martes, 28 de diciembre de 2010

Άγια Σοφία. Ya podemos contemplarla sin andamios.



Titulo en griego por evitar los sesgos impuestos por las traducciones...
Los medios de comunicación informan de la finalización de los "últimos" trabajos de restauración de uno de los edificios más singulares del orbe: la gran basílica de Constantinopla. Buen momento para acercarse a Estambul sin la incomodidad de los andamios, que atormentaron a los madrugadores, a quienes no siempre ayudan los dioses...
Primero fue basílica cristiana (532-537) dedicada al "Logos", como segunda persona de la Trinidad; luego, desde 1453, mezquita; y desde 1935, por iniciativa de Mustafá Kamal Ataturk, museo. ¿Cómo debe mostrarse un museo tan peculiar? Los asesores de Ataturk, en su afán por acercarse a las fórmulas occidentales, optaron por una solución de compromiso que no fue ejemplarizante para otras situaciones afines, comparables y simétricas: recuperar el carácter de la iglesia inicial progresivamente, a velocidad desesperantemente lenta, sin renunciar a los 500 años que la contemplaron como mezquita. Para mantener el componente islámico, decidieron conservar los "horripilantes" medallones (en la fotografía del interior se puede ver el trasdós de uno de ellos), que otorgan carácter especial al espacio diseñado por Antemio de Tralles e Isidoro de Mileto. La última restauración ha seguido por el mismo camino.
Aunque según mis amigos católicos, en la época de Justiniano ya estaba sistematizado el dogma de la Santísima Trinidad en términos comparables a los de los actuales catecismos, lo cierto es que la dedicación del templo a la Santa Sabiduría, nos hace pensar en un trasfondo cultural profundamente vinculado con las raíces helenísticas. La dedicación nos remite a la cosmogonía platónica reformulada según los intereses de la nueva religión, en Demiurgo (Dios eterno creador), Logos (razón universal) y "Anima Mundi" (especie de principio vital que inunda todas las cosas). ¿Cómo refundir las tres "cualidades" (tres "personas") en un "único Dios verdadero"? Problema imposible para quienes carecemos de fe... pero fácil de comprender intuitivamente si nos remitimos a la iconografía tradicional: anciano, hombre joven o maduro y paloma.
El templo de Estambul nos ofrece el perfil de uno de los problemas más tratados por el hombre desde que tiene conciencia de sí mismo: la relación con la divinidad, sin aceptar pasivamente el absolutismo dogmático inducido por todas las formas religiosas.
Justiniano, que pretendía reconstruir el Imperio Romano, encargó a sus servidores un templo a la "Santa Sabiduría" que, a su vez, fuera expresión de los conocimientos acumulados durante los últimos mil años de cultura humana... Algo así como lo que se planteara Peter Shaffer en aquella película que dirigió Milos Forman (Amadeus)...  El resultado fue una basílica cuyas piedras y ladrillos son concreción material de los conocimientos de la Antigüedad; una especie de enciclopedia. arquitectónica, para cuya edificación fue necesario recurrir a los conocimientos en Física, Matemáticas, Técnica Constructiva, Ingeniería, Albañilería, Escultura, Musivaria, etc.
La edificación debió afrontar el dramatismo subyacente al "Anima Mundi", según Freud, caracterizado invariablemente por la oposición dialéctica entre Eros y Thanatos, en un periplo infernal. Por suerte o por desgracia, los sucesos históricos tienen la mala costumbre de imponerse a dioses y humanos y, por si ello fuera poco, el lugar elegido, por sus peculiaridades tectónicas, ofrecía cualidades especialmente delicadas. Y "Hagia Sophia" hubo de luchar contra terremotos, conflictos religiosos endógenos (conflicto iconoclasta y "Cisma de Oriente") y exógenos (enfrentamiento con los turcos). Todos ellos se tradujeron en daños de cuantía variable que afectaron a todos sus componentes: cayeron fragmentos de cúpulas; cristianos y musulmanes destruyeron, mutilaron o escondieron imágenes; los soldados saquearon el mobiliario...
Desde el año 537 hasta la intervención de Mimar Sinan (tercer cuarto del siglo XVI) la basílica padeció los males reflejados en las innumerables cicatrices actuales, pero consiguió mantenerse erguida para dar testimonio de que, a pesar de todo, la voluntad humana puede ser inquebrantable... Y para mayor abundamiento, su configuración, filtrada según los criterios de Sinan, arquitecto apenas conocido en Occidente, fue empleada como referencia para un tipo concreto de mezquita que aún se sigue construyendo.

¿Con qué criterios de restauración actuales se debería haber trabajado en la basílica bizantina? Supongo que a las personas de cultura occidental nos molestan "demasiado" los medallones turcos (que también han sido restaurados en esta campaña), pero lo cierto es que las intervenciones de Mimar Sinan y de sus seguidores fueron tan decisivas para su conservación que hubiera sido absurdo y, además, insultante, forzar la recuperación imposible del edificio "original", que sufrió las complejas vicisitudes de aquella zona durante más de mil años... Y debo reconocer que aunque a mí también me molestan los medallones, su conservación parece razonable, porque responde al título de la basílica, dedicada, gracias a la prepotencia de Justiniano, al Logos, a la "inteligencia humana"... a su propia inteligencia. Supongo que eso era lo que, en realidad, pretendía decir a sus súbditos quien se vanagloriaba de haber superado a Salomón. Todos sabemos cómo se comportan los hombres con poder cuando tratan con los dioses. Lo explicó muy bien Bob Reiner en Algunos hombres buenos (1992).

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