jueves, 27 de junio de 2013

El Museo Rodin en obras

Lo visitamos el día 9 de junio, con el recuerdo fresco de Camille Claudel y la añoranza de cuando me parecía una de las grandes figuras del arte de transición entre las corrientes tradicionales y las "modernas".  Qué tiempos aquellos, tan empalagosos como ingenuos.
El hôtel Biron estaba en pleno proceso de remodelación y en consecuencia, no ofrecía la mejor imagen para un recorrido gratificante: algunas salas estabam cerradas; otras, en situación precaria. Para mayor frustración, el día era lluvioso y el jardín no lucía como en los momentos más gloriosos de la claridad parisina.


Me sorprendió el aspecto general de "estar en obras", la existencia de excesivo polvo en el suelo de las salas y que algunas ventanas permanecieran abiertas. Me cuesta recordar un museo en situación comparable, incluso entre lo que han sufrido remodelaciones. Hace muchos años vi algo parecido en el Ribat de Monastir: algunas salas ofrecían un aspecto lamentable, con abundantes restos de arena y de cemento. Supongo que la abundancia de polvo no ha de ser lesiva para la conservación de las obras, pero en todo caso ofrece una imagen de desidia anómala con el tradicional buen hacer de las instituciones culturales francesas. Los efectos de la crisis son implacables para todos.


En la antigua capilla han organizado una exposición "independiente", dedicada a las obras de mármol: "Rodin. La chair, le marbre", donde no consienten hacer fotografías. Y los vigilantes no tienen la actitud condescendiente del Musée d'Orsay; parecen haber sido aleccionados con el mismo celo que los muy agresivos del Museo de la Academia de Florencia. Había dos personas colocadas estratégicamente para evitar los ángulos ciegos, que se movilizaban ante los movimientos "sospechosos" de cualquiera. Supongo que el objetivo es vender catálogos al módico precio de 35 €... Una pena, porque llegué con la intención de conseguir imágenes personalizadas de los mármoles y hasta los ojos de Atenea se nublaron de coraje y pena.


Sus gestores se han cargado el hermoso recuerdo que tenía de este museo, que seguramente recuperará su esplendor cuando acaben las obras, vendan todos los catálogos y sus gestores olviden estrategias peseteras. Espero que, por el camino, mejoren la iluminación y eviten los reflejos de las urnas.

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