martes, 2 de diciembre de 2014

Y la nave va…

Y la nave va... a la deriva. A los de Podemos se les ha ocurrido consultar a un par de economistas de perfil socialdemócrata, presentar sus conclusiones en formato "propuesta para debate" y se ha organizado la marimorena. Quienes conforman la casta, tanto en la vertiente política directa como en la línea instrumental, “han comprendido” dónde está el peligro: en que se han hecho eco de la irritación general, han confeccionado un "programa económico absurdo", supeditado exclusivamente a intereses de los "antidemocráticos" gobiernos de Vanezuela e Irán. ¡El contubernio iranovenezolano! ¿Qué sólo es "una propuesta de debate para solucionar los problemas de la economía española"? ¡Qué más da! Lancemos las campanas al vuelo y desde los alminares de los medios de comunicación convoquemos a la Guerra Santa contra la nueva forma de perversión que pretende socavar los más sagrados principios del nacionalpeloterismo.
Hay que ser Gilipollas (por supuesto, con G mayúscula) para tratar a los ciudadanos como si fuéramos votantes del PP o acólitos de Eduardo Inda, Francisco Marhuenda y Curri Valenzuela. Creo que todavía no se han dado cuenta de que, en este país, somos muchos quienes, además de lamentarnos por nuestra triste suerte, sabemos sumar y, sobre todo, dividir. Y estamos echando cuentas de lo que podría correspondernos a todos si fuéramos capaces de repartir lo mucho o poco que tenemos con criterios más razonables; si, por ejemplo, nos desprendiéramos de esa casta parasitaria de gobernantes que dirigen la cosa pública como si estuvieran jugando al monopoly y de esas estructuras que sólo sirven para apretar la retícula endogámica; si fuéramos capaces de poner en su lugar a quienes no cumplen otra función que alimentar la estupidez de los sectores sociales menos cualificados; si mediante un sistema jurídico eficaz, suprimiéramos a los parásitos que sólo saben medrar; si consiguiéramos borrar del mapa los rezagos parafeudales de una sociedad incompatible con las exigencias del siglo XXI. Si fuéramos capaces de reconducir los gastos generados por tantas tarjetas negras, azules y rojas, emitidas desde la compra de voluntades y los beneficios de tanto "empresario" pelotero, si nos desprendiéramos de esa basura que nos mantiene atados al medievo, habría dinero para educación, para investigación, para sanidad, en suma, para que nos incorporáramos sin complejos al desarrollo cultural europeo. Y podríamos hacerlo, incluso, con cierta capacidad de consumo, ese consumo que es necesario para lubricar las relaciones sociales de un Estado integrado en la dinámica del "Mercado Global".
En definitiva, se trata de lo de siempre, sencillamente, de repartir lo que hay, ni más ni menos.


En esa situación, la política de Pedro Sánchez, ese líder de diseño, se parece mucho a lo que está haciendo el señor Rajoy en Cataluña: sus palabras fomentan mecanismos indeseables para el interés general y le comprometen a establecer pactos que, sin ninguna duda, le restarán el poco crédito que ya le queda entre los seguidores más inquebrantables. Si los actuales líderes “psocialistas” creen que con esa estrategia conseguirán el apoyo internacional y de los mercados contra Podemos, lo tienen crudo. Bastará con que los de Podemos acrediten sentido práctico y manifiesten actitud moderada frente a los "poderes fácticos", para que les dejen colgados de la brocha… mientras se pintan el culo. Y estoy seguro de que el señor Iglesias y sus compañeros, ya habrán entendido por dónde han de caminar en lo sucesivo; al menos eso se desprende de la moderación con la que comentan el muy espinoso “asunto de las bases” ante los medios de comunicación.
Me incomoda la sospecha de que, frente a la salida más obvia del PSOE, que debería pasar por recuperar el "espíritu" de la socialdemocracia y enfrentarse a la política absurda de los sectores ultracentristas, no les quede alternativa, dada la hipoteca contraída con los intereses dominantes en España durante los últimos cuarenta años. Si la situación es esa, el destino de la nave del PSOE está escrito y a sus dirigentes, para permanecer atados a la poltrona, sólo les queda remar contra corriente y arañar votos entre las personas "de bien" que siguen fielmente los culebrones y llenan los fines de semana los estadios de fútbol o las arcas de quienes retransmiten los partidos de fútbol; al fin y al cabo, en democracia, todos los votos valen exactamente lo mismo para mantener las actividades del circo de las ilusiones. N'est ce pas?

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