sábado, 19 de noviembre de 2016

Multiculturalidad y Globalización

Valeria me pasó hace unos días la referencia a un artículo de Peio Aguirre, publicado en campoderelámpagos. Por las servidumbres estacionales, había quedado en el cesto de los asuntos pendientes, que no olvidados, porque con su lectura me brotaron "cosas" de especial relevancia para "entender" lo que nos rodea...
El texto está redactado en el "estilo" propio de quienes, por razones de ajuste profesional, deben dejar claro el dominio de las "fórmulas literarias" posmodernas. Como no es mi caso y aún tengo la firme voluntad de permanecer en la indigencia intelectual en ciertos asuntos, humildemente pido excusas si hubiera entendido mal algún párrafo e, incluso, el núcleo medular del trabajo en su conjunto.
En segundo lugar, es de justicia advertir que me ha parecido prolijo en una "argumentación" fácil de exponer casi de modo intuitivo: el modelo globalizador "consiente" los sentimientos grupales como fórmula para compensar las imposiciones homogeneizadoras del propio modelo. Y culmina: “¿No es el multiculturalismo una forma de post-política?”
Francamente, creí que el asunto estaba claro desde hace, cuando menos, veinte años, aunque sea de mal gusto exponerlo abiertamente en los ambientes de alta formación estética, donde impera la delicadez. Solo por expresarlo abiertamente, desearía, desde estas páginas, sesgadas en tantos aspectos, felicitar a Peio Aguirre, porque es probable que él mismo anduviera dando vueltas a la idea desde hace tiempo... Veinte años son, precisamente, los transcurridos desde el escándalo Sokal, cuando quedó claro que ciertos planteamientos especialmente arraigados —incluso con rizoma de gran volumen — en el universo de las ciencias sociales no eran sino formulaciones carentes de rigor lógico; es decir, simple barniz para encubrir el desajuste entre el desarrollo de los conocimientos científicos y una tradición demasiado dependiente de creencias añejas: sofismo en estado puro.
En el contexto posmoderno ello cumplía una función muy relevante: proporcionar coartada a posturas —especialmente, las derivados de Derrida— que apenas tenían en común el objetivo, tácito o explícito, de desacreditar planteamientos ideológicos molestos para el "Sistema"; y, muy especialmente, todo lo relacionado con la tradición marxista, considerada "maldita" a partir del año 1989, cuando cayó el Muro de Berlín.
En todo caso, volviendo al artículo de Peio Aguirre, creo que identifica con frivolidad lo que "todos" pensamos con lo que sostienen los "formadores" de opinión, los "gestores" de lo "políticamente correcto", porque en ese "todos" hay infinita complejidad de posturas y planteamientos, que apenas genera un común denominador poco substancioso pero relevante: la conciencia de que la manipulación también procede de los estamentos académicos de todo el mundo "civilizado".
Y se acaba apoyando en Žižek (Estudios Culturales. Reflexiones sobre el multiculturalismo, Paidós, 1998), para argumentar ideas que podría haber tomado directamente de Freud: "tenemos" la necesidad de estar incluidos en un grupo que refuerce nuestras exigencias de autoestima. Pues claro; eso lo saben en todas partes... Basta atender a cualquier fenómeno de cultura popular; pero hubiera sido mejor apoyarse en referencias más sólidas, dado el componente "lacaniano" de Žižek y dado que en ese componente se fundaban muchos de los "argumentos" desenmascarados por Sokal y Bricmont.




Lo mejor del texto: plantea cuestiones muy interesantes, que para los lectores pueden definir un indicativo de por dónde "se camina" en los ambientes autodenominados "progresistas" y, por supuesto, políticamente correctos...
Lo más discutible: que, según lo interpreto, no se decide a dar un paso más y, en sintonía con el propio Žižek  —que, con frecuencia, también dice cosas interesantes— poner de manifiesto el descrédito forzado de los planteamientos "integradores", sacrificados a los nuevos referentes prioritarios —ver el vídeo colocado al final de la entrada—, interesados en imponer sobre ellos los "particularismos" política y "científicamente" correctos... La posmodernidad se llevó por delante los planteamientos "de síntesis", sencillamente, porque a un "Sistema" que, en la práctica, se había quedado sin "contrapesos", le interesaban más los análisis que antepusieran lo particular a lo general. Y hasta se convirtieron en axiomas incuestionables lemas de entidad tan discutible como "¡no se puede generalizar!" o "todas las opiniones son respetables".
¿No se puede generalizar? Pero si la generalización es un instrumento lógico fundamental. ¿Todas las opiniones son respetables? Son respetables todas las personas, aunque opinen estúpidamente: ¿debemos "respetar" las estupideces? ¿Se trataba acaso de "homologar" las estupideces con las conclusiones científicas rigurosas? Me temo que, en Ciencias Sociales políticamente correctas, la respuesta está clara.

Me ha dejado particularmente perplejo que finalizara diciendo:“Este libro (Žižek, 1998) publicado hace dos décadas mantiene intacta su actualidad”. ¿Cómo va a estar de actualidad un libro escrito en contexto tan diferente? ¿No ha transformado radicalmente la situación la "crisis económica? ¿Y los problemas relacionados con los movimientos migratorios y los conflictos de Oriente Medio? Tal vez pudiera decirse que muchas de sus observaciones siguen siendo interesantes y oportunas, pero...
Y si no lo digo reviento... Como en cualquier "texto académico" de nuestros días, se solaza citando a Gramsci, Foucault, Bourdieu, etc. incluso a Owen Jones; pero no menciona a Jeremy Corbyn y, asimismo, como en cualquier texto políticamente correcto de nuestros días, apenas alude tangencial y veladamente a Marx... Sin embargo, me ha dado la sensación de que no se ha atrevido a exponer con claridad la "apuesta" por recuperar el pensamiento marxista, es decir, el método que puede ayudarnos a evaluar la situación actual y, muy especialmente, a poner sobre la mesa de juego la relación existente entre la estructura económica, el modelo político y los "sistemas culturales".




En ambiente tan propicio a justificar cualquier cosa que beneficie al "Sistema", hasta Tom Wolfe se ha apuntado a las corrientes dominantes para poner en tela de juicio observaciones que, hasta la fecha, parecían obvias. Apoyándose en las tesis de Daniel Everett, ha lanzado una enmienda  a la totalidad sobre las tesis de Darwin y de Noam Chomsly (por supuesto, del "Chomsky lingüista"): las teorías que defienden el carácter evolutivo del lenguaje humano, supuestamente, no tienen fundamento científico. Y así lo ha planteado en su último "ensayo": The Kingdom of Speech (2016). Seguramente, su intención sea forzar una polémica que sería agua bendita para sus intereses comerciales, pero... Obviamente, tras leer los comentarios de prensa publicado sobre el particular, me he acordado de los reparos que la Pardo Bazán puso, en su día, a Darwin...
En definitiva, dado que el razonamiento inductivo no está de moda, sospecho que tenemos descrédito de los planteamientos de síntesis y generalistas para rato y que las "Ciencias Sociales" seguirán caminando por los senderos que convenga al Sistema.

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