domingo, 20 de septiembre de 2015

El museo Arqueológico de Nimes

Si alguien desea ver un museo del siglo XIX, debe darse prisa porque el museo de Nimes, que ocupa un antiguo colegio jesuita, tiene sus días contados. En la actualidad proporciona la imagen de una institución obsoleta a la espera del cambio de ubicación, que si no median circunstancias impuestas por la crisis o por otros imponderables, tendrá lugar en el año 2017; el proyecto fue diseñado por Elizabeth de Portzamparc, se llamará Museo de la Romanización y albergará la colección acumulada y que, en la actualidad, no es posible ver más que parcialmente.


La instalación actual sigue el modelo generado durante la Ilustración que yuxtaponía la Arqueología con la Historia Natural, entendida en clave etnográfica y zoológica; a ella debemos añadir una zona anexa que informa al visitante de las circunstancias del museo nuevo. El mantenimiento de dicha estructura justifica que reciba al visitante una jirafa disecada, protegida por una urna, acaso buen factor de motivación para los escolares de hace cien años.
Quien cuidaba de la entrada nos advirtió la imposibilidad de visitar uno de los patios, precisamente, el que reúne los restos de época romana más interesantes...
En otro patio, de circunstancias museísticas poco presentables se acumulaban estelas, lápidas sepulcrales, aras y toda suerte de restos de la Antigüedad temprana y tardía; entre ellos destacan el monumento funerario de Licinia Favila y su esposo S. Adgennius, que por mor de un montaje en vídeo han convertido en "símbolo" del Nimes romano, y el sarcófago "de Vallbone", atribuido a "la escuela de Aquitania", y fechado entre los siglos V y VI.

Monumento funerario de Licinia Fávila
Obviamente, lo más relevante desde la "línea editorial" de este blog es el sarcófago, cuyas cualidades ilustran el influjo bizantino sobre los talleres aquitanos, en ese aspecto sujetos a circunstancias culturales similares a las documentadas en el norte de España.


En el anexo dedicado a presentar el museo futuro existe un capitel corintio de buena hechura, cuya cartela indica que fue realizado entre los siglos I y II. Responde a una modalidad muy repetida en todo el orbe mediterráneo durante esos años, más tosca que la empleada en la Maison Carrée, cuya edificación corresponde a los alrededores del cambio de era. Aunque el diferente punto de vista de las fotografías puede llevar a equívoco, merece la pena destacar la diferente concepción de los acantos, como rasgo característico de cada momento. Al margen de esa diferencia, ambas piezas ofrecen los rasgos característicos de as modalidades más depuradas, con todos los componentes perfectamente definidos.


Capitel de la Maison Carrée

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