jueves, 3 de noviembre de 2011

Museo Universidad de Navarra: la Obra es mucha obra


Por Martín Peño.

El veinte de octubre, Rafael Moneo hizo la presentación en el Isem (Fashion Business School) de su proyecto para el Museo Universidad de Navarra. Para quien no conozca, la Universidad de Navarra es la universidad perteneciente al Opus Dei, y el Isem uno de los centros superiores que la universidad tiene en Madrid.  Una infraestructura (el museo) en la que está presupuestada una cantidad de 25 millones de €uros, de los cuales el 60% provendrá de capital privado y el 40% restante de capital público y fondos propios según informó su rector Jaime García del Barrio (diariodenavarra.es, 20/10/2011), esto sin especificar. El comienzo será dentro de las dos primeras semanas de noviembre del presente año, cuando se determine qué empresa se encargará de llevarla a cabo, elegida de entre un grupo de nueve, “la mayoría navarras y algunas ya han trabajado con la universidad” (noticiasdenavarra.com, 1/11/ 2011) para inaugurarse en otoño de 2013.
María José Huarte Beamont (de la familia Huarte, empresarios florecientes en la época de posguerra) donó su colección en 2008, dando así pie a este proyecto que se completará con otro legado, de carácter fotográfico ya existente desde 1991 en la universidad, realizada por la familia Ortiz Echagüe.
Precisamente por ser la Obra una entidad “privadísima”, al aportar capital y correr de su interés la  creación de este centro, es de suponer que esto no vaya a tener un uso de carácter general. De hecho “tenemos previsto funcionar sin ayuda pública, aunque, lógicamente, con ella haríamos más actividades” (diariodenavarra.com, 1/11/2011), algo que contrasta, cuando los portavoces del evento nos hablan  del aporte del dinero público. Algo que no han especificado, al igual que la cantidad que la institución piensa desembolsar.
El trato entre la entidad religiosa y sus futuros socios privados,  pondrán, si es que ya no están en marcha, modelos de gestión y explotación anglosajones, y contando desde el principio, con la administración pública en el apartado de gastos, pero sin aclararnos de lo que revertirá sobre el común. Eso sí, todo maquillado en un discurso difuso y de buenas intenciones, donde estas son de esperar y nada novedosas.
Detrás de la imagen humanista y universal que se muestra, quien sepa mínimamente como se desarrolla el programa formativo de aquellos que cursan sus estudios en los centros de esta institución, sabrá que hay ciertos aspectos que distan mucho del interés popular y general, esto quiere decir que las programaciones, cursos, exposiciones, conferencias, visitas, actividades, etc, a no ser que se ajusten a las pautas del guión, por propia temática y contenido, previa elección y criba, tendrán un carácter ideológico dirigido que irremediablemente afectará al sentido y finalidad de lo que vaya a suceder ahí dentro. Esto, si es que esperamos que funcione como un centro de arte con características divulgativas y de interés público, recordando las declaraciones de la donante. Pero es que no sabemos de forma manifiesta y concreta, el interés e intenciones que tenía en donar la señora Huarte su legado a estas manos, en lugar de los fondos públicos, algo que no se acaba de entender si es que tanto le interesaba el prójimo. Jaime García del Barrio señaló que, en efecto, han mantenido conversaciones con el Gobierno de Navarra, que "ha mostrado muchísimo interés por el proyecto, porque, a fin de cuentas, entre todos hemos conseguido que la colección de Mª Josefa Huarte se quede aquí" (diariodenavarra,com, 1/11/2011). Eso sí, de momento no han llegado a ningún acuerdo concreto.


Según su director, Miguel López-Remiro, en Noticias Universidad de Navarra (19 de octubre) “todo arte tiene una finalidad pública y la misión del museo se centra en presentar, analizar y difundir el arte”. Ya...qué bien queda. Pero es que las   intenciones no concuerdan con lo que parece que va a ocurrir: “oportunidad para situar a las artes contemporáneas en el centro de la vida de los universitarios”, es decir, sus universitarios. Los que probablemente sí estén en concordancia con los contenidos y finalidad del centro y del ente. Porque hay que recordar que Pamplona posee una universidad pública a la que se le ha metido la tijera por valor de cuatro millones de €uros. Parece ser que importa más el apoyo a esta institución de intereses particularísimos, que fomentar la cultura general y enriquecer el patrimonio. Que por cierto, estaría bien saber si la donación es un regalo, pasando a ser propiedad de la entidad; si forma parte de algún acuerdo con la familia; si pertenece a alguna variante de explotación, o rentabilidad basada en la especulación del mercado del arte...cuantas cosas oye.
Y ahí está Moneo, un tudelano. Super arquitecto para completar la foto, para que todo esto siga siendo una balsa de aceite y quede bien bonito. Quizás, ese empeño según Moneo en señalar el museo como un puente entre la universidad y la ciudad, evidencie la distancia y diferencia real y no sólo como una cuestión física: “vimos que era la ocasión de establecer un puente con la ciudad de Pamplona porque el museo aspira a ser una pieza que contribuya a establecer esta proximidad con la ciudad. De ahí que se haya colocado del perímetro que separa el campus de la ciudad".(en diariodenavarra.es, 20/10/2011).
La verdad que analizando el contexto in general, donde se va a crear el centro, el destino y uso que va a tener,  deja  poco lugar a la duda: en la ciudad ya se construyó el Baluarte, un lugar infra utilizado para sus características, con pretensiones de colocar a esta capital de provincia a la zaga de San Sebastián y Bilbao; a cuatro kilómetros se encuentra el Museo Fundación Oteiza, habitualmente poco frecuentado; la Fundación Huarte Buldain, el Centro Huarte de arte contemporáneo tres cuartos de lo mismo; la mayoría de galerías de cierta entidad han cerrado; el panorama cultural e interés en la calle es aterrador...
Con todo, si echamos cuentas el proyecto es redondo: unos fondos permanentes para el museo caídos del cielo, un aporte de dinero que llega de unos socios externos, el fondo público inyectando a favor de la causa, inversión propia mínima (ese 40% procedente de las instituciones públicas y de fondos propios, en distinta proporción dependiendo de la coyuntura económica), unos terrrenos en propiedad, el circo político formando parte de intereses religiosos, constructoras ya relacionadas al aparato político-religioso, un arquitecto famoso y nativo del terruño... todo se queda en casa.

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