domingo, 4 de septiembre de 2011

Memorias veraniegas. De la arquitectura cosmética a los centros de espectáculos: del Guggenheim al Centro Niemeyer.



Dicen que todo empezó cuando Thomas Krens desembarcó en el País Vasco para proponer un negocio  relativamente "ingenuo". Su intención era explotar los fondos de la Fundación Solomon R. Guggenheim con la finalidad de obtener los beneficios que justificaran su gestión al frente de una institución que, básicamente, centrada en Nueva York,  comenzaba a perder opciones en una sociedad progresivamente globalizada. Sus pretensiones eran tan "descabelladas" que hubo de esperar a que apareciera un lugar como Bilbao para que se concretara un proceso simbiótico de consecuencias sumamente ventajosas para las partes. De un lado estaba la Fundación, obviamente; del otro, el Gobierno del País Vasco, respaldado por casi todas las instituciones del Estado. Paradójicamente, durante los años inmediatamente anteriores a la inauguración, la inmensa mayoría de los vascos no respaldaban el proyecto, porque lo juzgaban elitista, ajeno a las tradiciones culturales propias; los 23.000 millones de pesetas presupuestados serían infinitamente más útiles si se construyeran colegios y hospitales...
En medio de una polémica que se manifestó, sobre todo, en la prensa norteamericana, por unas negociaciones que allí dejaban la imagen de España a la altura de las repúblicas bananeras, Thomas Krens consiguió sus objetivos: crear un nuevo centro de explotación de la Fundación Guggenheim.  En apariencia, el Estado Español había pagado demasiado por contar con un nuevo "museo".


Pero las circunstancias eran mucho más complejas, porque las ideas de Krens, que adjudicaba a "la cultura" gran capacidad para generar actividad económica, se habían quedado muy cortas. La creación del Guggenheim consiguió múltiples "beneficios" de alcance social diverso:
1. Por supuesto, propició un obvio beneficio cosmético para el País Vasco y su gobierno. Desde el momento de la inauguración, desaparecerían las viejas asociaciones odiosas.
2. Aunque nominalmente el edificio es propiedad de la Fundación S. Guggenheim, Bilbao se enriqueció con un símbolo que ha dejado en al olvido el vetusto puente colgante... y las sardinas frescas. El edificio escultórico de F. Gehry ha cumplido la misión adjudicada con creces. No sólo "sirve" para atraer visitantes al "Museo" Guggenheim, sino que ha matizado de modernidad a una ciudad que, fuera de ello, tenía una riqueza monumental desequilibrada, dado el carácter de la ciudad y el sentir de los vizcaínos.
3. La construcción del edificio coadyuvó a compensar los efectos de la reconversión industrial.
4. La inauguración del Guggenheim alteró radicalmente el carácter urbano de la zona del emplazamiento y sus alrededores. Salieron beneficiados con ello los vecinos, los comercios de la zona y, por supuesto, quienes tenían intereses urbanísticos y especulativos.
5. Bilbao dejó de ser un destino turístico de tercera división para convertirse en una de las ciudades españolas con mayor proyección en ese sector: el número de turistas anuales se ha multiplicado por 30.  Desde que se inauguró, se han duplicado los establecimientos hoteleros y se han incrementado exponencialmente las actividades portuarias... Los datos oficiales hablan de que se recuperó la "inversión"  reconocida en menos de tres años...  En realidad se debería haber hablado de "gasto por los derechos de imagen de la marca Guggenheim" y aún hoy es muy difícil determinar el  volumen real de ese gasto, acaso más cerca de los 50.000 millones de pesetas que de los 23.000 reconocidos. Pero cualquiera que fuera la realidad, desde este punto de vista —contemplado el Guggenheim como infraestructura turística— no creo que haya existido en la reciente historia de España un "gasto" (o una "inversión") más rentable,  con el factor añadido de un interés social de amplio espectro.


6. El Guggenheim-Bilbao, obviamente, no es un museo —recordemos la definición clásica del ICOM—; es un "parque temático", un centro de "atracciones estéticas"... pero sea como fuere, desde él, Bilbao incrementó considerablemente sus posibilidades en el terreno estético con un centro de alta calidad objetiva, al menos, según los criterios generalmente admitidos. Aunque sus exposiciones siguen los criterios de rentabilidad que explican su existencia, ofrece infraestructuras (divulgativas, formativas, de educación infantil, etc.) que, a mi juicio, están entre las mejores de España.
7. A ello debemos añadir las comisiones, bagatelas, mordidas y demás flecos graneados  entre las entidades y personas próximas a los círculos de poder relacionadas con el Guggenheim.
8. Y sin ánimo de agotar las posibilidades del maná, restaría mencionar  el incremento del "terciario" asociado a la gestión, el funcionamiento, el mantenimiento, la proyección educativa, etc.
Es probable que los datos oficiales pretendan ofrecer una imagen excesivamente edulcorada, pero es indiscutible que nadie —ni el propio Thomas Krens— pudo imaginar las consecuencias socioeconómicas de una iniciativa que, en principio, provocó reacciones muy airadas de casi todos los sectores sociales próximos a los universos estéticos y museísticos.  Y desde ese preciso momento, todo el mundo quiso tener "un Guggenheim"... o una Ciudad de las Artes y las Ciencias...  que era asunto comparable pero mucho más ambicioso y, por supuesto, caro.


Llàtzer Moix habla de "'Arquitectura milagrosa"... Si contemplamos el asunto desde el punto de vista arquitectónico, todo se simplifica, porque encargar edificios con objetivos comparables a los del Guggenheim ha sido una constante histórica desde los tiempos de los faraones. La diferencia aparente —el componente religioso— sólo es eso, aparente; estas nuevas "catedrales" (laicas) también juegan con las creencias de los individuos, unas veces para justificar su construcción y otras para definir el negocio... Exactamente igual que sucedió en Europa en la Baja Edad Media, o el Barroco.
Los juicios de Llàtzer Moix se pueden sintetizar en parámetros muy simples: en este caso como en cualquier otro, siempre subyace la dialéctica "tripolar" (si se me permite la coña posmoderna) entre la buena y la mala arquitectura por un lado, y su uso, por el otro.
En el Guggenheim-Bilbao, el juego de factores dio un resultado muy positivo; en las antípodas podríamos situar otras muchas iniciativas arquitectónicas como El Pabellón-puente de Zaha Hadid, para la EXPO de Zaragoza, la Caja Mágica, de Madrid (Perrault)  o el Palacio de Exposiciones y Congresos de Calatrava en Oviedo.
En el momento de escribir estas líneas, está de actualidad el Centro Niemeyer que, según dicen, ha costado más de 43 millones de euros, y fue concebido con unas pretensiones que hacen sonreír... a carcajadas:

"El Centro Niemeyer es una puerta abierta a todas las artes y manifestaciones culturales. La música, el cine, el teatro, la danza, las exposiciones, la gastronomía o la palabra son los protagonistas de una programación cultural multidisciplinar con el único denominador común de la excelencia.
Nace con la voluntad de ser un referente en la gestión cultural en Iberoamérica y un puente entre todas sus orillas. Por ello, está concebido como un imán capaz de atraer talento, conocimiento y creatividad, pero también como una puerta abierta de Asturias al mundo"

Como no creo en la estupidez de los políticos —pueden ser  incapaces, pero no estúpidos—, imagino que estas expresiones grandilocuentes tienen por objeto manipular las conciencias de quienes aún votan...  que cada vez son manos y, muy probablemente, de escasa declinación crítica. De otro modo no se entendería una expresión de objetivos tan infantiles.
Objetivo de la manipulación: justificar una "inversión" —en este caso concreto parece un gasto— mediante "pseudo-argumentos" de orientación emotiva. Todo el mundo suscribiría la declaración de intenciones mencionada en el texto adjunto.
Esos argumentos re refuerzan con algo muy frecuente en los ambientes posmodernos, tal y como enfatizó Sokal: es mucho más importante el nombre de quienes avalan el proyecto que los argumentos sobre los que se ha diseñado; en ello los gestores políticos han tirado la casa por la ventana y rentabilizar el premio Príncipe de Asturias:  Woody Allen, Vinton Cert, Stephen Hawking, Paulo Coelho y, para dar el toque local, José Andrés, cocinero asturiano...


El tinglado debe funcionar como "Fundación Centro Cultural Internacional Oscar Niemeyer ", que fue constituida en 2006; está gobernada por un Patronato compuesto por las siguientes personas:
Ángeles González-Sinde, Ministra de Cultura
Mercedes Álvarez González, Consejera de Cultura y Turismo del Principado de Asturias
María Fernanda Santiago Bolaños, Directora del Departamento de Educación y Cultura del Gabinete de Presidencia del Gobierno
Alejandro Calvo, Gerente de RECREA
Pilar Varela, Alcaldesa de Avilés
Francisco Menéndez Díaz, Presidente de la Cámara de Industria, Comercio y Navegación de Avilés
Enrique Iglesias, Secretario General de SEGIB (Secretaría General Iberoamericana)
César José Menéndez Claverol, Director del Área de Relaciones Institucionales y Asuntos Sociales de Cajastur
Antonio Garrigues Walker, Presidente de J&A Garrigues Abogados S.L.P.
Daniel Alonso, Presidente del Grupo Daniel Alonso S.L.
Jaime Arias Zapico, Director de Operaciones Metalúrgicas de Asturiana de Zinc S.A.
Carlos Oscar Niemeyer, Director de la Fundação Oscar Niemeyer de Brasil
Manuel Díaz, Presidente del Patronato
Natalio Grueso, Director General del Centro Niemeyer
José Luis Rebollo, Secretario General del Patronato
Oscar Niemeyer, Patrono de Honor
Vicente Álvarez Areces, Patrono de Honor


Es la fórmula que se está empleando habitualmente para gestionar centros comparables a éste, con poder en manos del PP o del PSOE. Lo justifican argumentando que los cauces "ordinarios" son poco elásticos e ineficaces...  Ya me he manifestado varias veces en relación a ello y no insistiré más que para recordar que la fórmula "fundación" desnaturaliza un principio constitucional recogido en el artículo 103:

1. La Administración Pública sirve con objetividad los intereses generales y actúa de acuerdo con los principios de eficacia, jerarquía, descentralización, desconcentración y coordinación, con sometimiento pleno a la Ley y al Derecho.
2. Los órganos de la Administración del Estado son creados, regidos y coordinados de acuerdo con la Ley.
3. La Ley regulará el estatuto de los funcionarios públicos, el acceso a la función pública de acuerdo con los principios de mérito y capacidad, las peculiaridades del ejercicio de su derecho a sindicación, el sistema de incompatibilidades y las garantías para la imparcialidad en el ejercicio de sus funciones.

"¿Convocar unas oposiciones para elegir a alguien bien capacitado? ¡Con lo fácil que es designar a un amiguete! Además están las empresas de servicios que funcionan de maravilla y, por supuesto, los voluntarios"...

El Centro Niemeyer no es posible sin la colaboración de muchos. Entre ellos, el grupo de voluntarios: jóvenes de todas las edades que ayudan en la organización de las actividades más importantes del Centro.
Con flexibilidad de horario y haciendo aquello que más te motive o para lo que te sientas más cualificado, podrás ofrecer tu apoyo en determinadas tareas de administración, vigilancia de exposiciones, organización de conciertos y grandes eventos, acompañamiento de visitantes e invitados así como visitas guiadas a grupos.
Si eres mayor de edad y estás interesado en contribuir con tu tiempo y energía al desarrollo de este proyecto único, mándanos un email con tus datos a voluntarios@centroniemeyer.org y cuéntanos por qué quieres formar parte de la tropa Niemeyer. Detalla también tu disponibilidad de horario y las áreas de trabajo que más te interesan.
No se trata de un trabajo remunerado, pero es una forma sorprendente de aprender más sobre arte, literatura, cine… hacer amigos, conseguir entradas gratuitas y mucho más"

Hace unos días, poco después del conflicto creado por IU al discutir la cesión de los bienes inmuebles a la Fundación Centro Cultural Internacional Óscar Niemeyer,  nos dimos una vuelta por Avilés y se nos ocurrió echar un vistazo...
Antes de cruzar la ría, se accede a un pabellón de construcción simple, donde hay un conjunto de imágenes que recogen el proceso de las obras...
En la explanada central no había mucha gente. Hicimos una fotografías y desarrollamos el periplo de observación. En primer lugar, nos colamos en el auditorio, que ofrece un aspecto magnífico.  Está capacitada para albergar congresos con traducción simultaánea y sus condiciones acústicas son excepcionales...
Al lado está la exposición de Schnabel. Cobran 8 € por entrar a verla...  Nunca me han gustado sus cosas y lo que he visto ahora tampoco me parece especialmente interesante.
La de Saura es un híbrido extraño, difícil de catalogar, casi como el conjunto de su obra cinematográfica, más allá de un componente espectacular que parece concebido para justificar la vertiente "educativa" del Centro. ¡También cobran 8 €!. Si esto es lo que entienden sus gestores por "excelencia" y por "apertura al mundo", tienen un grave problema para comprender dónde estamos, dónde están ahora mismo las fuerzas más activas de nuestro actual proceso evolutivo.
La terraza del bar, colocado en un extremo del conjunto ocupado por las taquillas, los aseos y la librería, es el lugar donde se concentraba el mayor número de personas... 
Aquel día, en la explanada central había un grupo musical africano, que, infructuosamente, intentaba hacer cantar a los espectadores...


Lo positivo
Como diseño arquitectónico, parece interesante.... Me recuerda una estación polar y decorados de ciencia ficción... Visto desde el otro lado de la ría ofrece un panorama sumamente atractivo... y compone un marco ideal para la creatividad fotográfica.
El puente de acceso, coloreado por Ramón Rodríguez (2006), según los tonos del arco iris, tiene cierta gracia... aunque su sentido sea demasiado obvio.

Lo negativo
El uso de un complejo arquitectónico puede desnaturalizarlo radicalmente...  pero esa circunstancia no se puede reprochar al arquitecto, a no ser que él mismo participe en ese uso y en este caso, se da esta circunstancia...
Lo que cobran por ver las exposiciones es exagerado.
Está desproporcionadamente inclinado hacia las actividades (empresariales) ajenas a "lo cultural", salvo que se entienda este concepto de modo excesivamente amplio ("todo es cultura"). Y esa declinación se advierte con demasiada contundencia: sólo es gratuito entrar en los aseos.
El “mirador” es un restaurante al que sólo se puede acceder como cliente, por supuesto durante los horarios de comidas; las exposiciones son caras; el auditorio sólo se puede visitar para contemplar los eventos programados o contratando una visita...
Las industrias próximas lanzan sus gases hacia el Centro según la voluntad del aire. Pregunté a un paisano sobre ello y me contestó:
—Sí, huele un poco, pero no te preocupes, no es venenoso; sólo afecta un poquitín a quienes tienen dolencias de bronquios y demás...
Y me acordé de cierto profesor, que al referirse a las fábricas de cemento, completaba  el juicio benevolente con una frase lapidaria:
—¡Estaría cojonudo que además fuera venenoso!


Aunque está muy cerca del centro de la ciudad, el acceso peatonal a través de un puente en acero corten, de diseño atrevido, con placa del "Grupo Danielalonso" (sic), es bastante prolongado e incómodo; no quiero imaginarlo con lluvia. Además, se mueve demasiado... Aunque no existe relación formal alguna, cuando lo cruzaba me acordé del puente del Milenio... No es colgante, pero tiene demasiados voladizos y según un adagio común entre ingenieros, "sólo se caen los voladizos". Además... ¿Acero auto-oxidante en una ambiente tan corrosivo? A ver si hay suerte y no le sucede lo que al de Tacoma Narrows.
Son notorios los signos de escasa calidad constructiva, sobre todo, en las zonas menos visibles (instalaciones). La escalera del restaurante tiene tramos que sólo se pueden bajar o subir de modo asimétrico (empleando el mismo pie).

El balance provisional

Los medios de comunicación han dado a conocer que "El Niemeyer generó en tres meses medio millón de euros, el doble de lo previsto".
"El Centro Niemeyer ha logrado generar por ingresos de explotación más de medio millón de euros en apenas tres meses, el doble de lo previsto en el plan de negocio, lo que sitúa al complejo de la ría, según sus responsables, «en la senda de la autosostenibilidad». Desde su inauguración oficial, el pasado 26 de marzo, el centro cultural ha recibido cerca de 400.000 visitantes y se han vendido, hasta la fecha, 53.186 entradas para las diferentes actividades organizadas, como conciertos, proyecciones de cine y exposiciones. Los gestores destacan, además, que la aportación del complejo al «cambio de imagen» de Avilés «ha sido decisiva»: «Las cifras de turismo y visitantes se han multiplicado ampliamente»".
El balance del primer trimestre de «vida» del Niemeyer no puede ser más positivo. Y es que gran parte de los actos promovidos colgaron el cartel de «completo». Así, destacan, entre otros, los llenos absolutos en los conciertos de John Mayall, Tejedor, Luz Casal o Avishai Cohen. También han tenido éxito la apertura del restaurante de la torre-mirador, «Gastro», inaugurado con un menú elaborado por el cocinero vasco Juan Mari Arzak, así como el ciclo de cine «Imprescindibles de Woody Allen».
Los responsables del complejo de la ría explican que en el Niemeyer ya se han organizado 16 conciertos de estilos tan variados como los protagonizados por Paquito D'Rivera, Chano Domínguez, Dayna Kurtz o «The Clams». «Se ha apostado por todos los géneros musicales, del jazz al blues, el soul, el pop indie o el rock», argumentaron. Las sesiones musicales se han organizado tanto en el auditorio como en el Club y en la plaza. En ese último enclave actuaron ya Woody Allen, Víctor Manuel, Mart'Nalia y Vetusta Morla y Xoel López.
El centro ya acogió, además, un total de 15 congresos que atrajeron a la ciudad a más de 2.000 participantes, entre ellos, el Foro España-EE UU o el congreso de la Federación Asturiana de Empresarios (FADE). La cúpula del centro cultural y el hall del auditorio exhiben las muestras «Luz» de Carlos Saura, y «Polaroids», de Julian Schnabel, que ya han sido vistas por «miles de visitantes en apenas dos meses».


¿Conseguirán 2 millones de euros al año? ¡Que hablen con el Vaticano, porque huele a milagro!
400000 visitantes en tres meses, corresponden a casi 4.500 personas por día... Debimos elegir un mal momento, porque según mis estimaciones, la fluencia de público no llegaría aquel día (sábado 6 de agosto, por la mañana) a las 500 personas; es decir, la décima parte de lo "informado" por los periódicos.
En suma, no se trata de un centro cultural sino de un centro de espectáculos con pretensiones desquiciadas. Salvo que la gestión de los espectáculos sea magistral, es de suponer que en poco tiempo se convierta en un centro deficitario, que recabará mayores aportaciones del erario. 
Pero sea como fuere, el centro Niemeyer habrá contribuido a cambiar la imagen de una ciudad, tradicionalmente volcada hacia la industria del hierro, y a incrementar sus dotaciones "culturales". Y de ello debemos felicitarnos todos.

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