domingo, 4 de septiembre de 2011

Memorias veraniegas. De la arquitectura cosmética a los centros de espectáculos: del Guggenheim al Centro Niemeyer.



Dicen que todo empezó cuando Thomas Krens desembarcó en el País Vasco para proponer un negocio  relativamente "ingenuo". Su intención era explotar los fondos de la Fundación Solomon R. Guggenheim con la finalidad de obtener los beneficios que justificaran su gestión al frente de una institución que, básicamente, centrada en Nueva York,  comenzaba a perder opciones en una sociedad progresivamente globalizada. Sus pretensiones eran tan "descabelladas" que hubo de esperar a que apareciera un lugar como Bilbao para que se concretara un proceso simbiótico de consecuencias sumamente ventajosas para las partes. De un lado estaba la Fundación, obviamente; del otro, el Gobierno del País Vasco, respaldado por casi todas las instituciones del Estado. Paradójicamente, durante los años inmediatamente anteriores a la inauguración, la inmensa mayoría de los vascos no respaldaban el proyecto, porque lo juzgaban elitista, ajeno a las tradiciones culturales propias; los 23.000 millones de pesetas presupuestados serían infinitamente más útiles si se construyeran colegios y hospitales...
En medio de una polémica que se manifestó, sobre todo, en la prensa norteamericana, por unas negociaciones que allí dejaban la imagen de España a la altura de las repúblicas bananeras, Thomas Krens consiguió sus objetivos: crear un nuevo centro de explotación de la Fundación Guggenheim.  En apariencia, el Estado Español había pagado demasiado por contar con un nuevo "museo".


Pero las circunstancias eran mucho más complejas, porque las ideas de Krens, que adjudicaba a "la cultura" gran capacidad para generar actividad económica, se habían quedado muy cortas. La creación del Guggenheim consiguió múltiples "beneficios" de alcance social diverso:
1. Por supuesto, propició un obvio beneficio cosmético para el País Vasco y su gobierno. Desde el momento de la inauguración, desaparecerían las viejas asociaciones odiosas.
2. Aunque nominalmente el edificio es propiedad de la Fundación S. Guggenheim, Bilbao se enriqueció con un símbolo que ha dejado en al olvido el vetusto puente colgante... y las sardinas frescas. El edificio escultórico de F. Gehry ha cumplido la misión adjudicada con creces. No sólo "sirve" para atraer visitantes al "Museo" Guggenheim, sino que ha matizado de modernidad a una ciudad que, fuera de ello, tenía una riqueza monumental desequilibrada, dado el carácter de la ciudad y el sentir de los vizcaínos.
3. La construcción del edificio coadyuvó a compensar los efectos de la reconversión industrial.
4. La inauguración del Guggenheim alteró radicalmente el carácter urbano de la zona del emplazamiento y sus alrededores. Salieron beneficiados con ello los vecinos, los comercios de la zona y, por supuesto, quienes tenían intereses urbanísticos y especulativos.
5. Bilbao dejó de ser un destino turístico de tercera división para convertirse en una de las ciudades españolas con mayor proyección en ese sector: el número de turistas anuales se ha multiplicado por 30.  Desde que se inauguró, se han duplicado los establecimientos hoteleros y se han incrementado exponencialmente las actividades portuarias... Los datos oficiales hablan de que se recuperó la "inversión"  reconocida en menos de tres años...  En realidad se debería haber hablado de "gasto por los derechos de imagen de la marca Guggenheim" y aún hoy es muy difícil determinar el  volumen real de ese gasto, acaso más cerca de los 50.000 millones de pesetas que de los 23.000 reconocidos. Pero cualquiera que fuera la realidad, desde este punto de vista —contemplado el Guggenheim como infraestructura turística— no creo que haya existido en la reciente historia de España un "gasto" (o una "inversión") más rentable,  con el factor añadido de un interés social de amplio espectro.


6. El Guggenheim-Bilbao, obviamente, no es un museo —recordemos la definición clásica del ICOM—; es un "parque temático", un centro de "atracciones estéticas"... pero sea como fuere, desde él, Bilbao incrementó considerablemente sus posibilidades en el terreno estético con un centro de alta calidad objetiva, al menos, según los criterios generalmente admitidos. Aunque sus exposiciones siguen los criterios de rentabilidad que explican su existencia, ofrece infraestructuras (divulgativas, formativas, de educación infantil, etc.) que, a mi juicio, están entre las mejores de España.
7. A ello debemos añadir las comisiones, bagatelas, mordidas y demás flecos graneados  entre las entidades y personas próximas a los círculos de poder relacionadas con el Guggenheim.
8. Y sin ánimo de agotar las posibilidades del maná, restaría mencionar  el incremento del "terciario" asociado a la gestión, el funcionamiento, el mantenimiento, la proyección educativa, etc.
Es probable que los datos oficiales pretendan ofrecer una imagen excesivamente edulcorada, pero es indiscutible que nadie —ni el propio Thomas Krens— pudo imaginar las consecuencias socioeconómicas de una iniciativa que, en principio, provocó reacciones muy airadas de casi todos los sectores sociales próximos a los universos estéticos y museísticos.  Y desde ese preciso momento, todo el mundo quiso tener "un Guggenheim"... o una Ciudad de las Artes y las Ciencias...  que era asunto comparable pero mucho más ambicioso y, por supuesto, caro.


Llàtzer Moix habla de "'Arquitectura milagrosa"... Si contemplamos el asunto desde el punto de vista arquitectónico, todo se simplifica, porque encargar edificios con objetivos comparables a los del Guggenheim ha sido una constante histórica desde los tiempos de los faraones. La diferencia aparente —el componente religioso— sólo es eso, aparente; estas nuevas "catedrales" (laicas) también juegan con las creencias de los individuos, unas veces para justificar su construcción y otras para definir el negocio... Exactamente igual que sucedió en Europa en la Baja Edad Media, o el Barroco.
Los juicios de Llàtzer Moix se pueden sintetizar en parámetros muy simples: en este caso como en cualquier otro, siempre subyace la dialéctica "tripolar" (si se me permite la coña posmoderna) entre la buena y la mala arquitectura por un lado, y su uso, por el otro.
En el Guggenheim-Bilbao, el juego de factores dio un resultado muy positivo; en las antípodas podríamos situar otras muchas iniciativas arquitectónicas como El Pabellón-puente de Zaha Hadid, para la EXPO de Zaragoza, la Caja Mágica, de Madrid (Perrault)  o el Palacio de Exposiciones y Congresos de Calatrava en Oviedo.
En el momento de escribir estas líneas, está de actualidad el Centro Niemeyer que, según dicen, ha costado más de 43 millones de euros, y fue concebido con unas pretensiones que hacen sonreír... a carcajadas:

"El Centro Niemeyer es una puerta abierta a todas las artes y manifestaciones culturales. La música, el cine, el teatro, la danza, las exposiciones, la gastronomía o la palabra son los protagonistas de una programación cultural multidisciplinar con el único denominador común de la excelencia.
Nace con la voluntad de ser un referente en la gestión cultural en Iberoamérica y un puente entre todas sus orillas. Por ello, está concebido como un imán capaz de atraer talento, conocimiento y creatividad, pero también como una puerta abierta de Asturias al mundo"

Como no creo en la estupidez de los políticos —pueden ser  incapaces, pero no estúpidos—, imagino que estas expresiones grandilocuentes tienen por objeto manipular las conciencias de quienes aún votan...  que cada vez son manos y, muy probablemente, de escasa declinación crítica. De otro modo no se entendería una expresión de objetivos tan infantiles.
Objetivo de la manipulación: justificar una "inversión" —en este caso concreto parece un gasto— mediante "pseudo-argumentos" de orientación emotiva. Todo el mundo suscribiría la declaración de intenciones mencionada en el texto adjunto.
Esos argumentos re refuerzan con algo muy frecuente en los ambientes posmodernos, tal y como enfatizó Sokal: es mucho más importante el nombre de quienes avalan el proyecto que los argumentos sobre los que se ha diseñado; en ello los gestores políticos han tirado la casa por la ventana y rentabilizar el premio Príncipe de Asturias:  Woody Allen, Vinton Cert, Stephen Hawking, Paulo Coelho y, para dar el toque local, José Andrés, cocinero asturiano...


El tinglado debe funcionar como "Fundación Centro Cultural Internacional Oscar Niemeyer ", que fue constituida en 2006; está gobernada por un Patronato compuesto por las siguientes personas:
Ángeles González-Sinde, Ministra de Cultura
Mercedes Álvarez González, Consejera de Cultura y Turismo del Principado de Asturias
María Fernanda Santiago Bolaños, Directora del Departamento de Educación y Cultura del Gabinete de Presidencia del Gobierno
Alejandro Calvo, Gerente de RECREA
Pilar Varela, Alcaldesa de Avilés
Francisco Menéndez Díaz, Presidente de la Cámara de Industria, Comercio y Navegación de Avilés
Enrique Iglesias, Secretario General de SEGIB (Secretaría General Iberoamericana)
César José Menéndez Claverol, Director del Área de Relaciones Institucionales y Asuntos Sociales de Cajastur
Antonio Garrigues Walker, Presidente de J&A Garrigues Abogados S.L.P.
Daniel Alonso, Presidente del Grupo Daniel Alonso S.L.
Jaime Arias Zapico, Director de Operaciones Metalúrgicas de Asturiana de Zinc S.A.
Carlos Oscar Niemeyer, Director de la Fundação Oscar Niemeyer de Brasil
Manuel Díaz, Presidente del Patronato
Natalio Grueso, Director General del Centro Niemeyer
José Luis Rebollo, Secretario General del Patronato
Oscar Niemeyer, Patrono de Honor
Vicente Álvarez Areces, Patrono de Honor


Es la fórmula que se está empleando habitualmente para gestionar centros comparables a éste, con poder en manos del PP o del PSOE. Lo justifican argumentando que los cauces "ordinarios" son poco elásticos e ineficaces...  Ya me he manifestado varias veces en relación a ello y no insistiré más que para recordar que la fórmula "fundación" desnaturaliza un principio constitucional recogido en el artículo 103:

1. La Administración Pública sirve con objetividad los intereses generales y actúa de acuerdo con los principios de eficacia, jerarquía, descentralización, desconcentración y coordinación, con sometimiento pleno a la Ley y al Derecho.
2. Los órganos de la Administración del Estado son creados, regidos y coordinados de acuerdo con la Ley.
3. La Ley regulará el estatuto de los funcionarios públicos, el acceso a la función pública de acuerdo con los principios de mérito y capacidad, las peculiaridades del ejercicio de su derecho a sindicación, el sistema de incompatibilidades y las garantías para la imparcialidad en el ejercicio de sus funciones.

"¿Convocar unas oposiciones para elegir a alguien bien capacitado? ¡Con lo fácil que es designar a un amiguete! Además están las empresas de servicios que funcionan de maravilla y, por supuesto, los voluntarios"...

El Centro Niemeyer no es posible sin la colaboración de muchos. Entre ellos, el grupo de voluntarios: jóvenes de todas las edades que ayudan en la organización de las actividades más importantes del Centro.
Con flexibilidad de horario y haciendo aquello que más te motive o para lo que te sientas más cualificado, podrás ofrecer tu apoyo en determinadas tareas de administración, vigilancia de exposiciones, organización de conciertos y grandes eventos, acompañamiento de visitantes e invitados así como visitas guiadas a grupos.
Si eres mayor de edad y estás interesado en contribuir con tu tiempo y energía al desarrollo de este proyecto único, mándanos un email con tus datos a voluntarios@centroniemeyer.org y cuéntanos por qué quieres formar parte de la tropa Niemeyer. Detalla también tu disponibilidad de horario y las áreas de trabajo que más te interesan.
No se trata de un trabajo remunerado, pero es una forma sorprendente de aprender más sobre arte, literatura, cine… hacer amigos, conseguir entradas gratuitas y mucho más"

Hace unos días, poco después del conflicto creado por IU al discutir la cesión de los bienes inmuebles a la Fundación Centro Cultural Internacional Óscar Niemeyer,  nos dimos una vuelta por Avilés y se nos ocurrió echar un vistazo...
Antes de cruzar la ría, se accede a un pabellón de construcción simple, donde hay un conjunto de imágenes que recogen el proceso de las obras...
En la explanada central no había mucha gente. Hicimos una fotografías y desarrollamos el periplo de observación. En primer lugar, nos colamos en el auditorio, que ofrece un aspecto magnífico.  Está capacitada para albergar congresos con traducción simultaánea y sus condiciones acústicas son excepcionales...
Al lado está la exposición de Schnabel. Cobran 8 € por entrar a verla...  Nunca me han gustado sus cosas y lo que he visto ahora tampoco me parece especialmente interesante.
La de Saura es un híbrido extraño, difícil de catalogar, casi como el conjunto de su obra cinematográfica, más allá de un componente espectacular que parece concebido para justificar la vertiente "educativa" del Centro. ¡También cobran 8 €!. Si esto es lo que entienden sus gestores por "excelencia" y por "apertura al mundo", tienen un grave problema para comprender dónde estamos, dónde están ahora mismo las fuerzas más activas de nuestro actual proceso evolutivo.
La terraza del bar, colocado en un extremo del conjunto ocupado por las taquillas, los aseos y la librería, es el lugar donde se concentraba el mayor número de personas... 
Aquel día, en la explanada central había un grupo musical africano, que, infructuosamente, intentaba hacer cantar a los espectadores...


Lo positivo
Como diseño arquitectónico, parece interesante.... Me recuerda una estación polar y decorados de ciencia ficción... Visto desde el otro lado de la ría ofrece un panorama sumamente atractivo... y compone un marco ideal para la creatividad fotográfica.
El puente de acceso, coloreado por Ramón Rodríguez (2006), según los tonos del arco iris, tiene cierta gracia... aunque su sentido sea demasiado obvio.

Lo negativo
El uso de un complejo arquitectónico puede desnaturalizarlo radicalmente...  pero esa circunstancia no se puede reprochar al arquitecto, a no ser que él mismo participe en ese uso y en este caso, se da esta circunstancia...
Lo que cobran por ver las exposiciones es exagerado.
Está desproporcionadamente inclinado hacia las actividades (empresariales) ajenas a "lo cultural", salvo que se entienda este concepto de modo excesivamente amplio ("todo es cultura"). Y esa declinación se advierte con demasiada contundencia: sólo es gratuito entrar en los aseos.
El “mirador” es un restaurante al que sólo se puede acceder como cliente, por supuesto durante los horarios de comidas; las exposiciones son caras; el auditorio sólo se puede visitar para contemplar los eventos programados o contratando una visita...
Las industrias próximas lanzan sus gases hacia el Centro según la voluntad del aire. Pregunté a un paisano sobre ello y me contestó:
—Sí, huele un poco, pero no te preocupes, no es venenoso; sólo afecta un poquitín a quienes tienen dolencias de bronquios y demás...
Y me acordé de cierto profesor, que al referirse a las fábricas de cemento, completaba  el juicio benevolente con una frase lapidaria:
—¡Estaría cojonudo que además fuera venenoso!


Aunque está muy cerca del centro de la ciudad, el acceso peatonal a través de un puente en acero corten, de diseño atrevido, con placa del "Grupo Danielalonso" (sic), es bastante prolongado e incómodo; no quiero imaginarlo con lluvia. Además, se mueve demasiado... Aunque no existe relación formal alguna, cuando lo cruzaba me acordé del puente del Milenio... No es colgante, pero tiene demasiados voladizos y según un adagio común entre ingenieros, "sólo se caen los voladizos". Además... ¿Acero auto-oxidante en una ambiente tan corrosivo? A ver si hay suerte y no le sucede lo que al de Tacoma Narrows.
Son notorios los signos de escasa calidad constructiva, sobre todo, en las zonas menos visibles (instalaciones). La escalera del restaurante tiene tramos que sólo se pueden bajar o subir de modo asimétrico (empleando el mismo pie).

El balance provisional

Los medios de comunicación han dado a conocer que "El Niemeyer generó en tres meses medio millón de euros, el doble de lo previsto".
"El Centro Niemeyer ha logrado generar por ingresos de explotación más de medio millón de euros en apenas tres meses, el doble de lo previsto en el plan de negocio, lo que sitúa al complejo de la ría, según sus responsables, «en la senda de la autosostenibilidad». Desde su inauguración oficial, el pasado 26 de marzo, el centro cultural ha recibido cerca de 400.000 visitantes y se han vendido, hasta la fecha, 53.186 entradas para las diferentes actividades organizadas, como conciertos, proyecciones de cine y exposiciones. Los gestores destacan, además, que la aportación del complejo al «cambio de imagen» de Avilés «ha sido decisiva»: «Las cifras de turismo y visitantes se han multiplicado ampliamente»".
El balance del primer trimestre de «vida» del Niemeyer no puede ser más positivo. Y es que gran parte de los actos promovidos colgaron el cartel de «completo». Así, destacan, entre otros, los llenos absolutos en los conciertos de John Mayall, Tejedor, Luz Casal o Avishai Cohen. También han tenido éxito la apertura del restaurante de la torre-mirador, «Gastro», inaugurado con un menú elaborado por el cocinero vasco Juan Mari Arzak, así como el ciclo de cine «Imprescindibles de Woody Allen».
Los responsables del complejo de la ría explican que en el Niemeyer ya se han organizado 16 conciertos de estilos tan variados como los protagonizados por Paquito D'Rivera, Chano Domínguez, Dayna Kurtz o «The Clams». «Se ha apostado por todos los géneros musicales, del jazz al blues, el soul, el pop indie o el rock», argumentaron. Las sesiones musicales se han organizado tanto en el auditorio como en el Club y en la plaza. En ese último enclave actuaron ya Woody Allen, Víctor Manuel, Mart'Nalia y Vetusta Morla y Xoel López.
El centro ya acogió, además, un total de 15 congresos que atrajeron a la ciudad a más de 2.000 participantes, entre ellos, el Foro España-EE UU o el congreso de la Federación Asturiana de Empresarios (FADE). La cúpula del centro cultural y el hall del auditorio exhiben las muestras «Luz» de Carlos Saura, y «Polaroids», de Julian Schnabel, que ya han sido vistas por «miles de visitantes en apenas dos meses».


¿Conseguirán 2 millones de euros al año? ¡Que hablen con el Vaticano, porque huele a milagro!
400000 visitantes en tres meses, corresponden a casi 4.500 personas por día... Debimos elegir un mal momento, porque según mis estimaciones, la fluencia de público no llegaría aquel día (sábado 6 de agosto, por la mañana) a las 500 personas; es decir, la décima parte de lo "informado" por los periódicos.
En suma, no se trata de un centro cultural sino de un centro de espectáculos con pretensiones desquiciadas. Salvo que la gestión de los espectáculos sea magistral, es de suponer que en poco tiempo se convierta en un centro deficitario, que recabará mayores aportaciones del erario. 
Pero sea como fuere, el centro Niemeyer habrá contribuido a cambiar la imagen de una ciudad, tradicionalmente volcada hacia la industria del hierro, y a incrementar sus dotaciones "culturales". Y de ello debemos felicitarnos todos.

Las esculturas urbanas de Oviedo.



En pocas ciudades hay tantas esculturas modernas como en Oviedo, donde, según parece,  sus gestores municipales han apostado por integrar el arte en los ambientes públicos; y lo han hecho con un afán ecléctico que desborda los límites de cualquier criterio de valoración estética. Como en ningún otro sitio, en los alrededores del teatro Campoamor, el arte se convierte en cuestión personal. Si no te gusta Santiago de Santiago, puedes mirar a Botero o, incluso, reírte con ganas con el "Culis Monumentalibus" de Úrculo, y el juego fálico implícito o explícito, según el gusto o la tendencia sexual de cada cual. Y es que, con un poco de imaginación creativa, se pueden plantear ecuaciones sumamente curiosas... o como dicen los posmodernos, juegos metafóricos de gran calado.
La maternidad de Botero, que me sigue pareciendo experto en matriuskas, me ha recordado un grupo afín de la catedral de Segovia... pero no creo que se pueda hablar, en este caso, de influencia directa.



La educación en Madrid


Una amiga, profesora en un instituto de Madrid, me dice que "Esperanza me pide un esfuerzo especial por carta mientras me insulta por la radio". Es el doble lenguaje de los políticos; si se dirigen a un colectivo profesional emplean un tono; si se dirigen a los votantes, otro muy distinto, ese que sirve para legitimar un sistema cada vez más dependiente de la estupidez humana.
Si alguien creía que era difícil empeorar las cosas en la política educativa, se equivocaba.  ¿Qué hacer para hundir el sistema educativo? Muy sencillo: encabronar a los profesores. Seguramente, es malo que los docentes hagan huelga, pero creo que es mucho peor dar clase sabiendo que las autoridades de quienes dependen, de cara a los votantes, pintan a los profesores como vagos, como personas sin sentido social, como parásitos privilegiados; seres despreciables, sin moral y sin honor.
Y todo para ahorrarse unos euros con los que mantener Telemadrid, magnífico instrumento educativo.

jueves, 1 de septiembre de 2011

Museo de las Termas de Gijón


En el año 1995 abrieron en Gijón un museo-yacimiento aprovechando la aparición de unas "termas romanas" en la zona de ocupación más antigua de la población, junto a la iglesia de San Pedro, en el límite de la playa de San Lorenzo. Como las vivencias personales condicionan nuestros puntos de vista, inevitablemente, tenía que acordarme del  museo municipal de Cartagena y, por supuesto, del museo-yacimiento de Bath. Y debo confesar que, como suele ocurrir, las comparaciones son odiosas... para una de las partes.  Aparte de la cuestión escalar, el museo de Gijón adolece de algunas cualidades que definen la diferencia entre los tratamientos políticos que se otorgan a los bienes culturales en España y en Inglaterra.
No es mala idea mantener el yacimiento bajo tierra, sin que se aprecie la construcción si uno está en sus inmediaciones. Sin embargo, esa circunstancia está en el origen de algunas de sus carencias: la edificación está limitada por encima y, naturalmente, por la parte inferior, ocupada por el yacimiento. Ello impone que el museo sea bastan angosto, en ocasiones, incluso, con cabezada, y que el espacio global ofrezca escasas posibilidades para proporcionar cierta espectacularidad. Para compensar esa deficiencia, los gestores han optado por colocar luces de colores que acaso sean adecuadas para interesar a los visitantes más jóvenes... pero, a mi juicio, no son suficientes para conseguir la espectacularidad que tiene, por ejemplo, el de Bath.  En esa línea, hubiera sido más apropiado recrear unas termas sin alterar los restos arqueológicos.. Naturalmente, el proyecto  hubiera sido más cotoso. Por desgracia, en España aún no existe conciencia de que es muy rentable a medio y largo plazo invertir fuerte en Bienes Culturales; sólo si existen expectativas cosméticas y de "pelotazos"...


Los arqueólogos sitúan la realización de las termas entre finales del siglo I y principios del siglo II.  La datación vendría a reforzar la supuesta romanización temprana de Asturias o, cuando menos, de Gijón. Los datos ofrecidos por el propio museo (fragmentos de terra sigilata considerados "altoimperiales"),  no me parecen concluyentes. Teniendo en cuenta que en Asturias no existen objetos culturales de datación clara en esa época y que casi todos los restos de filiación romana conocidos apuntan hacia los siglos finales del Imperio, parece más razonable considerar este yacimiento de esta época. aunque no tendría  nada de particular que aparecieran restos romanos más antiguos, sencillamente, porque sabemos que la costa asturiana fue explorada antes del siglo I dC.

Memorias veraniegas. Canary Wharf: Arquitectura liberal y cinematográfica





 "Toda la tierra Tenía un solo idioma y las mismas palabras.  Pero aconteció que al emigrar del oriente, encontraron una llanura en la tierra de Sinar y se establecieron Allí. Entonces se dijeron unos a otros: "Venid, hagamos adobes y quemémoslos con fuego." Así empezaron a usar ladrillo en lugar de piedra, y brea en lugar de mortero.  Y dijeron: "Venid, edifiquémonos una ciudad y una torre cuya cúspide llegue al cielo. Hagámonos un nombre, no sea que nos dispersemos sobre la faz de toda la tierra." Jehovah Descendió para ver la ciudad y la torre que edificaban los hombres. Entonces dijo Jehovah: "He aquí que este pueblo está unido, y todos hablan el mismo idioma. Esto es lo que han comenzado a hacer, y ahora nada les Impedirá hacer lo que se proponen. Vamos, pues, descendamos y confundamos Allí su lenguaje, para que nadie entienda lo que dice su compañero." Así los Dispersó Jehovah de Allí sobre la faz de toda la tierra, y dejaron de edificar la ciudad.  Por tanto, el nombre de dicha ciudad fue Babel, porque Jehovah confundió Allí el lenguaje de toda la tierra, y desde Allí los Dispersó sobre la faz de toda la tierra."


Y sin embargo, desde que el mundo es mundo, con excusas fatuas, los poderosos han deseado manifestarse en las alturas, cerca de Dios, o lo que es lo mismo, por encima de los simples mortales. Seguramente por no desafiar la ira divina, antaño fueron las torres de las iglesias o los alminares... Ahí está el caso de la majestuosa iglesia de "Santa Sofía" o el de Abderramán III, cuando, en el vértice del poder andalusí, ordenó construir el alminar... de la catedral de Córdoba. Desde que se disparó la especulación urbana en Estados Unidos, las grandes corporaciones dispusieron sus sedes en grandes edificios que ponían de manifiesto la capacidad del poder económico para desafiar a Dios... Esa costumbre llegó a Europa y, por supuesto, al resto del mundo.


Hubo un momento, allá por el año 2001, cuando a todos nos dio la sensación de que, por obra y gracia de un "terrorismo irracional", por fin, se había vuelto a manifestar el brazo iracundo y vengador de Jehovah... pero desde que lo asesinara Nietzsche, ya no infunde miedo y sólo se le usa para justificar intereses y creencias poco razonables. Sin embargo, cambiaron poco las cosas; en unos casos, porque era imposible detener los planes especulativos trazados y en otros, porque combatir al "terrorismo" no implicaba, necesariamente, ceder en los privilegios de altura. ¡Bastantes concesiones se habían hecho al pueblo llano suprimiendo el derecho de pernada!
Esa relación entre el poder económico y la "necesidad" de contemplar a los semejantes desde las alturas no ha cambiado y a pesar de la tragedia de la Torres Gemelas, se mantiene la estúpida carrera de llegar al cielo, que puede justificarse desde el prestigio proporcionado por la transposición del lema olímpico: los edificios más altos son siempre fronteras superadas de poder económico y desarrollo tecnológico (el incremento de la dificultad constructiva crece exponencialmente con el aumento de la altura).


Canary Wharf, debe su nombre a que en esa zona estaban los muelles donde llegaban los barcos que comerciaban con las Islas Canarias, y se ha convertido en una zona que compite con la vieja City sin las limitaciones que imponen las antiguas instituciones financieras y sus edificios emblemáticos y sin la deshumanización del ya viejo barrio londinense. Canary Wharf y sus alrededores van cubriéndose de edificaciones nuevas que proporcionan al lugar un carácter comparable a ciertos barrios de Nueva York y La Defense de París, pero con el "ambiente veneciano" proporcionado por la red de canales y los meandros del Támesis que proporcionan protagonismo esencial al agua. 
El edificio más alto —de momento— es el One Canada Square (o Torre Canary Wharf, 1991), cuya construcción fue un encargo de compañía canadiense Olympia & York al arquitecto argentino César Pelli.  Es sensiblemente prismático, con ventanas que conforman una retícula de Hering, y remate en lo más alto mediante una pirámide de poca altura, imposible de percibir cuando estamos a sus pies... 


El orden geométrico, racional, coronado por el triángulo —pirámide— divino, parece gobernarlo todo, aunque la quietud que ello debería comportar se ve socavada por la inestabilidad perceptiva de la retícula definida por las ventanas, que proporciona un efecto realmente interesante —objetivamente interesante—. Desde este punto de vista la idea de César Pelli me parece magistral, porque el edificio contrapone la rigidez del orden geométrico —de connotaciones lógicas obvias—, el dinamismo propio de la "evanescencia" perceptiva, propia del componente animal que subyace en la naturaleza humana. No conozco otro edificio —seguramente habrá muchos otros comparables que no conozco— que substancie mejor la idea del orden cósmico derivado de la ideología liberal: el dinero puede romper el maleficio bíblico y aún, confundir a Dios, empleando formas que, según habíamos creído, emanaban del Logos. Acaso por la afinidad que engendran los opuestos, la idea me hace pensar en la "Muerte en Venecia", de Visconti, y también en el edificio construido en el número 1 de la calle Poultry, en la City londinense, de James Stirling (con M. Wilford), con un juego visual particularmente discutible, que sus defensores han convertido en un quintaesencia retórica trascendente (el eclecticismo simbólico —algo macarrónico— se hace un hueco en el territorio financiero, hasta entonces, paradigma del "buen gusto"). Demasiada "tela" para lanzar una digresión marginal en este momento.
Otro de los edificios más celebrados de Canary Wharf y sus alrededores es la sede de HSBC, entidad financiera de gran implantación en todo el mundo y, muy especialmente, en Hong Kong.
El conjunto Citygroup Centre  se compone de dos edificios diseñados (CGC1, 1999 Y CGC2, 2001), respectivamente por Norman Foster y César Pelli; cambiaron de manos pocos años después de la construcción...
Los rascacielos, tomados uno a uno, no ofrecen grandes singularidades desde lo que se puede observar a ras de calle: formas geométricas sencillas, cristal, acero, aluminio... Me acordé obviamente de las Torres Gemelas, pero también del Park Inn de Berlín, ese ya viejo hotel del antiguo Berlín Este, cercano a la torre de comunicaciones, que junto a ella, en Alexanderplaz, subsiste como hito anacrónico de la potencialidad de la antigua Alemania del Este y referencia material de una manera de concebir la arquitectura emblemática como cotra-réplica  e imitación —metáfora de la contradicción dialéctica— de las fórmulas capitalistas.


Sin embargo, la agrupación de rascacielos en la Isla de los Perros, cerca de uno de los aeropuertos londinenses, con el consiguiente tráfico aéreo, compone imagen sumamente cercana a la ciudad ideada por Friz Lang en Metropolis o la de Blade Runner, de Ridley  Scott, ambas ofrecidas como respuesta la superpoblación y al "orden lógico", tal y como éste se entiende en ciertos ambientes ideológicos... en ambos casos no demasiado alejados de la premisas filosóficas de Hitler... Es interesante recordar cómo estructuraba Friz Lang los diferentes niveles de la ciudad "súper-racional" y también cómo acotaba R. Scott  a ese personaje (¿superhombre?) que había llegado a las puertas de Tannhauser.


Lo más curioso es esa vinculación alemana de la arquitectura del neoliberalismo activa una comparación que desemboca en dos maneras muy diferentes de entender la arquitectura. La zona de Berlín comparable al Canary Wharf, la Postdamer Plaz, está concebida como un área urbana abierta a todos los ciudadanos, mientras que en Londres como en la antigua City, nos encontramos ante áreas alejas de los lugares de mayor confluencia popular, restringidas a quienes trabajan para las entidades financieras con sedes allí. Como sucede en la City, en Canary Warf es difícil ver personas que no vistan según los moldes arquetípicos de los ejecutivos: chaqueta y corbata para los hombres y traje oscuro y tacones altos para las mujeres.
Si la arquitectura es reflejo del poder y del desarrollo tecnológico, las calles de Londres ofrecen  un magnífico panorama, comparable al de las grandes ciudades norteamericanas y chinas, pero con matices netamente europeos: poco a poco se va configurando una nueva Venecia para uso y disfrute de los nuevos príncipes y sus cortesanos...
De momento, los ciudadanos "del común" podemos pasear por sus calles incluso de noche sin sentirnos hormigas dentro de un decorado monstruosamente grandilocuente, aunque lo sea.

Entre Eulogio y King Kong


Aunque sea una cuestión antigua, no deja de sorprenderme la decisión que en a finales de los años ochenta tomó la autoridad competente para colocar una obra de Chillida en el monte de Santa Catalina, por encima de las viejas fortificaciones ya absorbidas por la naturaleza...
¿Elogio del horizonte?  
"Creo que el horizonte, visto de la forma que yo lo veo, podría ser la patria de todos los hombres" (Chillida, en una placa junto a la obra)


Si con los condicionantes emotivos asociados a esas palabras miramos la escultura desde la zona de las fortificaciones, ésta tiene cierto sentido espacial y estético... Paradójicamente, desde esa posición sólo se ve la escultura y el cielo, pero no el horizonte... Si por el contrario, nos olvidamos de esas palabras y nos colocamos sobre la pradera superior, la obra de Chillida está tan descontextualizada como  el edificio de Moneo en Ávila. Contraponer el arte a la naturaleza puede tener sentido (por ejemplo, en el caso del "Peine de los vientos" en San Sebastián), pero también puede ser una afrenta a los dioses, un acto de arrogancia propio de un estúpido de solemnidad.
El saber popular, reconducido por la autoridad competente, ha dejado la frase de Chillida en una situación poco airosa, rebautizando la obra al modo de las charangas gaditanas con dos acepciones:
1. "El Eulogio".  
2.  "El cagadero de King Kong"...


Los espíritus puros dirán que son cosas del populacho... Yo diría que, en ocasiones, las relaciones entre el arte y el poder engendran monstruos ridículos.
En la actualidad comienza a manifestar los problemas de durabilidad que, en ese ambiente, tienen las estructuras de hormigón armado, sobre todo, cuando las armaduras no están adecuadamente recubiertas de hormigón. En diez años más comenzarán a desprenderse fragmentos y el aspecto de la obra cambiará radicalmente... quizás, hacia el aspecto que tendría el cadáver del Euologio.

Sólo le encuentro una utilidad estética: dar sombra los días de sol radiante a quienes se suban a lo más alto de Cimadevilla para contemplar el horizonte. Debajo de ella no molesta en absoluto la contemplación del horizonte y además, permite colocarse al resguardo de los vientos, que pueden ser molestos. Pero tiene un inconveniente: la llegada de King Kong...

Memorias veraniegas. Stonehenge


Dicen que es un emplazamiento arqueológico de importancia excepcional. Dicen que es un círculo místico, simbólico, enigmático... Dicen que es el centro de un "estado" que existió hace 5.000 años, coetáneo a la aparición de la cultura egipcia. Dicen...
A mí me parece un camelo, un monumental camelo o un camelo monumental. Y recuerdo las palabras de Vere Gordon Childe y la anécdota del botón del uniforme del soldado. Si dentro de 5.000 años, pasadas unas cuantas hecatombes, alguien encontrar el botón del uniforme de un soldado republicano de la guerra civil española... ¿Sería posible deducir, desde las cualidades del botón, la estructura de la República Española? ¿Sería posible determinar la existencia de un Estado con fronteras más o menos definidas?
Y aún me quedan dudas de estricta metodología arqueológica. Quienes levantaron esos bloques pétreos necesitaron medios tecnológicos de cierta complejidad que no se manifiestan más que en la colocación...
Todos tenemos derecho a construir nuestros mitos, según nos convenga o interese y, si somos inteligentes, hasta podremos convertirlos en elementos de explotación para incautos...

Aunque seguramente las cifras que aparecen en los manuales y en los libros bien documentados tienen un fondo científico incuestionable, los años me han hecho aprender a desconfiar de los datos "especialmente oportunos". Y francamente, no me creo que se colocaran los grandes bloques hacia el año 3.000 a. J.C. para así poder justificar la existencia de unas raíces culturales que pondrían los orígenes de los pueblos ingleses casi a la misma profundidad que el resto de las grandes culturas del universo mundo: Egipto, Mesopotamia, India, China...
Son más digeribles cifras coincidentes con los movimientos migratorios que se manifestaron por toda Europa unos cuantos siglos después...
En la actualidad, Stonehenge se compone de un aparcamiento destartalado, con servicios tercermundistas y los restos arqueológicos, separados por una carretera y una vallado de tela de gallinero, están formateados mediante un camino del que no se puede salir. Al parecer, dentro de unos años será imposible fotografiarlo sin pasar por taquilla...
En suma: cebo para místicos descontentos de las religiones tradicionales, con vocación panteísta  y para doctores ufólogos acreditados en alguna universidad española...

Memorias veraniegas. La abadía de Westminster


“Otros vendrán, que bueno te harán”. Acostumbrado a los protocolos de la Conferencia Episcopal española, sorprende el modo de gestionar este edificio por parte de las autoridades anglicanas. ¡Durante el recorrido, obligan al visitante a participar —activa o pasivamente— en una oración! Muchos de quienes están en el interior del templo, acaso llegados para rememorar escenas recientes del couché, se suman con gesto piadoso de buena gana, aunque no entiendan las palabras del religioso; al fin y al cabo, el hecho religioso tiene poco que ver con el entendimiento.
Me pregunto cuánto tardará el obispo de Córdoba en proponer algo parecido a quienes entren en la vieja mezquita mayor. A lo mejor no lo hace por evitar tensiones…
La abadía es panteón de ingleses célebres:  Newton, Darwin, Lawrence Olivier... Alguien malicioso preguntó a la guía si también estaba enterrado allí Oscar Wilde.
—Oscar Wilde descansa en París —repuso con altanería la guía, que más parecía sargento de caballería que señorita del Ejército de Salvación.
Y deduzco que de no ser así, también habrían depositado sus restos junto a los de Newton… ¿Para completar la galería de difuntos? Al fin y al cabo, casi todas las religiones se alimentan del miedo a a la muerte y a la contingencia...


Acaso por influjo del director del Museo del Prado o porque creen que las fotos roban parte del alma de los retratados, no dejan emplear las cámaras;  para evitar la acumulación de turistas en la entrada, restringen el tiempo de visita de los grupos… Y lo más patético: el visitante se siente observado y vigilado por una legión de “cofrades” uniformados en rojo y verde, estratégicamente repartidos por todo el templo. Sin embargo, el ojo de Atenea, que todo lo ve, pudo registrar alguna imágenes de ese gótico tan "limpio", que me resulta especialmente grato.
En la abadía de Westminster he comprendido mucho mejor las exigencias de Dawkins  por terminar con los privilegios de los colectivos religiosos, aunque acaso también él acabe allí, bajo una baldosa de mármol rojo, como trofeo de caza...

¿El museo de Bélmez?


También aquí duele emplear el término "museo".
Puestos a hacer gilipolleces... ¿Y por qué no un museo dedicado a la picaresca española del siglo XX?
Al parecer, la Diputación de Jaén y el Ayuntamiento de la Moraleda han conseguido reunir más de 600.000 € del Fondo Europeo de Desarrollo Rural para construir el Centro de Interpretación de las Caras de Bélmez. Así lo recogía El País:
"Según informa EL PAÍS, la Diputación de Jaén y el Ayuntamiento de Bélmez de la Moraleda han conseguido, gracias a una sustancial aportación del Fondo Europeo de Desarrollo Rural, reunir los 651.000 euros necesarios para la construcción del Centro de Interpretación de las Caras de Bélmez. Este centro / museo, en el que se expondrán fotos de las caras y se escucharán psicofonías, se espera que atraiga mucho turismo hacia el pueblo, y constituirá un hito para Andalucía y para España: será todo un Centro del Fraude y del Abuso de la Credulidad, construido a mayor provecho de los célebres caras de Bélmez. El Museo de Bélmez será el Museo de la Memez".
¿Museo de la Memez? ¿La memez de quién?


Si un museo se justifica por la cifra de visitantes, cualquier museo al que acudan muchas personas está legitimado, tan legitimado como los paneles de audiencia de las cadenas de televisión —que supuestamente son foros de libertad de expresión— a los partidos que llegan al poder mediante el voto de los ciudadanos. Antes de impedir que se abra un museo en Bélmez, se deberían cerrar otros y se deberían revisar las licencias para emitir todo tipo de basura por las cadenas de televisión.

lunes, 1 de agosto de 2011

Gestión cultural de altura


En el momento de escribir estas líneas, aún está en paradero desconocido el Códice Calixtino que, según cuentan, desapareció misteriosa y milagrosamente de una cámara de seguridad en la catedral de Santiago. Me gustaría conocer detalladamente en qué condiciones reales se conservaba el códice, porque sería sorprendente la aparición de tan peculiar tipología milagrosa.
Mi experiencia en esos asuntos —durante algún tiempo estuve trabajando en una importante catedral española— me obligan a ser, cuando menos, escéptico.  Y según parece, las cosas han cambiado poco desde entonces, tal y como atestiguan "milagros" como el mencionado y los carteles que suele haber a las puertas de las catedrales españolas y que no reflejan, precisamente, gran capacidad para tratar asuntos culturales (la fotografía adjunta fue "tomada" el 28 de julio de 2011).


El palacio de la Granja. Un palacio singularmente gestionado

El "estilo" del Patrimonio Nacional

Lo que sucede en La Granja es muy parecido a lo que sucede en toda la provincia de Segovia, con una diferencia relevante: aquí la clave más activa está en el Patrimonio Nacional, de quien depende nominalmente el complejo palaciego.  Y ello tiene unas implicaciones de gran alcance, que pasan por las peculiaridades que, frente a la conservación, la difusión y la explotación turística de los bienes culturales, tiene el Patrimonio Nacional. Sin entrar en el fondo (normativo) de esas peculiaridades, quien como turista visite uno de los centros adjudicados a la Corona para uso y disfrute de Rey, observará unas fórmulas de gestión muy parecidas:
1. Se visitan en grupo con explicaciones concebidas para un público ávido en cotilleos de las familias reales y poco versado en historia del arte (¿apuestan por convertir a la familia real en un estímulo turístico?
2. Los miércoles se pueden visitar gratuitamente; de momento. Es fácil prever que esta circunstancia cambiará pronto, acaso, muy pronto.
3. La vigilancia corre a cargo de empresas privadas de seguridad. Los "seguratas" no se caracterizan precisamente por asumir la funcionalidad cuasi-museística de estos centros y, en ocasiones, con el uso excesivo de los intercomunicadores, alteran el ambiente de sosiego que debería imperar en esos lugares.
4. Las tiendas de recuerdos son de aspecto similar y tienen objetos del mismo tipo, entre los que destaca un póster dedicado a "Reinos y jefes de Estado desde Don Pelayo hasta Don Juan Carlos I". Sorprende que no estén los reyes visigodos...  Y, lógicamente, no sorprende en absoluto el olvido de las dinastías hispanoislámicas, puesto que los califas de Córdoba sólo fueron "invasores", representantes contra-natura del poder de Allah. Para compensar tanto despiste nuestro monarca no para de recordar las relaciones fraternales que le unen al rey de Marruecos...
5. No permiten hacer fotografías —probablemente, por apoyar la venta de postales, folletos y libros—. Esa voluntad de hacer caja según criterios discutibles se manifiesta también en el modo que tienen los vigilantes de dirigirse a los turistas que tienen la infeliz idea de sacar la cámara fotográfica y en otras situaciones, tal vez, forzadas por sus gestores.


Digresión. Una anécdota reciente

Hace un par de años acudimos a Tordesillas para renovar nuestro archivo fotográfico. Pagamos la entrada después de asegurarme de que no había ningún cartel que prohibiera hacer fotos y sólo cuando estábamos a punto de entrar  en el convento-palacio advertí que en el interior existía un icono prohibitivo. Como no tenía ningún interés en hacer una visita guiada, expresé a la guía mi voluntad de no entrar y, de inmediato, con la entrada rota en el control, nos dirigimos a la taquilla para reclamar la devolución del importe.  El empeño resultó vano porque la persona que me atendió estaba aleccionada "a beneficio de inventario". Si la entrada no estuviera rota... Después de varios minutos de discusión imposible, me ofreció una hoja de reclamaciones, que preferí no rellenar porque, en esas condiciones, era fácil imaginar la utilidad meramente estadística de una gestión de ese tipo. Me pareció más oportuno no colaborar en proporcionar información fidedigna a sus gestores. Si quienes dirigen la gestión del Patrimonio Nacional —como el director del Museo del Prado—entienden que es más importante conseguir un hipotético puñado de euros que el disfrute de los visitantes aficionados a la fotografía, es obvio que su entendimiento y el mío operan en sintonías de incomprensión absolutas. Llegué a pensar que han colocado el cartel de la prohibición en el interior para evitar que los aficionados a la fotografía diéramos marcha atrás...
Es una pena que ofrezcan una imagen tan ramplona, en un contexto institucional tan delicado. Aunque nuestros museos no sean un modelo de gestión, entiendo que estos centros están pidiendo a gritos una clarificación en su gestión como Bienes de Interés Cultural.

El palacio de La Granja

La Granja es una población cercana a Segovia, fuertemente caracterizada por la existencia del palacio; seguramente, mucho más que Aranjuez, porque debido a sus especiales cualidades climatológicas, la condición de "población cortesana de vacaciones veraniegas" se mantuvo, incluso, por encima de los cambios institucionales. Y aún hoy se advierte cierto pedigrí señorial —asociado a la burguesía madrileña— que acota diferencias importantes con la capital de la provincia. Por lo general, se advierte un ambiente mucho más cosmopolita en las terrazas de La Granja que en las de la Plaza Mayor o las de Fernández Ladreda, donde se concentra la flor y nada de la sociedad segoviana. Los espectáculos veraniegos que ofrecen ambos municipios compiten en injustificable equidad que, con frecuencia, se inclina del lado de La Granja, como por ejemplo, en  los festivales de jazz, que ya van por la tercera convocatoria, o en las fiestas patronales, mucho más participativas e interesantes en ésta. Las de San Luis, con encierros nocturnos, disfraces y judiadas dignas de Hefaistos,  están entre  las más atrayentes de cuantas se celebran en España.


El palacio, realizado a imitación de Versalles pero con las limitaciones obvias de un Estado en decadencia irreversible, tiene interés si se le contempla con ojos ingenuos, de amor a "lo español" o a "lo segoviano", sin ceder a la tentación comparativa, porque en caso contrario, deberíamos concluir que es uno de los palacios reales tardo-barrocos más pobres de cuantos existen en Europa (al menos, de cuantos conozco).  Compararlo con Versalles, con Windsor, con el castillo de Neuschwanstein  o la mayoría de los asentados en la zona del Loire sería ridículo más que absurdo. Acaso admitiría un cotejo más favorable con el de Beylerbeyi (Estambul), con alguno de Postdam (Sanssouci; Charlottenhof es, a mi juicio, mucho más refinado) o con el  Peterhof, por las peripecias sufridas durante el proceso histórico (fue destruido, prácticamente, por completo), todos ellos vinculados al agua, al uso estacional y de tamaños afines.
Lo mejor: la fachada que da a los jardines, donde el diseño ha sabido compensar las limitadas posibilidades del granito mediante contrapuntos bien dosificados.



Lo peor: el palacio de La Granja destaca la relativa pobreza de los objetos que "decoran" las habitaciones que se muestran al público, sobre todo, en la planta baja, donde hay demasiados vaciados de yeso de acabado poco airoso. Se diría que los gestores del Patrimonio Nacional le han otorgado una categoría menor, en cierto modo comprensible, teniendo en cuenta la climatología del lugar y la deficiente climatización, según "modelo ruso" (Ermitage): si hace frío, se cierran las ventanas; si hace calor, se abren... Además, los instrumentos fundamentales de un sistema tan prosaico no se ven en buenas condiciones de conservación... ni, por supuesto, de seguridad.


Seguramente, estas circunstancias tengan mucha relación con su historia reciente y, muy especialmente, con el papel adjudicado en tiempos de Franco, cuando fue empleado como centro de festejos veraniegos para solaz de los padres, tíos y abuelos de nuestra actual casta política. Allí se reunían los ministros y la "nobleza azul" para disfrutar con los espectáculos en los que participaban, de modo más o menos "profesional", los artistas de moda,  algunos de los cuales siguieron triunfando en tiempos democráticos...


Las fuentes

No obstante, conocidos los daños sufridos por el Peterhof,  el palacio de La Granja contiene algo que le proporciona excepcionalidad, incluso aunque, en cuanto a las posibilidades hidráulicas objetivas, juegue en desventaja con el de Peterhof: las fuentes, que se han conservado procurando mantener el carácter y la función con los que fueron diseñados en el siglo XVIII. Como el palacio se sitúa en una ladera, el sistema de conducciones utiliza esa circunstancia para aprovechar la energía potencial de un estanque dispuesto en la zona más alta de los jardines. De allí salen las conducciones que alimentan las retículas de surtidores de las fuentes, invariablemente decoradas con motivos mitológicos, que sólo pueden activarse de una en una para que la presión del agua ofrezca resultados espectaculares óptimos y ofrezca un marco especialmente adecuado para los juegos de niños, jóvenes y, por supuesto, adultos...  La iconografía enfatiza, muy especialmente, esta última posibilidad, acaso emulando las modas implantadas en Versalles o, desde el siglo anterior, en el palacio del Buen Retiro, que fue construido con esa finalidad aunque la funcionalidad fuera efímera porque Dios Todopoderoso le envió fuego purificador...


Las fuentes han  sufrido trabajos de restauración frecuentemente y, según mi criterio, el resultado final no es demasiado afortunado, porque el aspecto de las figuras es exageradamente artificioso.
La activación de todas las fuentes (de las que sea posible, según las circunstancias de cada momento) es un espectáculo que, en unas pocas ocasiones, convoca todos los años a miles de personas que se aglomeran en torno a ellas para disfrutar durante unos minutos de una situación incómoda y forzada, porque es prácticamente imposible contemplar el espectáculo de modo confortable. El ritual es simple: los visitantes siguen a un guarda del complejo que, con una bandera española en las manos, va señalando la fuente que activará de inmediato. Y la muchedumbre, gobernada por los más jóvenes, recorre los jardines frenéticamente...


Con un poco de suerte, se pueden ver los juegos de agua en tercera fila, de modo que quienes están delante impiden contemplar las fuentes. Los mejor informados se anticipan a los que siguen al guarda de la bandera para colocarse en primera fila sacrificando la contemplación de las menos vistosas.
 Tradicionalmente, se justifica esa penuria en una cuestión especialmente sensible en aquella zona durante los meses de verano y, sobre todo, en épocas de sequía, porque de ese agua se suministra también a la población de La Granja, aunque junto a la población está el pantano del Pontón, del que podría abastecerse si hubiera acuerdo con el resto de las poblaciones limítrofes  (Segovia y Palazuelos del Eresma).


Pero cada vez que me paseo por los jardines me hago la misma pregunta: ¿Por qué no se construyen sistemas de circuito cerrado que, manteniendo la estructura original, permitan mantener en funcionamiento todas las fuentes durante los meses de verano y otras épocas de posibilidades turísticas? El potencial turístico de La Granja crecería de forma exponencial. A fecha de hoy sólo una de las fuentes, que se pone en funcionamiento con cierta frecuencia, pero irregularmente, posee un sistema de este tipo. Uno de los guardas con quien hablé me dice que hacer algo así sería muy caro y que los jardines de La Granja son una maravilla ecológica... Ignoro si ese punto de vista lo suscriben muchos paisanos, pero es obvio que se están desaprovechando unas opciones que cambiarían radicalmente el atractivo turístico de un palacio que, sin ellas, es un reclamo de tercera categoría.
A lo mejor, en este caso cuenta mucho la voluntad de los habitantes y veraneantes de La Granja, a quienes no gustaría poco ni mucho un incremento exponencial en la cifra de visitantes... En mi caso, lo tengo claro: seguiré acudiendo a pasear por los jardines y las calles de La Granja mientras sea fácil aparcar y de momento, es mucho más fácil que en Segovia...

Una lección de historia del arte. El Valle de los Caídos, cuestión de "estilo".


Nostalgia

Hacía 7 años que no me daba una vuelta por el Valle de los Caídos, lugar que me infunde cascada de sentimientos, entremezclados con los recuerdos de la niñez. Como hijo de uno de los trabajadores (asalariados), asistí a los festejos populares de la inauguración oficial y aún quedan en mi mente imágenes de la comida campestre y de los revolcones que una vaquilla dio a quienes llevaban en las venas más alcohol que sangre...  Cosas del paternalismo social de una empresa que allí mismo se había convertido en una de las constructoras del régimen, cuyos propietarios promovieron iniciativas estéticas no siempre bajo la referencia de creadores "tradicionalistas" como Ávalos, Padrós y otros como ellos. Hace poco nos lo recordaron los gestores del Reina Sofía con una exposición surrealista dedicada a las "famosas" "Jornadas de Pamplona" (ver comentario de este mismo blog).


Contando con ese lejano momento, habré visitado el Valle de los Caídos cuatro o cinco veces a lo largo de mi vida y sólo en dos ocasiones por voluntad propia; en la última, el pasado 20 de julio, acudí muy condicionado por las vicisitudes coetáneas. El Valle de los Caídos se metamorfoseado en un "grave" problema político, si hacemos caso a los profesionales de la polémica, siempre preocupados de organizar espectáculos y desviar la atención de los ciudadanos. Destacaré los factores que me parecen más importantes en la configuración del "conflicto":
- Los sectores ultramontanos que siguen esperando la resurrección del "Caudillo" o sienten nostalgia de ciertos componentes de un sistema político que reverdece asociado a las ideas religiosas conservadoras: preeminencia del dogma, principio de autoridad —pasividad ante la injusticia—, valores tradicionales, etc. Creo que existen ideas religiosas progresistas asociadas a las necesidades espirituales personales, que se orientan hacia la intimidad, aunque no sé...
- La clase política, a la que incomoda recordar que, a pesar de todo, el sistema democrático actual tiene una importante deuda con Franco, al menos en la persona que él designó para ocupar el vértice del Estado y en la estructura socioeconómica, que dejó "atada y bien atada". Para ellos sería conveniente que todos olvidáramos los "funestos años" en los que España vivió en las sombras de las tradiciones nazi-fascistas, convertidas ya en paradigma de "lo malvado", "lo nefasto", "lo despreciable", es decir, en paradigma negativo absoluto.
- Con independencia de los documentos y las proclamaciones oficiales, la Iglesia ha asumido una postura mil veces empleadas en otras situaciones afines: transformar la naturaleza del monumento conmemorativo y funerario de Franco. Como advierte la gran cruz que se percibe desde la lejanía, el Valle de los Caídos es, ante todo, una abadía benedictina; una abadía que contiene en su interior, entre otras cosas, una hospedería y, dentro de la "Basílica", un "monumento" dedicado "a todas las víctimas de la contienda civil".

Sutilezas

Al entrar por la puerta de la finca —en la carretera que une El Escorial con Guadarrama—, el guarda advierte que "sólo se puede entrar por fines religiosos" y entrega una octavilla con el siguiente texto (sic) cargado de sutilezas:
Aviso
ACCESO A LA BASÍLICA DE LA SANTA CRUZ  DEL VALLE DE LOS CAIDOS
Horario: entre las 10,00 y las 18,00 horas, excepto lunes
La entrada a la Basílica se realizará por el túnel habilitado desde la zona porticada del lateral izquierdo de la puerta principal del Templo.
EL ACCESO PÚBLICO AL VALLE DE LOS CAÍDOS LO ES A EFECTOS DE USOS RELIGIOSOS.
Por razones de seguridad, se ruega  a las personas que acudan a la Basílica, Hospedería y Abadía que respeten las áreas de acceso restringido y las limitaciones a la circulación y movilidad de personas y vehículos.


Me pregunto quién habrá redactado texto tan sibilino. Las sutilezas a destacar:
- Es muy expresivo el uso de mayúsculas para referirse al "templo" y a la "basílica". Sé que existen razones canónicas para justificarlo, pero...
- El acceso al Valle de los Caídos se ha convertido en acceso a la basílica de la Santa Cruz del Valle de los Caídos. Parece obvio que el espacio circundante, delimitado por el antiguo Valle de los Caídos, ha pasado a ser el terreno anexo a la abadía benedictina.
- En la misma dirección apunta la surrealista intención de imponer al visitante a todo el complejo una actitud comparable a la que debe asumir si entra en un templo. Me pregunto si no se puede tomar el sol, otear el horizonte o dar un achuchón a la parienta  en las explanadas concebidas para expresar adhesión al Caudillo o en medio del monte...
Desde que lo visité la última vez, allá por el año  2004, he advertido otros cambios declamatorios:
1. A sus gestores les ha convencido el director del Museo del Prado y han cambiado el cartel de "prohibido hacer fotos con flash", propio de muchas instituciones museísticas y similares por otro más tajante: "prohibido hacer fotografías". Quienes han dado las órdenes deben creer, como el director del Museo del Prado, que al hacer fotografías y captar la forma de las cosas —como ésta compone unidad substancial con la esencia— se capta una parte fundamental de los objetos o personas fotografiados y eso... ¡es inadmisible!


2. Ha desaparecido la tienda de recuerdos, donde se podían obtener objetos de dudosa integración ideológica en un sistema democrático. ¡Ya era hora! Daba muy mala imagen a la Jefatura del Estado que se produjera a su amparo tan peculiar forma de comercio, que los malévolos podían interpretar como hipoteca...
3. Seguramente, porque sus gestores saben que los aficionados a la fotografía somos especie indócil, han colocado algunos focos con estrategia sutil. El más "estratégico" impide ver con comodidad el programa iconográfico de la bóveda central, que convierte algunos carteles explicativos en pura falacia. 


La basílica de El Valle de los Caídos, mausoleo de Franco, no está dedicada a "todos los caídos" en la Guerra Civil; por el contrario, el complejo programa iconográfico que se desarrolla por exterior y por el interior tiene por objeto enaltecer solemnemente uno de los factores fundamentales del nacional-catolicismo: imponer la "recuperación" de los valores morales e ideológicos anteriores a las revoluciones burguesas (científicas) y al sistema democrático. La inclusión de restos de personas muertas defendiendo la República puede entenderse en línea comparable a lo que el propio Franco expresó en su película Raza: integración de quienes obrando de buena fe, habían sido engañados por quienes deseaban la ruina de España. De hecho, uno de los pilares fundamentales del régimen franquista implicaba asumir fanáticamente algunas de sugerencias que aún hace la Iglesia para enfrentarse a la evolución histórica cultural y lo que ella comporta en el territorio de las ideas humanas. El buen español, antes que nada, "debe ser católico, apostólico y romano", es decir, ante todo sumiso a la autoridad que Dios Todopoderoso ha puesto sobre él. El programa iconográfico de la cúpula es, en este sentido sumamente esclarecedor:  el “triunfo del catolicismo español”, tal y como dejó explicado su autor Santiago Padrós que, según dicen, incluyó a Franco entre los soldados representados en el mismo “estilo bizantino”, que, como fórmula estética mejor cualificada aún reivindica el obispo de Madrid en sintonía con Kiko Argüello. Los españoles que pensaban de otro modo estaban "equivocados en su buena fe" o eran sicarios de intereses ocultos (masones, judíos, comunistas, etc.) y, en consecuencia, objetivo militar de quienes aún conservaban en su corazón el espíritu de los almogávares... (ver Raza, pero, por supuesto, la versión original y no la adaptada al servilismo pro-norteamericano editada con posterioridad) En la misma línea de argumentos, seguramente justificarían el uso de "presos-esclavos" como una forma de "regenerarlos", de reconducirlos al buen camino, como había hecho la "Santa Inquisición" con sus métodos de investigación y penitencia...
4. Han colocado varios receptáculos sumamente aparatosos que parecen concebidos para recoger el agua de las filtraciones y dejar clara la situación de precariedad. También se han puesto en marcha obras de reparación que no parecen muy activas. Lo más llamativo de esas obras en el estrafalario "acceso seguro" que han puesto a la entrada a la basílica, que me recuerda el tinglado que colocaron el en Museo del Prado para reparar la cubierta.  ¿Se pretende ofrecer "imagen de abandono"?



5. Y el más importante. El lugar, sembrado de escaleras imperiales y muros de granito—paredones pétreos, comparables a ciertos elementos de Madrid Río—, que hace diez años era una referencia turística de la sierra de Madrid, al que acudían las gentes para pasar la mañana  y, más tarde, acercarse a El Escorial —otro "monasterio" lleno de escaleras imperiales y paredones—, se ha transformado en un lugar siniestro, particularmente siniestro. Con el desánimo a los visitantes, han desaparecido las posibilidades positivas y se ha impuesto el Thanatos, que es consustancias a este tipo de "monumentos". Me acordé del mausoleo que se hizo construir Habib Bourguiba en Monastir; también tiene cúpula, porque ese elemento se viene usando en la Historia de la Arquitectura desde hace muchísimos años… como le hicieron ver a Calatrava los jueces alemanes. Y el uso de la cúpula con finalidad funeraria es fórmula frecuente entre los musulmanes, que la tomaron de la tradición tardo-romana (Santo Sepulcro)… y, luego, entre los guerreros cruzados.
Estoy tan acostumbrado a las bajadas de pantalones del poder político ante la Conferencia Episcopal que, francamente, no me extraña que hayan consentido esta metamorfosis interesada del mausoleo de Franco; no me sorprendería, incluso, que ya existieran documentos legales acreditando el cambio de titularidad: del Patrimonio Nacional a la Diócesis de Madrid-Alcalá. Per omnia saecula saeculorum.


La comisión de expertos

El gobierno del señor Zapatero, que tantas veces ha dado muestras de inteligencia y sentido social, ha nombrado una comisión de expertos para encontrar una forma de convertir el lugar en un espacio de "reconciliación en el mejor espíritu de la Transición", que se corresponda con el hecho de que en aquel lugar existan los restos de las 33.000 personas enterradas, con unos pocos puntos irrenunciables:  mantener el culto y la gran cruz exterior.  Con esos condicionantes, la cuestión sobre la que deberán manifestarse los expertos es qué hacer con la iconografía de exaltación fascista (nacional-catolicista) del interior, incompatible en la "transformación del Valle de los Caídos en un lugar para la memoria colectiva"
La cuadratura del círculo, porque aunque se cierren los ojos, el factor "católico" (Iglesia católica) fue sustancial para la praxis del régimen franquista y esa praxis seguirá presente si se mantiene el "Templo" . Deduzco que los dirigentes del PSOE insisten en no querer enfrentarse a la Iglesia ni para poner de manifiesto que, en un sistema democrático moderno, las leyes del Estado están por encima del Derecho Canónigo y de sus intereses temporales. Y, francamente, no creo que exista fórmula real que permita resolver la cuadratura del círculo; mediante recursos demagógicos, como las carteles actuales y las declaraciones de las autoridades eclesiásticas, acaso se consiga engañar a quienes acuden a votar; sólo a quienes aún votan cada cuatro años.  En ese empeño la Iglesia ha acreditado especial maestría tal y como acreditan ciertas reconversiones: la del Panteón en Santa María ad Martires o la de la mezquita mayor de Córdoba radicalmente convertida en "Catedral", incluso contra el sentir de Carlos V. Pero aún hoy, aunque las autoridades eclesiásticas hayan colocado mil carteles de sentido dispar, el Panteón sigue siendo "el Panteón" y la mezquita aljama de Córdoba sigue siendo "la mezquita de Córdoba". Los documentos, las falsificaciones, pueden cambiar la imagen histórica, pero no pueden modificar la Historia.
Por la vía del gobierno Zapatero existen pocas opciones; acaso una disyuntiva: mantener los mosaicos de Santiago Padros o taparlos mediante la "procedimientos turcos". Pero se haga lo que se haga, El Valle de los Caídos seguirá siendo lo que definió Franco cuando se lo encargó a Muguruza, Ávalos y demás "artistas"... Y así deberán explicarlo los guías o los profesores de historia del arte. Y bajo una apariencia engañosa, continuará el "espíritu" franquista, como subsiste en tantos aspectos de la praxis política española de los últimos años. Es relativamente fácil falsificar documentos y, desde ellos, modificar la memoria histórica (en España la Iglesia lo ha hecho mil veces desde el siglo XI ), pero es prácticamente imposible falsificar la Historia del Arte, porque las piedras, en cuanto se transforman en cultura material, rebosan elocuencia, cuando menos, para quien tiene interés en escucharlas. Cando uno llega a la Rotonda, el edificio que encontramos no nos habla de los santos mártires cristianos, reforzados en Hollywood, sino de un emperador que intentó satisfacer todas las necesidades religiosas de sus ciudadanos. Del mismo modo, lo que queda de la mezquita mayor de Córdoba nos sigue hablando del proceso histórico asociado a su construcción durante los casi 300 años comprendidos entre la génesis y la crisis del Califato cordobés. Asimismo, el complejo de Cuelgamuros nos hablará por los siglos de los siglos y nos dirá que  Franco ordenó construir el Valle de los Caídos como un complejo arquitectónico que debía expresar su ideología nacional-catolicista, las "razones" que le habían motivado para encender la Guerra Civil y que deseaba emplear para presentarse ante el Todopoderoso. "Hice la Guerra Civil para que España recuperara su condición de reserva espiritual de Occidente".


El mismo año que se "inauguró" El Valle de los Caídos, los niños debían estudiar "Educación Política" en libros como uno de Eugenio de Bustos, que concretaba la tesis latente, a modo de colofón, con un texto tomado de Idea de Hispanidad, de Manuel García Morente. En el texto se ofrecía una reflexión sobre cómo debería ser la actitud más adecuada del gobernante español. Y culminaba:

(...) "El tradicionalismo no significa, pues, ni estancamiento ni reacción; no representa hostilidad al progreso, sino que consiste en que todo el progreso nacional haya de llevar en cada uno de sus momentos y elementos el cuño y estilo que definen la esencia de la nacionalidad.
España es, pues, un estilo, como toda auténtica nación. Hay en la nación española, sin duda, cierta afinidad de raza entre sus componentes humanos; hay en la nación española un idioma común, un territorio común, un pasado común, «glorias y remordimientos comunes», un porvenir común; y, sin duda, también cada día la unidad nacional se manifiesta en la íntima adhesión que cada buen español tributa al pasado, al presente y al porvenir de España. Pero todos estos contenidos de la nacionalidad no son la nacionalidad misma. La nacionalidad se cifra y compendia en el «estilo», en «cierto modo de ser» que por igual ostentan todos y cada uno de los hechos, de las cosas, de los productos españoles. Ahora se nos plantea, pues, la segunda parte de nuestro empeño. ¿Cuál es ese estilo hispánico? ¿En qué consiste el estilo propio de la hispanidad? (...) A mi parecer, la imagen intuitiva que mejor simboliza la esencia de la hispanidad es la figura del caballero cristiano."

Las corrientes laicistas, las ideas democráticas,  el pensamiento científico... son contrarios al "estilo español"... A lo mejor soy demasiado malévolo, pero la praxis de los últimos gobiernos españoles por no restar privilegios a la Iglesia, pudiera "comprenderse" mejor en esa línea: como fórmula para mantener la integridad de la "nación española"... por supuesto, dentro de un cierto "estilo".
Si no es cuestionable el mantenimiento de la abadía, ¿qué pueden hacer "los expertos"?  ¿Aceptar los juegos "nominales" de la jerarquía católica? Se me ocurren varias ideas:
1. Cambiar el nombre, que pasaría a ser: "Valle de Todos los Caídos".
2. Emular a los faraones, que borraban de las grandes construcciones los nombres de quienes les precedieron, y convertirlo en panteón de presidentes de gobierno.
3. Transformarlo en santuario dedicado a todos los "mártires españoles"...

Una propuesta de perro-flauta.

La idea generadora es simple: convertir el complejo en infraestructura turístico-cultural, como han hecho en otros lugares de Alemania, Italia, Rusia...  Ahí está el mausoleo de Lenin... reconvertido en atracción turística.
1. Aislar el asunto de los restos: extraer los restos humanos y, si es posible, entregárselos a sus deudos para que ellos decidan su ubicación definitiva. Si no fuera posible la individualización, podrían enterrarse en un lugar concebido según los objetivos del señor Zapatero y construir un monumento a la reconciliación. Le sugiero hablar con el señor Moneo... o convocar un concurso de ideas.
2. Sugerir a los religiosos que cuiden de alguna otra dependencia que tengan en la geografía peninsular. O sin las sutilezas de la verborrea católica institucional, hacer lo  que hace años me enseñó un religioso a quien conocí por razones profesionales: subirlos a un autobús o a una furgoneta —según los que aún queden— y conducirlos a cualquier otro sitio que tenga necesidad de sus servicios religiosos. En la provincia de Segovia, por ejemplo, hay muchos pueblos sin cura... ni monja.
3. Convertir la basílica en el museo del franquismo, por supuesto, gestionado por un director que sea conservador de carrera —por supuesto, "conservador de museos", no de los otros— y acceda al cargo según criterios de evaluación estrictamente profesionales. Estaría bueno que la decisión corriera a cargo de un comité de expertos dirigidos por algún ilustre académico de la Real Academia de la Historia...
4. Repartir el resto de las dependencias según la necesidades del museo y de un Parador Nacional o entidad afín. Cuelgamuros es un magnífico lugar para escapar de la canícula... De ese modo serviría para algo el esfuerzo y la vida de tantas personas sacrificadas a una empresa megalómana...
Sí, ya lo sé; la propuesta es utópica... o quizás, estúpida, porque en el estado actual de las voluntades políticas mayoritarias —y de la opinión pública—, sería imposible aplicar con éxito una idea históricamente neutra; hay demasiados intereses políticos y económicos heredados  para que los sectores afectados no jueguen sucio y pretendan mover el juicio de los ciudadanos en la dirección conveniente mediante el muy constructivo procedimiento de arrojarse mierda los unos a los otros. Los sectores conservadores hablarían de "persecución a la Iglesia"; los sectores "progresistas" insistirían en  "recuperar la memoria histórica", para desacreditar luego al juez que lo materializara...  Creo que a unos y otros sólo les preocupa una cosa en este sentido: apuntalar la idea de que "todos luchamos por establecer la Democracia", modelar a su antojo la historia de los últimos setenta años y borrar de la misma a ese personaje singular cuya memoria aún les atormenta, que murió de viejo en la cama.


Sintetizando.

¿Qué sucederá en el futuro inmediato? Como no es previsible una Revolución de perro-flautas, en este caso no es difícil ejercer el arte de la profecía o, desde ese relativismo que molesta tanto a los dogmáticos, el de la predicción "razonable". Como a la postre decidirán las autoridades del PP y Mariano Rajoy es hábil sorteando problemas, el Valle de los Caídos continuará en la situación ya definida, como centro de "usos religiosos". Probablemente se afrontarán obras de reparación que financiará la Comunidad Autónoma de Madrid, y, en todo caso, colocarán paneles "explicativos" (estilo COPE);  y, por supuesto, el complejo seguirá "funcionando" como monasterio benedictino con hospedería.  Si, por un milagro, ganara el PSOE, no cambiarían mucho las cosas: si acaso, el estilo de los paneles "explicativos" (estilo Cadena SER).
Cuenta en favor de esta previsible situación pasiva la dificultad de encontrar un historiador del arte que, sin presentarse con ideas reaccionarias, considere El Valle de los Caídos como un "monumento" meritorio.  Así, pues, sólo existe un argumento en esa línea: considerarlo "cultura material" y, por consiguiente, un documento —de particular importancia— para que no olvidemos lo que sucedió en España entre 1939 y 1975.
Francamente, creí que nunca me vería obligado a repetir cita tan manida, pero las circunstancias lo hacen necesario:  "Quien olvida su historia está condenado a repetirla"; acaso consigan entre unos y otros alterar la apariencia del arte nacional-catolicista, pero si las cosas siguen por este camino, tenemos "estilo" franquista para rato.