domingo, 22 de marzo de 2009

Fallas

Algunos hablan del "arte efímero" por excelencia... Forzando las claves morfológicas, son conjuntos escultóricos concebidos para cumplir un ciclo social muy limitado, que comprende la integración en un rito festivo complejo, dentro del cual deben ser exhibidas para solaz de la población y, por fin, quemadas para cerrar un ciclo y abrir otro, en las proximidades del equinoccio de marzo. La mayoría son de concepción mediocre, quintaesencia de una cultura popular, orientada hacia la parodia y la broma de dudoso gusto , con formas que basculan entre lo puramente naif y las estilizaciones manidad reiteradas hasta la saciedad, entre las que prevalece la obsesión por explotar los rasgos infantiles. Pero de vez en cuando aparecen obras que se acercan a la excepcionalidad, a lo sorprendente, lo que deberíamos calificar como "artístico" si no mediaran las servidumbres sociológicas que clasifican los objetos según parámetros "periféricos". Integran referencias metafóricas de cierta complejidad, son atractivas, ofrecen propuestas reflexivas de cierta complejidad, nos hacen preguntarnos sobre nuestra naturaleza y sobre el mundo que nos rodea...
Pero, obviamente, una falla no puede tener entidad "estética" relevante más que como "artesanía", sencillamente, porque es un falla y "todo el mundo sabe" que las fallas son "objetos artesanos"... Además, están concebidas para arder y en ello está implícita una cualidad contradictoria con la "naturaleza artística", tal y como hoy la concebimos, obsesionados con la perdurabilidad, incluso aunque ello suponga ultraje a sus propias naturalezas materiales...
Como diría Roy Batty, he visto disfrutar a la gente alrededor de las más meritorias con actitudes afines a las que podrían tener entre las obras de Rodin... Las diferencias: el tipo de personas, mucho menos atildadas por las calles valencianas... No, no me he vuelto loco por forzar una comparación tan irreverente; pero se me ha ocurrido la "relación" al imaginar lo difícil que es en la actualidad encontrar un escultor con tanto éxito social como los maestros falleros...
¿Y Ron Mueck?... ¡Qué tontería!

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