martes, 15 de octubre de 2013

¿Y si el Doncel estuviera leyendo a Ibn Hazm?

Es curioso el potencial divinizador del arte. ¿Quién se acordaría hoy de Martín Vázquez de Arce, si no fuera por la escultura funeraria de la catedral de Sigüenza? Y a partir de ella, la figura de este personaje, que murió a los 25 años en la vega de Granada, y del que se sabe muy poco, se ha convertido en un "símbolo" de paradigma ético e, incluso, estético. Lo más relevante deriva de su capilla funeraria:

«AQUI YAZE MARTIN VAZQUEZ DE ARZE / CAVALLERO DE LA ORDEN DE SANCTIAGO / QUE MATARON LOS MOROS SOCOR / RIENDO EL MUY YLUSTRE SEÑOR DUQUE DEL INFATADGO SU SEÑOR A / CIERTA GENTE DE IAHEN A LA ACEQUIA I GORDA EN LA VEGA DE GRANADA / COBRO EN LA HORA SU CUERPO / FERNANDO DE ARZE SU PADRE / Y SEPULTOLO EN ESTA SU CAPILLA / AÑO M CCCCLXXXVI. ESTE AÑO SE / TOMARON LA CIUDAD DE LOXA LAS / VILLAS DE ILLORA MOCLIN Y MONTE/FRIO POR CERCOS EN QUE PAPRE Y / HIJO SE ALLARON».


Desde ello y desde las cualidades de la escultura, se ha montado una película grandiosa, propia del genio de Steven Spielberg, que seguramente tuvo su punto álgido tras la guerra civil, cuando fue empleado como emblema de los manuales de Formación del Espíritu Nacional. Supongo que ello fue posible porque sintonizaba bien con el “modelo” de “combatiente” cristiano preconizado por Franco cuando se remitía a los almogávares, en su “película pedagógica” Raza. No se necesitaba más para tenerlo claro: un caballero joven, bien parecido, de actitud serena, que se va a luchar contra los moros en la guerra de Granada y, en pleno frenesí bélico, muere defendiendo a su señor... Maravilloso ejemplo de sometimiento al orden natural, que es divino.
Ortega y Gasset escribió de él: “Este mozo es guerrero de oficio: lleva cota de malla y piezas de arnés cubren su pecho y sus piernas. No obstante, el cuerpo revela un temperamento débil, nervioso. Las mejillas descarnadas y las pupilas intensamente recogidas, declaran sus hábitos intelectuales. Este hombre parece más de pluma que de espada. Y, sin embargo, combatió en Loja, en Mora, en Montefrío bravamente. La historia nos garantiza su coraje varonil. La escultura ha conservado su sonrisa dialéctica. ¿Será posible? ¿Ha habido alguien que haya unido el coraje a la dialéctica?” ¿Las mejillas descarnadas y las pupilas intensamente recogidas declaran sus hábitos intelectuales? ¡Qué cosas!¿Parece más de pluma que de espada? Alucina, vecina. ¿Une el coraje y la dialéctica? Debo ser heterodoxo incorregible porque a mí siempre me pareció hermano de la sota de oros de Heraclio Fournier... inspiración divina para el piadoso Justo, el de Mejorada del Campo.
Según Orueta, es “una de las más sentidas, más inspiradas y más delicadamente bellas de cuantas ha producido el Arte de Castilla en toda su historia, pudiendo soportar ventajosamente la comparación con las mejores creaciones de la plástica cristiana universal”. Para Sánchez Mazas, acreditado falangista: “El Doncel es la tradición, la historia, blasón nobiliario y solera de Sigüenza es Doncel”. Según Serrano Sanz, “es de las obras más hermosas del Renacimiento. Su genial autor supo, en horas de feliz inspiración, comunicarle intensa vida, juntando en ella la serenidad del Arte griego con el más intenso espiritualismo cristiano”.

Y desde esas observaciones uno se imagina a los cristianos rigurosos, serios y serenos, vestidos como el Doncel en su tumba, con protecciones metálicas y cota de malla; y a los “moros” de piel oscura y barba imponente, con turbantes y amplias capas, como si escenificaran un enfrentamiento de guardarropía entre los protagonistas de esas celebradas y populares fiestas de moros y cristianos o como ensayo para un capítulo inédito de una serie de televisión...
¿Qué estaría leyendo? Según unos, libros piadosos, acaso un Libro de Horas; según otros, relatos sobre los caballeros cruzados... Sin embargo, el asunto no parece claro, porque la postura no se armoniza con el rito apropiado y porque el tamaño del libro tampoco se compadece con los de los relatos caballerescos...






Por una casualidad histórica, aún está en pie la casa donde vivió el Doncel, hoy convertida en museo de la Universidad de Alcalá de Henares, donde han dispuesto piezas de naturaleza diversa (cerámica africana, instrumentos musicales, objetos varios...) y rituales anómalos, como la prohibición de hacer fotografías. Ha de tratarse de algún malentendido, porque es bizarro que a estas alturas una autoridad académica pueda seguir creyendo que las cámaras fotográficas roban el espíritu de los objetos. ¿O existen otras "razones"? En sus paredes se manifiesta la vocación pedagógica y en una de ellas podemos leer un florilegio de las valoraciones antes mencionadas:

"En esta casa palaciega de la plaza Vieja está documentada históricamente desde 1477 como perteneciente a la familia de los Arce. En ella nació y pasó su infancia el Comendador de la Orden de Santiago D. Martín Vázquez de Arce, nuestro Doncel, hasta marchar a educarse en las artes marciales en el palacio de los Mendoza en Guadalajara. Falleció a la edad de 25 años en la Vega de Granada el verano de 1486, auxiliando a ciertas gentes de Jaén. Sus restos reposan en la catedral saguntina bajo su bella efigie, primor de gótico funerario, tallado en alabastro y de autor desconocido, considerada universalmente como una de las más bellas del mundo. J.A.M.G-G."

¿Considerada universalmente como una de las más bellas esculturas del mundo? Demasiado fuerte para un epígrafe universitario, demasiado dócil, demasiado provinciano.
Para contrapunto de panegíricos y desazón de conformistas, los recientes trabajos de investigación llevados a cabo en el palacio de los Arce, han proporcionado datos desconcertantes: bajo capas de revestimientos de tiempos inciertos han aparecido yeserías de gusto granadino, epígrafes árabes, mocárabes, sebcas... en suma, ornamentos que ilustran un gusto más próximo a las modas granadinas que al rigor del gótico tardío o del Renacimiento incipiente. ¿Elementos islámicos en la casa de un cristiano?

Teniendo claro que, como expusiera en su día el profesor Azcárate, está claro el carácter cristiano del Doncel y que, por consiguiente, no podría reposar con el Corán... aún quedaría la posibilidad de que estuviera leyendo El collar de la paloma, de Ibn Hazm.

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