miércoles, 10 de diciembre de 2014

Ivam, 6 de diciembre de 2014

Fue museo mítico para toda una generación de "aficionados" a la cosa artística, hasta que, con el paso de los tiempos, se ha convertido en una institución difícil de evaluar desde la imagen vintage que ofrece un señalética descolorida y con vigencia limitada. Me hizo gracia contemplar que aún se mantienen los carteles envejecidos que prohíben hacer fotografías y ofrecen indicaciones de "buenos modales", por supuesto, en castellano y valenciano:

"El arte es un patrimonio de todos.
Tocar las obras puede producir un deterioro irreversible.
Por favor, colabore en su perfecta conservación
manteniendo la distancia recomendada por los vigilantes 
o marcada por las cintas"

Aunque se mantiene la "distancia de respeto", en la actualidad y cuando el vigilante se percata de que el visitante maneja una cámara fotográfica, se dirige a para decirle que está permitido hacer fotografías, pero "sólo planos generales; no se pueden hacer fotos de detalle". Preferí no preguntar nada; mejor no conocer las "razones" de disciplina tan exótica y peregrina.


La zona de Miquel Navarro, que promovía mi curiosidad más morbosa, permanecía cerrada... Sin embargo, era posible acceder a la sala dedicada a Julio González, a las cuatro exposiciones temporales, que recogen dibujos de Ignacio Pinazo (1849-1916), pinturas de Júlio Quaresma, obras de Calduch y un grupo de fotografías...
Por fortuna, el montaje de las obras de Julio González permite contemplar las posibilidades de una institución aún dotada de buenas instalaciones... al menos desde la perspectiva del diletante
Nada tengo que decir sobre los dibujos de Ignacio Pinazo, valenciano, que, por sus planteamientos estéticos y por el tiempo que le tocó vivir, acaso debieran contemplarse en el Museo de Bellas Artes de Valencia...
Ofrecen más posibilidades para los objetivos de este blog las obras de Rafael Calduch, también valenciano, nacido en Villar del Arzobispo, en 1943, que desde planteamientos tradicionales y a través de un proceso evolutivo de "gran amplitud", ha desembocado en fórmulas próximas a los planteamientos más manidos del expresionismo abstracto... Pirueta algo tardía a estas alturas del proceso cultural que nos tocó vivir en concordancia con el desenlace de la Segunda Guerra Mundial y con los paradigmas estéticos triunfantes.  Pasear la exposición me dejó perplejo, pero a lo mejor el desconcierto se debe a que no estoy muy informado sobre lo que, en coordenadas estéticas, es relevante en nuestros días, cuando, según dicen los amigos de las experiencias espirituales inmaculadas, "vuelve la abstracción pura". A lo mejor es cierto. Creo que, en el universo vidrioso del arte, aún son legión quienes no se han enterado de que la última guerra no la ganaron los americanos sino los chinos...
Y aún me sentí mas desconcertado ante la tercera exposición, dedicada a Júlio Quaresma, arquitecto y pintor nacido en Angola, en 1958, con planteamientos políticamente demasiado correctos, e ideas estéticas más interesantes en el plano arquitectónico que en el de los objetos museables: sus obras, construidas mediante volúmenes y representación de alimentos, entre los que predominan frutas y hortalizas. parecen concebidas para ambientar restaurantes inspirados en la creatividad de Ferran Adrià. Destacable la frase rotulada en uno de los paramentos, que, con "coma enfática" y carencia de tilde, debería imponerse por los siglos de los siglos a la muy celebrada de la Secesión Vienesa:

"TODO EL ARTE DE HOY,
ES CONTEMPORANEO" (sic)


Tampoco en este caso alcanzo a comprender los méritos de una manera de entender la expresión estética que me hace pensar en fórmulas añejas o en postulados de integración más propios del interiorismo. Obviamente, si Ferran Adrià es prodigio creativo, las propuestas de Júlio Quaresma han de ser quintaesencia post-posmoderna, en territorio fallero. Para entender las razones que acaso hayan justificado su elección, se impone consultar las indicaciones ofrecidas por el propio IVAM, que no tienen desperdicio.

La experiencia estética se completa con matices de angostura en sala de la muralla, a la que se accede saliendo a la calle para volver a entrar por un acceso inquietante, se nos ofrece una colección de fotografías demasiado "irregulares", que no desmerece del actual tono general...

Vuelvo a preguntarme si es posible mantener un museo de este tipo dedicándolo sólo a creadores con la carrera más o menos completada y a personajes de currículo acreditado por alguna galería norteamericana de segunda o tercera división, y sin prestar atención a los jóvenes creadores del contexto próximo, entre los que muy probablemente habrá muchos con ideas mejor sintonizadas con la infatigable realidad estética del presente inquieto.
Ateniéndome a los "planos generales", espero y deseo que el nuevo director consiga reflotar un escenario de buena hechura, con los inconvenientes de una historia reciente poco afortunada. Acaso baste con un poco de sentido común... y, por supuesto, con los medios financieros exigidos por el hecho estético en la actualidad. Enfrentarse al mundo del arte sin medios no sólo es ilusorio, es estúpido.

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