell, el primer arte islámico, en efecto, fue continuación prácticamente absoluto del arte bizantino. La aparición del Islam coincidió con un momento de auge hegemónico de la cultura bizantina, que se manifestó con contundencia a pesar del cambio institucional; lo mismo había sucedido con el primera arte cristiano, que no fue sino continuación de la cultura romana.
2. Frente a lo que en su día publicaron ciertos "expertos" y entre ellos, Fernández Puertas, no parece razonable imaginar que El Emigrado (el primer emir omeya de Alándalus) escapara de Damasco a uña de caballo en compañía de sus arquitectos y, por su puesto, del grupo de alarifes necesario para construir la primera Mezquita Mayor de Córdoba. Es más probable que se valiera de los artífices locales, que aplicarían sus conocimientos constructivos para realizar aquel primer edificio.
3. Es probable que cuando se afrontó su construcción los usos culturales arraigados en la Bética estuvieran muy condicionados por el peso de las tradiciones tardorromanas y seguramente también por las aportaciones de la cultura bizantina. En ese sentido, es importante tener en cuenta que, con anterioridad a la llegada de los musulmanes, en Andalucía apenas han aparecido restos materiales de manifiesto carácter bizantino; tanto es así que algunos especialistas de nuestros días emplean la categoría "protobizantina" para valorar unas cuantas piezas de cierta relación con los modelos de Constantinopla. Escapan de esa carencia unos cuantos objetos repartidos irregularmente por la geografía peninsular... En consecuencia, la inmensa mayoría de los estudiosos, incluso quienes enfatizan el peso de "lo bizantino", suelen destacar el componente tardorromano en la concepción del planteamiento estructural de la Mezquita Mayor de Córdoba; quien firma este blog ya se ha manifestado en varias ocasiones en ese sentido. La fórmula fuste-capitel-cimacio es propia de "lo bizantino" pero también de las primeras basílicas cristianas; y la sobre-elevación de las arquerías hace pensar en soluciones de ingeniería civil afines a las empleadas por los romanos en la construcción de acueductos (Torres Balbás).
4. Los elementos expresamente bizantinos que han aparecido en Andalucía fueron realizados, precisamente, en tiempos de los califas cordobeses, es decir, mucho después de la construcción de la primera Mezquita Mayor de Córdoba, cuando gran parte de los habitantes de la capital ya eran musulmanes y cuando el Califa omeya tenía unas magníficas relaciones diplomáticas con la corte bizantina; de hecho, según acreditan las fuentes literarias, los príncipes bizantinos prestaron artífices y materiales para realizar la espectacular ampliación de Alhákam II.

Don Demetrio se lo ha puesto fácil a quienes deseen recuperar sus argumentos; podrían decir que todas las iglesias mudéjares fueron construidas por musulmanes; y que los "politeistas" —así nombraban despectivamente los musulmanes a los cristianos, que admitían el dogma de la Trinidad, durante el siglo X— sólo pusieron el dinero.

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