viernes, 13 de septiembre de 2013

Un debate mentiroso a las puertas de la catedral de León

Tenía pendiente una visita a León, por varias razones; porque necesitaba saber si mi “error” al comentar la existencia de ascensores de “uso restringido” en el  museo provincial se debía a razones más o menos gravosas para mi autoestima; porque también me apetecía recorrer sus calles y sentarme en una terraza de la calle Ancha para ver desfilar a sus moradores y porque también deseaba repetir una serie de fotografías realizadas en la catedral, que no salieron como esperaba.
El primer objetivo se resolvió enseguida: existe el cartel de “uso restringido” pero la restricción no afecta a todos los ascensores… Es decir, mi error fue inductivo. Por lo demás…  continúan las cartelas que hablan de "españoles 'diferentes'", las catalogaciones dicutibles y los carteles sorprendentes… como era de esperar. Ahí no hubo error de apreciación.

Pero en esta ocasión lo más interesante sucedió en la catedral...

Vinieron, pues, a Jerusalén; y entrando Jesús en el templo, comenzó a echar fuera a los que vendían y compraban en el templo; y volcó las mesas de los cambistas, y las sillas de los que vendían palomas;
y no consentía que nadie atravesase el templo llevando utensilio alguno.
Y les enseñaba, diciendo: ¿No está escrito: Mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones? Mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones.
Y lo oyeron los escribas y los principales sacerdotes, y buscaban cómo matarle; porque le tenían miedo, por cuanto todo el pueblo estaba admirado de su doctrina.
Evangelio de San Marcos (11:15-18)


Hacía casi dos años que no entrábamos en ella y al intentarlo  nos encontramos con que, como sucede en otras muchas de España, era preciso sacar entrada. Aunque no han llegado al extremo de la catedral de Ávila, donde hay un biombo que impide contemplar el edificio, el acceso está vigilado por dos empleados en sendas taquillas, un hombre y una mujer  jóvenes y otra más en el control de paso.
Y me encaré con el hombre joven, del que sólo se distinguía lo permitido por la taquilla —moreno, como de 25 años, buen porte y locuaz—, para transmitirle mi sorpresa por la situación... En este punto debo aclarar que no fui sincero, porque lo sorprendente era que fuera una de las pocas catedrales relevantes de España donde no cobraran...
Respondió que habían comenzado a hacerlo hace año y medio…
Continué mintiendo y le comenté que me sorprendía una medida tan poco evangélica…
Creo que la palabra “evangélica” desencadenó la apertura de los Siete Sellos, porque súbitamente el joven de la taquilla comenzó a expresarse como si se le hubiera activado un mecanismo afinado cuidadosamente para combatir las insidias infundidas por ateos, materialistas y relativistas, los nuevos "diferentes". Y en tono arrogante, lanzó en cascada un argumentario tan falaz como mis primeros comentarios.
Me indicó que si deseaba rezar, tenía abierta la capilla del Santísimo; que la decisión estaba relacionada directamente con la “nacionalización de Caja España” (sic), porque desde entonces habían perdido una importante fuente de financiación para atender a las muy gravosas necesidades de conservación.
Así, pues, no cobran para "sacar tajada" del negocio turístico, sino por razones sociales... Jamás lo hubiera imaginado.
Le contesté al modo de la diplomacia vaticana, preguntándole si tenía idea de qué porcentaje de las necesidades de conservación de la catedral de León asumía la diócesis… 
Replicó acentuando la prepotencia pero sin responder y aún fue más lejos retándome a que le ofreciera un plan alternativo para mantenerla…
En ese punto, al recordar los planteamientos del Plan Nacional de Catedrales y de las muchas iniciativas en ese sentido desarrolladas durante los últimos años,  le comenté mi voluntad de finalizar la conversación puesto que de continuar con tan escasa voluntad comunicativa y formulando torpezas y mentiras por ambas partes, el debate derivaría en el conflicto entre "uso cultural" y "uso ritual" y, a su vez, éste nos conduciría al espino asunto de la fe… Y, francamente, no me apetecía repetir historias vividas mil veces.
El joven de aspecto agradable y actitud prepotente, ya convencido de que no pagaríamos por entrar —acaso pensara que éramos “españoles diferentes”, de esos que no votan al PP ni acuden los domingos a las iglesias a recibir instrucciones— , se volvió hacia su compañera para decirle algo ininteligible; la joven le sonrió con gesto de asentimiento.
Nada le dije sobre la naturaleza simbólica (no sólo en el aspecto religiosa) de las catedrales relevantes ni de la rotura de la integridad espacial del templo ni sobre las posibilidades de la belleza para activar reflexiones que favorezcan la aproximación a Dios… tal y como he visto enunciado en otros edificios religiosos (por ejemplo, en la catedral de Ourense).  Tampoco le dije que me parecía una estupidez justificar el quebranto del referente evangélico para “conservar” la catedral, porque los costes de la conservación de un edificio como la catedral de León desbordan muy ampliamente las posibilidades de recaudación mediante el sableo al turista. Asimismo, tampoco le indiqué que esa fórmula no favorece el flujo turístico ni que mejora la imagen de la iglesia española...
Nada le dije tampoco obre la escandalosa fórmula aplicada en España para conservar el patrimonio eclesiástico, siempre mediante dinero del contribuyente, con aportaciones ridículas de la Iglesia que, para mayor INRI, en muchas ocasiones se aplican sin tener en cuenta los principios más elementales de las técnicas de conservación y restauración.
Y por supuesto, nada le dije sobre la fórmula que resolvería esas arbitrariedades, la contradicción con el ejemplo evangélico y, sobre todo, el muy delicado problema de la conservación del Patrimonio Histórico Español en manos eclesiásticas: la expropiación, que se debería activar en el estricto cumplimiento de la legislación vigente. Pero estamos en España y aquí las leyes sólo sirven para putear a quienes no tienen
poder:

Artículo 36 del a Ley del Patrimonio Histórico Español:

1. Los bienes integrantes del Patrimonio Histórico Español deberán ser conservados, mantenidos y custodiados por sus propietarios o, en su caso, por los titulares de derechos reales o por los poseedores de tales bienes.
2. La utilización de los bienes declarados de interés cultural, así como de los bienes muebles incluidos en el Inventario General, quedará subordinada a que no se pongan en peligro los valores que aconsejan su conservación. Cualquier cambio de uso deberá ser autorizado por los Organismos competentes para la ejecución de esta Ley.
3. Cuando los propietarios o los titulares de derechos reales sobre bienes declarados de interés cultural o bienes incluidos en el Inventario General no ejecuten las actuaciones exigidas en el cumplimiento de la obligación prevista en el apartado 1º de este artículo, la Administración competente, previo requerimiento a los interesados, podrá ordenar su ejecución subsidiaria. Asimismo, podrá conceder una ayuda con carácter de anticipo reintegrable que, en caso de bienes inmuebles, será inscrita en el Registro de la Propiedad. La Administración competente también podrá realizar de modo directo las obras necesarias, si así lo requiere la más eficaz conservación de los bienes. Excepcionalmente la Administración competente podrá ordenar el depósito de los bienes muebles en centros de carácter público en tanto no desaparezcan las causas que originaron dicha necesidad.
4. El incumplimiento de las obligaciones establecidas en el presente artículo será causa de interés social para la expropiación forzosa de los bienes declarados de interés cultural por la Administración competente.


Para concretar hasta dónde llega la preocupación de los magnates religiosos por "conservar el patrimonio histórico" que “poseen”, ahí están las tarifas, según aparecen en el cartel colocado a la puerta:
  • Entrada individual a la catedral, claustro y audioguía, 5 €
  • Entrada reducida (grupos de más de 5 personas, estudiantes y jubilados), 4 €
  • Grupos escolares (de 12 a 18 años), 2 €
  • Gratuita (menores de 12 años y con tarjeta de la catedral), 0 € (sic)
  • Conjunto monumental (catedral, claustro, museo y audioguía), 8 €
  • Tarjeta catedral (para leoneses y residentes; acceso a la catedral y el claustro durante un año), 6 €
Me es imposible entender que cobren 2 € a cada joven de un grupo escolar o la cicatera reducción a los jubilados…   Pero tampoco entiendo por qué no cobran a quienes sólo acuden a rezar; al fin y al cabo son los más "beneficiados" por la existencia de la catedral.

Contra lo que sucede en otros países europeos, donde se mantiene la integridad espacial de los edificios religiosos y  la entrada es libre (salvo en casos muy excepcionales), en España se ha generalizado la costumbre  escandalosa de cobrar: existen muy pocas catedrales donde ya no cobren la entrada, kas de escaso interés turístico. En la de Santiago de Compostela, por ejemplo, han tomado una medida comparable a la existente desde hace años en Sta. María del Carmine: permitir el libre acceso a todo el edificio religioso exceptuando la parte más relevante y espectacular; quien desee contemplar cómodamente la obra adjudicada al Maestro Mateo, debe pasar por la taquilla...

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