lunes, 5 de mayo de 2014

El nuevo Museo Arqueológico Nacional


1. La idea global

Ha llovido demasiado desde que Isabel II ordenó crear un “Palacio de Biblioteca y Museos Nacionales de Madrid”, según proyecto de Francisco Jareño y Alarcón, que acaso fuera uno de los mejores ejemplos de arquitectura neoclásica madrileña… Sí, sí, he querido decir lo que he dicho y no me he vuelto loco, aunque sea un edificio tardío, casi propio de tiempos eclécticos y aunque sean legión quienes piensan de otra manera; confieso con profundo acto de contrición que los edificios de Villanueva me parecen resabio de postura forzada y me dejan más frío que las brisas invernales.
El Museo Arqueológica Nacional llegó al siglo XXI con unas instalaciones manifiestamente mejorables, sobre todo, en los lugares no accesibles al público. Sin embargo, el planteamiento expositivo, que había sido renovado en tiempos de Martín Almagro Basch, entre 1968 y 1981, parecía insuficiente para los objetivos de un museo que no conseguía llegar a los 300.000 visitantes anuales, quizás porque las carencias presupuestarias se pusieron de manifiesto demasiado pronto y activaron los terribles mecanismos de realimentación que condicional el funcionamiento de casi todos los museos de "segunda división". Durante mucho tiempo no era posible contemplar todas las colecciones porque algunas salas se cerraban alternativamente o de modo casi permanente. Así, pues, parecía obvia la necesidad de una reforma, pero... ¿reforma de qué?; ¿reforma para qué?; ¿reformar qué?...
A estas alturas manifiesto mi perplejidad porque a ningún gestor brillante se le ocurrió resolver el problema con una ley y un cambio de nombre... Es la fórmula mágica empleada con frecuencia cuando los magnates se enfrentan a problemas de mayor o menor entidad. Hubiera sido tremendo titularlo Museo de las Esencias Hispanas o con alguna otra majadería por el estilo, al gusto de quienes jamás acuden a los museos pero pontifican sobre ellas.

MAN, Dama Oferente del Cerro de los Santos, detalle.
Y lo cierto es que, descartada la opción de construir un museo nuevo en otro lugar —seguramente, la más razonable— , sobre la naturaleza específica del Museo Arqueológico Nacional latían ciertas posibilidades frecuentemente comentadas en tono de veleidad utópica entre quienes tenemos algún tipo de interés personal o profesional en los asuntos de su competencia. Por evitar sesgos utópicos excesivos, empezaré por la más realista:
  • 1. La primera, mantener el carácter que el MAN tenía cuando se cerró, sin modificar substancial el planteamiento museístico; el objetivo sería mejorar las instalaciones, muy deficientes en las zonas no accesibles al público, y reajustar la exposición permanente con algún "cambio menor". 
  • 2. La segunda, aprovechar los cambios para proponer alguna fórmula que acercara la colección expuesta al nombre del museo, con el objetivo de ofrecer un panorama arqueológico del Estado español. 
  • 3. La tercera, apostar por enfatizar las posibilidades del MAN ampliando sus colecciones con las obras de interés arqueológico en poder del Estado español y que hoy se conservan en diferentes lugares, sobre todo, en el Museo del Prado.
Museo del Prado, Diadúmeno, copia romana de un modelo de Policleto de Argos (siglo V a.C)
Desde lo que hoy vemos, obviamente, quienes pudieron decidir optaron por la opción más "prudente"...

Digresión utópica: las posibilidades perdidas. 

Según la  la web oficial:

"El Museo Arqueológico Nacional es una institución pública cuyo objetivo es ofrecer a todos los ciudadanos una interpretación rigurosa, atractiva, interesante y crítica del significado de los objetos que pertenecieron a los distintos pueblos de la actual España y del ámbito mediterráneo, desde la Antigüedad hasta épocas recientes, de manera que el conocimiento de su historia les sea útil para analizar y comprender la realidad actual."

Desde esta declaración de intenciones, pareciera firme la voluntad de mantener la tradición del siglo XIX, pero mucho me temo que el texto reproducido apenas tiene substancia real, porque si esa voluntad se manifestara de manera clara, chocaría frontalmente con la realidad museística española, muy condicionada por el entramado constitucional, decididamente descentralizador, y por la tendencia de implantación global a conservar los objetos proporcionados por los trabajos arqueológicos en lugares lo más próximos posible a los de aparición. En ese contexto, construir un "museo nacional" tiene dos escollos muy relevantes:
1. La inexistencia de "sentimiento nacional" salvo en los ámbitos ideológicos más conservadores, poco activos en asuntos culturales.
2. La voluntad "beligerante" de las regiones con mayor sentimiento nacional, donde cualquier objeto de la "tradición cultural propia" tiene siempre una dimensión simbólica que bloquearía su traslado a "la capital del reino". No me imagino, por ejemplo, que pudiera venir al Museo Arqueológico Nacional una pintura mural del románico pirenaico.

MAN. Montaje multimedia sobre Historia y Arqueología españolas
Por concretar la situación "legal", leamos con detenimiento la "definición" recogida en el Real Decreto 683/1993, de 7 de mayo ("por el que se reorganiza el Museo Arqueológico Nacional"), promulgado en el marco establecido por la actual Constitución y los Estatutos de Autonomía (sólo fueron aprobados después de 1993 los Estatutos de Ceuta y Melilla) :

"Artículo 1. Definición y funciones.

1. El Museo Arqueológico Nacional, dependiente de la Dirección General de Bellas Artes y Archivos, es la institución museística de categoría nacional que tiene encomendada:
a) La investigación y divulgación del pasado a través de los materiales arqueológicos de la prehistoria e historia hispanas que constituyen sus fondos museísticos, así como de las culturas foráneas más significativas.
b) La documentación y difusión de las excavaciones arqueológicas, misiones científicas y hallazgos que dan testimonio de nuestra historia y caracterizan las culturas del pasado.

2. Son funciones del Museo Arqueológico Nacional:
a) La conservación, catalogación y exhibición ordenada de los bienes a él asignados como colección estable del mismo.
b) La investigación dentro de su especialidad y en torno a sus colecciones.
c) La organización periódica de exposiciones relacionadas con sus especialidades.
d) La elaboración y publicación de catálogos y monografías de sus fondos y temas con ellos relacionados.
e) El desarrollo de una actividad divulgativa y didáctica respecto a sus contenidos y temática.
f) Cooperar y favorecer la relaciones con otros museos e instituciones de su mismo ámbito temático, tanto a nivel nacional como internacional."

Parece obvio que desde 1993 el Museo Arqueológico Nacional quedaba en una función más centrada en sus propios fondos que en intentar organizar y mostrar una colección que ofreciera "a todos los ciudadanos una interpretación rigurosa, atractiva, interesante y crítica del significado de los objetos que pertenecieron a los distintos pueblos de la actual España".  Sin embargo...

Museo del Prado, retrato bifronte de Afrodita y Eros (ha. 30-40 d.C.
Sospecho que intentar hacer una nueva selección de piezas relevantes, repartidas por los diferentes yacimientos y museos españoles, hubiera abierto un frente político inconveniente para quienes se mueven por intereses electorales; pero de todas formas, acaso no fuera mala idea que se regulara alguna contrapartida a las inversiones que, en asuntos de patrimonio arqueológico, se financian con dinero del Estado. Naturalmente, no estoy refiriéndome a "saquear" aquellos, sino sencillamente emplear criterios de distribución más racionales: no tiene mucho sentido que existan museos regionales con los almacenes atestados y que en el Arqueológico Nacional se manifiesten lagunas tan significativas como la determinada por la sección de "Hispania romana" o, incluso, por la zona tardoantigua.
Y es en ese sentido donde me ha parecido encontrar un elemento relevante que, a su vez, me lleva a lamentar que la "autoridad competente" no haya aprovechado el momento para dar un vuelco al Museo Arqueológico Nacional, sacarlo de la simple etiqueta administrativa y elevarlo a un estadio de mayor potencial educativo y turístico, teniendo en cuenta cómo se activa el interés del público. En algún momento, deberemos tomar la iniciativa para incrementar "en serio" nuestras posibilidades frente al turismo cultural.
Han pasado muchos lustros desde cuando se empezó a emplear la etiqueta "Museo Nacional" y, con el paso de los años, apenas han quedado restos de la voluntad inicial salvo en algunos lugares muy concretos que, "casualmente" no están en la capital del Estado y además proyectan su función con sentido centrífugo. También en el universo de los museos se deja sentir la situación política general.
En suma, para que el MAN respondiera a lo indicado por su nombre, hubiera sido imprescindible modificar substancialmente la normativa que rige sobre su funcionamiento, y por supuesto, los planteamientos políticos desde los que se dictan las normas. No se hizo en su momento y no era previsible que se hiciera ahora, cuando hasta las cucarachas han interiorizado el "objetivo de déficit". Sin embargo, tampoco era previsible que se tomaran decisiones en sentido contrario... De momento, ya se han quejado los medios canarios, porque en el reajuste de la colección, las culturas de las islas Canarias han salido "perjudicadas"... Las autoridades políticas han reaccionado rápidamente y, según cuentan,  ya se han puesto a trabajar para remediarlo...

A mi juicio, se podría haber prescindido de las piezas alejadas de "lo arqueológico"; aunque en puridad, los objetos de los siglos recientes pueden ser estudiados mediante "técnicas" arqueológicas, no parece muy práctico ofrecer en un museo de este tipo objetos que encajarían mejor en otros, por ejemplo, en el Museo de Artes Decorativas e, incluso, en el Museo del Prado.
En suma, también por este lado se ha perdido una oportunidad para aprovechar con criterio más funcional el extraordinario patrimonio arqueológico español repartido entre el Museo del Prado y otras instituciones, y convertir al MAN en un museo de gran interés arqueológico en la vertiente grecolatina... Supongo que la suerte estaba echada desde cuando se definió la ampliación del Museo del Prado y se substanció la idea de museo actualmente en vigor... Las musas de Villa Adriana, que pertenecieron a la colección de Cristina de Suecia, quedan "muy monas" en la rotonda de rojo pompeyano del señor Moneo. En otras salas de la planta baja languidecen de puro aburrimiento las demás esculturas, en circunstancias difíciles de entender en un museo del siglo XXI; se diría que, forzadas por el contexto y por las expectativas de los visitantes orientadas hacia "lo pictórico", únicamente se valoran por sus posibilidades ornamentales... Claro que entre los objetivos prioritarios del Museo del Prado está, precisamente, "promover el enriquecimiento y mejora de los bienes" a él adscritos. Supongo que por ello es inimaginable que algún objeto del Museo del Prado salga de él si no es para decorar algún lugar "especial" o para hacer favores a instituciones públicas de escaso potencial.
Lo dicho: mera digresión utópica.
Y aún podríamos valorar otra opción mencionada antes al vuelo que, al parecer, no se ha tomado en consideración: plantear un Museo Arqueológico Nacional en sintonía con las concepciones museísticas actuales, naturalmente, sobre un edificio de nueva planta, construido expresamente para enfatizar las colecciones tradicionales y, al mismo tiempo, para que por sus cualidades arquitectónicas se convirtiera en un polo de gran atracción... Llegará un día en el que en España se construyan museos para que funcionen como museos... pero tal y como van los acontecimientos, ese día parece cada vez más lejano; aquí seguiremos reutilizando edificios para que los proyectos museísticos queden encorsetados a perpetuidad, sin tomar en consideración que las instalaciones de este tipo requieren espacios de concepción sumamente especializada. Y seguiremos reformándolos y readaptándolos de vez en cuando para definir proyectos de "gran calidad arquitectónica", como la peculiar ampliación de Jean Nouvel para el Reina Sofía... En España, lo "realista" es construir museos a partir de edificios concebidos para otra función, que requerirán mil reformas...

MAN, uno de los paneles del acceso.
2. El proyecto: 65 millones 

¿Cómo convertir un museo de finales del siglo XIX en otro del siglo XXI? Obviamente, teniendo en cuenta la legislación de protección patrimonial española y el carácter del edificio de Francisco Jareño, no existían muchas posibilidades —otro argumento en favor de un proyecto de nueva planta—, porque la capacidad creativa de quien lo diseñara siempre estaría condicionada por los circunstancias derivadas de su condición monumental. Aquí hubieran sido inimaginables propuestas "agresivas" como la de Daniel Libeskind para el Royal Ontario Museum de Toronto, aunque la carga polémica derivada de ese planteamiento sea tremendamente útil para promover la asistencia de visitantes al museo. Por supuesto, tampoco habría sido admisible una iniciativa como la de Norman Foster para la neoyorkina Hearst Tower... Hubiera sido inimaginable hacer algo parecido en la calle Serrano sobre un edificio de tanta calidad visual como el edificio de Jareño y Alarcón.
El nuevo proyecto, ejecutado con parsimonia excesiva, fue diseñado por Juan Pablo Rodríguez Frade, que tenía acreditada capacidad especializada en la rehabilitación de edificios y en la materialización de espacios museísticos; colaboró con Nieto-Sobejano en el, a mi juicio, magnífica organización del museo de Medina al-Zahra. En este caso, ha trabajado con la empresa Empty, especializada, asimismo en la organización de este tipo de instalaciones, cada vez más relevantes desde los puntos de vista arquitectónico, museístico y empresarial, teniendo en cuenta la cantidad de proyectos que se están planteando por todo el mundo y, muy especialmente, en lugares como Qatar, Omán, China, Indonesia, etc.
En una entrevista publicada por ABC, Rodríguez Frade explicaba sus pretensiones en los siguientes términos:

—Desde el punto de vista de la arquitectura, lo más complicado era que la intervención se viera natural. Que si Francisco Jareño –arquitecto que lo creó en 1895– viera el museo, se sintiera cómodo, pues no se ha desvirtuado. Lo más complejo es lo que no se ve: las tripas del museo.

El proyecto ha respetado la fachada principal de Francisco Jareño y Alarcón, pero ha modificado buena parte de los elementos del edificio para conseguir un espacio más amplio y funcional, en sintonía con criterios expositivos orientados a convertir las salas ya "montadas" del museo en lugares capacitados para promover, por sí mismos, el interés del público. Según cuentan quienes conocen el proyecto a fondo, se han transformado radical y brillantemente muchas de las instalaciones inaccesibles al público. Supongamos que así ha sido...

MAN, escalera volada de uno de los patios
Desde lo que percibe un visitante "del común", el proyecto ha supuesto varias "intervenciones" fundamentales:

1. La creación de las áreas de servicios propias de un museo de nuestros días.
2. El el replanteamiento de los los núcleos de comunicación vertical y de los patios, mantenidos como fuentes luminosas en la instalación precedente y recuperados ahora como zonas de exposición y apoyo a la comunicación vertical.
3. La creación de un espacio diáfano, fácil de modificar, si cambiaran los planteamientos museísticos en el futuro.
4. La transformación radical de la iluminación, muy dependiente de la luz natural desde la inauguración en el siglo XIX, para convertirla ahora en un elemento fundamental de la propuesta escenográfica desde la que activar el interés del público.

Rodríguez Frade y sus colaboradores han empleado travertino en las zonas de mayor claridad, y madera de Merbau y roble, tanto en el suelo como en las paredes y en el techo de las zonas más declinadas hacia el efectismo escenográfico. Ante el alarde lígneo y, sobre todo, los indicios erosivos de las zonas de mayor tránsito, me he acordado del Museo Nacional de Escultura de Valladolid... Espero que, en este caso, hayan funcionado mejor los controles de calidad, aunque se advierten indicios inquietantes en algunas juntas de la tarima.
Asimismo, los vidrios curvos de las escaleras hacen pensar en el Museo Interactivo de la Ciudad de Lugo, aunque en este caso no creo que existan problemas porque las lunas son de dimensiones relativamente pequeñas y se unen unas con otras mediante juntas no rígidas...
Dicen que el proyecto garantiza absolutamente en control ambiental de las vitrinas, especialmente concebidas, para mantener las piezas en condiciones óptimas de conservación; dicen que el sistema de seguridad es inviolable...

Seis años de trabajos y 65 millones de euros han cristalizado en un museo "nuevo" con importantes cambios "numéricos" respecto del anterior. Se ha pasado de los 19.000 m/2 que tenía el museo contando con todas sus instalaciones, a más de 23.000; asimismo, los 7.3000 m/2 de exposición anteriores han pasado a 9.715 (Fuente Wiki). Sin embargo, ello no ha supuesto incrementar el número de piezas expuestas: por razones de "eficacia espectacular" (supongo) se ha pasado de 18.000, en la instalación anterior, a sólo 15.000... Vuelvo a preguntarme, ahora por razones de estricta funcionalidad, si no habría sido más barato construir un edificio singular nuevo con un planteamiento más centrado en los fondos estrictamente arqueológicos...
A estas alturas sería absurdo defender que un museo arqueológico recuperara las concepciones acumulativas de aquellos lejanos tiempos en los que se colocaban las piezas como si fuera el expositor de un anticuario, pero no sé si es buena idea mantener las secciones "modernas" y, al mismo tiempo, proceder a un recorte tan drástico, teniendo en cuenta que ese ya se había realizado en los montajes anteriores. Quizás hubiera merecido la pena buscar el modo de hacer accesibles al público, al margen del planteamiento expositivo general, las piezas de entidad "menos relevante", pero culturalmente significativas, guardadas en los almacenes...

MAN, zona de la "taquilla"
Áreas de servicios y espacios diáfanos

Se accede al museo mediante una puerta nueva, abierta en la zona sur de la fachada de la calle Serrano, por debajo de la antigua planta principal; desde ella se llega a un gran hall, de concepción agradable, desde el que se puede llegar a una cafetería de dimensiones aceptables y a una tienda de libros y recuerdos, también pequeña, con una oferta bastante limitada; es de suponer que con el tiempo ofrecerán objetos más interesantes. Desde allí se llega a un "espacio de transición", acaso concebido para que el visitante reajuste sus canales perceptivos y los ponga en sintonía con la propuesta escenográfica ofrecida en las salas de prehistoria...

El nuevo museo está compuesto por un conjunto de amplios espacios polivalentes, fáciles de modificar, gracias al sistema de instalaciones, que se percibe en los registros que cuadriculan todas las salas. Sin embargo, la fusión entre la organización de las instalaciones y la distribución final de las vitrinas, paradógicamente, ha generado una fuerte compartimentación, que muy probablemente, activará problemas de vigilancia; aunque existan cámaras de vídeo, es previsible que lo visiten escolares y éstos son impredecibles si no sienten la presencia de los profesores y del "personal subalterno". Supongo que el nuevo Museo Arqueológico Nacional necesitará más vigilantes de los que corresponderían a los estándares de un museo afín diseñado en la actualidad, pero ello no me parece un defecto, porque la gente joven es poco receptiva a la vigilancia mediante cámaras de vídeo y porque éstas no son muy locuaces ante las dudas de cualquier visitante.
No obstante, esa compartimentación engendra un problema que se manifestó durante los días de gran afluencia: en cuanto un grupo se colocaba delante de una vitrina, quedaban bloqueados los espacios de comunicación próximos y no siempre era fácil encontrar alternativas, porque, con frecuencia, no existían o estaban cerradas mediante “bloqueos provisionales”. Supongo que en condiciones de "normalidad" esos problemas desaparecerán... pero no quiero ni imaginar las consecuencias de una afición repentina de los ciudadanos por las cosas antiguas.

Existen cerca de 20 estaciones táctiles, con piezas que se pueden tocar e información sumaria en braille. Es muy probable que estas instalaciones sean más útiles de lo que, en principio, cabría imaginar, no solo para personas con problemas visuales...
Cuenta con salón de actos, sala de conferencias y zona de exposiciones temporales, en parte de la planta sótano; y biblioteca, que de momento permanece cerrada, al parecer, "por falta de personal".

La comunicación vertical y los patios

Se han creado dos baterías de ascensores, anexas a los patios que resuelven uno de los problemas más acuciantes del museo anterior; si funcionan bien, facilitarán el movimiento de los visitantes "voluntarios" potenciales, de momento, caracterizados por su edad avanzada...Junto a ellos se han colocado aseos que simplifican otras necesidades perentorias...
Entre lo más específico del proyecto sobresalen las dos escaleras colocadas en los patios y con doble funcionalidad: el ya mencionado apoyo a la comunicación vertical y la posibilidad de emplearlas como miradores de las zonas más enfatizadas en la instalación museística actual, visualmente asequibles desde ellas: parte de la zona íbera y parte de la zona romana. En ello creo detectar una de las circunstancias más significativas en el nuevo planteamiento: inicialmente, los dos patios fueron concebidos como "patio romano" y "patio árabe"... Sutil modificación, que ilustra en avance del conocimiento histórico: frente al error de los eruditos isabelinos, hoy sabemos que lo más característico de "lo español", como "sistema cultural específico", no es el componente islámico, sino la raíz íbera. Volveré a ello enseguida...
No me ha gustado esta parte de la propuesta arquitectónica, por dos razones: porque el diseño de la escalera me parece mastodóntico y porque, dado el perfil sociológico de las personas aficionadas a los museos, hubiera sido mejor un sistema de comunicación más discreto y efectivo, mediante escaleras mecánicas, que eludiera la muy arraigada costumbre de imponer penas de esfuerzo especial a los aficionados al asunto cultural. En San Frutos del Duratón como en Petra; en la Acrópolis de Atenas como en Ourense; en la cúpula de San Pedro como en las torres de Santiago...  Son frecuentes los centros culturales y museos que imponen a los visitantes esfuerzos adecuados al pecado de curiosidad.

El MAN hacia 1905, Hauser y Menet
La iluminación

El nuevo espacio se ha concebido dando un giro radical a su relación con la luz: se ha pasado de un museo organizado para aprovechar la luz natural a otro que, salvo en los patios, básicamente prescinde de ella. Y como recordó públicamente Norman Foster, cuando se debatió la reforma del Museo del Prado, no sé si es buena idea, sobre todo, si tenemos en cuenta las implicaciones perceptivas de esa estrategia. En teoría, el uso de la luz artificial permite controlar con precisión el planteamiento expositivo, pero tiene el inconveniente de que por su propia naturaleza, conlleva un factor de incomodidad visual relativa que no siempre es fácil controlar. Y digo "en teoría", porque si, condicionados por el objetivo escenográfico, la luz artificial no se combina con los medios que favorezcan su función elemental, el resultado puede ser, cuando menos, problemático. Si en instalaciones con luz artificial no se presta atención a los reflejos de las vitrinas, a la existencia de zonas sobreiluminadas junto con otras en penumbra o a la existencia de focos que deslumbren al espectador, habremos garantizado la incomodidad o, incluso, el agobio del visitantes, por muy "teatral" que parezca contemplado en conjunto o en una fotografía.
Frente al modelo elegido por Juan Pablo Rodríguez Frade, me declaro partidario de la luz natural, lo más diáfana posible, por supuesto, con los elementos de compensación necesarios a las circunstancias meteorológicas de cada momento, pero siempre procurando ambientaciones luminosas y diáfanas. En ese sentido, es modélica la fórmula elegida por Bernard Tschumi y Michael Photiadis para las salas periféricas del Museo de la Acrópolis, aunque muchos elementos de su concepción arquitectónica sean manifiestamente mejorables.
No obstante, reconozco que acaso sea más atractiva para el público la fórmula aplicada al Museo Arqueológico Nacional... sobre todo, cuando gracias a las circunstancias indicadas al comienzo de este comentario, las piezas de gran potencial mítico son escasas.

3. Las secciones arquoelógicas.

No es fácil orientarse, seguramente porque faltan indicaciones (señalética), poco necesarias en un museo que muchas personas visitarán sin la intención de recorrerlo por completo. Creo que este problema se resolvería fácilmente ofreciendo planos más detallados y no sólo el que ofrecían con cicatería al entrar.

Prehistoria y Protohistoria

Pasado el control de entrada, a modo de preámbulo introductorio, reciben al visitante varias instalaciones de concepción espectacular que acaso sirvan para recordar el concepto de "supersigno" definido por A. Moles y, sus observaciones cuando se ofrecen al perceptor un caudal de información que una persona normal no puede asimilar con facilidad. Las instalaciones son, en sí mismas, muy interesantes, pero no sé si tendrán capacidad para cumplir su cometido más elemental: conseguir que el visitante se detenga ante ellas; sospecho que prácticamente nadie se parará lo suficiente para entrar en el juego espectacular y menos aún para asumir la propuestas pedagógicas o informativas. En todo caso, el panel de las numerosas posturas metodológicas que caben en el amplio cajón de la arqueología de nuestros días me ha parecido magnífico.
La instalación ofrece un recorrido articulado mediante un discurso lineal con 3 anexos, más o menos como había estado ordenado el MAN en los tiempos pretéritos, pero con cambios substanciales en el planteamiento muesístico global. El discurso lineal está construido desde la prehistoria hasta el mundo "moderno": prehistoria, protohistoria, Hispania romana, antigüedad tardía, mundo andalusí, medievo cristiano y mundo modeno. Los “anexos”: Grecia, cultura egipcia y numismática.

MAN, vitrina de la zona prehistórica
La parte prehistórica se ha concebido ofreciendo áreas temáticas de carácter general, con una visión, a mi juicio, bastante completa de la evolución o transformación de las culturas prehistóricas en la península Ibérica y en las islas Baleares (supongo que pronto habrá una vitrina dedicada a las islas Canarias). Todo ello con paneles explicativos bastante completos, que seguramente no satisfarán a los especialistas, pero que me parecen apropiados para el uso social previsible entre estudiantes (de primaria, secundaria y universitarios) y diletantes en general.
Otro tanto se ha hecho con la sección protohistória, sensiblemente reforzada si tomamos en consideración el espacio dedicado a otras secciones, difícil de justificar teniendo en cuenta la entidad de los restos ofrecidos en el segundo patio, que en origen estuvo destinado a la cultura andalusí. El sepulcro de Pozomoro queda demasiado enfatizado en sus pobres cualidades.
En el conjunto protohistórico adquiere un carácter muy especial la Dama de Elche, que podemos contemplar de nuevo, ahora protegida con una urna de cristal aceptablemente iluminada, como uno de los elementos más destacados del museo.Un panel sintetiza en tres párrafos el carácter simbólico que se le pretende adjudicar como quintaesencia de la "protohistoria hispana", por supuesto, sin ninguna concesión a las circunstancias protagonizadas en el pasado reciente por ella en un debate no sé si definitivamente cerrado y resuelto:

"Labrada en bulto redondo, representa a una dama de rostro idealizado, ricamente vestida y enjoyada. Originariamente estuvo policromada y con los ojos rellenos de pasta vítrea. En la parte posterior presenta una oquedad.
Su filiación artística plantea numerosas hipótesis, siendo hoy comúnmente aceptada como el encargo de un íbero a un escultor griego o formado en talleres griegos.
El hallazgo se produjo de forma casual en el yacimiento de La Alcudia de Elche y fue rápidamente vendia al Museo del Louvre. Allí estuvo expuesta hasta 1941, fecha del acuerdo entre los gobiernos de Francia y España par su devolución. Regresó al Museo del Prado hasta su instalación definitiva en el Museo Arqueológico Nacional en 1971."

Dama de Elche. ¿Quintaesencia del origen de la "cultura española"?
Sus cualidades enseguida proporcionaron fundamento a una reinterpretación acomodada a la ideología dominante sobre la formación de "lo español", en relación directa con la cultura griega. En contrapartida, desde posturas críticas con ese trasfondo ideológico, se substanciaron planteamientos que encontraron sustento en un hecho perfectamente documentado: a finales del siglo XIX y en paralelo a la aparición de los yacimientos íberos de Levante, proliferó una "escuela" de falsificaciones que, a su vez, saturaron un mercado de antigüedades sumamente voraz que directamente alimentó a varios museos europeos y americanos. En consecuencia, los estudiosos más serios asumieron una postura muy escéptica ante todos los restos que habían aparecido descontextualizados. Fruto de ese escepticismo, algunos investigadores pusieron la lupa sobre una obra que había aparecido "casualmente"...
El debate adquirió un punto culminante cuando en 1995, John F. Moffitt publicó Art Forgery: The Case of the Lady of Elche defendiendo que la obra había sido realizada en el año 1897, en el contexto mencionado. y aunque fueron pocos los especialistas que se sumaron públicamente a esa interpretación, algunos lo hicieron con sordina; e, incluso, algún estudioso de otra especialidad, se manifestó públicamente de acuerdo con Moffitt (Juan Antonio Ramírez). Por el lado contrario, enseguida se manifestaron casi todos los estudiosos españoles especializados en esa época. Francisco Vives publicó en el año 2000 un estudio que es posible seguir en un blog paralelo al libro...
En la actualidad y aunque sea razonable mantener alguna reserva derivada de lo conveniente que es trabajar en favor de las hipótesis dominantes, los estudios de María Pilar Luxán certifican, aparentemente sin lugar a dudas, que "la Dama" estuvo enlucida y policromada como otras esculturas ibéricas y que había contenido restos humanos carbonizados del mismo ciclo cultural. En suma, debemos despejar toda duda sobre la autenticidad de esa escultura que algunos han convertido en quintaesencia del origen de la "cultura española".
Para ilustrar indirectamente el fenómenos de las falsificaciones, la instalación comprende una "Dama Oferente", en cuya cartela podemos leer un comentario breve sobre el fenómeno que tuvo en jaque a muchos directores de museos durante algún tiempo y que dio pie a situaciones verdaderamente esperpénticas; quien desee sorprenderse, lea el libro de Moffitt...

Sea como fuere, la visita a las salas protohistóricas servirán a los más imaginativos e ingenuos para "comprender" algunas circunstancias de la actual "cultura española": ante los toros de Costix, deduciremos que es muy antigua la afición por la tauromaquia; algunas figuras del Cerro de los Ángeles nos dirán de dónde viene la costumbre de portar capirotes; y desde la Dama de Elche, hasta podríamos inferir el origen del peinado de las falleras... El Museo Arqueológino Nacional nos indica dónde están nuestras raíces culturales: tauromaquia, fallas y procesiones de Semana Santa en una sola jugada, gracias a las aportaciones de los indómitos íberos. Como si lo hubieran diseñaRené Goscinny y Albert Uderzo...

La sección romana

El MAN hacia 1895, La Ilustración Española y Americana
Por las razones apuntadas en la introducción, esta sección ha de convivir con el inmovilismo endogámico propio de nuestro sistema de gestión cultural y, por supuesto, con la existencia del emblemático Museo Nacional de arte Romano de Mérida, coartada para justificar la escasa entidad de las colecciones de Madrid. En este proyecto, se ha continuado con la voluntad de ofrecer una instalación que documente los aspectos de cultura material históricamente más relevantes, descartando el universo artístico. El resultado puede ser interesante para los estudiosos de cierto "nivel" (universitarios, diletantes e investigadores más o menos especializados), pero es poco atractivo para el público en general. Echo en falta un panorama general que describa con mayor precisión lo que fue la romanización de la península Ibérica (la RAE dice que debemos escribir "ibérica", pero no estoy de acuerdo) y que no encontraremos en ningún otro lugar de la geografía española ni en el Museo Nacional de Arte Romano, que a pesar de lo que promete su título, se materializa substancialmente a partir de los restos proporcionados por Mérida y los alrededores, organizados según los criterios espaciales del señor Moneo y para mayor gloria de su imagen pública e histórica.
No sé cómo se podría haber resuelto el problema diabólico engendrado por las circunstancias del universo museístico español, pero no hubiera sido mala idea inspirarse en ideas ajenas. El Museo della Civiltà Romana, aquejado de graves dolencias y actualmente en obras, ofrece (ofrecía) fórmulas que se podrían haber empleado aquí para que el visitante se hiciera una idea más concreta de lo que aportó la cultura romana a los hispanos.
Las esculturas de Teberio y Livia, procedentes de Paestum, presiden el gran patio… pero no sé si quedan suficientemente enfatizadas, dada su calidad “objetiva” y las cualidades del espacio circundante. Por supuesto, sí quedan enfatizadas las cualidades estéticas del proyecto de Rodríguez Frade, para bien y para mal...
Me ha hecho gracia el modo de colocar algunas esculturas romanas, según fórmula relativamente comparable a la empleada en otros museos, concretamente en el Museo Arqueológico de la Acrópolis, sobre basamentos que, en algunos casos, sugieren la fórmula de los “Herma” ("Hermes"), naturalmente, sin elementos genitales.
La fórmula elegida para mostrar los mosaicos romanos es razonable, toda vez que es inimaginable colocar todos en el suelo...

MAN, patio romano
Antigüedad tardía y mundo medieval

En ambiente de tumulto, un paseo rápido del "primer día", me hizo creer que la nueva instalación no había enfatizado la aportación "visigoda"... Sólo fue un error de apreciación. Lástima. El planteamiento "culturalista" de las zonas más antiguas casi desaparece al entrar en el mundo medieval. Las propuestas centradas en describir los fenómenos asociados a los procesos evolutivos ceden la primacía a un planteamiento museístico que se inclina hacia la valoración de los objetos no como indicios de estructura cultural, sino como "obras de arte". Concretamente, he echado en falta más información sobre las transformaciones del fin del Mundo Antiguo, sobre la difusión del cristianismo y sobre algunos otros aspectos "problemáticos" de aquellos tiempos "oscuros"...

MAN, esquema de evolución histórica
Como sucede en casi todos los museos españoles, el montaje minusvalora los tiempos islámicos, sensiblemente “reajustados”, como se percibe en el esquema adjunto, colocado en la zona de acceso. Es significativo que la fase califal, que fue la época más brillante de al-Ándalus y el único momento de gran esplendor de las culturas peninsulares, aparezca con menos “espesor” (altura) que la época emiral, "constreñida" por los reinos de Castilla y León. La hegemonía política, militar y cultural del califato cordobés deja su lugar a una situación demasiado "equilibrada". Lo que sugiere visualmente el cuadro no se corresponde ni siquiera con el contenido de las salas, dada la penuria de los restos adjudicables a los siglos VIII y IX.
Aunque el espacio de esta zona, concebido como área escenográfica, podría juzgarse bien conseguido, no me ha gustado la manera de ofrecer al público las piezas. Creo que es uno de los lugares donde mejor se aprecian los inconvenientes mencionados sobre las instalaciones de pretensiones escenográficas. Me ha dado la sensación de que quienes han diseñado este espacio han pretendido enfatizar el exotismo de la cultura andalusí. No obstante, aunque en lo global, advierto circunstancias discutible, algunos detalles de esta zona son brillantes: convertir la estructura de la mezquita mayor de Córdoba (maqueta de Jorge Brunet) en una especie de retícula de mocárabes y de ese modo conectar los 800 años de cultura hispanoislámica, me parece una genialidad, pero no sé si es apropiada para describir lo que fueron las diferentes culturas andalusíes. El "techo artesonado" definido de ese modo cumple funciones de baldaquino para la vitrina aparatosa que singulariza al bote de Zamora y me ha hecho pensar en la mítica película de Antonio Mercero,  "La cabina" (1972). Demasiada vitrina para un objeto realmente excepcional.

MAN, zona emiral-califal, detalle
En todo caso, la minusvaloración de las culturas andalusíes (las diferentes aportaciones étinicas impide hablar de una única cultura hispanoislámica), se manifiesta en el espacio dedicado a ellas, sumamente angosto, teniendo en cuenta la relevancia que tuvo el fenómeno islámico en el desarrollo de las culturas "hispanas"; la actual distribución regional no se entiende sin contemplar el impacto desigual que la cultura islámica tuvo. Creo que un museo como éste debería, que asume por voluntad propia el objetivo de ayudar a "comprender la realidad actual", podría "ayudar a entender" por qué la "cultura catalana" es tan distinta de "la andaluza". No sería necesario entrar en cuestiones discutibles; bastaría con ofrecer los datos sintéticos suministrados por la arqueología... En lugar de ello, han optado por ofrecer comentarios demasiado genéricos y triviales, incluso para los escolares que ya están habituados a la Wikipedia. El dedicado al Islam es sensiblemente idéntico al que ofrecían los manuales escolares de hace cincuenta años:

“El Islam, creencia religiosa nacida en la península arábiga, dio lugar a un estado que alcanzó una rápida difusión a partir de 622, cuando Mahoma, su fundador, emigró de la Meca a Medina, hecho conocido como la Hégira. En poco tiempo sus sucesores extendieron las conquistas a través de un vasto territorio comprendido entre Asia Central y el Atlántico.
En el Mediterráneo ocuparon el norte de África y alcanzaron la Península Ibérica  en 711, continuando más allá de os Pirineos, hasta Poitiers, donde su avance fue frenado por los francos en 732.
Al-Àndalus es el nombre con el que los árabes denominaron el territorio de la península bajo su dominio, cuyas fronteras fueron variando con el paso de los siglos desde su llegada en 711 hasta la disolución en 1492”

No sé si ha sido afortunada la selección de piezas para materializar el proceso histórico relacionado con el esplendor de Al-Ándalus —en otro momento volveré sobre ello, porque tengo un "asunto pendiente" desde hace tiempo—, pero no tengo ninguna duda sobre la manera de presentar al público buena parte de los objetos anteriores a la caída del Califato, mediante un criterio demasiado truculento que no facilita, precisamente, la contemplación y la captación de sus cualidades. La iluminación enfática genera una situación "misteriosa" que presupone cierta inquietud perceptiva, pero dificulta captar los rasgos esenciales del objeto. La pieza más perjudicada en ese sentido es la pila de Almazor, "quemada" por focos bajos, que dificultan la contemplación y, por supuesto, fotografíarla, incluso aunque tengamos una cámara con elevado rango dinámico.
El resto de las fases hispanoislámicas se ofrece en circunstancias similares a las mencionadas, pero con los condicionantes propios de cada obra, alguna escasamente adecuadas a las posibilidades de un museo actual. En todo caso, comprendo que es difícil tomar una decisión sobre cómo ofrecer en un espacio museístico una puerta de tamaño descomunal o una techumbre que sólo tiene sentido en su contexto original. La sola existencia de estas piezas y la necesidad de mostrarlas al público, hubiera justificado el diseño de un museo nuevo.

MAN, zona medieval cristiana
La zona cristiana medieval participa de la casuística ya mencionada, pero con incremento manifiesto en la voluntad por enfatizar las cualidades "artísticas" de los objetos, algunos de los cuales estarían mucho mejor en museos de otro tipo. El montaje de esta zona se ha inclinado un poco más hacia los tonos oscuros, de las pareces y del techo, configurado mediante paneles de madera, que otorgan al conjunto sensación de "palacio antiguo", acaso demasiado "cargante", pero eficaz para forzar situaciones de contraste gracias a la iluminación.
En la misma dirección apunta la fórmula empleada para sostener los capiteles románicos, según procedimiento similar al empleado en la zona emiral-califa. Han colocado unos pilares metálicos con sección cruciforme, pintados de marrón oscuro, que arrancan de un pequeño zócalo, asimismo oscuro (en la zona emiral califal es blanco), y sobre los que han dispuesto planchas recortadas según la base de cada capitel para sujetarlos. La fórmula es más respetuosa con las piezas que otras empleadas para la misma función, pero no sé si será eficaz para sujetarlas si las toca alguien. Es la zona con mayor densidad de obras expuestas, de manera que el efecto general resulta algo agobiante y hace pensar en las instalaciones museísticas de control episcopal, que en ocasiones parecen guardarropía del conde Drácula.

Las zonas egipcia y griega

En la zona egipcia se recupera la fórmula de la prehistórica, con un montaje mucho más inclinado hacia el objetivo pedagógico de proporcionar una imagen bastante completa de la cultura egipcia; la manera de vincularla con el fluir del río Nilo me ha parecido muy apropiada... Aunque las piezas no sean demasiado espectaculares, será muy útil para los colegios e institutos.
El Museo Arqueológico Nacional posee una importante colección de cerámica griega, no siempre suficientemente enfatizada; desde ella se ha construido una sección de cierta espectacularidad, llevando un poco más allá lo ya indicado para la zona medieval cristiana. La instalación gana unos puntos en tonalidades oscuras, que acentúan el juego escenográfico de las vitrinas; la naturaleza de los objetos, con superficies brillantes, incrementa la molestia los reflejos.

MAN, zona griega
Me ha hecho gracia que, viniendo de la zona egipcia, salude al visitante una cita de Diógenes Laercio, I, 34:

"Doy gracias al Destino, por ser hombre y no animal, por ser varón y no mujer, por ser griego y no bárbaro."

En mi presencia un hombre de unos cuarenta años la leía a su hijo, de 5 ó 6 años, del siguiente modo:
— Doy gracia al Destino por ser hombre y no animal... por ser griego y no bárbaro.
Ante el silencio expectante del crío, el padre siguió:
—Bárbaro era en aquellos tiempos un extranjero...
Me temo que el asunto dará que hablar... A lo mejor lo han hecho para forzar un debate público que estimule a las personas a visitar el museo. Pero mucho me temo que acabarán retirando la cita, porque en estos asuntos los colectivos sensibilizados son muy beligerantes.
¿Puede un museo arqueológico aportar algo positivo a los problemas sociales del momento? Sin duda, aunque acaso haya que hacerlo teniendo en cuenta lo que "sacraliza" el hecho museable. Si en un museo se recoge una cita como esa, será difícil que el visitante poco ilustrado la asuma con matices críticos; lo más probable es que si la lee un joven con problemas de prepotencia masculina se sienta reforzado.

MAN, zona de cerámica griega
Otras circunstancias

La instalación se apoya frecuentemente en vídeos de diseño cuidado, destinados a los escolares. Como apenas he visto media docena de ellos, me limitaré a decir que, acaso sean demasiado "sencillos"...
Ofrecen una página web irregular, que seguramente desarrollarán durante los próximos meses; de momento, conforta observar que ofrecen información sobre bastantes piezas, según fórmula próxima al modelo MET, aunque algo exigua.
Existe una aplicación para móviles que funciona irregularmente... supongo que con el paso de los días sus responsables la mejorarán, por las implicaciones publicitarias que tiene para una de las firmas interesadas. Sería conveniente que los contenidos ofrecieran mayor "nivel", porque el de ahora es demasiado elemental.

Para finalizar provisionalmente...

José Cervera comentaba en eldiario, que "El nuevo Museo Arqueológico Nacional (MAN) de Madrid es un espectáculo, un museo-joyero de reliquias hermosas al que le falta sentido de la historia y del paso del tiempo y, sobre todo, protagonistas"... Reconozco mis limitaciones para ser tan contundente, pero desde lo que conozco, acaso no vaya desencaminado... En todo caso, creo que se ha perdido una magnífica ocasión para dotar a Madrid de un Museo Arqueológico de gran potencial educativo, cultural y, por supuesto, turístico. Francamente, no creo que el resultado global sea malo, teniendo en cuenta las expectativas que el público en general suele tener cuando se acerca a un museo. Sin embargo...
Al comienzo de esta entrada, con ingenuidad calculada, proponía varias preguntas: ¿reforma de qué?; ¿reforma para qué?; ¿reformar qué?... En la entrevista publicada en ABC antes mencionada, Juan Pablo Rodríguez Frade decía algo que puede interpretarse como respuesta sintética:

El visitante se va a divertir en el museo, va a aprender mucho: nos ayuda a conocer de dónde venimos, lo que somos, adónde vamos... Se ha quitado ese olor a naftalina que suelen tener los museos de arqueología. Hoy vemos en TVseries históricas que tienen un gran tirón. La Historia bien contada funciona muy bien. Tanto al arqueólogo como al niño que tiene ganas de aventura les va a enganchar el museo.

MAN, zona griega
¿Le han quitado el olor a naftalina? Sinceramente, nunca noté ese olor en las salas accesibles al público, aunque sí en otros lugares, donde no creo que cambie el tono ni con toneladas de desodorante.
¿Nos ayuda a conocer de dónde venimos, lo que somos, adónde vamos? Me temo que la instalación actual no tiene esa pretensión sino otra muy diferente: definir cómo tenemos que entender nuestro origen y quienes somos, que es cosa muy diferente. Creo que la nueva instalación ha ganado, ciertamente, en espectacularidad, en matices "históricos convenientes", pero ha perdido en entidad "arqueológica", sin que se hayan sobrepasado los límites de "lo correcto".
¿El museo ofrece una aventura apasionante para arqueólogos y niños? O, mejor, ¿...  para los visitantes potenciales? Durante el mes de abril, la gente se agolpaba ordenadamente alrededor de la verja metálica del perímetro; en alguna ocasión, lo fila ocupaba la fachada de la Biblioteca Nacional. En el periodo de puertas abiertas lo visitaron 112.749 personas, que es una cifra exagerada para las expectativas de un museo sin obras de gran mitificación popular. De momento, el nuevo proyecto parece haber cumplido sus objetivos... al menos, de cara a quienes tienen interés por visitar museos, que no suelen ser ni arqueólogos ni niños: los arqueólogos definen grupo social muy minoritario y los niños acuden por obligación impuesta por sus padres o profesores.

MAN. "Bote de Zamora", aunque debiera conocerse como "bote de Subh" (o, incluso, como "bote de Aurora").
Subh  (Aurora) fue la favorita de al-Hakam II y, tal vez, uno de los personajes más interesantes de su tiempo.
En todo caso, no me gustaría cerrar este breve comentario sin expresar que si un museo como éste, financiado con 65 millones del contribuyente, ha sido concebido como infraestructura educativa, en las actuales circunstancias económicas, debería ser gratuito. Mientras permanezca al margen de los circuitos turísticos mayoritarios, no es previsible que la recaudación por taquilla sea significativa y la gratuidad animaría al público; por reducida que sea la tarifa, será un factor disuasorio para los grupos familiares. De hecho, las colas han desaparecido con la gratuidad. Un momento como el actual, dominado por la necesidad de muchas personas por aquilatar sus gastos sería magnífico para que lugares como el Museo Arqueológico Nacional se convirtieran en opciones de ocio asequibles a todo el mundo.

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