sábado, 13 de febrero de 2016

Carol, de Todd Haynes, 2015

Carol, de Todd Haynes es, a mi juicio, un magnífico ejemplo de como construir una película estimable a partir de un guión (Phyllis Nagy) bien estructurado y de desarrollo impecable. La historia es tan sencilla que sorprende en su desarrollo; construida mediante ladrillos emotivos, culmina en un desenlace de lógica impecable, que me ha hecho pensar en Breve encuentro de David Lean (1945). Obvimente, la "lógica" del año 1945 es muy diferente de la de 2015, incluso aunque la película describa hechos sucedidos en New York, siete años después del rodaje de la de Lean.


Está nominada a seis Oscar. Cate Blanchett es candidata a ser reconocida como la mejor actriz protagonista; Rooney Mara, como mejor actriz de reparto, en propuesta injusta porque ambas mujeres sostienen al cincuenta por ciento el desarrollo de la historia; también es candidata Phyllis Nagy por el guión adaptado. Edward Lachman es candidato a recibir el galardón por la mejor fotografía. También ha sido reconocido el vestuario, firmado por Sandy Powell y la ambientación sonora de Carter Burwell...
Sería milagroso que esta película diera el campanazo en la ceremonia de la Academia americana, pero tampoco sería injusto que los académicos la premiaran como reconocimiento a un tipo de cien en las antípodas de la espectacularidad del consumo masivo, pero que condensa algunas de las cualidades más relevantes de la expresión cinematográfica como "desarrollo natural" del teatro. A ello deberíamos unir el trabajo de las dos mujeres mencionadas y una fotografía espartana, derivada hacia los matices y alejada de lo que a mi me gusta, pero de calidad indiscutible; quien se limite a contemplarla en la pantalla del ordenador, se perderá una parte substancial de la obra. Recomiendo al lector amigo que observe cuidadosamente la última secuencia; no tiene desperdicio para quienes seguimos las enseñanzas de Rudolf Arnheim.

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