martes, 22 de enero de 2013

“El Arte de Cartier” De las Artes Decorativas a las Bellas Artes.


Por Drusila

La exposición “El Arte de Cartier” se inauguró en el Museo Thyssen-Bornemisza el pasado 24 de octubre y se podrá visitar hasta el 17 de febrero de 2013.
Esta exposición recoge las obras de orfebrería desde los primeros talleres de Cartier hasta los últimos diseños. El recorrido está organizado en una secuencia de salas oscuras donde las joyas están distribuidas en pasillos y en módulos centrales. En las paredes de algunas salas se pueden ver proyecciones de vídeos en función de la temática. En cada sala se observan algunos temas como coronas, las joyas que han llevado algunas de las mujeres de alto prestigio como la princesa de Mónaco o Elisabeth Taylor, relojes o naturaleza. La exposición muestra la laboriosa creación de estas joyas dándoles una marca personal de Cartier, muchas de las piezas están elaboradas con materiales preciosos dándoles a todas un valor material elevado.

Una de las primeras reflexiones que parten de esta exposición y creo conveniente hablar es sobre las temáticas que algunos museos eligen para organizar exposiciones temporales, con la intención de atraer al mayor público posible y poder así mantener su situación económica estable. Parece que últimamente los museos se encierran en el paradigma del Arte como belleza donde no se exponen obras que deriven en un debate sobre el Arte en sí mismo, ni obras de carácter social o conceptual abstracto, así como no ofrecen obras de artistas desconocidos. Aunque quizás sencillamente se deba a la situación económica que atraviesa el país.


En concreto en esta exposición veo propio reflexionar sobre la frase propuesta por Diederik Veerman en el II Congreso de educación en museos organizado por EducaThyssen en Madrid “Los museos se han convertido en escaparate de compras”. ¿Es esto cierto, podemos hablar de que los museos hoy en día buscan atrapar al público que ve el arte como belleza y representación fidedigna de la realidad? ¿Un público que quizás pretenda encontrar en un cuadro objetos y personajes que puedan identificar con la realidad?, ¿con un público que entiende una obra de arte como un cuadro bien hecho? Quizás sea así la pretensión de la exposición de Cartier, donde efectivamente el público que pague la entrada va a encontrar objetos bonitos, brillantes fieles a la representación realista y que mujeres famosas adquieren para lucir en galas y eventos de gran interés para una determinada prensa que consume el gran público.
En cuanto a la reflexión de la conversión de las salas de exposiciones en escaparates, este ejemplo es claro en cuanto a que estas vitrinas podrían estar perfectamente en cualquier calle de un barrio de alto nivel adquisitivo, en Madrid, Londres o París. Esto me lleva a pensar en la actitud de un público que, en características generales, acostumbra a pasear delante de las obras sin fijarse más que en el gusto que la obra causa en sí mismo, o que quizás repare en la cartela o quizás lleve un audioguía, pero que la gran parte del público aprovecha su salida al museo para estar a cubierto y poder hablar de lo bonito o feo que era tal cuadro. Considero que hace falta un cambio en esta sociedad mediatizada que habla, piensa y observa desde la prisa, para poder transformar los museos en espacios donde el tiempo y la contemplación de una experiencia estética predomine y donde no encuentres en la última sala una tienda donde precisamente la actitud del público sea la misma que en el resto de la exposición. Quizás sea cuestión de la organización de las salas o de las propuestas de las exposiciones temporales, o quizás de la labor educativa de la educación artística que se lleva en la escuela, o todo esto sea fruto de la sociedad en la que vivimos y donde todo interacciona al mismo tiempo.


Otro de los puntos a debatir sobre esta exposición es el cambio de roles que se plantea al elevar a lo que consideramos Bellas Artes, una exposición de Artes Decorativas, en este caso de orfebrería. Tanto esta exposición como la reciente en la Fundación Mapfre sobre Jean Paul Gaultier podríamos decir que incorporan a los diseñadores como artistas del siglo XX, y quizás si revisamos en qué consiste ser artista contemporáneo lo podamos entender con facilidad.
La figura del artista como creador de su obra con sus propias manos ha desaparecido en el siglo XXI, ahora hemos vuelto al concepto del artista como diseñador, como líder de los gremios renacentistas que en su tiempo tanto se quisieron romper.
Los artistas contemporáneos como Hirst o Kapoor no se implican directamente en el proceso creativo de elaboración de sus obras, ellos son los que encargan sus proyectos a su equipo de trabajo y donde éste seguirá los patrones marcados para la creación de la obra. Por lo tanto, el artista pondrá su firma y su diseño. Por esto, los joyeros como Cartier, diseñadores como Gautier y cocineros como Ferrán Adriá podrían ser tratados como artistas contemporáneos. Pero, ¿esta concepción conlleva un buen cambio en lo que entendemos como  Arte?


Para finalizar me gustaría plantear a qué tipo de público van dirigidas exposiciones como “El Arte de Cartier” “El Joven Van Dyck” o “El legado de la Casa de Alba” y qué a público quieren atraer algunas exposiciones como “Espectros de Artaud o “Louise Bougeoise: HONNI soit QUI mal y pense”. Desde luego no parecen buscar el mismo espectador.

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