miércoles, 8 de abril de 2015

De Barcelona a Madrid: comparaciones odiosas

Pasear por Barcelona me produce sentimientos divergente que, con el paso de los años acentúan el encontronazo con mis referencias próximas. Las expectativas de un mesetario que no es seguidor de equipos de fútbol están demasiado condicionadas por procesos evolutivos de naturaleza muy diferente, en mi caso, paradójicos, que no explicaré por no ceder ante a la necesidad de expresarme; de momento, prefiero circunscribirme a la voluntad de comunicar.
Madrid lleva demasiados años entre las añoranzas de jugar a la lotería con mala fortuna y las exigencias de una sociedad extremadamente conservadora según los patrones sociológicos dominantes; y eso se paga con dolor, con demasiado dolor. Comparar el espectáculo casposo de la Puerta del Sol, donde apenas es posible tomar asiento incómodo en los pretiles de las fuentes con el de la plaza de Cataluña, produce desazón incluso entre quienes defendemos que cada ciudad tiene “sus cosas” interesantes... incluso Ciudad Real. Pero no es menos cierto que hay ciudades donde sus gestores “se preocupan” por hacerlas crecer en tono de conveniencia social mayoritaria y otras que acreditan prácticas administrativas y políticas derivadas de la esperanza en la voluntad divina: los pijos del monopoly siempre esperan ver caer del cielo el "merecido" maná...
Me ha hecho gracia (en sentido amplio) ver cómo han "resuelto" el espacio antes dedicado al mercado del Born. Perdida la finalidad generada durante la segunda mitad del siglo XIX, lo han convertirlo en un lugar de gran proyección en múltiples aspectos de la vida social (yacimiento arqueológico abierto, tiendas, salas de exposiciones, etc.), incluida, por supuesto, la vertiente política. Fue inaugurado en septiembre de 2013 y, según parece, ha registrado un importante éxito de público, según las cifras de visitantes ofrecidas en uno de los paneles. Cerca de 3 millones de personas han contemplado cómo el antiguo mercado del Born se ha convertido en un espacio polivalente que incluye un "mecanismo retórico" puesto al servicio de los activadores emotivos vinculados con la idea de "la nación catalana", tal y como ésta se entiende en los sectores especialmente sensibles ante estos asuntos.

"Tras una década de guerra y un terrible sitio de más de un año, el pueblo de Barcelona y las instituciones catalanas seguían sin rendirse. El apoyo que llegaba por vía marítima desde los territorios del Imperio era ya muy limitado. Poco más de cinco mil defensores, entre tropas, voluntarios y la milicia gremial de la Coronela, defendían la ciudad frente a cuarenta mil soldados borbónicos" (...)



Así comienza el panel titulado "El ataque del 11 de septiembre de 1714". En el juego de retórica populista no falta ni un pequeño sector dedicado a enaltecer los "Valores a través del fútbol"...
Supongo que los ultracencristas, acostumbrados a los juegos goebelianos de todos los días, se rasgarán las vestiduras ante los textos del Born, pero acaso debieran tomar nota, porque con independencia del juicio que nos merezcan, la empresa ha supuesto afrontar una importante aventura de reajuste urbanístico, seguramente elogiada por la inmensa mayoría de los vecinos, junto con otra de recuperación histórico-arqueológica indudablemente ventajosa desde el punto de vista turístico y, por supuesto, para cualquier persona con curiosidad histórica, incluso, aunque sus ideas sean ajenas al sentimiento nacionalista catalán.
Las comparaciones son odiosas... ¡Claro que sí! En Madrid, hipotecados por las iniciativas megalómanas de Albertosis I, el Grande, señor de las deudas asumibles, no hay dinero ni para mantener limpia la ciudad y a sus actuales gestores sólo se les ocurre sacar dinero privatizando, externalizando, vendiendo... incluso las viviendas sociales, al precio que sea. Ahí está la Puerta del Sol, que ha perdido su nombre en la estación del metropolitano en beneficio de una compañía de telecomunicaciones, y también el Café de la Montaña, lugar de tertulia de Ramón del Valle-Inclán, cuyo edificio se ha transformado en la sede principal de la firma de la manzana. La defensa del patrimonio histórico apenas se ha manifestado en conservar un anuncio de bebidas alcohólicas, que acaso se quiera convertir en emblema de "lo español", equiparable al toro de Osborne. Y luego hay quien se extraña de que algunos consideren a España el último paraíso de Baco...
Igual de penosa es la “renovación” del conjunto Canalejas ofrecida a la opinión pública con argumentos sandios:

“Centro Canalejas Madrid. Respetando el pasado construimos un futuro mejor. Un espacio singular y único que contará con un hotel de una de las cadenas más prestigiosas a nivel internacional, una galería comercial y un aparcamiento”.

Al parecer, respetar el patrimonio arquitectónico pasa por conservar únicamente las fachadas como si ellas fueran la substancia esencial de la concepción arquitectónica del edificio. Curiosa manera de respetar el pasado… aunque en este caso, puede que la decisión no sea tan descabellada como en otras propuestas, dado el carácter de las fachadas “respetadas”. De todas formas no se necesita demasiada sabiduría para comprender que conservar los edificios que otorgan carácter a Madrid no es cuestión prioritaria. Se va ha hacer algo parecido con el “Edificio España”; por no hablar de otras "intervenciones" igual de discutibles. Mientras tanto, se conservan en su mayestático esplendor anomalías como la de la plaza de la Cebada, por citar sólo uno de los casos más significativos de la actual desidia en asuntos de reajuste urbanísitico producido por una situación parecida a la del mercado del Born.

Plano y contraplano

Luis Salvador Carmona, Santa María Magdalena, Iglesia de Santa Maria Magdalena, Torrelaguna
En otro orden de cosas... o quizás en el mismo orden de cosas, por lo visto, los gestores políticos madrileños especialmente interesados en el asunto cultural —las de la Comunidad Autonómica— apenas son sensibles a la conservación de los bienes de titularidad eclesiástica, tal y como acredita la sorprendente exposición que durante estos días es posible ver en la Real Academia de San Fernando: en ella se nos ofrecen varias obras de calidad "menor" que, finalizado el evento, regresarán a cumplir su funciones rituales... Así se explica en un panel:

"Desde hace más de veinticinco años la Comunidad de Madrid ha puesto especia empeño en proteger, conservar y difundir nuestro valioso patrimonio histórico. Con esta idea, surge la exposición El triunfo de la imagen. Tesoros del arte sacro restaurados por la Comunidad de Madrid. Su objetivo es dar a conocer y acercar a los ciudadanos una parte del patrimonio de nuestra región, en este caso el que pertenece a la Iglesia Católica, que ha sido restaurado gracias a la colaboración entre la Comunidad de Madrid y la Provincia Eclesiástica de Madrid. (...) (sic)"

¿Colaboración? ¿Defensa del patrimonio histórico o del patrimonio religioso? Es difícil pasar por alto el evento tiene lugar en uno de los lugares donde es más clamoroso el abandono del patrimonio histórico de Madrid: el Museo de la Real Academia de San Fernando. Frente al reforzamiento de las ideas nacionalistas de la periferia, las actuales autoridades madrileñas, en lugar poner en valor los recursos culturales disponibles, utilizan la gestión cultural, es decir, el dinero público, para beneficiar a una institución religiosa cada vez más alejada de las preocupaciones de la mayoría. Ha de ser por asegurarse el maná... Obviamente, la conservación del patrimonio histórico en manos de la Iglesia es asunto a tomar muy en consideración, pero hay cosas más urgentes. Recientemente, Hispania Nostra ha incluido en su "Lista Roja", tres importantes lugares de Aranjuez: El Hospital de San Carlos, el Mar de Ontígola y los Cuarteles Reales de Guardias Walonas y Españolas; los tres complejos, en situación jurídica diversa, permanecen en lamentable situación de abandono. Ciertamente, no es lo mismo restaurar una pintura que una presa, pero...

Creo que los pijos del monopoly, empecinados en ver enemigos donde medra la actitud crítica, aún no han entendido la importancia de la "cultura" como factor de cohesión social, y sólo la contemplan como fuente de ingresos por vía impositiva. Aunque los generadores de cultura y, sobre todo, quienes ocupan sus vanguardias estén en las antípodas del pensamiento conservador, son fundamentales para activar los fenómenos de proyección colectiva que refuerzan la cohesión de los grupos. Hasta Franco lo entendió y fue consecuente al advertir que la relación entre estos sectores y los que substancian la cultura popular tiene escasa implicación políticas a corto plazo. Aunque los "vanguardistas" de los años cincuenta persiguieran revoluciones más o menos utópicas, podían ser empleados como instrumentos de política exterior.  Y siempre quedaría la muy importante vertiente turística...

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