sábado, 25 de mayo de 2013

El yacimiento de Itálica

Es uno de los yacimientos romanos o hispanorromanos más relevantes de la península Ibérica y cuna de emperadores: Trajano, Adriano y, tal vez, Teodosio. Se encuentra en el término municipal de Santiponce, a pocos kilómetros de Sevilla, y frente a ciertas creencias, no se trata de una ciudad abandonada en sentido estricto, sino de una población sujeta al proceso de decadencia urbana que, en este caso, comenzaría en tiempos de Adriano, y que culminaría hacia el siglo XII, cuando ya se habla de "Campos de Talca". Sin embargo, acaso nunca se despoblara del todo, puesto que Santiponce está construida sobre parte de la ciudad primitiva, de modo que están integrados en la actual retícula urbana algunos restos importantes y, entre ellos, el teatro y las llamadas "termas menores". Por desgracia, el teatro no se puede visitar porque está en "en restauración".
El yacimiento fue sistemáticamente saqueado, incluso, por motivaciones institucionales, para construir toda suerte de obras privadas y públicas. Se intentó detener el saqueo en tiempos de José I, cuando se afrontaron otros empeños afines, pero aquí con escaso éxito. Aunque fue declarado Monumento Nacional en 1912, no cesaron las noticias de saqueos y expoliaciones. La última difundida por los medios de comunicación sucedió a finales de diciembre de 1983, cuando los diletantes heterodoxos robaron un mosaico de la Casa de los Pájaros. Supongo que no habrá sido la única, porque hace unos años, la proliferación de los furtivos provocó la "devaluación" del denario romano. Es fácil imaginar lo que puede estar sucediendo ahora, en tiempos de grave recesión económica.
Acaso como contrapartida a estos vicios, en la zona de servicios existe una lápida con los nombres de los "amantes de la cultura" que contribuyeron a financiar las excavaciones:


No sé si reír o llorar al leerla.

En la actualidad, el yacimiento se ofrece al visitante como otros similares, con parecidas "virtudes" y comparables "vicios". Quedan algunos restos de ornamentación arquitectónica (capiteles, fustes, cornisas, etc.) y una buena colección de mosaicos de concepción y entidad heterogéneas, pero lo más relevante está en el Museo Arqueológico de Sevilla.
Lo más agradable para el visitante está en los alrededores del espectacular anfiteatro (para más de 20,000 personas), convertidos en zona ajardinada, que, sin embargo, ofrece una percepción algo distorsionada de sus cualidades como lugar de espectáculos públicos, asimismo alteradas substancialmente por la mala conservación de todos sus elementos funcionales.  El anfiteatro de Itálica, en su espectacularidad erosionada, padece circunstancias parecidas a otros restos arqueológicos mal consolidados. Algo he comentado sobre la iglesia de Melque, los restos de Baelo Claudia e, incluso, Toledo (circo); pero la relación de lugares con problemas afines es amplia... Si se excavan edificaciones realizadas mediante sistemas concebidos para trabajar a compresión (casi todas las edificaciones romanas) y no se aplican fórmulas que aseguren esa circunstancia, la indagación supondrá, inevitablemente, catalizador de la aniquilación. Y no parece muy sensato que el estudio arqueológico suponga, de hecho, comienzo del cataclismo. Por incremento de calamidades, la conclusión de esta observación puede ser interpretada como coartada por quienes deben adjudicar fondos públicos a estas actividades: en países pobres como el nuestro, es preferible ralentizar las campañas arqueológicas. Es, justamente, lo que hacen, seguramente, porque no se les ocurren otras opciones...


No sé si fue buena idea suplementar los restos de muros descubiertos durante las excavaciones con ladrillos... Con el paso de los años, la meteorización ha trabajado hasta fundirlos con los restos "originales". Tampoco ayuda en la acción divulgativa la reordenación espacial derivada de otros elementos de "embellecimiento" como la gravilla, las plataformas de paso o la jardinería... Y me he vuelto a preguntar si no sería recomendable afrontar reconstrucciones más ambiciosas, que bloquearan la meteorización y permitieran al visitante hacerse una idea más diáfana de lo que aquella ciudad fue, porque tal y como está apenas es una "ruina semienterrada", idéntica a otras muchas ruinas semienterradas.
Aunque el día era magnífico para recorrer el yacimiento, coincidimos con pocas personas (visitarlo en agosto ha de ser mortal de necesidad). Entre ellas, con un grupo familiar compuesto por un matrimonio joven con tres niños y otras tantas personas ancianas. En la Casa de los Pájaros sonó una melodía electrónica chillona. La mujer de mayor edad comenzó a hablar por el móvil:
—Estamos en las ruinas británicas.
Y la mujer joven corrigió entre risas:
—No, mamá. Son las ruinas de Itálica.
—Bueno, pues eso... británica, Itálica, como se diga...
Creo entender a la anciana señora: Británica, Itálica... un simple fragmento abstracto de historia sin apenas "cosas" que lo caractericen, que lo hagan atractivo.

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