miércoles, 30 de marzo de 2011

El Patrimonio Histórico moderno. El "Hospitalillo" de Tarancón.



Historiadores británicos, americanos y españoles se están moviendo para intentar detener la demolición de un viejo edificio con un pasado agitado: el hospital de Santa Emilia.
Para ello ha redactado la carta recogida a continuación:
Madrid, a 28/3/2011
Al señor Alcalde Raúl Amores Pérez y a la Corporación Municipal de Tarancón.
El pasado 23 de febrero, en Tarancón, un grupo de historiadores e investigadores españoles, irlandeses e ingleses, visitamos el edificio donde funcionó el hospital “Santa Emilia”, guiados por el Archivero Municipal. Tanto a él como al Alcalde y  al Concejal de Cultura, les estamos muy agradecidos por las facilidades que nos dieron para hacer esta visita.
El recorrido nos resultó fascinante, ya que pudimos ver además del que fuera entonces hospital, el refugio antiaéreo anexo que está en el jardín, a pocos metros de la puerta trasera del edificio. Gracias a datos ya conocidos y por la existencia de este refugio, pudimos confirmar que esas instalaciones fueron de uso militar durante la guerra civil, y que eran uno de los tres centros  sanitarios emplazados en Tarancón  utilizados por el “American Medical Services”, dirigido por el conocido Dr. Edward Barsky.
En la actualidad, en los Estados Unidos y en el Reino Unido, esta teniendo lugar un renovado esfuerzo de investigación, liderado por académicos e historiadores, centrado en el descubrimiento e interpretación de nuevas fuentes sobre el amplio apoyo médico internacional brindado a la Segunda República Española durante la guerra civil.
Avances médicos importantes, como el triage, la transfusión de sangre, o el método Trueta o “español” para el tratamiento de las fracturas abiertas, fueron técnicas puestas en práctica casi por primera vez en el conflicto español, y en su desarrollo tuvieron mucho que ver doctores como Reginald Saxton y Norman Bethune, ambos muy reconocidos en la historia de la medicina contemporánea.
Estos nuevos procedimientos para encarar la atención de heridos de guerra, verdaderamente evolucionados respecto a los utilizados durante la I Guerra Mundial, tuvieron a su vez amplísima aplicación a lo largo de la II Guerra Mundial.
Como lugar donde se atendió a tantos pacientes, ya sea en su primera etapa de hospital civil, como cuando fue transformado en hospital de sangre a cargo de la Sanidad Militar, nos parece que este edificio tiene ganado un lugar propio en la historia del municipio, y que su sola existencia conecta a quien lo observa con el pasado de Tarancón.
Nos ha sorprendido saber, la semana pasada, que se está considerando demoler “El Hospitalillo”.
A partir de esa mala noticia, y una vez repuestos, un buen número de colegas y amigos de la actividad de investigación histórica, nos preguntamos, y queremos trasladarles a ustedes esa pregunta, si Tarancón no estaría dispuesto a reconsiderar esa demolición, y mantener el edificio en pie para darle, por ejemplo, uso como sede de colecciones relacionadas con la historia local, entre ellas las relativas al periodo de la guerra civil.
Tal vez con  la implicación de su Ayuntamiento y la de colectivos locales, se le pueda dar a ese magnífico espacio un uso cultural, y de paso se pueda evitar perder un elemento de la memoria común que vincula a Tarancón con Europa, USA, y otros centros sanitarios similares.
Recientemente se acaba de publicar un libro sobre el hospital de Huete, y existen planes para centrar en Tarancón, Saelices, Uclés y Huete  rutas culturales para turistas, principalmente norteamericanos e ingleses, que partiendo desde Madrid,  expliquen el paso y vivencias de combatientes (brigadistas) de esos países por la zona de la carretera de Valencia, eje vertebrador de una importante infraestructura sanitaria de la República en la provincia de Cuenca.
Existe un buen número de grupos involucrados en la recuperación y conservación de la memoria de la Guerra Civil Española que estarían muy dispuestos a apoyar esta idea alternativa y a hacerla ir adelante.
Agradeciendo la atención que se nos prestó entonces y ahora, y sin otro fin que el de preservar un patrimonio histórico y emotivo que a nuestros ojos es muy valioso, quedamos a disposición de Tarancón y de su Ayuntamiento para explicar mejor nuestras razones y para ayudar a  la construcción de una alternativa para el edificio del hospital de Santa Emilia que evite su demolición.

Firman la carta: Alan Warren, Angel Rodríguez, Ernesto Viñas, David Fonfría, Paul Preston, Marina Garde, Joan Codden, Martín Minchom y Severiano Montero. 

La intención del alcalde es demolerlo y construir en el solar una residencia para 150 ancianos, gestionada por el Patronato de la Fundación Lozano y con el respaldo de la Junta de Comunidades. Dicho Patronato, que mantiene la titularidad del actual "Hospitalillo", está compuesto por el alcalde, varios empresarios locales y el párroco.
La residencia de ancianos sería construida por una entidad privada, a cambio de mantener la explotación durante cincuenta años, con la mitad de las plazas subvencionadas por la Junta. Al cabo de los 50 años, la residencia pasaría ser titularidad de la Fundación.
Si colocamos en la balanza los intereses en una dirección y en otra, es previsible la orientación del desequilibrio... Los argumentos de los historiadores son demasiado débiles en un país como el nuestro, donde no existe sensibilización social hacia la conservación del patrimonio histórico. Y más aún cuando se prevé un negocio que concentra intereses de las fuerzas vivas del pueblo, de los ancianos con expectativas de residencia y, por supuesto, de quienes participarán en la construcción del nuevo edificio. Y si a ello unimos los condicionantes que implica la recuperación de la memoria histórica...
La solución más razonable es obvia: construir la residencia en otro lugar y que la Fundación Lozano ceda el viejo edificio al Ayuntamiento (o a quien corresponda) para un uso relacionado con su naturaleza como testimonio histórico. 
Por desgracia, en España son muy numerosos los edificios de carácter comparable que se han abandonado a su suerte.

La fotografía procede de Brunete en la Memoria.

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