lunes, 26 de mayo de 2014

El griego de Toledo en el Museo de Santa Cruz

Tras varios intentos infructuosos, por fin, me fue otorgado el privilegio excepcional —previo pago, naturalmente— de entrar al Museo de Santa Cruz y contemplar lo atesorado bajo el comisariado de Fernando Marías.
La experiencia fue agridulce, porque obviamente las obras prestadas por otras entidades justifica el precio de la entrada; sólo por ello merece la pena asumir la penitencia impuesta por una gestión manifiestamente mejorable; también debemos incluir en el haber una propuesta divulgativa bastante sensata, aunque sean legión quienes la hayan criticado... sotto voce, naturalmente. Pero como en este momento, el Greco me pilla algo lejos, haré mutis por no ensombrecer las abundantes lisonjas vertidas desde casi todos los foros relacionados con la "cosa estética".


En el otro plato de la balanza hay que colocar demasiados factores, casi todos ellos relacionados con las limitaciones del actual Museo de Santa Cruz, esa institución que reclama a gritos feroces una renovación radical. Aunque la instalación consigue que nos olvidemos de las carencias, éstas persisten en multitud de detalles: por ejemplo, en la angostura del espacio, incapaz de proporcionar fluidez al recorrido de los grupos y que ha forzado evitar las zonas de descanso delante de las pinturas, para que los visitantes circulen a ritmo vivace. Para compensarlo un poco, han colocado una zona de descanso en el crucero, a mi juicio, insuficiente, entre pantallas con proyecciones de entidad variable.
Acaso lo más penoso sea un detalle prosaico pero muy importante: entrar en los aseos suponía, en ocasiones, esperas apocalípticas, dadas las circunstancias vintages de los colectivos más relevantes entre los aficionados a visitar museos.
No permiten hacer fotos, tal vez, para evitar que las pinturas del Greco pierdan demasiado grados Kelvin de espiritualidad...

Dicen que está prevista la remodelación de este, para mí, entrañable museo... A ver si es cierto, aunque contemplando cómo se está gestionando el patrimonio monumental de Toledo y conocida su escasa capacidad de reclamo en tiempos "ordinarios", me temo que deberemos esperar a los tiempos floridos anunciados por la clase política, cada vez más fundidos con el horizonte.
Además, a estas alturas quienes se mueven en los ambientes de poder ya han tenido tiempo de observar con claridad que el flujo turístico, en principio, es relativamente independiente de la calidad objetiva de las infraestructuras culturales. Lo más relevante de Toledo es la ciudad misma, que aglutina uno de los conjuntos monumentales más interesantes de las galaxias próximas y aún lejanas. Y frente a lo que se ha hecho en otras ciudades españolas, la gestión del problema turístico en Toledo se ha caracterizado por el pragmatismo expresado por la infraestructura de aparcamientos y escaleras mecánicas dispuestos para facilitar el recorrido del casco antiguo.

Como los eventos organizados para celebrar el Centenario del Greco ha incrementado considerablemente la cifra de visitantes a Toledo, debemos concluir, más allá de las paridas que podamos expresar en un blog como éste, que el éxito ha sido completo.

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