miércoles, 30 de enero de 2013

Externalización


Coincidiendo con las pruebas de resistencia pasiva, la bóveda que debería transformar la plaza de las Ventas en un centro de espectáculos polivalente, ha colapsado. Casi de inmediato,  el presidente de la Comunidad de Madrid, ese mago de los ahorros que recuerda al inspector Clouseau,se presentó ante los medios para comunicar su decisión paralizar la iniciativa que, meses antes, se había presentado como paradigma de “externalización”...
Según recogen los medios, las autoridades democráticamente elegidas, tenían la pretensión de dar réplica  al proyecto de Rogers para la antigua plaza de toros de las Arenas, mediante una idea revolucionaria y, por supuesto, mucho más barata. “Si ellos tienen uno, nosotros tenemos dos” ―que se hubiera dicho en tiempos pretéritos―. En Madrid conseguiríamos lo que ni el ilustre santón de la high-tech había logrado en Barcelona: conservar la función original de la plaza de toros ―sacro santo lugar de la quintaesencia taurina― y combinarla con las exigencias de estos tiempos de frenesí liberal. Rogers sólo “había sido capaz” de conservar la fachada; en Madrid permanecería el coso... Maravillosa fusión retórica (posmodeerna) entre los principios de la tradición y la libertad de los mercados.

EFE
Deduzco que los magnates del PP estarían refocilándose en su propio ingenio con el cuento de la lechera: … “y con lo que consigamos de la explotación del recinto, una vez amortizada la cubierta, podremos hacer frente a la subvención de las escuelas de tauromaquia, a los festejos taurinos y las manifestaciones estéticas correspondientes. Todo el mundo conoce la estrecha relación entre la "fiesta nacional" y "las artes"…”
Por desgracia (para todos) se han dado de bruces con la puñetera realidad: un modelo de gobierno que, en ambiente liberal, antepone la voluntad de ofrecer “buenos negocios” a cualquier otra consideración es víctima de los demonios que engendra y tiene menos futuro que una cría de ratón en asamblea gatuna. Por desgracia también, el precio lo aportaremos como simiente del Buscón, a escote.
De momento, tenemos a la vista la corrupción, chapapote nefasto; pero en el horizonte comienzan a despuntar fenómenos relativamente nuevos, igual de costosos y aciagos, inducidos por la ya efectiva (¿irreversible?) destrucción de los tejidos de control social: ahí están casos chuscos como los de las esculturas autónomas de Ripollés o dramáticos como el del Madrid Arena o el de la Ciudad de las Artes y las Letras, cuyo mantenimiento puede desquiciar las arcas ya muy mermadas de la Generalitat Valenciana. ¿Quién hubiera imaginado que los edificios de Calatrava sólo eran arquitectura efímera? ¿Sólo? Para solaz del historiador, las  piedras hablan y se transforman en portavoces elocuentes del ambiente generador.En atmósfera turbia y nebulosa, el gran falo de la plaza de Castilla, ese chisme que no se pudo poner en funcionamiento, nos ilumina y deviene símbolo de la impotencia ultraliberal: mucho aparato y poca hostia, que diría el castizo.

Son los tributos de una época matizada por la wertiana espuma del caldo conseguido cocinando en agua de avaricia un óseo principio de legalidad (bananero) y, por supuesto, el prístino verdor de la presunción de inocencia establecida por un marco jurídico más atento a los privilegios particulares que al interés general… Y en el fondo del puchero, por debajo de la espuma, la dramática realidad de 5.999.999 personas.

¿Externalización...? ¿Rezagos franquistas, pervivencias feudales o simple estupidez?

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