domingo, 4 de septiembre de 2011

Memorias veraniegas. El edificio de Calatrava en Oviedo.


Interpreto que al mismo impulso institucional por llenar Oviedo de esculturas, obedece el encargo que hicieron a Calatrava para diseñar un edificio capaz de combinar un centro comercial, un hotel de lujo, un Centro de Exposiciones y Congresos y las sedes de ciertas instituciones político-administrativas del gobierno regional. Y todo ello sobre el solar que antes ocupaba un campo de fútbol...
Calatrava lleva muchos años haciendo macro-escultura con gran éxito de público y crítica, y seguirá haciéndolo si se lo siguen encargando, aunque Vitrubio, Brunelleschi o Loos, si salieran de la tumba, cambiarían de oficio para poner un tablao flamenco.







¿Se puede justificar socialmente el incremento de gasto que supone un proyecto de este tipo? Si mediante el incremento del patrimonio arquitectónico, crece la atracción turística del Principado... 
Con ojos de historiador, la elección de Calatrava para este edificio de Oviedo y de Niemeyer para el de Avilés, hace pensar en la intención de poner una vela a Dios y otra al Diablo. Para el gobierno de Asturias son tan útiles las tradiciones "esencialistas" del arquitecto brasileño, como  las "organicistas" de Calatrava, aunque no entiendo la especialización forzada por los encargos; creo que hubiera sido más lógica la decisión inversa. ¿He dicho inversa...?
Por el exterior ofrece multitud de posibilidades visuales y fotográficas.
Se me ocurren mil asociaciones para etiquetarlo... Visto desde el monte Naranco —quintaesencia del "asturianismo"— parece el esqueleto de una ballena... hispánica.

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