jueves, 8 de septiembre de 2016

Los capiteles reutilizados de la catedral de Otranto

La catedral de Otranto, dedicada a Santa Maria Annunziata,  es  un edifico en el que lo más relevante fue construido, sobre un templo anterior, a finales del siglo XI (hacia 1088) y en el XII, aunque tiene innumerables “reformas” realizadas durante los siglos sucesivos, algunas ocasionadas por la recuperación del edificio cristiano, porque fue convertida en mezquita tras la ocupación turca de finales del siglo XV. Destaca en ella un mosaico de pavimento espectacular, de los mejores de su tipo, realizado entre 1163 y 1165, y que recoge un repertorio iconográfico especialmente interesante para los aficionados a esos asuntos.
Para nuestro objeto, merece especial atención la cripta, concebida como “iglesia” de tres ábsides, y construida a finales del siglo XI, que contiene 73 columnas con otros tantos capiteles, de los cuales una parte muy relevante son piezas de acarreo, de las que, como de costumbre, ignoramos el destino primigenio;  es muy probable que, también aquí, muchas ya hubieran sido reutilizadas en edificios previos, tal vez, en las naves de la iglesia primitiva...


Se dice que la cripta es una reproducción a escala de la mezquita mayor de Córdoba o de la Cisterna de Estambul… No creo acertada la comparación con la mezquita, pero sí podría ser oportuna la segunda porque, en efecto, se trata de una estructura similar organizada a partir de la yuxtaposición de arcos ortogonales que arrancan de columnas con grandes cimacios de perfil abocelado. El sistema es, por lo tanto, similar al de Estambul pero muy diferente al de Córdoba, articulado mediante arquerías paralelas, según fórmula más próxima a la yuxtaposición de acueductos, como tantas veces se ha dicho. Como en tantas otras edificaciones de aquella época (hacia el año 1100), encontramos una estructura típica del Románico, en la que cabría discutir su origen, bien vinculándola a las fórmulas francesas, bien derivándola de las tradiciones arquitectónicas helenísticas; y en este caso, con ánimo de monje ortodoxo, hasta podríamos entrar a matizar si se trata de una fórmula propia de los usos romanos o de las “recuperaciones” bizantinas; el matiz puede parecer forzado, pero sintoniza bien con algunas cuestiones marginadas para atenuar la importancia inconveniente de Oriente.
Por desgracia y como suele corresponder a los espacios de este tipo, la cripta no está demasiado iluminada y, en algunos puntos, la situación es complicada para realizar fotografías; esa es la razón por la que muchas de las imágenes adjuntas no tienen la calidad adecuada; no obstante, salvo en algún caso concreto, los medios actuales permiten registrar los rasgos necesarios para evaluar los capiteles, que he ordenado en agrupaciones tipológicas  de rango “cultural” (institucional) y dentro de ellas de lo más antiguo a lo más moderno, por supuesto, con la voluntad de que ello pueda contribuir a mostrar el rompecabezas definido por estos elementos durante los años que transcurrieron entre el fin de la Antigüedad y el comienzo de la Edad Media.
Como sucede con casi todos los capiteles que he incluido en este blog, los capiteles de esta catedral han sido estudiados muchas veces. Contra mi costumbre de eludir el uso de referencias bibliográficas, en este caso me ha parecido oportuno remitirme al trabajo de Pascuale Vergara (“Elementi architettonici tardoantichi e medioevali nella cripta della Catedralle di Otranto", Rivista dell’Istituto Nizionale d’Archeologia e Storia dell’Arte, S III,IV, 1981, p. 71-103), porque ello me ayuda a plantear ciertas cuestiones de interés para los objetivos que, implícita y explícitamente, subyacen en estas entradas.siempre hipotecados por la voluntad de "ambientar" la evolución de la ornamentación arquitectónica "hispana".

Capiteles corintios y derivados del orden corintio



OTR25
El capitel OTR25 ofrece una configuración que, elemento por elemento, resulta muy familiar. Su estructura sigue la tradición del orden corintio sin otras carencias quelas debidas a la erosión. Según parece contó con dos coronas de hojas, caulículos, cáliz, volutas, kalathos perfectamente marcado, conjunto axial completo, con espata, pedúnculo y florón, y ábaco posiblemente moldurado. Sus peculiaridades derivan de la manera de interpretar todos los elementos. Las dos coronas de hojas son de concepción diferente a lo habitual: la corona inferior sigue fórmula relativamente frecuente en capiteles corintizantes y corintios evolucionados, mediante haces de folíolos gruesos, paralelos y alargados; la corona superior mantiene la idea de los acantos, pero con una fórmula poco habitual que hace pensar en ciertas variedades bizantinas. Es muy curioso el cáliz como de vainas lisas y escaso desarrollo; por su parte, las volutas, de concepción sutil, remiten a fórmulas asociadas a los capiteles corintios asiáticos.
Pascuale Vergara, basándose en paralelos algo forzados con una pieza de la Sinagoga de Ostia (Pensabene, Ostia, 399) y con un fragmento del mismo yacimiento, lo situaba entre finales del siglo III y principios del IV; en la misma dirección apunta el carácter del kalathos, que acredita la tendencia a estrecharse por la parte superior, a un paso de lo que ofrecerán los capiteles bizantinos de los siglos V y VI.  Sin embargo, teniendo en cuenta el carácter de la primera corona de hojas, también se le podría situar en tiempos anteriores, cuando comenzó la expansión del corintio asiático. Mientras no conozcamos otros ejemplares contextualizados, deberíamos abrir la horquilla de atribución hasta el siglo II. En todo caso, lo más probable es que fuera realizado en los alrededores del año 300, tal y como indicaba Vergara.
Como es habitual en el sur de Italia, también en la cripta de la catedral de Otranto existe un conjunto relativamente numeroso de capiteles corintios asiáticos, en condiciones de conservación no muy buenas: se han perdido casi todas las volutas angulares y el grado de erosión de la superficie cubierta de los acantos, es muy grande; hasta el extremo de que es difícil imaginar el estado inicial. Por fortuna, se conservan mejor el resto de los elementos y a partir de ellos, es relativamente sencillo clasificarlos.

OTR10
El OTR10 es, como casi todos sus compañeros está muy erosionado superficialmente, pero se aprecia bien la estructura, con dos órdenes de hojas, de ojales característicos, y un cuerpo superior en el que aparecen todos los elementos del orden corintio: caulículos, cáliz, volutas y conjunto axial bien definido, tal y como se aprecia en una de las caras; el ábaco está moldurado y ofrece una concavidad estimable. Es significativo el carácter de la  voluta angular conservada, que nos hace pensar en prototipos no muy adelantados cronológicamente. Algo parecido sucede con la configuración del cesto, sobre todo, en la parte superior, escasamente ensanchada, como será habitual en piezas posteriores.
Todo ello le sitúa entre los primeros ejemplares de la modalidad corintio- asiática, cuando estructuralmente aún presentaban fuertes conexiones con las fórmulas de los siglos I y II. A juzgar por la forma de los ojales, probablemente fuera realizado durante el siglo III, aunque es difícil situarlo con más precisión, dada la erosión de su superficie.

OTR15
El OTR15 es un capitel típico de su serie, tal y como indican los elementos que ofrece: cesto levemente abocelado en la parte inferior, rematado en listel fin; dos coronas de hojas, según fórmula habitual entre los corintio-asiáticos; cáliz de fuerte desarrollo y volutas finas, las internas bien dibujadas, con remate “de cascabel”,  según fórmula alejada de los prototipos del siglo II e, incluso, de los de la época de Diocleciano. Cuenta con conjunto axial perfectamente definido y con una concepción del cesto en su parte superior, con labio bien marcado. La curvatura del ábaco también lo aleja de las fórmulas más antiguas. La unión de todos los detalles significativos orienta su clasificación en los alrededores del año 300 (Pensabene, Ostia, 368).

OTR04
El OTR04, superficialmente muy dañado, es similar al anterior.


OTR05
Distingue al capitel OTR05 una concepción que seguramente nos informa de que sufrió retalla, cuando menos, en el ábaco, porque esta modalidad de capitel suele estar moldurado y contar con “florón” axial —más o menos evolucionado—  y brazos cóncavos. El carácter de la espata de la que nace el pedúnculo del florón está perfectamente marcada; otrosí  las volutas interiores están bien definida aunque su diseño, de arranque anómalo, hace pensar en un momento de cierta evolución. En la misma dirección apuntan los acantos, ya muy cerca de las variedades bizantinas del siglo V. Probablemente fue realizado durante el siglo IV.


OTR01
El OTR01 es un capitel corintio asiático, de cualidades relativamente comunes en el sur de Italia. La erosión impide que apreciemos el delicado tratamiento original: las hojas están muy pedidas al igual que las volutas exteriores, particularmente delgadas. No obstante, parece que contó con una modalidad de “acanto” diferente de las fórmulas más frecuentes en este tipo de capiteles, mediante folíolos menos afilados y sensiblemente planos — no biselados—.
En este caso, destacan los florones del ábaco, configurados mediante flores de cuatro pétalos, pero sin pedúnculo marcado en el cesto. No obstante, es importante tener en cuenta que, al parecer, este detalle aparece en capiteles fechables en la misma época que otros sin esa anomalía. La buena definición del cesto, el abocelamiento de la parte inferior y la molduración del ábaco, el modelo de las volutas y de los acantos, nos hacen situarlo en el siglo IV.


OTR21
El OTR21 es un capitel similar al anterior, que se distingue por contar con tallo axial bajo el florón, al menos en una de las caras. En este capitel se aprecia con más claridad la configuración del ornato vegetal, concebido mediante un tipo de talla más interesado en crear dos planos de relieve que en enfatizar los juegos de medios tonos propios del relieve mediante biseles.

OTR32
El OTR32  tiene una estructura muy evolucionada, tal y como acredita el carácter del ornato digital, de ejecución sumaria, y sobre todo, el cuerpo superior, con un cesto de concepción irregular, más cerca del tronco de pirámide que del cono. Si unimos a ello el carácter de los acantos, de folíolos muy agudos, el ábaco de escasa concavidad y una talla casi de bisel, deduciremos que nos encontramos ante un capitel realizado por personas escasamente capacitadas para la talla, probablemente, en un momento tardío, pero en los alrededores del año 400.

OTR71
El OTR71 es otro capitel derivado del orden corintio pero, en este caso, con hojas de "acanto teodosiano" y astrágalo de la misma concepción cultural. Aunque la fotografía no permite demasiadas precisiones, interesa destacar el carácter del ábaco decorado con una serie de rollos (casi volutas). Siglos V-VI.

OTR27
En la cripta hay un conjunto de seis  piezas muy similares, por lo general, en buen estado de conservación (sólo ofrezco imágenes del OTR27 y del OTR35). Toda ellas siguen la estructura del orden corintio con algunas peculiaridades que merecen ser destacadas. De abajo arriba: posee collarino liso de cierta entidad; sobre él, aparece una corona de hojas lisas, de formato comparable a las pencas de la península Ibérica, en el cuerpo superior se ven los elementos tradicionales del orden pero sin conjunto axial ni caulículos; el ábaco es bastante estrecho, sus brazos son de trazado rectilíneo y escasa concavidad;  el espacio del florón está ocupado por una cartela muy sencilla y no posee molduración alguna. En este blog he presentado piezas de estructura similar del noreste de la península Ibérica (Els Munts y Museo Arqueológico de Tarragona), que podrían establecer una referencia de contraste. Sin embargo, en este caso aparecen pequeños detalles que sitúan a éstos de Otranto en un marco cultural diferente, muy alejado de las fórmulas propias de los capiteles corintio-itálicos.
Vergara (F6, D4, E2, E6, F4, F5) los situaba entre las piezas de datación incierta, pero apuntando hacia el siglo XI (con interrogación). A falta de otros datos de contextualización, pero teniendo en cuenta el carácter de los capiteles del siglo XI conservados en la cripta (ver al final de esta entrada), es difícil adscribirlos al mismo contexto cultural. La esbeltez, la existencia de astrágalo liso, la escasa atención prestada al cáliz y la configuración del ábaco —el mantenimiento de las ideas helenísticas—,  aconsejan situarlos mucho antes, en una horquilla cronológica amplia, entre los siglos IV y VI, aunque, desde las implicaciones constructivas que tiene el modelo de ábaco, el cuerpo me pide estrecharla para relacionarlos con un foco de fuerte arraigo “local”, en tiempos de hegemonía bizantina. En suma, lo más probable es que fueran tallados en un momento de cierta expansión constructiva, cuando aún se mantenía viva la tradición helenista, acaso en tiempos de Justiniano o poco antes.

OTR35

Capiteles de"de lira" y derivados

OTR65
El OTR65 (B6 de Vergara) es un capitel de concepción común entre los bizantinos, mejor documentados en la catedral de Trani. Éste apenas aporta cualidades de interés, si bien es digno de ser destacado el carácter del ábaco de diseño en planta levemente sinusoidal. Siglos V y VI.

OTR47
El capitel OTR47 (D3 de Vergara) tiene una configuración  similar al anterior, con la diferencia definida por la configuración del tallo que cumple la función de recordar a las antiguas volutas; aquí queda muy clara su naturaleza “vegetal”, dado que de él surgen roleos con remate “floral”. También él cuenta con ábaco cóncavo-convexo con incisión a modo de moldura. Siglos V-VI.

OTR39
El OTR39 define un paso más en la evolución de los capiteles de la familia anterior en dirección a una simplificación que se aprecia particularmente en la configuración del ábaco, escasamente articulado. Es otro rasgo de evolución la desaparición de la moldura del ábaco que, sin embargo, está limitado por un sogueado, que lo aproxima a los capiteles-cesto. Toda la superficie está cubierta de “acantos” habituales en lo bizantino, pero de tamaño desproporcionadamente grande y con ojales casi circulares que recuerdan las fórmulas hispanas. Es de destacar el carácter de los motivos florales casi esféricos colocados en los ejes del ábaco, que lo relacionan con el OTR65.
Vergara (E7) lo clasificó, no sin dudas, como pieza del siglo XI. Teniendo en cuenta el carácter de los capiteles “de lira” o de “volutas en V” y que estuvieron “de moda” durante más de doscientos años, acaso fuera más prudente interpretarlo como producto de una iniciativa "local", acometida entre los siglos V y VI.

OTR51
El OTR51 (D3 de Vergara) es un capitel de cuatro hojas angulares, que simplifica la estructura de los anteriores. Adviértase la articulación del ábaco, de cierta concavidad, que nos obliga a no adelantar la cronología. Siglos V-VI.

Capiteles compuestos

0TR11
El capitel  OTR11 consta de una única corona de hojas, de diseño homologable entre las variedades corintio-asiáticas. Deberíamos nombrar a este capitel como compuesto asiático y no sin razón, porque responde a una estructura muy frecuente en la zona griega y, muy especialmente en Éfeso. Además tiene abocelada la parte inferior del cesto, según fórmula constante en aquellas. Es muy curiosa la manera de resolver el espacio comprendido entre la parte superior de las hojas y el contario, mediante unas formas “vegetales” que hacen pensar en ápices de dos hojas, muy frecuentes entre lo bizantino. Hacia el año 300.

OTR69
El OTR69 , reutilizado en la fachada, es un capitel compuesto con ornamentación vegetal habitual en época teodosiana. En relación a los capiteles compuestos del claustro de Santa Sofía, viene bien para advertir de dónde podía venir la manera de entender la relación entre la zona inferior (el cesto) y la superior, más estrecha de los habitual en los modelos de los siglos I y II. Son particularmente interesantes los acantos, interpretados mediante hojas de dentellones, que construyen folíolos muy cortos. Tampoco desmerece la serie de palmetas caladas que discurren por la zona del equino. Carece de contario en la separación entre los dos cuerpos y por el inferior, cuenta con un astrágalo definido mediante hojas que construyen una corona muy gruesa, característica de la época de apogeo bizantino durante los siglos V y VI.


Capiteles corintios palmiformes (o de hojas de aguas o de cañas)


Es frecuente que en el mundo del arte y la arqueología existan controversias y el universo de los capiteles no es ninguna excepción... También es relativamente común que esos debates lleguen a los territorios terminológicos que, por lo general, no sólo encierran asuntos de vocabulario especializado, porque según utilicemos un término u otro, en ello están implícitos matices de mayor o menor calado. Y éste es el caso.

OTR06
Aunque en los ambientes “latinos” (sur de Europa), es frecuente que “todo el mundo” —en realidad, “casi todo el mundo”— siga la terminología de Kähler y los tipos que recogiera Pensabene en Scavi di Ostia, son relativamente frecuentes los estudiosos que, por unas razones u otras, no lo asuman y eludan hablar de capiteles “corintizantes” y, por supuesto, de “corintios asiáticos”; y reconozco que no les sobran argumentos, porque a partir del siglo IV, con mucha frecuencia, esa sistematización se manifiesta incongruente, seguramente porque las fronteras entre las estructuras correspondientes a los diferentes tipos no siempre están claras (ya lo hemos visto en algunas entradas de este blog). Sin embargo, en más de una ocasión me he declarado partidario de seguir esa línea por razones estrictamente operativas y también por facilitar las posibilidades "pedagógicas" de comentarios como los que aparecen en este blog.
Pero contando con las "debilidades" del modelo de Pensabene para los años posteriores al siglo IV, también tiene la virtud de ser útil para orientar el proceso evolutivo que condujo a las variedades "heterodoxas". Basta echar un vistazo a las variedades tipológicas propuestas por Kautzsch para entender los inconvenientes del exceso de celo en asuntos metodológicos, que podría conducirnos a establecer una categoría tipológica para cada capitel.

OTR07
Casi todas las sistematizaciones que conozco, aplicadas al mundo romano,  chocan con el tipo de capitel al que prestaremos atención en los renglones sucesivos. El título del epígrafe puede dar una idea de cómo está la cuestión. Y francamente, aunque me divierte ser heterodoxo, en este caso, reconozco mis limitaciones para resolver el problema, acotar la denominación más oportuna e, incluso, para ser “original” y proponer la denominación “definitiva”, aquella que, a partir de ahora, todos los que se aproximen al estudio del capitel debieran emplear.
Concretamente, en la cripta de la catedral de Otranto existen varios de la misma concepción estructural (ver imagen adjunta del OTR07), según fórmula frecuente en Oriente y que se compone de un cesto de perfil levemente acampanado, que, en principio, hace pensar en los capiteles de Luxor, sobre el que descansa un ábaco cuadrado con molduración de sección recta en los frentes. El cesto, perfectamente definido en su volumetría, dentro de las tradiciones del orden corintio e, incluso, del compuesto, es tangente al ábaco y está decorado mediante  una corona de ocho hojas de lóbulos grandes y redondeados, y una segunda de dieciséis hojas lanceoladas, de perfil alargado, con eje y bordes marcados mediante incisión de escaso relieve. Las variaciones de unos a otros son pequeñas; las más significativas se materializan en el número de lóbulos de las hojas de las coronas inferiores.
Para algunos autores, este modelo es derivación directa de ciertos prototipos egipcios (palmiformes o lotiformes), a los que se añadió una corona de acantos; para otros, aunque exista cierta relación o incluso, influencia de los modelos egipcios, es una fórmula que responde con fidelidad a la idea de Calímaco: un cesto construido o embellecido mediante cañas u hojas de palma se deja en el suelo y a su alrededor, brotan acantos u otras formas vegetales, que lo envuelven. Reforzaría la hipótesis el hecho de que en Éfeso, Pérgamo, Serdika, incluso en Volubilis, aparezcan cestos con “fondo” de palmas o cañas, entre algunos capiteles compuestos e, incluso corintios, relativamente evolucionados (300). En la cripta de la catedral de Trani también hay varios compuestos con cestos “de cañas”…

SFO01, Sofía, excavaciones de Serdika (subterráneo de la avenida Todor Alexandrov)
PTA13. Capitel de Pérgamo, Complejo del templo de Atenea y Zeus, finales del siglo II d.C.
Capiteles de Volubilis
“Tradicionalmente”(Cordingley) se consideraba que entre los capiteles más antiguos de este modelo destacaban los de la “Torre de los Vientos”, de Atenas. Esta construcción se ha atribuido a la iniciativa de Andrónico de Cirro (50 a. C.) aunque algunos autores creen que podría ser más antigua (siglo II a.C.); y aún hoy no concita convergencia de juicios… Sea como fuere, en las proximidades de la Torre de los Vientos, han aparecido capiteles de este tipo, muy probablemente, realizados en la época de Adriano (ABA43), según modalidad que ayuda a entender la denominación empleada por el propio Cordingley para describirlos (capiteles “de cañas”).

ABA43. Capitel aparecido en la zona de la Biblioteca de Adriano y la Torre  de los Vientos, Atenas
DEMA02. Delfos, Museo Arqueológico, capitel eólico procedente del tesoro de los Massalianos, finales del siglo VI a.C.
Desde estas consideraciones,  es posible plantear una “hipótesis de compromiso”, a partir del capitel “eólico” del Museo Arqueológico de Delfos (DEMA02), aparecido en la fachada del Tesoro de los Massalianos, que se atribuye a los alrededores del año 500 a.C. y que pude entenderse producto de un proceso de yuxtaposición cultural o, incluso, de apropiación de elementos egipcios. Los capiteles “de plamas” o "corintios palmiformes" o "corintios lotiformes", podrían derivar directamente de éstos eólicos, que se siguieron empleando en Esmirna con ábaco romano, con sólo añadirles una corona de hojas de acanto. Y si esa valoración fuera acertada, nos encontraríamos con una tipología (¿orden?) asociada también a estructuras arquitrabadas, común en Oriente, que no valoró o no pudo valorar Vitrubio.
Entre los lugares donde se emplearon estos capiteles destaca Leptis Magna, ciudad engrandecida considerablemente por los emperadores del siglo II y, muy especialmente, por Séptimo Severo (197 a 211), que había nacido en ella. También son frecuentes en Pérgamo (templo de Trajano) y en Éfeso, donde se emplearon con profusión las “palmas” que los caracterizan incluso entre los capiteles de orden compuesto.

AISA02. Atenas, Iglesia de los Santos Apóstoles (Ágora Griega)
Los capiteles descontextualizados del mismo tipo y, por lo tanto, “fáciles” de valorar son relativamente numerosos. Scamacca, publicó un comparable reempleado en Santa Eufemia de Grado, con corona de acantos que podría situarlo en el siglo II; en la Puerta de los Leones, de Verona hay otro algo anterior; también, en Santa María de Nocera, del siglo II; en el Museo Arqueológico Nacional de Nápoles, en Cuma,  etc.
V. Scrinari catalogaba como fragmento de “capitel compuesto” un fragmento del Museo de Aquileia, que, sin embargo, relacionaba con el referente de Leptis Magna y con el de la Puerta de los Leones de Verona, etc., y lo situaba en el siglo II, tal vez valorando el tipo de hoja de la primera corona, propia de las variedades corintizantes de esa época.
Hay un capitel de este tipo, seguramente de tiempos adrianeos, en la pequeña iglesia de Agioi Apostoloi Solaki, realizada a finales del siglo X, en cuya construcción se emplearon capiteles de acarreo y otras piezas de cronología diversa.

Capitel de pilastra del Museo Bizantino de Atenas 
Kautzsch, en su estudio sobre los capiteles bizantinos, incluía varias piezas (capiteles y pilastras) de Corinto, Atenas, Chalkis, Egina, Chaironeia, Delfos y El Cairo; y los describía como capiteles “mit Schilf-(Wasser)-blättern”. El del Museo Bizantino de Atenas se valora con facilidad gracias a la modalidad de acanto, muy común en capiteles de otra configuración estructural.
Supongo que han cambiado mucho las cosas desde los tiempos de Kautzsch…  Acaso el lugar donde aparecen en mayor número (entre lo que conozco) sea Atenas: en la Acrópolis se amontonan muchos de ellos descontextualizados, con elementos de concepción cultural y cronológica diversa.
G. Agnello valoraba como “bizantino” uno del Museo de Mesina (Rivista d’Archeologia Cristiana, XLII, 1-4, 1966, p. 9-29) amparándose en que en el ábside de la iglesia de San Martino de Siracusa existen dos capiteles originariamente corintios que fueron retallados y revestidos con estuco en época bizantina hasta convertirlos en capiteles de esta modalidad.
Desde los restos contextualizados o descontextualizados conocidos, es obvio que se siguieron empleando capiteles de este tipo, al menos, hasta el siglo VI, tal y como acreditan los restos aparecidos en Atenas, en Egipto (asociados a la arquitectura copta) y en ciertos lugares de Siria (Qnawat), donde cuentan con ábaco decorado en el frente y hojas derivadas del acanto pero muy dependiente de las bizantinas de los siglos V y VI.
Entre los restos del  Museo Arqueológico de Nesabar hay varios capiteles “palmiformes” (o “de cañas”) sin hojas de acanto, aparecidos en contexto arqueológico bizantino de los siglos V y VI...

Acrópolis de Atenas. Acopio de capiteles palmiformes
Si miramos hacia occidente, los capiteles de este tipo son raros. Pensabene, en el catálogo de Ostia, recogía uno pequeño de estructura similar (766) pero sin corona inferior, al que denominaba capitel “de tropezóforo” (lo matizaba con una interrogación), suponiendo que podía formar parte de la base de una de esas singulares mesas romanas; y valoraba las hojas  como “hojas de agua”.
En la península Ibérica G. Behemerid incluyó algunos que se podrían relacionar con esta modalidad en su capítulo dedicado a los capiteles "mixtos" (760-794), aunque casi ninguno de ellos podría vincularse directamente con ella; la excepción aparece en la mezquita mayor de Córdoba donde hay cuatro que imponen una reflexión de cierto calado. Confío en dedicarlos una entrada específica en un futuro próximo.


OTR18
Los de Otranto componen un grupo bastante homogéneo, que se ha interpretado con criterios divergentes. Joselita Raspi Serra los publicó en 1972 (Bolletino d’Arte, 1972, p. 138-143), valorándolos como capiteles de tipo “pergameno”; y tras recordar que se había llegado a plantear la hipótesis de que pudieran haber sido realizados en otro lugar, los situaba en relación a los de Leptis Magna y los clasificaba en época posterior a la construcción del Foro Severiano de la ciudad libia.
P. Vergara (Rivista dell’Instituto Nazionale d’Archeologia e Storia dell’Arte, S, III.IV, 1981, p. 71-103) los situaba en el siglo II, tras relacionarlos con los aparecidos en el anfiteatro de Lecce, pero en un apartado especial titulado: “capiteles de datación incierta”.
A mi juicio, el carácter de la corona inferior complica la valoración, porque no se conocen piezas similares contextualizadas y ante la amplitud del período en que se hicieron capiteles de este tipo (Sglos II al VI), es difícil tomar una decisión bien fundamentada. La inexistencia de rasgos bizantinos (“acantos”) claros refuerza la valoración Raspi Serra y la dificulta la naturaleza de los ábacos, más cerca de la simplificación de tiempos bizantinos que de las molduras de época severiana. El paralelo con el capitel de la Kapnikarea (Panagia Kapnikarea) (AKAP03)  es un indicio en la misma dirección.
En suma, parece razonable atribuir a estos capiteles una horquilla de cierta amplitud que cubra los referentes tardoseverianos y el uso más o menos amplio en ambientes de época bizantina en Sicilia y el sur de Italia y, en consecuencia, de nuevo debemos pensar en los años comprendidos entre los siglos IV y VI, aunque, en este caso, la intuición se inclina hacia la tesis de Agnello, que por el paralelismo con otros sicilianos, los consideraba bizantinos.

AKAP03, Atenas, Kapnikarea
OTR20
En la cripta hay un capitel (OTR58) que podría ayudar a resolver el problema planteado por los capiteles de lamas o a complicarlo. Vergara lo incluyó en el grupo de datación incierta, pero señalando al siglo XI. Si lo contemplamos con criterios "vitrubianos", es un capitel de concepción estructural anómala, en el que se han perdido las referencias al orden corintio de donde podría derivar... Está articulado mediante dos coronas de hojas: las inferiores son de perfil polilobulado y de cierta carnosidad: las superiores se parece mucho a los acantos evolucionados derivados de los modelos asiáticos; no se alejan mucho de lo que podemos ver, por ejemplo, en Santa María de Lebeña o, incluso, en San Nicolás de Bari. Cuenta con un ábaco cuadrado con moldura sencilla y bajo él con una configuración muy alejada de las fórmulas más frecuentes: en una cada cuenta con hojas anchas de folíolos alargados próximas a las de lo corintios evolucionados del siglo VI con una mandorla crucífera ; en otra, dos mascarones; en la tercera, hojas que parecen ser estilización sumaria de palmetas abiertas...

OTR58
Desde esta descripción de pretensiones analíticas, sería razonable adelantar su cronología hasta momentos de recuperación de las capacidades de los artesanos de la piedra. Pero si nos olvidamos de Vitruvio y cambiamos el punto de vista, el juicio de síntesis daría un vuelco radical, porque la corona inferior y el ábaco son similares a los de la serie anterior; y ello abre la posibilidad de que fuera obra de alguien muy condicionado por las referencias de los capiteles "palmiformes", "de hojas de agua" (etc.), en cuyo caso debiéramos retrasar la cronología. Si unimos a ello la existencia de elementos relacionados con las fórmulas del corintio asiático más evolucionado, estaríamos, de nuevo, con la tesis de Agnello, entre los siglos V y VI.

Capiteles de dos zonas


OTR68
El OTR68 (D6 de Vergara) es un capitel bizantino de dos zonas, en estado de conservación lamentable, que sin embargo permite valorar algunos de sus elementos: el astrágalo laureado, el entrelazo de retícula de rombos y los temas animados, difíciles de ver en la imagen dada la escasa calidad de la fotografía. Siglo VI. Los OTR43 Y OTR08 son similares.

OTR43
OTR08
"Capiteles imposta" o "capiteles-cesto"


OTR14
No sé si con acierto, se denomina (categoriza) a estos capiteles capiteles-cesto. Se caracterizan por conformar "prismatoides" de base circular y ábaco cuadrado, con volúmenes de transición de cualidades muy variables. En éste los tallistas definieron unas bandas de arranque recto que se curva hacia el exterior en el tercio final. Entre ellas se definen cuadros que contienen ornamento de naturaleza “vegetal” o geométrica.
Estos capiteles, típicos de la arquitectura bizantina, son la solución lógica para las necesidades estructurales de un sistema que recurre sistemáticamente al uso de arcos cruzados y que, por ello, necesita ábacos cuadrados para ofrecer una superficie de sustentación apropiada para la colocación de cimacios de perfil cóncavo o convexo que colaboren en la concentración de esfuerzos. Para esa función los capiteles de tradición grecolatina presentaban zonas de debilidad en las esquinas de los ábacos, invariablemente, debilitadas por la ligereza de las volutas. Seguramente para evitar esos problemas los constructores bizantinos optaron por romper con la tradición que, durante los siglos III y IV, acentuó aún más la fragilidad de las esquinas mediante volutas mucho más esbeltas que las de los prototipos del Pleno Imperio.
Y aunque, en ocasiones, mantuvieron ciertos elementos tradicionales como las espirales de las volutas, en ocasiones, casi hélices, acabaron diseñando capiteles de concepción muy simple y elemental, pero mejor adaptada a las necesidades estructurales que los de los años anteriores. Sobre ello y cuando la singularidad del edificio así lo aconsejaba, recubrieron la superficie con ornato calado, de fuerte claro-obscuro, hasta conseguir el espectacular resultado plástico que ofrecen Santa Sofía de Estambul o San Vital de Rávena. Curiosamente, los artífices califales asumieron esa tradición pero, sin embargo, mantuvieron los prototipos romanos para conseguir un característico efecto plástico que materializa la síntesis cultural protagonizada por ellos.
Vergara lo situó (H6) entre los siglos VI y VIII. No tengo datos para discutirlo.

OTR16
En el OTR16 (Vergara, C4) la transición del círculo al cuadrado acontece a la inversa que en el caso anterior: el arranque de las bandas que conforman el volumen del cesto arrancan en curva y culminan en línea recta. Siglos VI-VIII.


OTR49
El OTR49 (G6 de Vergara) es similar al anterior. Siglos VI -VIII.


Otros capiteles

OTR02
El OTR02 también responde a un planteamiento muy condicionado por la pobreza de recursos de quienes lo tallaron y por la incapacidad —voluntaria o no— de emplear fórmulas grecolatinas. En todo caso, es muy elocuente el carácter de la corona inferior con “acantos” de tradición “asiática” o bizantina, así como el peculiar “aplique” colocado en el centro de la parte superior, que nos obliga a pensar en fórmulas netamente bizantinas. Las “volutas” arrancan de modo anómalo, como si quien lo talló pretendiera componer una forma ornamental obtenida mediante la yuxtaposición angular de los bocelillos enrollados en espiral.
El ábaco es casi cuadrado, aunque están muy marcadas las protuberancias axiales.
Vergara, citando paralelos de Spoleto (San Egidio), Bomarzo (Duomo) y catedra de Sessa Aurunca (al norte de Nápoles),los situaba en el siglo VIII. A mi juicio, teniendo en cuenta las circunstancia de los dos inmediatamente posteriores, podría ampliarse el margen de atribución hasta el siglo X.

OTR38
OTR29
OTR22
OTR33
OTR03
El OTR28, estructurado mediante cuatro grandes hojas angulares, orienta su clasificación gracias a los folíolos afilados, el ábaco prácticamente cuadrado con “apliques” y el astrágalo ancho de banda lisa. La penuria de recursos técnicos, en este caso, aconseja situarlo a partir del siglo VII, en un ambiente muy condicionado por las aportaciones bizantinas.

OTR28
Vergara lo consideraba inacabado y lo situaba entre interrogaciones en el siglo VII. El carácter del ábaco, cuasi cuadrado refuerza esa hipótesis y la falta de correspondencia entre el tipo de talla de las “hojas” y del resto de la pieza avala esa hipótesis, aunque el taller que lo realizara no tuviera otras posibilidades que prescindir de la talla fina.

OTR13
La cripta de la catedral de Otranto contiene dos capiteles (OTR13 Y OTR50) de concepción similar, bastante alejados las tradiciones grecolatinas. Sin embargo, aún conservan algunos elementos de ellas, como la configuración cóncava del ábaco, la posesión de molduras en el frente, los abultamientos que hacen pensar en los florones y el levísimo abocelamiento de la parte inferior. Por lo demás, cuentan con cuatro “hojas” angulares de venas paralelas, que nada deben a la tradición de los acantos. Entre ellas, sus artífices, definieron cruces de hechura sencilla.
Desde paralelos algo forzados, Vergara los situó entre los siglos VI y IX y Raspi Serra en el siglo VIII;  aunque el grado de evolución parecería indicar que fueron realizado en época muy tardía, por las razones esgrimidas muchas veces sobre los capiteles “degradados”, propongo clasificarlo según una horquilla de cierta amplitud, entre los siglos IV y X.


OTR50
OTR12
El OTR12 refleja una concepción exageradamente simple, con las cuatro hojas angulares que parece fundirse con la tradición de las volutas angulares. El carácter del ábaco, liso y cuadrado, orienta su realización con posterioridad al siglo VI. Vergara (J6) lo situaba entre interrogación en el siglo XI; teniendo en cuenta la ostentosa diferencia que tiene con el resto de los capiteles del  siglo XI de la propia cripta, parece más razonable situarlo en los alrededores del año 600.


Capiteles troncocónicos y otras variedades “evolucionadas" o "degeneradas”

OTR40
En la cripta hay varios capiteles troncocónicos que podrían interpretarse como “imitación” o reinterpretación de los capiteles “de palmas” (“de hojas de agua”, “de cañas”, etc.) . Están resueltos mediante recursos técnicos muy pobres y fórmulas ornamentales alejadas de las tradiciones helenísticas. Cuentan con astrágalo grueso y liso y motivos que hacen pensar en una interpretación muy forzada de las tradiciones bizantinas.
Vergara los agrupaba junto con la serie “degenerada” incluida a continuación, en un bloque de “capiteles fitomorfos” y los situaba en época longobarda. Aunque la hipótesis es tentadora, si  los comparamos con los que se adjudican a esta época en el Museo del Sannio, aparecen ciertas discrepancias, que empujan la catalogación hacia los alrededores del siglo X.
El OTR40 (Vergara, E8) se distingue por la mencionada dependencia respecto de las modalidades mencionadas. Siglos VII al X.

OTR41
El OTR41 (Vergara, D7), aunque ha perdido parte de la zona inferior,  ofrece problemas de clasificación comparables al anterior, aunque su modalidad estructural lo sitúan en la órbita de las tradiciones derivadas del orden corintio. Es posible que se trate de parte de un capitel tallado en dos piezas o que estuviera asociado a un cimacio troncopiramidal para configurar una fórmula ornamental similar a la del OTR46. También en este caso, me inclino por ampliar el margen de clasificación entre los siglos VII y X.

OTR53
El OTR53 (Vergara, C2) propone problemas de clasificación similares a los del anterior.

OTR46
El capitel OTR46 (Vergara, C5) nos ayuda a imaginar el carácter de los anteriores, probablemente concebidos para “trabajar” con cimacios sensiblemente troncopiramidales. En este caso, se han unido en un único bloque capitel y cimacio, en una fusión bastante lógica desde el punto de vista estructural. Situable entre los siglos VII y X, pero con mayor probabilidad hacia el siglo X.

OTR66
El OTR66 (Vergara A7) es un capitel muy alejado de los paradigmas grecolatinos. Tiene el ábaco prácticamente cuadrado; en lugar de florón posee un tallo del que surgen hacia abajo dos rizos. Está articulado en dos cuerpos: el inferior contiene una corona de “hojas” de diseño extraño, ajeno a la simetría que suele imperar en la ornamentación arquitectónica, que define tallos inclinados que culminan en rollo. Posee una especia de astrágalo de banda lisa.
En el cuerpo superior hay cuatro grandes hojas angulares que rematan en espirales; entre ellas los tallistas colocaron dos elementos verticales, acaso con vocación “hojas”,  de altura desigual  que parecen fruto de una creatividad ajena a las tradiciones grecolatinas.
Aunque como sucede con los anteriores, es difícil situar culturalmente este capitel, apenas caracterizado por su alejamiento de las tradiciones romanas, lo razonable es adscribirlo a época tardía; su hubiera aparecido en la península Ibérica, sería un firme candidato al siglo X, junto con los más evolucionados que aparecen, por ejemplo, en Mazote o en Escalada; en Italia, podría ser algo anterior (época longobarda, según Vergara), pero me parece más probable que se realizaran durante el siglo X.

OTR42
El OTR42 (Vergara D7), con el ábaco cuadrado, el  alejamiento de las ideas del orden, apenas aludido por agrupaciones verticales de tres hojas de pencas y “árboles” con rizos, y el collarino liso apuntan hacia tiempos relacionados con las fórmula bizantinas, pero condicionadas por la pérdida de recursos técnicos. Vergara  (D7) lo consideraba obra longobarda, como al resto de los afines.
Entre los siglos VII y X, pero probablemente, hacia el año 900.

Capiteles del siglo XI

Aunque escapan de mi “negociado”, voluntariamente limitado a la frontera apocalíptica del año 1000 y el título de la entrada habla de "capiteles reutilizados", ofrezco a continuación las imágenes de los capiteles del siglo XI, ante todo, para justificar algún juicio emitido en las líneas precedentes, amparado en el planteamiento estructural que muestran todos ellos, invariablemente alejados de las fórmulas helenísticas.

OTR17
OTR19
OTR37
OTR54
OTR57
OTR62
OTR67
Para finalizar

Como en tantos otros edificios italianos medievales, también en la catedral de Otranto queda documentada la costumbre de emplear piezas procedentes de edificios anteriores, no siempre de dedicación cristiana; aunque como ya habrá advertido la perspicacia del lector, nada nos garantiza que las realizadas en el Pleno Imperio hubieran sido reutilizadas en los primeros templos cristianos y que, por lo tanto, cuando fueron empleados en el siglo XI, ya estaban “legitimizados” como piezas que habían sido utilizadas en aquellos.
En este caso, la secuencia definida `por los capiteles de Otranto cubre, casi con absoluta continuidad, el período comprendido entre los siglos II y XI, mil años en los que la ornamentación arquitectónica cumplió como soporte material de continuidad histórica y como "fósil guía" de las diferentes fases de esa continuidad que, contemplada desde la península Ibérica, ayuda a situar ciertos fenómenos propios, contando incluso con el alejamiento impuesto por los acontecimientos posteriores a la caída de Roma.

martes, 6 de septiembre de 2016

Un capitel del Museo de Serpa

Es una edificación de buen tono arquitectónico, casi imperceptible, añadida al castillo, que contiene una pequeña colección de restos de naturaleza variable, entre los que destacan unas cuantas piezas de ornato arquitectónico. La instalación museográfica, muy reciente, se apoya en las "nuevas tecnologias", que no sé si son eficaces para retener la atención del visitante.


Me ha hecho gracia la manera de ofrecer restos que tradicionalmente se habrían catalogado como “visigodos” o de época visigoda”. En el Museo de Serpa, como en otras instituciones portuguesas, se ha impuesto una terminología más ajustada a la realidad histórica: “antigüedad tardía”. Chapeau!
Así, por ejemplo, la pieza de la imagen adjunta, de perfil prismatoide, con relieves sumarios que no sabríamos si evaluar como capitel-imposta o como cimacio, se acompaña de una cartela con la siguiente leyenda:  “Elemento arquitetónico decorado. Proveniência desconhecida. Antiguidade tardia”.
 

También es digno de elogio la que anuncia la pieza de la imagen adjunta: “Possível elemento de cancela de Basílica. Marmelar (Vidigueira). Antiguidade tardia”.

Las sorpresas positivas continúan en la evaluación de un capitel muy “degenerado” (SERP01), procedente de Brinches y estructurado mediante dos coronas de pencas con un cuerpo superior ornado mediante una especie de guirnalda  y ábaco prácticamente cuadrado. En la cartela se puede leer: “Capitel corintio. Pedra. Brinches, Séc. IV d.C.” No creo que sea oportuno clasificarlo como capitel corintio; sería mejor decir, si así lo han interpretado, “capitel derivado del orden corintio”.
Por la manera de resolver el cuerpo superior, nos pone en conexión con capiteles muy evolucionados de noroeste peninsular (Pontevedra, Zamora, Asturias, etc) y con una casuística que no merece la pena reiterar.

SERP01
Como me consta que para muchos eruditos del mundo del arte y, por supuesto, del más “riguroso” de la arqueología, la historia la hacen los reyes… porque son ellos quienes ordenan construir los palacios y templos que estudiamos todos, aplaudo enfervorecido la actitud de tantos estudiosos portugueses que han superado la vieja sobrevaloración de las instituciones en el desarrollo histórico y del exceso de celo en la apreciación de un germanismo apenas documentado en los restos de cultura material, mediante el ajuar personal. Sí, ya sé que acaso exista algún sustrato nacionalista de por medio, pero en este caso...

La basílica de Mértola y Nossa Senhora da Aunciaçao

Tenía especial interés por visitar la basílica de Mértola y, por fin, en circunstancias algo forzadas por el calor, la agenda y las peculiaridades urbanísticas y topográficas de esta hermosa ciudad, me fue posible acercarme a ella y, “de paso”, a la iglesia de Nossa Senhora da Aunciaçao, cuyo solar fue ocupado por una mezquita, que, a su vez, pudo haber sido edificada sobre una iglesia anterior.
La “basílica paleocristiana” de Mértola (así la titulan oficialmente) se ofrece al visitante como un espacio museográfico convencional, con expositores y cartelas, yuxtapuesto a los restos de la antigua edificación, que se ofrecen en su propio “valor arqueológico”. El conjunto está  protegido por una estructura de discreto valor arquitectónico… que no es poco en tiempos dominados por la tendencia a ofrecer alardes creativos en casos similares.
El conjunto propone una experiencia que, para el lego y en relación a los problemas que planteaba en una entrada anterior, trasciende la pobreza relativa de los restos, y para los diletantes, deviene propuesta elogiable, contando incluso con ciertos aspectos discutibles que destacaré enseguida. En todo caso, algunas de las piezas tienen un interés muy especial desde ciertas cuestiones tratadas en este blog.


Como el lector ya habrá adivinado ese interés se polariza en torno a los restos de ornamentación arquitectónica y también a la colección de lápidas funerarias que concentran un número singular de datos para documentar que, al menos durante el siglo VI, en esa zona peninsular, se empleaba el arco de herradura —más o menos peraltado— en las lápidas funerarias. En dos o tres el arco ultrapasado está sugerido levemente, mientras que en la de Andreas no cabe la menor duda sobre la voluntad "representativa" de quienes intervinieron en el encargo. La lápida de Andreas, primer cantor de la sacrosanta Iglesia Mertiliana, que falleció a los 36 años, el 30 de marzo del año 525, está organizada mediante una “puerta” con arco de herradura doblemente sogueado, según fórmula mal adaptada a la posible “realidad representada” dado que la rosca exterior queda “volada”, como superposición sobre la interior, apoyada sobre una especie de capitel exageradamente peraltado, en cuyo interior existen tres niveles de volutas de diseño caprichoso; bajo ellos, el artífice colocó dos fustes sogueados con basa de moldura doble. El arco rodea un Crismón de hechura convencional para le época en que fue realizado y la inscripción se completa con una cruz con alfa y omega, asimismo, frecuente durante los “primeros años” del cristianismo.
No creo que en esta entrada merezca la pena debatir si lo representado respondía a algún tipo de “realidad arquitectónica”, pero sea como fuere, me parece un dato muy relevante en el sentido de lo planteado en la entrada dedicada específicamente al arco de herradura: en el siglo VI y, al menos, en esta zona, el arco de herradura era un elemento arquitectónico familiar para quien encargó la lápida y, por supuesto, para quien la talló. No sé si accidentalmente, en este caso el arco aparece asociado a elementos ornamentales específicamente "mozárabes", empleados con mucha frecuencia en lo que a este descarado amanuense le parecen testimonios de un "extraño" influjo bizantino documentado en la diócesis de Astorga y sus proximidades durante el siglo VI.


También tienen especial interés los dos capiteles que aparecieron en las proximidades del recinto de la basílica y que, acaso con cierta precipitación, los arqueólogos que los publicaron en el año 1993 consideraron coetáneos a la basílica. Sin embargo, existen dos circunstancias que dificultan esa adscripción o, cuando menos, que fueran realizados expresamente para ella:
1.  Tiene alturas diferentes (41 cm y 30 cm., respectivamente) de manera que es difícil imaginar que fueron concebidos para la función estructural reflejada en la instalación museográfica.
2.  Pertenecen a concepciones tipológicas diferentes y, muy probablemente, a circunstancias culturales alejadas en el tiempo,  de manera que resulta muy forzado adjudicarlos a los siglos VI-VII como proponen quienes redactaron el “informe” de 1993 coordinado por C. Torres y S. Macías.
MERT01
El primer capitel (MERT01) es, a mi juicio, un capitel de orden corintio y hojas lisas, según configuración común durante el Pleno Imperio. Aunque es difícil situar con precisión los capiteles de este tipo, el carácter de los caulículos, las volutas perfectamente marcadas incluso en volumen, la manera de marcar el labio del kalathos y, sobre todo, el eje axial (compárese con el FAM516 del Museo de Faro), apuntan hacia fórmulas relacionadas con la “declamación imperial” de los siglos I y II. Es fácil encontrar paralelos en los trabajos de Scrinari, Pensabene, etc.

MERT02
El MERT02 es algo más difícil de situar puesto que su organización estructural responde a fórmulas “más evolucionadas”. No obstante, la mera de interpretar las hojas, mediante “pencas” gruesas, sugiere la posibilidad de un momento más tardío o en un ambiente menos "oficial" que el correspondiente al MERT01. Estructuralmente es un capitel derivado del orden corintio o “corintizante” que consta de dos coronas de hojas de concepción tosca, volutas angulares, kalathos irregular pero con labio bien marcado, ábaco de escasa concavidad y brazos prácticamente rectos. De nuevo se plantea el dilema que, a efectos de catalogación, nos obliga a elegir entre una fórmula derivada de los modelos imperiales o de las variedades del Bajo Imperio o, incluso, de época bizantina. En este caso, a juzgar por la naturaleza del kalathos, es más probable que se trate de una pieza relativamente temprana, de los alrededores del año 400, realizada por un taller poco versado en la talla de la piedra y, tal vez, concebido para ser “acabado” mediante ornamento “vegetal” pintado.

Como el lector ya imaginará, aunque estos dos capiteles fueran realizados en momentos dispares, ello no supone discutir la posibilidad de que fueran empleados en la basílica cristiana: no existe impedimento alguno para admitir la posibilidad de que fueran reempleados; por supuesto, también cabe la posibilidad de que no fuera así.

En la iglesia de Nossa Senhora da Aunciaçao, que fue mezquita y, probablemente, también iglesia, hay varias piezas de interés.  Los trabajos arqueológicos han rescatado varios fragmentos de ornamentación arquitectónica, que se exhiben en una zona de ambientación museográfica manifiestamente mejorable. A ellos aún hay unir dos capiteles reutilizados que continúan en la iglesia cumpliendo función estructural.

MERT05
MERT06
Los MERT05 y MERT06 incrementan la familia de capiteles de hojas lisas que mencioné al recoger los del Parador de Mérida y los de Santa Eulalia; se distinguen de los primeros porque siguen la tradición del orden corintio y ello los pone en relación con los similares al C0203 de la mezquita mayor de Córdoba. Los de Mértola definen pareja caracterizada por la peculiar manera de ornar el borde del kalathos, en un sentido próximo al mencionado capitel cordobés  Teniendo en cuenta los precedentes emeritenses, también estos capiteles pudieron ser concebidos para que completaran el ornato artífices “pintores”, que los recubrirían con acantos, tal y como está documentado en el llamado Templo de Diana de Mérida (del Culto Imperial).

MERT03
El capitel MERT03, que apareció descontextualizado, sigue fórmula estructural de volutas en V, pero muy evolucionada, con dos coronas de hojas de pencas, volutas muy estilizadas y ábaco prácticamente cuadrado. En las entradas anteriores he recogido algunas piezas italianas que podrían servir para definir referencias algo forzadas; entre ellas destaca la BSSM06, del Museo de Benevento, de estructura diferente pero con un cuerpo superior muy similar.
En la cartela lo adjudican al siglo VI. A mi juicio, podría ser algo posterior: siglos VI-VII.


También ofrecen un cimacio muy geometrizado, que adjudican a los siglos VI-VII, a mi juicio, con buen criterio.

Los capiteles del museo de Faro


El Museo de Faro ocupa el espacio que perteneció al convento del Convento de Nossa Senhora da Asunção (siglo XVI) hasta que fue rehabilitado para cumplir funciones culturales, si es que los museos siguen siendo instituciones sin ánimo de lucro… En este caso, acaso lo sea porque uno de los empleados nos sorprendió regalándonos una publicación de 85 páginas sobre las obras de José de Guimaraes (Esconjuraçoes), que se pude contemplar durante estos días, conjuntamente con la de otros creadores contemporáneos. Según dijo el empleado, el gesto se debió a que nos hicieron esperar unos minutos para entrar por un “fallo informático”, que no les permitía emitir las entradas… Cahpeau.
Es práctica habitual de los museos portugueses combinar las vertientes tradicional y actual, tal y como ya he indicado en otras ocasiones. Y francamente me parece bien, incluso aunque ello suponga contrastes de “dudoso gusto” con el propio edificio o con las obras tradicionales, o induzca una imagen de dispersión que puede desconcertar a quienes sólo tienen aprecio por lo antiguo.



Por el contrario, no me ha gustado demasiado la manera de mostrar los restos de época romana, según fórmula que me ha recordado el planteamiento del Museo Arqueológico de Lisboa en su sede de Los Jerónimos: el pasillo “metafísico-temporal” me parece demasiado ingenuo y artificioso. No creo que con ello se facilite la “comprensión” de la naturaleza de los objetos ni que el resultado sea especialmente atractivo y, sin embargo, el sistema expositivo dificulta relacionarlos con las catelas, la toma de fotografías y también el acercamiento a ellos.

Desde mis intereses, destacan varios capiteles, que se describen en las cartelas con cierta “prudencia”, sin categorizarlos tipológicamente.

Capiteles corintios y derivados

FAM516
El FAM516 es un capitel de procedencia desconocida, con hojas lisas y todos los elementos del orden, incluido el conjunto axial, con fórmula habitual durante el siglo II. La cartela lo clasifica como “de época imperial”.
FAM669

El FAM669, procede del yacimiento de Milreu (“friso del templo de la villa de Milreu") y según la cartela, habría sido realizado entre finales del siglo III y principios del IV. Sin embargo, los elementos que contiene apuntan en una dirección diferente…
El frente del ábaco está moldurado y cubierto de ornato más propio del siglo I que del III y está estructurado mediante dos coronas de hojas de perfil casi triangular con rasgos que basculan entre las fórmulas de la época final de Augusto hasta la de Antonino Pio. En la misma dirección apuntan los caulículos y la configuración del cáliz, que casi cubre por completo las volutas, según solución frecuente en el oeste de la Península. Asimismo la manera de resolver el kalathos y el conjunto axial, similar al del capitel anterior, nos sitúa en los alrededores del año 100.
La inexistencia de elementos “orientales”, que en otros lugares del Imperio Romano hubieran excluido la posibilidad de una cronología tardía (siglos III-IV), en la península Ibérica, donde fueron poco acusados esos influjos, abre una posibilidad que, sin embargo, me parece forzada en este caso.
En todo caso y pensando en el lector poco avisado, es importante advertir que la aparición de una pieza de este tipo en un contexto arqueológico (estrato) determinado, por ejemplo, de los siglos III y IV, no garantiza que la pieza fuera realizada en ese momento; sólo nos proporciona una fecha límite: debió ser realizada como muy tarde en la fecha determinada por el estrato. Si añadimos a ello que durante al Bajo Imperio fueron muy frecuentes las reutilizaciones, siempre debemos tener en cuenta la posibilidad de que la pieza fuera realizada antes e, incluso, mucho antes.
En suma, con la osadía de mi ignorancia —no he consultado los trabajos que justifican esa cronología tan anómala—, entiendo que nos encontramos ante un capitelillo ornamental de pilastra que, muy probablemente, fue realizado en los alrededores del año 100 d.C.

Por si pudieran interesar a alguien, adjunto las imágenes de los fragmentos procedentes de Milreu, que parecen seguir la tradición del orden corintio y en el museo sitúan en época imperial…

FAM66, 668 y 669
FAM429
Capiteles corintizantes y derivados


FAM521
El FAM521es un capitel, aparecido en el centro histórico de Faro, que sigue la modalidad corintizante liriforme; su estructura es relativamente convencional pero la hechura, torpe: los diferentes elementos aparecen con proporciones anómalas. A mi juicio, esta circunstancia condiciona la naturaleza del ornato, que podría interpretarse como muy evolucionado. Como ya he indicado en otras ocasiones, aludiendo a piezas aparecidas en la Lusitania y, muy especialmente, en Mérida, en cuyo “Museo Visigodo”, hay uno de manifiesta proximidad; en el de Beja hay otro....
Y  aunque por prudencia cobarde debamos asumir la posibilidad de una realización tardía —en el museo lo consideran “tardo-romano”—, debemos reconocer también que es más probable que se trate de un capitel del Pleno Imperio. Avala la hipótesis la escasez de restos de calidad “oficial” en esta zona de Portugal. Es de suponer que nos encontremos ante una situación afín a la que reflejan las zonas de “periféricas” de romanización más nominal que material.
FAM574
El FAM574, procedente del “Arco da Vila”, de Faro y también ha sido clasificado como “tardo-romano”, es el que se acerca más a las fórmulas ornamentales propias de los corintizantes de los siglos I y II, aunque la estructura se aleja de lo más frecuente. Las hojas de la corona inferior y las centrales alargadas, repiten modalidades habituales en esos años, aunque es obvio que la hechura es manifiestamente torpe. Las hojas “peine” de la corona superior hacen pensar en soluciones frecuentes a partir del siglo II. Aunque no se aprecia con claridad el ábaco, cuenta con labio del kalathos perfectamente marcado. No creo que sea un capitel realizado con posterioridad al siglo III.

FAM524
El FAM524, de procedencia desconocida, está muy erosionado y es difícil imaginar cómo fue aunque parece seguir una fórmula similar a la de los anteriores, pero con una ejecución más torpe.
FAM514
El capitel FAM514 que hace pensar en uno de Mértola (MERT02), aunque éste ofrece una confección más regular. En varias ocasiones hemos visto en este blog piezas de estructura similar, de manera que no reiteraré lo ya expuesto; en este caso, teniendo en cuenta la manera de limitar el kalathos por la parte superior, según fórmula que nos remite a los eólicos, acaso estemos ante una pieza que podríamos relacionar con los influjos masivos posteriores al siglo II; la escasa curvatura del ábaco y su frente liso (¿), sin embargo, nos llevan a los alrededores del año 500.En suma, nos hallamos ante un dilema relativamente frecuente en el universo del capiteles: debemos elegir entre vincularlo a las variedades derivadas de los capiteles corintizantes de volutas vegetales angulares (siglos I y II) o a las fórmulas relacionadas con lo bizantino. En este caso, teniendo en cuenta la escasez se de referencias orientales en esta zona peninsular y la casi nula presencia de las fórmulas estandarizadas del Pleno Imperio, me inclino por la primera opción, en sintonía con lo que pone en la cartela (“época imperial”): siglos II-III.

Capitel compuesto

FAM513
Sólo hay un capitel compuesto, que merece estar en este bloque tipológico con énfasis especial. Con el FAM513, procedente del centro histórico de Faro, se manifiestas circunstancias similares a las mencionadas a propósito de los corintizantes. Ofrece estructura peculiar porque fue concebido fundiendo las fórmulas del orden corintio con las del compuesto, en solución de cierta originalidad, que justificaría hablar de “capitel mixto” con más propiedad de lo que se ha hecho, al emplear esta categoría como cajón de sastre para agrupar piezas de cierta anomalía. En cierto modo, la fórmula es equiparable a la modalidad de Bibilis (Calatayud) y a otras de áreas “periféricas” (Volubilis, Leptis Magna, Pérgamo, etc. Es que muy probable que quienes tallaron los aragoneses, este luso y otros tantos no habieran leído los trabajos de Vitrubio ni, por supuesto, los de Patrizio Pensabene…
También en este capitel contemplamos fórmulas tradicionales interpretadas con cierta “libertad” y con una técnica de talla poco depurada. Los acantos de las coronas de hojas hacen pensar en capiteles del norte y noroeste de la península Ibérica (Asturias, Galicia, Montelius, etc.), que pudieran haber sido ornados con fórmulas similares a las de éste de Faro, magníficamente bien conservado. Son muy curiosos los caulículos, que siguen modelos propios de los siglos II y III. También es interesante la manera de interpretar el conjunto cáliz-volutas prescindiendo de éstas que fueron colocadas en el cuerpo superior, mediante una configuración “en S”, muy común en Pompeya (capiteles “a soufa”) y que también aparece en uno de Astorga, que G. Behemerid consideró de finales del siglo I. También es sorprendente cómo interpretó el artífice la parte superior del equino, incluyendo pequeños corazones que desvirtúan la "idea" de los dardos... El ábaco, moldurado con cierta complejidad, invita a no alejarlo mucho de los alrededores del año 100.
En la cartela del museo lo evalúan como “de época imperial” y en este caso comparto el criterio, sin atreverme a proponer mayor precisión: siglos II-IV.

lunes, 5 de septiembre de 2016

El Museo Romano de Astorga

El viaje a Astorga también tenía por objeto visitar los restos arqueológicos, puestos en régimen de explotación turística, que me había sido imposible visitar antes por mil razones personales…  Y debo manifestar que la apuesta del Ayuntamiento de Astorga, que en ciertos aspectos me parece interesante, está más desorientada que la política cultural de Podemos. La apuesta por ofrecer al público unos cuantos restos arqueológicos, convenientemente “musealizados” es, en principio, una apuesta interesante tanto desde el punto de vista de la protección patrimonial como desde el apoyo a la Arqueología e, incluso, desde los intereses turísticos, a su vez, materializados en el sector servicios.
La idea recuerda fórmulas aplicadas en otros lugares, que he comentado ocasionalmente en este blog: en Barcelona se han hecho cosas similares con gran acierto; también en Sevilla, en Gijón… en Zaragoza, con resultados más discutibles. Por supuesto, también se han aplicado medidas comparables en casi todos los países europeos con gran potencial arqueológico, por lo general, con acierto, aunque también conozco algún ejemplo particularmente lamentable.

Astorga, cerca legionaria
La propuesta del Ayuntamiento de Astorga se substancia en el “Museo Romano” y en un conjunto de zonas arqueológicas urbanas, situadas en los sótanos de varios edificios y en áreas más o menos abiertas; estas últimas comprenden la visita de una cloaca aceptablemente acondicionada y del foro, en situación manifiestamente mejorable. El museo se puede visitar libremente, por supuesto, previo pago de la entrada, pero no así todas las áreas arqueológicas, porque algunas de ellas están en el interior de edificios privados y sólo se accede a ellas en compañía de un guía.
Según explicaciones de la guía que nos acompañó, los reglamentos municipales prevén que si aparecen restos arqueológicos en el momento de construir un edificio, se consienta elevar la altura del edificio en una planta más a cambio de la acotación pública del espacio arqueológico, que se acondiciona para que pueda ser visitado como un “pequeño museo”.
La idea, bastante sensata en los territorios de la protección del patrimonio y del fomento de los estudios arqueológicos, no sé si es igual de operativa en la vertiente turística o de la divulgación cultural. Ofrecer unos restos de escasa entidad espectacular apoyados en la proyección de vídeos de dudosas cualidades no creo que anime demasiado a los visitantes, salvo que tengan cierto nivel de formación específica. También aquí se vislumbra el problema de la “musealización” de los yacimientos arqueológicos, que asimismo he planteado en varias ocasiones y que está lejos de ser solucionado, al menos con propuestas como la de Astorga o la de Zaragoza, de la que me ocuparé en otro momento

Astorga, termas
Por su parte, el Museo Romano de Astorga se ha construido por iniciativa municipal sobre la supuesta Ergástula, mediante un proyecto de Antonio Paniagua concebido a finales de los noventa.
Tradicionalmente se consideraba que el espacio ocupado por la planta baja del museo había sido un recinto carcelario o para que lo ocuparan esclavos dado el carácter de la antigua Asturica, condicionada por las explotaciones mineras de las proximidades. Sin embargo, teniendo en cuenta su ubicación y, sobre todo, su extensión hipotética, parece raro que realmente hubiera tenido esa finalidad.
Sea como fuere, el nuevo edificio ha respetado el carácter de la sala abovedada preexistente  para construir sobre ella un edificio con fachada de hormigón, horadado por unas pocas ventanas pequeñas, como saeteras, que armoniza relativamente bien con el entrono y recuerda las tarjetas perforadas de los ordenadores antiguos. Consta de dos plantas más, destinadas respectivamente a los servicios arqueológicos municipales y a una sala donde se exponen los restos aparecidos  en los trabajos arqueológicos realizados en la ciudad. Lo más enfatizado son las “pinturas pompeyanas”, aparecidas en los años cincuenta y que se muestran en una instalación de cierta originalidad aunque, a mi juicio, difícil de entender; han construido una entreplanta elevada que cumple su función de modo irregular: obliga a contemplar las pinturas a un distancia que favorece la percepción global (gestáltica) pero impide el análisis de proximidad (percepción analítica). Si lo que se pretende es epatar al visitante, acaso lo consigan; si se buscara facilitar la contemplación en detalle de las pinturas, la fórmula no puede ser más desafortunada.


Como es común entre los museos de inauguración reciente, se advierte una cierta “voluntad didáctica”, substanciada en varios paneles mejor concebidos de lo que suele ser habitual, porque los textos son tan sintéticos como requiere la capacidad receptiva de los visitantes. Lógicamente, al tomar esa decisión se asumen riesgos... Me ha sorprendido el panel que, según parece, describe el “estado actual de los conocimientos” sobre el origen de Astorga:

“Tradicionalmente se ha venido considerando a Astorga como ciudad de origen indígena, ya que en su trama urbana actual no se apreciaba nada que remitiera a un urbanismo ordenado. El profesor Antonio García y Bellido fue el primero en expresar esta opinión, mantenido también por otros autores, como, por ejemplo, J.M. Luengo, M. Pastor y Pere de Palol. Aunque en los alrededores se conocen varios poblados de la Edad del Hierro, y aún anteriores, lo cierto es que hasta el momento las numerosas excavaciones arqueológicas efectuadas dentro de la ciudad no han revelado ningún indicio que pueda probar la existencia de una ocupación prerromana en el cerro. Nos referimos, particularmente, a elementos de naturaleza constructiva, que nos informaran, por ejemplo, de la existencia de un poblado, o cualquier otra manifestación que probara una ocupación humana anterior a la presencia romana.
En realidad, el origen de tal hipótesis se encuentra en ciertos anhelos eruditos, más ideológicos que otra cosa, por arrastrar los orígenes de la ciudad hasta unos ancestros “celtas” —tan de moda en el siglo pasado y en buena parte del actual—, para pretender justificar unos orígenes indígenas de la ciudad; la identificación de Astorga con el mundo prerromano no tiene ningún crédito de naturaleza arqueológica y se ha realizado, incluso, partiendo de identificaciones culturales erróneas de ciertos objetos arqueológicos.”




Me pregunto si este texto no estará asimismo condicionado por la voluntad de marcar “diferencias” que alejen Astorga de su pertenencia a la Gallaecia en tiempos romanos... Frente a ese supuesto “estado de la cuestión”, quienes han redactado este texto y suscriben el fondo argumental deberían tener en cuenta que el emplazamiento geográfico de Astorga, inmutable durante miles de años, convierte a la ciudad en un lugar idóneo para vivir (tiene agua en abundancia) y es fácilmente defendible;  y esas circunstancias casi siempre coincide con lugares habitados secularmente. Es muy probable que más tarde o más temprano aparezcan restos de época prerromana que documenten las relaciones entre los pobladores de Astorga con los grupos culturales de las proximidades.
Por ora parte, debemos tener en cuenta que la estructura económica de la sociedad romana imponía que los asentamientos militares se realizaran sobre lugares especialmente dotados no sólo de cualidades topográficas y militares, sino también humanas, porque necesitaban esclavos para desarrollar las actividades auxiliares y no sólo para trabajar en las minas, sino para atender a exigencias más triviales: explotaciones agrarias, servicios domésticos y municipales, etc.
En todo caso, el montaje del Museo Romano de Astorga me ha parecido bastante bueno desde las posibilidades del conjunto material reunido en las salas, que desconcierta por su pobreza. Si, como concluyen los estudios, la Legio X Gemina se instaló allí poco antes del cambio de era, ¿dónde están los restos de ornamentación arquitectónica que deberían corresponder a una población que fue oficialmente romana hasta la llegada de los pueblos germánicos? Sospecho que esa carencia, apenas documentada por unas pocas piezas en el Museo de las Peregrinaciones, nos indica que los estudios arqueológicos sólo han sacado a la luz una parte mínima del iceberg histórico.


Es muy probable que con la proliferación de los trabajos arqueológicos vayan resolviéndose esas carencias y algunas otras... Esperemos que quienes los realicen no estén demasiado condicionados por sus propios anhelos y no cataloguen los ajuares celtas y los capiteles tardoimperiales como restos “mozárabes”; no sería la primera vez ni por supuesto la última.  Estoy seguro de que los restos proporcionarán alguna sorpresa no solo sobre los primeros pobladores de Astorga; también, sobre la implantación del cristianismo…

Unos capiteles de Astorga

La última vez que entré en el Museo de las Peregrinaciones estaba prohibido hacer fotografías. Desde entonces han cambiado algunas cosas y, entre ellas, las piezas que se pueden ver en su interior, de especial interés desde mi punto de vista. El museo sigue siendo referencia de instalación manifiestamente mejorable: entiendo que pesa en exceso la "voluntad" de plantearlo para “completar” el carácter del edificio que lo alberga, esa “sorprendente” joyita de Gaudí en tierras de cocido, mantecados y chocolate.
Ofrecen varios capiteles al público entre los que despuntan los de filiación romana y unos cuantos más de catalogación menos clara. Entre los primeros, el ASMP06, según la cartela aparecido en Astorga, ofrece varias cualidades destacables: la estructura, que incluye prolongación de fuste con astrágalo y cuerpo superior con volutas de concepción relativamente anómala, dado que cuenta con florón axial y ello determina que aquellas definan composición más propia de los capiteles corintios que de los jónicos. Parece ser cualidad de la zona leonesa, dado que también se conoce otro procedente de Lancia con la misma circunstancia; G. Behemerid situó a ambos a finales del siglo I. La etiqueta del museo lo coloca entre los siglos I y II...

ASMP06
El ASMP05, también aparecido en Astorga, fue tallado mediante recursos sumarios y ofrece una estructura más acorde con las fórmulas comunes del orden jónico, por supuesto, en contexto "marginal". Aunque G. Behemerid lo juzgó del siglo III por su similitud con uno de Timgad, acaso no esté desorientada la valoración del museo, que clasifica entre los siglos II y III.

ASMP05
Me ha sorprendido gratamente la valoración del ASMP07, asimismo procedente de Astorga, adjudicado a los siglos II y III, aunque sea discutible que lo consideren “capitel corintio”; sería más apropiado en este caso hablar de capitel corintizante o, "derivado del orden corintio". Está muy erosionado en todas sus caras salvo en una parte de ellas. No es posible valorar el ábaco no el cuerpo superior; con tales limitaciones y a partir del aspecto de las hojas, de concepción sumamente simple, mediante incisiones de desarrollo lineal que “dibujan” “pencas”, sorprende que no lo hayan catalogado como “capitel visigodo”. Supongo que existirán datos de contextualización que justifiquen una valoración tan “radical”, que recibo con especial goce. Si no existieran esos datos, suponiendo que ha aparecido en zona leonesa, deberíamos situarlo en una horquilla que llegara al siglo X, por supuesto, sin menospreciar que, en efecto, fuera de época romana, en sintonía con los datos ofrecidos por las villas "castellanas".

ASMP07
Obviamente, no puedo estar de acuerdo con la clasificación de los capiteles “mozárabes” procedentes de Ayoo de Vidriales, que sin embargo, se muestran con acotaciones significativas.  En la salita donde conviven con dos fustes de mármol, sólo existe una cartela de texto lacónico: “COLUMNA. MOZÁRABE ¿. En estudio. Mármol. Ayoo de Vidriales. Zamora”. Francamente  me ha dejado helado la interrogación, pero sobre todo que no hayan mencionado el “siglo X”. Y no sé si alegrarme o entrar en nirvana. Obviamente, desde mi punto de vista son dos capiteles de la serie bizantina de la antigua diócesis de Astorga, seguramente realizados durante el siglo VI.

ASPM01
El ASMP01, del que apenas se conserva una de las caras, se distingue por contar con dos coronas de hojas de folíolos alargados con algunas anulaciones definidas mediante arillos que, a su vez, definen las agrupaciones de tres hojas típicas de lo bizantino. Carece de volutas angulares, pero cuenta con “motivo axial” de cualidades asimismo comunes en ese contexto. Menos frecuente es la banda de retícula geométrica que limita el frente de ábaco de trazado mixtilíneo, típico de la diócesis de Astorga, pero comparable a fórmulas documentadas en el sur de Italia. Como es habitual en las piezas del mismo ciclo, cuenta con collarino laureado o doblemente sogueado.

ASPM02
Algo parecido sucede con el ASPM02, que se conserva prácticamente completo, y apenas se distingue del anterior, en la existencia de un motivo ornamental que parece “alusión” a las volutas exteriores típicas de algunas de las series más comunes.Hace unos años habría situado estos capiteles entre los más evolucionados de su serie; hoy, sin embargo, me inclino por considerarlos con mayor prudencia en una horquilla de cierta amplitud en el proceso evolutivo, pero siempre dentro del siglo VI…

ASPM03
El ASMP03 se ofrece junto a una cartela que indica: “CAPITEL. MOZÁRABE. Siglo IX d.C. Arenisca. Astorga¿. León”. Si no está clara su procedencia, deduzco que tampoco lo está su contextualización cultural y desde esas circunstancias, deducir que este capitelillo pudiera ser mozárabe y del siglo IX, me parece una temeridad. Desde lo que se ve y sin haber podido hacer un análisis más preciso debido a su ubicación, deduzco que seguramente sea una pieza relacionada con el movimiento románico, dado que no encuentro nada que permita relacionarlo con el arte andalusí del siglo IX, salvo desde las muy forzadas hipótesis de Gómez-Moreno, que ya he comentado y discutido en otro lugar.

Aunque en la instalación actual no se puede ver, hace años, cuando estaba prohibido hacer fotos, un amigo fotografió un capitel “de pencas” (ASPM04) en una sala del museo… Supongo que al difundir la foto ahora no perjudicará a nadie y servirá para proporcionar una tesela más al descomunal rompecabezas de los capiteles hispánicos anteriores al año 1000. Se trata de una pieza derivada del orden corintio pero que carece de volutas y de ornato fino: sin embargo, el ábaco tiene fuerte concavidad y está moldurado en el frente. Desde esas circunstancias, menospreciando el posible carácter simbólico de las “cartelas”, podríamos situarlo entre los siglos II y IV.

ASPM04
Aún quedaría mencionar las piezas de datación “visigoda”: dos cimacios (o impostas) de cualidades estéticas diferentes pero de concepción estructural similar. El primero está decorado con elementos de carácter “vegetal” (roleos, flores, palmetas y racimos) y el otro con laceria seriada a partir de “estrellas” de cuatro puntas. Ambos proceden de San Juan de Montealegre (San Martín de Montes) y están catalogados como “VISIGÓTICO ¿ En estudio”. Me excuso por no reiterar que acaso fueran realizados en tiempos institucionalmente “visigodos”, pero que no tienen nada ajeno a las tradiciones grecolatinas. Dado su carácter, es lógico pensar que fueran realizados para un edificio estructuralmente relacionado con usos de época bizantina —también nos la podemos coger con papel de fumar quienes contemplamos el fin de la Antigüedad con otra perspectiva—, y ello nos conduciría, de nuevo, a los siglos V y VI, cuando, por lo visto, hubo un momento de especial actividad arquitectónica tal y como acreditan los restos que han llegado a nuestros días.



Obviamente, quedaría discutir si estos cimacios podrían guardar relación con los capiteles anteriores o con otros de concepción similar. En principio, esa posibilidad podría ser discutible dada la distancia formal que hay entre ellos y dichos capiteles. No obstante, si tenemos en cuenta que en las pocas iglesias bizantinas que han llegado a nuestros día, no son raras disparidades en ese sentido y que las fórmulas de los capiteles leoneses y los cimacios de San Martín de Montes tienen relaciones claras con otras tantas maneras de entender la ornamentación arquitectónica en aquellos tiempos, se impone la prudencia y, en consecuencia, mantener dicha hipótesis. En todo caso, también en estos cimacios o impostas presentaría enorme relevancia el componente tardorromano que parece cualificar a todas las obras "hispanas" de los siglos V, VI y, tal vez, VII.

Los capiteles del Museo Arqeuológico de Plovdiv

El Museo Arqueológico de Plovdiv está en los límites del recinto que define el “núcleo histórico”, tal y como ha sido definido en la actual ordenación urbanística. Es un edificio pequeño, de reciente inauguración (2010), con una instalación museográfica de apariencia “aceptable”. Por desgracia y como es habitual en los museos búlgaros, las cartelas no proporcionan demasiada información; y contra lo que es norma en la mayoría de las instituciones de este país, en éste está prohibido hacer fotografías, con lo que ello supone a efectos de conseguir imágenes aceptables. Cuando lo visitamos no había otras personas que los trabajadores de la institución.

PLMA01
En las salas ofrecen varios capiteles de relativo interés, entre los que destaca el PLMA01, procedente del Odeón de Philippopolis —nombre asignado a Plovdiv durante el siglo IV a. C—, responde a un esquema a medio camino entre las variedades corintizantes y ciertas interpretaciones relativamente tardías del orden corintio. Contiene volutas angulares, kalathos bien marcado, ábaco moldurado, motivo animado en la zona del florón y una corona de hojas de concepción ajena a lo más frecuente durante los siglos II y III, que contemplaron la romanización de la península de los Balcanes.
A efectos de clasificación, es relevante el diseño de la “voluta” interior atrofiada, que acaso pretendiera aludir al cáliz; en cualquier caso, ello nos haría pensar en un momento próximo al año 300. El carácter de los acantos, con folíolos cortos que definen abanicos de cierto volumen, hacen pensar en fórmulas republicanas, pero también se aproximan a los de los capiteles teodosianos.
Aunque la cartela del museo lo sitúa en el siglo II, a mi juicio, podría ser posterior, tal vez, del siglo III o, incluso, algo posterior.






PLMA02
El PLMA02 responde a una modalidad más común, en la línea de los capiteles asiáticos; cuenta con dos coronas de hojas de concepción evolucionada y volutas angulares. Lo sitúan entre los siglos II y III; a mi juicio, teniendo en cuenta el carácter de los folíolos y la concepción de la cartela, es más probable que también sea posterior, de entre los siglos III y IV.
A destacar la manera de sujetar los capiteles mediante alcayatas, según fórmula que fue común hace muchos años: sorprende tratándose de un museo tan moderno…

PLMA03
El PLMA03 responde a una variedad muy repetida, de la que me he ocupado varias veces en este blog. Su proximidad a capiteles como el 660 de Ostia (Pensabene) permite situarlo en los alrededores del año 300, tal y como indican en la cartela del museo.

PLMA04

El PLMA04 también responde a la estructura de cuatro hojas angulares, aunque la existencia de ojales grandes y la forma del ábaco, fuertemente articulado, adelantan su cronología hasta los siglos V y VI.
PLMA05 Y PLMA06
Ofrecen varias capitelillos que atribuyen a “basílicas cristianas”, sin otras precisiones (PALM 04, PALM05 Y PALM06). Supongo que ello se debe a que los visigodos no se quedaron en la península Balcánica… Es fácil encontrar paralelos en todo el mundo mediterráneo... y, por supuesto, también entre los de "época visigoda".

Sobre la hipertrofia turística

Desde hace años está de actualidad la preocupación por las consecuencias de la expansión turística en la conservación del patrimonio. Es posible que el lugar más afectado sea Venecia, pero cada vez es más sensible en otros muchos lugares un proceso con tasas de crecimiento anual continuado entre el 5 y el 10 % (según las zonas), que se ha visto acrecentado en España por cuestiones de "política internacional": la inestabilidad de los países árabes ha modificado substancialmente una situación que, de otro modo, acaso hubiera sido muy diferente.
Dada la indolencia de nuestras autoridades y aunque en España el asunto apenas afecta a unos pocos lugares, no estaría de más que "todos" comenzáramos a plantear propuestas, asumiendo el riesgo de estar en un país donde "todo el mundo" sabe lo que hay que hacer; y sacar a colación este asunto puede engendrar propuestas demenciales por parte de quienes pecan de poder y ayunan de inteligencia... no sólo en los sectores conservadores.
De momento, el asunto se ha manifestado con particular virulencia en Barcelona, donde ya es prácticamente imposible visitar confortablemente determinados lugares. En cualquier momento saltarán las alarmas en la Alhambra; en Sevilla los turistas se acumulan en colas inmensas ante la catedral...
Pero más allá de los inconvenientes, también deberíamos tener en cuenta las "ventajas", especialmente relevantes en una situación económica como la actual. Si los grandes flujos se mantienen y las circunstancias políticas de los países árabes no cambian, en un futuro muy próximo, las calles de nuestras ciudades con mayor potencial cultural, se llenarán de personas de rasgos orientales, con cámaras fotográficas, con ansias de conocer y disfrutar de los restos de un pasado, para ellos exótico y especialmente interesante. Para canalizar ese flujo convendría tener las ideas un poco más claras sobre su propia naturaleza y, desde luego, sobre las posibilidades de un patrimonio que mayoritariamente está en manos de la Iglesia, empeñada en emplearlo como recurso económico, por supuesto, de connotaciones pastorales (véase en qué se han convertido Las edades del hombre y el espectáculo lamentable de la mezquita de Córdoba). Me imagino a un japonés culto escuchando las milongas que desgranan los guías locales en el interior de la mezquita mayor de Córdoba y se me aflojan los esfínteres.


A lo mejor ha llegado el momento de modificar substancialmente la legislación general sobre Patrimonio teniendo en cuenta que, como potencia turística, nos estamos jugando demasiadas cosas. Me consta que en el sector turístico claman por un cambio radical de estrategia, al menos en lo que podría hacer el Estado. Pero supongo que nuestras autoridades tendrán claras las dificultades a disolver para poner en marcha iniciativas positivas y, a lo mejor, se asustan. ¿Para qué hacer una campaña publicitaria que enfatice la riqueza monumental de Castilla-León si las iglesias no se pueden visitar?
En todo caso, quienes tienen poder sobre estos asuntos deberían considerar que ese tipo de turismo deja mucho más dinero por persona que el de sol y playa y que quienes lo protagonizan no son, precisamente, borregos descerebrados que se mueven siguiendo las pautas de los "operadores turísticos". El otro día un amigo que comentaba que habían tenido que cerrar cierto museo toledano porque "los touroperadores lo habían sacado de sus circuitos"... Si los operadores turísticos abandonan un lugar es porque los visitante no lo demandan; y ello suele coincidir con planteamientos museísticos escasamente orientados hacia el público de nuestros días. En general, el turismo cultural no se mueve siguiendo los criterios que emplean quienes, al amparo del dinero público, organizan "excursiones culturales" con ancianos y los tratan como no merecen. Y lo hacen aprovechando la red de instalaciones de entidad irregular que, durante los últimos años, han proliferado por España al amparo de un supuesto "enriquecimiento" de la "infraestructura cultural" que se empleaba, sobre todo, para cobrar comisiones, justificar puestos de designación digital y para que los magnates de turno se presentaran ante los electores revestidos del muy noble ropaje de la protección a "la cultura y al arte". En esa red se integra un universo muy complejo de entidades que comprendería desde proyectos megalómanos como el de Santiago de Compostela hasta las modestas "aulas de cultura" que se han proliferado en mil lugares y donde suelen ofrecer al visitante vídeos no siempre de la calidad requerida por un espectador con criterio.
Pero esa estrategia y esas iniciativas no sirve para el fenómeno turístico al que me estoy refiriendo; sólo para esclavizar el voto de quienes tienen pocas posibilidades de maniobra y las valoran como actividades escolares: "Qué buenos son los padres escolapios; qué buenos son que nos llevan de excursión" (por supuesto, léase con música de los años cincuenta).
¿Hipertrofia turística? Deberán preocuparse en Venecia, en ciertos lugares de Roma, en el Louvre, en la Alhambra... En el resto, es decir, en casi todas partes, bienvenido sea el nuevo maná, aunque me temo que en España nos faltan "recursos estratégicos" —inteligencia y compañones— para ofrecer instalaciones realmente interesantes que aprovechen las posibilidades objetivas de un país con un patrimonio histórico sólo superado por Italia.

Se me acaban los adjetivos, pero me quedan las referencias cinematográficas

Estamos finalizando el verano y la situación política continúa en stand by. Las cosas han cambiado poco desde las primeras elecciones, allá por el mes de diciembre: torpe coito, que ha culminado en eter maloliente, aborto eólico, apestoso pedo luciferino, por ser más preciso. Y todos en sus trincheras, devorando metano
Los del PP, en la consciencia de que hagan lo que hagan, seguirán contando con el respaldo de un sector social prerracional e inquebrantable al desaliento, convenientemente alimentado por los medios de manipulación, que se juegan mucho en el empeño. Y si Cataluña se independiza, mejor que mejor: momio a divinis. Magnífica película para Robert Rossen (All the King's Men) o para Fracis Ford Coppola... a quien no cobran en los hoteles de La Vegas.
Los del PSOE, acojonados al contemplar en directo las consecuencias de una "historia" trufada de concesiones vergonzantes y empeñados en no desaparecer del escenario político, se miran en el espejo como si estuvieran ante el retrato de Dorian Gray; también ellos cuentan con la generosa colaboración de los medios para restañar heridas y aplicar el gotelé a las irregularidades... Con un poco de suerte, recuperan el espacio perdido y volveremos al bipartidismo, por supuesto, bajo la dirección del ínclito José Luis Garci: Episodios Nacionales.


Los de Ciudadanos, a su bola, a imponer "orden" (por supuesto, liberal) en la ensalada hispana, girando "levemente" a la derecha o suavemente hacia "la izquierda" —¡joder con las comillas!—. Están donde deben estar para mayor gloria de Lampedusa y de Visconti. Si el conde de Lonate Pozzolo levantara la cabeza, vendería su alma roja al diablo rosso por volver a rodar El Gatopardo, por supuesto, en versión hispana, que debería llamarse El Gallifante anaranjado... 
Los de Podemos, colocados en orden de milicia popular sobre su columna utópica, como el Simón de Buñuel, señalan con el dedo hacia donde no hay nada, que está en el punto geográfico opuesto a Orbajosa. Lo están haciendo magníficamente para ocupar el espacio de IU. ¡Enhorabuena, tíos!
Y por fin, los nacionalistas moderados y los radicales, en orgasmo permanente, materializado verbalmente por el señor Rufián: Cantando bajo la lluvia... ¡Lástima que la redacción del guión fuera tan peculiar!
Esperpento bananero.

jueves, 1 de septiembre de 2016

Medina Azahara, "Patrimonio Mundial"

Hace unos días, el diario publicaba una "noticia" sobre Medina Azhara, que da idea de cómo se sigue planteando en España la gestión cultural, según fórmulas de hace más de cien años... Al parecer, el futuro de los trabajos arqueológicos y de conservación de ese importante yacimiento depende de que sea designado "Patrimonio Mundial" por la Unesco en 2018.
Me pregunto cómo no se le ha pasado aún por la cabeza a ningún responsable político andaluz que emplear dinero en excavar, estudiar y consolidar los restos de un yacimiento tan relevante como la ciudad aúlica de Abderramñan III, es un inversión turística de rentabilidad segura.


Cuestión de creatividad.

E.J. Masicampo, profesor de psicología moral, ofreció a su hijo de dos años un curioso problema...



Me gustaría conocer la "opinión" de Sir Ken Robinson...