lunes, 7 de octubre de 2013

Sobre “la misión” del MNCARS

Por Erc

Leer (y releer, de forma inevitable en este caso) la “Misión” del MNCARS lleva inmediatamente a descubrir la paradójica relación entre la forma y el contenido del texto, visible ante todo en lo tocante al tema de “lo común”. Encuentro cuanto menos curioso que resulte mucho más sencillo comprender a un primer vistazo los objetivos de centros como el MoMA o la Tate, aún cuando aparecen escritos en inglés, que las propias palabras de Borja-Villel. Incluso resulta infinitamente más asequible la redacción de  la Ley reguladora del Museo.
Si el principal objetivo que aparece en esta Ley es “promover el cocimiento y el acceso al público” parece necesario que un texto de estas características estuviera enfocado a todo ese público. Bien es cierto que desde que Bourdieu estudiara las características culturales y socioeconómicas de quienes visitaban los museos franceses, probablemente sería mejor hablar de “públicos” con evidentes diferencias sociales, ya que existe claramente una importante desigualdad social en cuanto al acceso a la cultura de los museos. Un texto así puede constituir un obstáculo invisible más, con el que la dirección, de forma intencionada o no, agrava la separación entre el reducido círculo high cult que sea afín a su mensaje y un público mucho más alejado del interés por el arte o con menor capital cultural.
Refiriéndome ya exclusivamente al contenido del texto, son varios los puntos que me llaman la atención. Está claro que los museos actúan sobre el valor tanto económico como cultural de las obras, y que las exposiciones podrían considerarse como la mediación que revela el fenómeno cultural al público. Sin embargo yo siempre he entendido los museos como instituciones algo separadas de lo que hoy en día se entiende como industria creativa, pues comúnmente he relacionado más este término con los mass media y la cultura de masas. Además existe gran discrepancia entre quienes pretenden considerar las industrias culturales como arte verdadero y los que se oponen firmemente, con lo que podríamos plantearnos en qué medida se han difuminado ciertos límites y si el Museo sigue teniendo el mismo capital simbólico que ostentaba.
Por supuesto, ante la situación de crisis que vive España en todos los ámbitos, y la cual afecta especialmente a todo lo referente a la cultura,  es necesaria una reinvención constante de la concepción de museo. El problema viene cuando los objetivos personales y organizativos de la dirección están en conflicto.
Veo necesario por otra parte algún mecanismo para decidir ahora qué será probablemente valorado en el futuro, en cuanto a las colecciones, pues no todo el mundo está  de acuerdo en que estas decisiones sean tomadas sólo por “expertos”. También considero que la combinación de las visitas con actividades complementarias es una tarea fundamental del los directores de museos, y en esa línea destaco los esfuerzos de este centro por prestar una mayor atención a los visitantes. Aunque claro, hay que tener en cuenta que desde el momento en que los museos han tenido que buscar fuentes de financiación más allá de la pública, se ha hecho cada vez más importante centrarse en las preferencias de los “clientes”. De no ser así, quizá exposiciones, como la última dedicada a Dalí no habrían tenido lugar.
También me gustaría comentar la referencia en el texto a la “necesidad” actual de los artistas de introducirse en el mercado del arte. Efectivamente, este planteamiento no es muy amplio en el sentido de que no contempla otras vías posibles que el artista tiene para mover sus creaciones al margen de este mercado. Sin embargo, para muchos artistas es de gran importancia el desarrollo de su carrera dentro del circuito, pues la dedicación al arte no puede entenderse sólo como una actividad auto-gratificante, ya que como otras profesiones, también es un medio para obtener beneficios económicos y reconocimiento por parte de otras personas.

Foto cuelloblancomagazine
Interpreto por otro lado que en los párrafos finales se está abogando por una defensa de  “lo común” por encima de lo público, porque lo público “en el fondo no nos pertenece”. Pero en esa lucha por un archivo de lo común, a mí sí que me parecen necesarias ciertas alianzas entre instituciones, e incluso entre lo público y lo privado. Además un museo como el MNCARS nunca debería convertirse solamente en el resultado de los  planteamientos individuales de quienes manejan sus hilos, de modo que  estos no se adueñen de “lo común” con su poder de decisión.
En el último bloque del texto se expresa la voluntad de colaboración y desarrollo de proyectos y actividades conjuntas con universidades y  colectivos artísticos, algo que yo personalmente encuentro fundamental, un  objetivo que nunca deberían perder de vista centros como este. Probablemente sea escasa mi información al respecto, pero percibo que quizá los lazos entre nuestra misma facultad de Bellas Artes y el MNCARS deberían ser más fuertes, facilitando especialmente, por ejemplo, la posibilidad de exponer su obra a los artistas más jóvenes. Asimismo, veo como tarea apremiante una atención mayor por el arte español y su proyección exterior.
Destacaría, por supuesto según mi limitada experiencia, la tendencia a vincular las obras expuestas (sobre todo las del XX) con otras representaciones culturales que tenían lugar contemporáneamente y destacando los nexos entre ellas, por encima de pertenecer a una misma cronología o compartir rasgos estilísticos. Según mi punto de vista, aunque no pueda actualmente compararse con museos como el MoMA, el Pompidou o la Tate, creo que es un centro de gran nivel, y que aspira a un gran recorrido en el futuro. Evidentemente, las grandes instituciones internacionales no pueden pasar constantemente por su mejor etapa.
Desde luego, veo que no son pocos los problemas a los que se enfrenta el MNCARS, algunos de solución complicada, especialmente el de “atraer” a las generaciones jóvenes. Deberían concentrar todas sus fuerzas en aquellos jóvenes en los que sí que late un cierto impulso curioso, ese deseo de conocer, de acercarse al arte aunque sea para ellos territorio desconocido. Hay otros sectores de la juventud que yo casi daría por perdidos, es difícil despertar el interés en alguien cuya actitud es de  apatía hacia todo. Los niños también son un grupo interesante hacia los que diseñar propuestas, las cuales pueden ser muy efectivas, aunque no podamos olvidar nunca el papel primordial que aquí ejerce la educación familiar. A modo de anécdota diré que al comenzar a vivir en Madrid para estudiar Bellas Artes, quizá no habría sentido deseos de volver a acercarme a este museo si la primera vez que lo visité siendo pequeña no hubiese participado en una actividad que se organizaba precisamente enfocada a  los niños. Dicha actividad funcionaba a modo de juego de pistas, las cuales te llevaban de una obra a otra, hasta  poder formar un mensaje final. Siempre recordaré como me entusiasmó un cuadro de Genovés, del cual yo nunca había oído hablar hasta ese momento. Años después, cuando lo volví a ver, (se trataba de “El Abrazo”, por cierto) recordé aquella tarde arrastrando de una lado a otro a mi familia por los pasillos y pensé que momentos así, que forman parte del crecimiento de un niño, pueden ser determinantes e ir construyendo poco a poco sus intereses. Estrategias similares podrían utilizarse enfocadas al turismo, pues existen infinitas posibilidades que resultarían interesantes para este sector del público y que además probablemente estimularían la repetición de visitas. La crisis puede acabar con muchas cosas, pero no con la imaginación; no olvidando esto, los museos tienen aún mucho que decir.

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