domingo, 1 de febrero de 2015

Guerrilla Girls en Matadero Madrid

Por Bojap

El pasado viernes 30 de enero se inauguró en Matadero Madrid la exposición de Guerrilla Girls, con motivo de la conmemoración de los 30 años de la fundación del colectivo. Dicha exhibición forma parte de un proyecto que comenzó con la retrospectiva que se hizo en Alhóndiga Bilbao en 2013 y que ha llegado a Madrid de la mano de Matadero y del comisario/performance Xavier Arakistain.
El recorrido comienza con un video de la entrevista que el propio Arakistain realizó a las Guerrilla Girls en Alhóndiga Bilbao. Entre sus declaraciones aportan reflexiones sobre el “mercadeo” del arte, al que consideran como el cuarto mercado negro del mundo, sólo por detrás de las drogas, el blanqueo de dinero y las armas. “En Estados Unidos, por ejemplo, muchos museos son supervisados por un comité asesor formado por empresarios adinerados que donan dinero y obras de arte a cambio de deducciones fiscales enormes. No hay que ser un genio para darse cuenta de que el sistema del arte es maloliente para la corrupción desde que los coleccionistas pueden promover adquisiciones de obras de artistas que poseen y hacer así sus colecciones más valiosas. El mercado del arte es el patio de recreo de un 1%.” Dicen. Respecto al hecho de criticar el mundo del arte pero formar parte de él comentan “Nos encanta el arte y los artistas, aunque muchas debamos sobrevivir en un sistema que es pésimo. También nos interesan los museos como lugares donde se relata una historia rica del pasado y del presente. Aunque lancemos una crítica hacia ellos no quita que nos guste mejorar. ¿Quién no quiere un mundo mejor? […] En un primero momento, el museo nos ignoró, aunque siempre ha habido conservadores dentro de los museos que han querido cambiar el curso de esas instituciones. Con el tiempo, esas mismas personas nos han invitado a dar charlas, a participar de exposiciones y a trabajar en proyectos específicos para sus colecciones. Recientemente nos han pedido hacer proyectos para museos, como el Istambul Modern, para examinar la situación de las mujeres artistas. Y hemos hecho proyectos similares en Irlanda, Polonia, Chicago y Boston.”


El resto del recorrido se realiza en una única y amplia sala rectangular, donde se exhibe el documental Guerrillas in Our Midst realizado por Amy Harrison en 1992, en el que se muestra el camino y auge de las activistas. Para continuar, en las paredes del espacio están situados los posters creados desde que el grupo se fundara en el año 1985, en los que denuncian por medio de estadísticas las ínfimas tasas de participación de mujeres artistas o de color en los museos. Entre estos posters, y ocupando una pared entera, el más famoso del grupo dedicado al Metropolitan de Nueva York “¿Tienen las mujeres que estar desnudas para entrar en el MET? Menos del 5% de los artistas en las secciones de arte moderno son mujeres, pero un 85% de los desnudos son femeninos.” 
 El recorrido se hace cómodo y el espacio entre los posters es adecuado para que un buen grupo de personas puedan leerlo a la vez sin problemas (La sala estaba llena). La organización de los carteles va en sentido cronológico, siguiendo el recorrido de las activistas durante estos últimos 30 años.
En la parte central de la sala están  dispuestas ocho mesas con recortes de periódicos, entrevistas, fotografías e iconografía del grupo. Las mesas son muy amplias y todo lo que había situado sobre ellas se encontraba colocado en una única dirección, por lo que resultaba ciertamente incómodo poder ver lo que había en el extremo opuesto de la mesa.
Una de las cosas buenas que tiene acudir a inauguraciones en espacios más “pequeños” es que puedes cruzarte con el artista o con el comisario…y mejor aún, robarles un poco de su tiempo para hacerles alguna pregunta. Efectivamente las componentes más veteranas del grupo Guerrilla Girls se encontraban por la sala. Iban ataviadas con sus máscaras de gorila ante la curiosa y entregada mirada de los visitantes, muchos de los cuales se hacían fotos con ellas como si de estrellas del rock se trataran. Aquello dio un giro hacia la banalidad, donde el hecho crítico de la exposición pasó a un segundo plano a manos del fenómeno mediático. Fue entonces cuando me pregunté si la labor no se ha visto “pervertida” y sepultada con los años por el poder de la efigie antropoide, convertidas en unas rock star dentro del juego de los museos,  que exponen sus obras mientras nada parece haber cambiado dentro de ellos.
Ellas se han convertido en un fenómeno para los medios de comunicación y sus posters han estado en algunos de los mejores museos de arte contemporáneo del mundo como en la Tate Modern, el centro Pompidou entre muchos otros, pero ¿Cuál era el objetivo de las Guerrilla Girls?
El hecho de que haya más cuadros de mujeres desnudas no resulta un hecho especialmente relevante ¿habrán necesariamente más desnudos masculinos…o menos femeninos si se iguala el número de artistas de ambos géneros exponiendo en los museos? Habría que verlo. El problema real es la falta de obras realizadas por mujeres y el descrédito que han tenido a lo largo de la historia del arte. En un entramado cultural que pretende ser progresista pero que resulta más conservador en relación a otros ámbitos de la vida social y política.


Como decía anteriormente tuve la oportunidad de conversar con el comisario Xabier Arakistain y con una de las Guerrilla Girls, dado que estaban bastante solicitados  solo pude hablar brevemente con ellos. Les pregunté que si habían hecho un estudio estadístico de la situación de la mujer artista en España, a lo que me contestaron que sí; curiosamente habían descubierto que en el Museo Nacional del Prado había tan solo obras de cuatro mujeres. Yo respondí que se decía que dos de ellas eran mujeres de compañía del rey y la Guerrilla Girl respondió tajantemente que no. No sé si le ofendió mi respuesta. Ella siguió su camino cámara en mano, haciendo fotos de la congregación allí presente.
Mientras hablaba con la mujer tras la máscara pensaba en  cómo se autodenominaban como "enmascaradas y vengadoras", al estilo de Robin Hood, Batman o la Mujer Maravilla. Y no podía evitar la comparación con la fotógrafa Colita, y en una entrevista que hace poco escuché en la radio. Decía de manera muy visceral “España no ama la cultura,  pasa de ella. España se quedó en el siglo de oro y Picasso y ya está”.  Ella me resulta un ejemplo más concreto y visible de crítica hacia la cultura (Renunció al dinero del Premio Nacional de Fotografía).

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