jueves, 16 de abril de 2009

Turquía

Tenía pendiente visitar Bizancio (Constantinopla)... hoy, Estambul. He tardado más de veine años...
El viaje ha sido especialmente fructífero. Han reverdecido las propuestas que realicé sobre el llamado "arte mozárabe", que ocultaba un influjo directo de Bizancio en el noroeste de la península Ibérica, incompatible con la historia oficial de la "Iglesia Hispánica"... A mi juicio, la situación es particularmente diáfana: aunque a los monaguillos de Gómez Moreno les salga sarpullido, la diócesis de Astorga o una zona próxima a sus límites territoriales, "sufrió" un "influjo" bizantino directo, perfectamente documentado por unos cuantos capiteles con paralelos prácticamente idénticos en Estambul. Si no lo digo, reviento.

Desde las obsesiones que manifiesto en este espacio de comunicación, deseo destacar varios detalles:
1. Que las autoridades turcas no padecen "fotografobia": se pueden hacer fotografías en todas partes y sólo en algunos lugares nos obligaron a pagar por usar las cámaras, como hacen en los grandes museos rusos. En los museos de proyección educativa sólo prohíben el uso del flash y no cobran por entrar con la cámara. En las mezquitas no cobran la entrada y ni siquiera prohíben el flash. Tomen nota los responsables de la Conferencia Episcopal Española...
2. Las autoridades tienen muy claras las posibilidades turísticas y se afanan en acrecentar el flujo de visitantes recurriendo a fórmulas de probada eficacia. En Éfeso ofrecen "la casa de la Virgen María", acaso con la pretensión de crear un centro de peregrinación comparable a Santiago de Compostela. También presumen de la tumba de san Juan Evangelista y del sarcófago de Alejandro Magno... Me atrevo a vaticinar que en el futuro nos sorprenderán con ideas aún más exóticas., siempre respaldadas en restos artísticos de mayor o menor entidad.
3. Los museos ofrecen una imagen tan patética como los españoles... También allí prestan especial atención a los emblemáticos, con instalaciones museísticas de ingenuas y pretenciosas cualidades escenográficas; los demás subsisten. Sin embargo, pervive la función "pedagógica": en el Museo Arqueológico de Estambul permiten que los estudiantes de Bellas Artes se sientan en el suelo y copien o tomen notas de las esculturas helenísticas.
4. El "problema Santa Sofía". Primero fue iglesia ricamente ornamentada; más tarde, mezquita... Los musulmanes suprimieron de mala manera la decoración antigua, unas veces picando mosaicos y pinturas y otras, recubriendo las imágenes con enfoscados y enlucidos, que luego cubrieron con ornatos sumarios y de muy escasa calidad. Una vez convertida en Museo, las autoridades actuales han optado por la solución más simple: dejar el edificio como estaba cuando era utilizada como mezquita, con unas cuantas "catas" que muestran el ornato de la época cristiana. Espero que en el futuro se imponga el sentido común y se recupere el carácter original en su integridad... El "interés turístico" lo justificaría plenamente...
5. Pudimos ver Santa Irene... Aunque sus paredes están repicadas y las autoridades turcas la tienen medio abandonada, ofrece un espectáculo arquitectónico fastuoso.
6. La cultura turca actual parece ajena a las corrientes estéticas occidentales. Las ciudades turcas son paraísos para los admiradores de Iman Maliki.
7. Los restos greco-latinos que aún existen "in situ", a pesar de la rapiña de ingleses y alemanes, son espectaculares...
Pasamos un rato en Troya, recordando lo peligroso que puede ser juzgar la belleza de una mujer... Sentí la presencia de Afrodita y Éride... Pernoctamos frente a Lesbos, cuyo relieve surgía de las brumas con tonos rojos y amarillos. Caminamos por las calles de "La Ciudad Sagrada" (Hierápolis), construida en travertino sobre nubes de algodón... Completo y maravilloso universo de referencias míticas y literarias, incompatiples con la concisión de este medio... Pero, por desgracia, para completar el periplo jónico, debemos acudir a Berlín, Viena y Londres...

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