lunes, 23 de febrero de 2015

3+2, 4+1 o 5 +...

No, no es una cuestión e aritmética, aunque lo parezca. Coincidiendo con la concesión de la la medalla de oro al mérito en las Bellas Artes a El Cordobés y a Alaska, el señor Wert nos hizo otra pedorreta floreada: recuperar la idea del 3 + 2, propia de la universidad española hasta la arribada del buque fantasma que transportaba el espíritu bolonio, pero cambiando los nombres de las cosas. Antes se hablaba de "primer ciclo" y de "licenciatura"... Tanto follón para justificar un cambio de nombres: ahora hablaremos de "grado" y "máster", como si con ello cambiara substancialmente la sabiduría impartida o asimilada. No hay más que ver lo sonoro del término "máster", de connotaciones sajonas, infinitamente más rimbombante que "licenciado", de connotaciones aztecas, si se me permite la broma de tono Melinche.
Así, pues, pasaremos de un proceso de formación de cinco años a otro de tres, para… ¿facilitar a los jóvenes al acceso al mercado de trabajo? Con un 50 % de paro "juvenil", ¿qué prisa hay por sacar a la calle "nuevos profesionales"?; ¿para alimentar la voracidad de las listas de paro o para asegurar a perpetuidad el desequilibrio entre oferta y demanda del mercado laboral? ¿Acaso la propuesta tiene por objeto atajar los cada vez más apremiantes problemas universitarios?
¿Qué pretende realmente el señor Wert? Según los medios, ayer mismo, la secretaria de Estado de Educación, FP y Universidades, Montserrat Gomendio, "calificó de "ecuación imposible" el hecho de que en España se tenga una de las mayores tasas de acceso a la universidad de toda la Unión Europea, una de las tasas más bajas de matrícula, impuestos bajos y prácticamente ninguna selección de entrada a las facultades. (...) Respecto al sistema universitario español ha comentado que "no es sostenible" y que habrá que iniciar en algún momento el debate sobre el tipo de sistema. "El problema es que la educación no es gratuita" y la pregunta es "quién lo paga, cuándo y cómo", ha afirmado."
Estoy de acuerdo con la señora Gomendio, pero no sé si ambos tenemos la misma idea de para qué sirve o "debe servir" la universidad. Teniendo en cuanta la actual obsesión presupuestaria, sólo hay una cosa clara: tanto desde el punto de vista de los docentes como de los discentes, los problemas de la universidad española no se van a resolver haciendo pruebas exigentes para entrar, incrementando el precio de la matrícula o cambiando los nombres de las cosas, para que los espíritus malignos se desconcierten; es más, seguramente se van a extender hasta amenazar gangrena. Y como ya estamos escaldados, creo que somos legión quienes pensamos (sabemos) que subir el precio de las titulaciones sólo tiene sentido si convertimos las universidades en "fábricas" de "alaskas", "cordobeses" y mercenarios de la tecla y el adoctrinamiento.
Si nos interesa destruir las ecuaciones "español = torero o camarero" y "España = país deprimido", deberíamos enfatizar el desarrollo de los fundamentos del pensamiento creativo: el desarrollo de los conocimientos y la activación de la  inteligencia para resolver satisfactoriamente los problemas que se vayan planteando con el desarrollo de los acontecimientos. Y precisamente, ese es el papel que ahora mismo están jugando las universidades en los países más desarrollados de nuestro entorno, aquellos que, frente a los usos del "liberalismo de casino", tienen claro que lo específico de la universidad (conocimiento e investigación) es un factor esencial en el desarrollo económico y social… Para nuestra desgracia, el conocimiento y la investigación son poso útiles para practicar estrategias goebbelianas y para generar pelotazos; para ellas son más adecuadas otras virtudes, aquellas que adornan la testuz de buscones y lazarillos doctorados en gramática parda y sacralizan nuestros magnates todos los días en sus declaraciones públicas. 
A mi juicio, en el fondo del problema universitario late la misma actitud que ante el "problema yihadista". Al señor Wert y a sus correligionarios les importa un carajo que la universidad española tenga problemas graves o, cuando menos, eso parece; lo único que parece preocuparles es conectar con "su electorado". Y, desde los últimos acontecimientos, no me extrañaría que el líder del PSOE se apuntara rápidamente a sedimentar otro "pacto de estado", que convierta nuestras universidades en instituciones con marchamo de "excelencia". Puede que ese sea el objetivo "real" de Montserrat Gomendio, al decir que es necesario "abrir un debate"... ¿Abrir un debate... con quién? ¿Con los representantes "legales" de los españoles? Recuerdo que algo parecido se dijo cuando, hace ya muchos años, la universidad española se agitó ante la imposición del modelo Bolonia.
Podría ser que a los iluminados de los actuales partidos mayoritarios se les haya ocurrido aplicar "soluciones" como las que están empleando para detener su propio declive... Me temo que los problemas universitarios no se resuelven con tinta de calamar ni con estrategias goebbelianas; pero reconozco que ambas fórmulas son útiles para  justificar los objetivos de "excelencia" mencionados en los libelos de autobombo necio. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada