viernes, 30 de mayo de 2014

Las cabras salvajes y el arte

Verónica me pasa el enlace a esta noticia:

"Alexander Selvik Wengshoel tiene 25 años y es un artista conceptual de Tromsø, Noruega. Cuando tenía 21 años, fue sometido a una operación de cadera para reparar una malformación congénita. Antes de la operación, pidió permiso al médico para filmarla. Pero las imágenes no eran el único recuerdo que quería llevarse a casa. También pidió quedarse con el hueso que le iban a extraer. Su objetivo era utilizarlo como parte de un proyecto artístico. Pero no contaba con que el hueso todavía tendría trozos de carne adheridos. Entonces tuvo una idea aún mejor: comerse a sí mismo.
“Tuve que hervir la carne para llegar al hueso, y cuando empecé a deshuesar la carne, cogí un pequeño trozo y pensé 'por qué no hacerlo. No ocurre cada día que tenga un trozo de carne humana que sea mía y que me pueda comer', así que probé un poquito, y luego pensé, 'esto sabe muy bien', ha relatado al periódico Noruego The Local. Al más puro estilo Haníbal Lecter, se preparó una cena, acompañando la carne con patatas gratinadas y un vaso de vino. “Tenía gusto a cabra salvaje, como si comieras una de esas cabras que viven en el monte y comen setas”.
(...)
En realidad lo que buscaba Wengshoel era “empezar una discusión”. En este sentido ha logrado su objetivo. Uno de los posibles ejes de esa discusión podría ser el eterno debate sobre los límites del arte. ¿Puede cualquier cosa convertirse en arte por el simple hecho de que alguien lo llame así? Pero, quizá, el debate más acertado en este caso sería otro: ¿se trata de alguien en busca de atención o, simplemente, de un idiota?"

De Facebook
No estoy de acuerdo con la sutil indicación de Jordi Berrocal, que firma el artículo, sobre la inteligencia de Alexander; al fin y al cabo, ha conseguido algo que en el universo del arte actual se valora mucho: "todo el mundo" habla de él. Como de costumbre, el debate se polarizará entre quienes le juzguen como Jordi y quienes entiendan que el arte debe activar reflexiones y debates sobre la propia naturaleza del hecho artístico y las circunstancias que rodean al ser humano. El balance del debate es lo de menos, porque lo importante es que ello proporciona curriculum, condición necesaria pero no suficiente para orientar la carrera profesional.
Tal vez llevemos demasiado tiempo enzarzados en una "banda de Moebius" que aburre de tanta reiteración. Ha llovido mucho desde que el profesor Marina escribió aquel ensayo (Elogio y refutación del ingenio, 1992) que describía la, por entonces, extraña situación creada por el fomento de ingenios de baja categoría. Por desgracia, en la dinámica cultural las cosas parecen haber caminado por las sendas que convienen a los mercados y ello se ha traducido en fenómenos cada vez más pintorescos, cuando los "expertos en artes visuales" promulgan sentencias solemnes para determinar quienes son los creadores de primera clase.
Si los medios no han desfigurado la realidad, parece que Alexander ha entendido bien la situación y ha sabido aprovecharla para recrear "una metáfora ingeniosa" según las pautas al uso, al ofrecer la foto adjunta junto con su juicio sobre la carne que sabe a cabra salvaje... ¿Cabra salvaje sonriente? El más estúpido entenderá que con ello se propone una "profunda reflexión sobre la naturaleza del hombre y su vinculación-relación con la Naturaleza". Arte y ecología, arte y derechos de los animales, arte y valores primordiales. arte y... lo que le apetezca a quien se detenga más de un segundo para entrar en el juego de esta monumental chorrada.
Y es que en la actualidad, todo joven despabilado puede aparecer como un genio a nada que sorprenda a cualquier mediocre "bien relacionado" —como dice Pedro Bernardos— en un universo estético progresivamente sujeto a los intereses del poder financiero; obrar con mayor sagacidad, sutileza e inteligencia desbordaría las entendederas de quienes sólo tienen capacidad para sumar.

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