lunes, 21 de noviembre de 2011

MANIFIESTO ARTÍSTICO PARA LOS INDIGNADOS

Por Antonio Ruiz

Yo considero la pintura como un primer impulso hacia el razonamiento lógico. Me explico: imagino su nacimiento situado entre el lenguaje (aunque ignoro qué surgió antes) y el análisis racional de la realidad con fines prácticos, más o menos como una forma de reafirmar las representaciones mentales, que por inmateriales quizá carecían de la suficiente consistencia en la mente de los primeros homo sapiens. Veo a un troglodita pensando en el objeto o animal al que acaba de dar un nombre. Quiere entender como se comporta, como se mueve...pero solo tiene como guía una débil intuición. Y lo primero que se le ocurre para profundizar en la naturaleza de esos objetos del entorno con los que deberá interactuar es copiarlos, como una forma más ingenua de análisis que la de las representaciones verbales. Esto me lleva a pensar que una obra de arte siempre significará, necesariamente, mucho más para el que la realiza que para el mero espectador. Por eso, llegada la hora de que se requiriese del arte una utilidad, y siendo, en mi opinión, la más obvia, la movilización social que , eso sí, deriva de un efecto más complejo pero menos "peligroso" en la sugestión individual; para cumplir ese objetivo, digo, el artista debe explicitar un mensaje. No basta mostrar la realidad, hay que mostrar de forma especialmente sugestiva cómo interactuar con ella.
Discutiendo con mi hermano sobre cierta tribu urbana ligada a un género de música popular que él desprecia, tachó a sus miembros de "sentimentales". Yo le dije que "por supuesto. Es que si quieres movilizar a las masas apelando a la razón estás loco. Para eso hay que apelar a las emociones". Esto me recuerda a las palabras del músico (que no recuerdo y, maldito sea Google, no da lo que se espera de él cuando más lo necesitas) que dijo: "déjame componer la música del pueblo, y haré más que dictando sus leyes".
Y con tanto rodeo quiero llegar a esto: haciendo uso de mi imaginación y de la síntesis del popurrí de conocimientos que tenemos muchos belloartistas sobre los señores Freud y Jung, digamos que veo la cosa así: El subconsciente está constituido por símbolos que afloran a la consciencia mediante las asociaciones verbales. Para los de la facultad de psicología, que se que no estiman a don psicoanálisis, dejémoslo en que en el paleocortex probablemente se almacena la información que determina los instintos y que, siendo su efecto en nuestra conducta tan poco susceptible de un análisis reflexivo previo a su ejecución, difícilmente podríamos describir satisfactoriamente su contenido como una serie de proposiciones verbales a modo de "instrucciones"; ¿nos vale así?. Por esto, las imágenes provocan en nosotros un efecto menos definido, a veces incluso difícil de verbalizar, pero mucho más potente.
Y esa característica es justo la que nos interesa hoy en día, especialmente a los jóvenes, si queremos acabar de una vez con un sistema al que nuestros derechos le son indiferentes. Seamos realistas: las cosas importantes, las que desempeñan un papel determinante en nuestro destino, no se consiguen pidiéndolas por favor. Hace falta ser un poco más "persuasivo". Y me contengo porque no se hasta que punto es ilegal incitar a llevar a cabo la coordinación de la actividad mental con la actividad física. ¿Y cómo se puede incitar al pueblo a perder cualquier miedo a la hora de exigir lo que es suyo? pues despertando en ellos un impulso cuyo significado no se pueda concretar del todo. Porque en el momento en que algo es perfectamente definible, se puede analizar fácilmente, y ver los riesgos que implica. Eliminando en la medida de lo posible la tendencia a reflexionar sobre las consecuencias del acto se elimina en gran parte la aparición del miedo a las represalias.
Y admitámoslo, jóvenes, gente del 15-M, indignados: tenemos miedo, mucho miedo. Ese miedo nos hace creer que sentándonos en la puerta del sol y levantando las manitas en el aire vamos a conseguir algo.
No voy a ser más claro, porque se que nos vigilan, XD. Pero sacad vuestras propias conclusiones.
A. L’e Viril

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