lunes, 15 de diciembre de 2014

El Museo Provincial de Albacete

Estaban en obras cuando lo visitamos, de manera que había que entrar por el parque, en condiciones de acceso no muy buenas, dado que el día era lluvioso.
El edificio fue construido entre los años 60 y 70, en un proceso dilatado en el tiempo por problemas de dotación presupuestaria, que se resolvieron en 1978. Es un diseño de concepción sumamente agradable, dominado por un buen tratamiento lumínico obtenido mediante la combinación de luz natural y artificial. Gracias a la combinación de madera y mármol, el resultado global es particularmente agradable, acaso uno de los museos más agradables de España.
Con criterios actuales, cabría reprochar al museo los inconvenientes derivados de la articulación espacial en zonas definidas mediante tramos de escaleras, que le proporcionan calidad arquitectónica pero complican la vida a quienes tengan limitadas sus posibilidades de desplazamiento.
No me ha gustado el sistema empleado para colocar las cartelas en grupos con fotografías no siempre claras y algunos paneles "pedagógicos" como el dedicado a "La Edad Media. Visigodos y Andalusíes" (sic), demasiado "sencillos".


Entre las piezas más relevantes, destaca el "caballero nº 1", procedente de la necrópolis de Los Villares, que, si aceptamos la cronología temprana recogida en la cartela (ha. 490 a.C.), nos explica hasta qué punto las tierras de la actual Albacete participaban de los fenómenos culturales que culminarían años después en la "gran cultura griega". Según la página de españaescultura:

"La obra sigue el modelo griego de ornar los paisajes funerarios con esculturas. En este caso, se trata de un aristócrata que pretende símbolizar su poder y ser un elemento de identidad para su estirpe. 
El rostro está inspirado en las esculturas griegas arcaicas, en los kuroi; el atuendo denota su estatus social a través del ancho cinturón que marca su cintura, y de sus amplias hombreras. El caballo que monta también refuerza la idea de estatus elevado. 
El hallazgo de esta escultura ha permitido nuevas reflexiones sobre la cronología de la escultura ibérica y los modelos que utilizó."

Me imagino a los artífices íberos viajando a Grecia para buscar "modelos estéticos" y se me escapa una sonrisa...
Me hizo sonreír el modo de aislar en un espacio relativamente marginal algunas copias de obras íberas, como si debieran avergonzarse de su condición. Creo que el museo merece "recuperar" algunas piezas exhibidas en el Museo Arqueológico Nacional, que, a mi juicio, lucirían mejor aquí... aunque con ello quedar menoscabado el discurso nacionalista que ha guiado la reciente instalación de Madrid.

Capitel de Zama
El museo de Albacete cuenta también con varios capiteles de excepcional interés. El primero es uno corintio, procedente de Hellín (Zama), en mal estado de conservación, pero con peculiaridades que le aproximan a otro de Cástulo, comentado brevemente en una entrada anterior; en éste se aprecia perfectamente el collarino abocelado y un fragmento de fuste, según fórmula que se empleará, sobre todo, en los alrededores del cambio de era. Las hojas de acanto utilizan modelos relativamente evolucionadas, al igual que el resto de sus elementos. Podemos situarlo durante el siglo I, tal y como establece la cartela.

Capitel de la villa de Balazote

Existe otro, procedente de la villa romana de Balazote, asimismo muy erosionado que, sin embargo, permite imaginar unas cualidades muy evolucionadas que, en otras condiciones de aparición, lo hubieran catapultado a los tiempos visigodos. Son muy curiosas las "pencas" con vena axial (hojas de agua) que definen dos coronas de hojas en el cuerpo inferior con una amplia zona lisa muy perdida. El superior posee "volutas" que acaso deriven de ornamentos corintizantes. Por desgracia, la parte superior del ábaco está muy erosionada, aunque ofrece rasgos de cierta articulación, como correspondería a capiteles estrtucturalmente no muy evolucionados. Es, en suma, otro capitel que refuerza la tesis de que la "degradación" de las fórmulas tradicionales no se debe al "influjo" visigodo. En la cartela lo sitúan entre los siglos III y IV. Parece obra de un taller local que reinterpretó la tradición del orden corintio con gran "creatividad". Aunque es difícil mencionar paralelos literales, su naturaleza no desentona entre las diferentes fórmulas que van proporcionando los estudios arqueológicos recientes en villas tardorromanas. 

Relieve del Tolmo de Minateda
Las piezas del Tolmo de Minateda componen un conjunto sumamente interesante, que, de nuevo, pone sobre la mesa la sobrevaloración de la la "época visigoda".  Los relieves con elementos cristianos ofrecen fórmulas que encontramos en toda la geografía peninsular con escasas variaciones y que, por consiguiente, impone la necesidad de un fenómeno cultural homogéneo y bien arraigado: me parece más probable que ese fenómeno sea el cristianismo y no la "cultura visigoda" (o visigótica), cuando por razones obvias, se impuso la necesidad de construir edificios para dar respuesta a las nuevas exigencias rituales. Ello impondría la necesidad de retrasar la atribución de piezas como las del Museo Provincial de Albacete, con escasas diferencias sobre otras de procedencia diversa (Mérida y alrededores, Andalucía, etc.).

Tolmo de Minateda
Desde mi punto de vista, la pieza más significativa es, precisamente el capitel, que ofrece una estructura más relacionada con el orden corintio que el de Balazote, de manera que si empleáramos criterios de evolución formal para clasificarlos, deberíamos retrasar considerablemente la cronología de aquél. Es muy curioso el tipo el "acanto festoneado" de la única corona del cesto, que lo relaciona con piezas del norte peninsular (Asturias y Galicia); algo parecido sucede con el cuerpo superior, donde existen unas "volutas" sumamente evolucionadas que se han convertido en formas vegetales rematadas en hélice diminuta, que nos recuerda fórmulas de la misma zona (Asturias, Galicia, Reino de León), incluso de época muy tardía: los capiteles "corintios" de Santa María del Naranco tienen elementos comparables, por supuesto, mucho más evolucionados ("degradados"). Pero no creo que se pueda establecer una relación cultural directa a partir de ese "parentesco", del mismo modo que me parecería muy forzado retrasarlo demasiado teniendo en cuenta su relativa proximidad "conceptual" con el de Balazote. La circunstancia que mejor orienta su realización es la planta del ábaco, de articulación cóncava clara y con "discos angulares" muy definidoa, como es propio de las fórmulas aún conectadas con las tradiciones imperiales; lo alejan de ellas el perfil sinusoidal definido por la "mala" interpretación del arco que, con el mismo centro, une las volutas angulares de cada cara en los capiteles realizados entre los siglos I y IV, para obras de gran rigor institucional.
Probablemente este capitel fuera realizado coincidiendo con la cristianización de la península Ibérica, desde luego, antes de la llegada de los visigodos o, cuando menos, al margen de los procesos culturales protagonizados por ellos, Teniendo en cuenta la reciente vinculación del "sarcófago de Hellín" con el Tolmo de Minateda, no sería demasiado aventurado replantear la atribución de algunos de los elementos de ornato arquitectónico y vincularlos a esa misma época. Concretamente, contando con el "conflicto" que ello implicaría con los resultados arqueológicos del estudio de ese yacimiento, creo que la realización de este capitel debió hacerse en un momento más próximo al siglo IV que al siglo VII.

Capitel del Tolmo de Minateda
Acotación marginal, pero importante: frente a lo que suele ser norma torpe en otros museos provinciales, en éste no se manifiesta marginación de la cultura andalusí y aún la instalación enfatiza varias obras entre las que destaca el candil de al-Rasiq que, muy probablemente, fuera fabricado en los talleres de al-Zahra.

Por último, debo destacar la amplia colección de obras de Benjamín Palencia, que convierten al museo de Albacete en referencia fundamental para el estudio de este pintor. 

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