domingo, 20 de octubre de 2013

Macchiaioli

Gracias a la privatización fáctica de la gestión cultural a la que estamos asistiendo, la entidad aseguradora con sede social en el Paseo de Recoletos, ofrece dos exposiciones de entidad irregular: “Macchiaioli. Realismo impresionista en Italia” y “España contemporánea. Fotografía, pintura y moda”. Esta última es un extraño repertorio de objetos magníficamente bien colocados, pero escasamente vinculados entre sí, que me han hecho pensar en las tiendas de los chamarileros modernos con buen gusto —los hay con magnífico gusto—. Me ha dado la sensación —acaso esté muy equivocado— de que los organizadores pretenden hacer un guiño cómplice a los sectores sociales que en mayor proporción acuden a las salas de exposiciones. Dicho de otro modo: me parece obvia la voluntad de atraer al público, muy por encima de cualquier otra pretensión de las que suelen regir sobre la actividad expositiva, por lo general, menos inclinada hacia lo espectacular.
Por el contrario, la exposición dedicada a los pintores del “movimiento” machiaioli, ofrece la posibilidad de aproximarse a un fenómeno estético de especial interés desde varios puntos de vista. El primero y más obvio: contemplar por una rendija una parte de ese “vacío aparente” casi absoluto que se abre en Italia con la decadencia política de Roma. El segundo, conocer una manera de entender la pintura paralela a otras corrientes afines desarrolladas en otras zonas de Europa y, también en España; en ese sentido, es muy oportuno el énfasis que el montaje pone en la obra de Fortuny. Y en tercer lugar, por la relación que esa corriente tiene con ciertas formas de expresión cinematográfica y, muy especialmente, con la obra de Luchino Visconti.

Visconti, Il Gattopardo
Ciertamente, los creadores italianos no dejaron de trabajar y aunque habían perdido la preeminencia asociada a los antiguos centros de poder, ofrecieron resultados que, de un modo u otro, documentaban una continuidad cultural de cierta riqueza. En este caso concreto, unos cuantos pintores italianos, polarizados en torno al café Michelangiolo de Florencia, ofrecieron fórmulas que, según algunos, se adelantaban al Impresionismo y, según otros, simplemente otorgaban continuidad renovada y trivializada a las ya antiguas ideas engendradas por Caravaggio y desarrolladas por sus seguidores durante los siglos XVII, XVIII y XIX. Sea como fuere, aquellos pintores proponían pintar “del natural” y concretaban sus apuestas plásticas en forzar contrastes y en suprimir medios tonos… No obstante, no se puede decir que sus protagonistas fueran demasiado radicales, acaso porque el ambiente florentino no era el de París, y pasados pocos años, casi todos ellos recondujeron sus creaciones hacia procesos menos radicales, según las fórmulas que a finales del siglo XIX triunfaban en Francia y en España, por entonces muy atentas a los fenómenos que condicionaban la captación (perceptiva) de los colores.
Lo más interesante de la exposición es, a mi juicio, El estribado, de Giovanni Fattori, que anticipa algunos de los planteamientos dinámicos de las corrientes italianas futuristas. A destacar especialmente el uso de una de las diagonales a contralectura para enfatizar el dramatismo de la situación.


La exposición centra la relación en Senso y Il Gatopardo y, sin conocer la justificación que muy probablemente, aparecerá en el volumen editado al efecto, me gustaría indicar que esa relación va mucho más allá, de manera que es fácil encontrar “alusiones” a las fórmulas de los pintores machiaioli en casi todas sus películas, sobre todo, si aceptamos como distintivo de esa corriente lo que enfatizan los paneles:

"El método de los macchiaioli privilegia la abreviación, la masa y el relieve, frente a la minuciosidad descriptiva propia de la pintura romántica anterior. La realidad se observa como una yuxtaposición de manchas de color fuertemente contrastadas, pues, aunque la luz no cambia el color, sí transforma de manera radical las intensidades del tono. Se establece así una rigurosa síntesis geométrica de las formas: reducidos los valores de la pintura a la luz y a la sombra, la construcción y organización espacial resulta de las líneas que delimitan los colores-luz y los colores-sombra."

Visconti, Muerte en Venecia
En efecto, desde esa definición, podríamos establecer relaciones con todas las películas de Visconti realizadas en color… y, por supuesto, en las de algunos otros de los directores italianos coetáneos. La inspiración en pinturas con paisajes de contraste fuerte es obvia en Il Gattopardo y en Senso, pero también en Muerte en Venecia, en Grupo di familia in un interno (Confidencias) y, muy especialmente, en L’innocente. Y aunque el Novecento de Bertolucci acaso pretenda conectar con el naturalismo francés, también ofrece “temas” que sintonizan con las preocupaciones de los pintores del Caffè Michelangiolo. Otro tanto cabría exponer sobre algunas películas de Fellini, con excepción de Giulietta degli spiriti, de sentido estético fuertemente caracterizado, acaso condicionado por el carácter de su director de fotografía (Gianni di Venanzo).

Si cambiamos el planteamiento adhesivo por uno más frío, cabría preguntarse si todo plano con fuertes contrastes de luz ha de ser considerado influido por los machiaioli… Particularmente creo que Visconti y sus coetáneos sufrieron fuerte influjo de la pintura, pero creo que las referencias fueron muy variadas y entre ellas menudearon más las alusiones a las corrientes académicas ortodoxas, aquellas que triunfaron en Europa a partir de los años centrales del siglo XIX, y que no siempre podemos etiquetar como "románticas".

En suma, aunque la exposición es algo pobre en cuanto a las obras ofrecidas, es muy recomendable.

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