sábado, 20 de abril de 2013

¿El museo de las goteras?

Podría parecer oportunista si no fuera porque el titular responde a una sucesión testaruda de hechos, ocurridos desde que tengo memoria y algunos particularmente bochornosos. No serán muchos quienes recuerden aquel entramado gigantesco y móvil, atroz y extremadamente caro, propio de un discípulo de Juanelo Turriano, que se dispuso sobre las cubiertas para repararlas y garantizar la estanqueidad y que, por desgracia, cumplió de mala manera su cometido. Un asunto trivial, que en otras circunstancias se habría resuelto con lonas, sentido común y habilidad constructiva, derivó en alarde que asombró y escandalizó a propios y extraños durante algunos meses. El ingenio fue diseñado por Luis Viñuela Rueda y José Martínez Salcedo para resolver los problemas de la cubierta que, en 1993, desencadenaron la dimisión de Felipe Garín:

"La preocupación y sensibilidad de todos los implicados (Administración, Patronato del Museo, dirección de la obra, equipo técnico del Museo y constructoras) por encontrar la más segura y rápida ejecución de la obra ha permitido la búsqueda conjunta de la mejor solución y, como resultado, la fabricación de un medio auxiliar de obra, ciertamente excepcional, pero que se justifica sobradamente por la singularidad del edificio y contenido a proteger."


Foto Revista de Obras Públicas
Casi como si fuera fruto de una maldición melancólica o como la venganza del espíritu de Juan de Villanueva, dolido con tanta reforma  —sería extremadamente osado hablar de mala gestión endémica—, las goteras siguieron cayendo... sin que se salvara prácticamente ningún director de tener que dar explicaciones más o menos forzadas. Fueron notorias las de 1997 y de 1999,  en tiempos de Fernando Checa,  y, por supuesto, las de 2008, poco después de la inauguración de la ampliación de Moneo... Las consecuencias para la conservación de los fondos del museo no fueron relevantes o, cuando menos, no se divulgaron consecuencias relevantes... hasta la fecha.
Y tenía que ser en una zona de la última ampliación donde aparecieran consecuencias alarmantes. La noticia, divulgada por El País, se ha conocido un mes después por la discreción de los gestores:

“Debatimos sobre si contarlo o no, y decidimos que no era un tema de tanto recorrido como para informar, y que era el momento de dejar trabajar a los restauradores con tranquilidad”, explica Miguel Zugaza

La información oficial habla de daños en una decena de dibujos y pasteles y de un óleo (Banquete de bodas) de Brueghel El Viejo. Aunque según indica el mismo periódico, "otras fuentes afirman que son más los lienzos afectados".
Algunos periódicos se han apresurado a decir que no se han debido a un error de diseño sino a la mala ejecución... ¡Faltaría más! Todo el mundo sabe que los proyectos de Rafael Moneo se distinguen por concepciones arquitectónicas impecables...  aunque los suecos, modelados según los diseños ultra-racionales de IKEA, que no comprenden la peculiar idiosincrasia de la genialidad latina, encontraran ochenta "faltas gravísimas" en el Moderna Musset de Estocolmo...
Quienes se echan (y se han echado) las manos a la cabeza cuando aparecen humedades en el Museo del Prado deberían tomar en consideración que éstas son consustanciales a la práctica arquitectónica y que es prácticamente imposible garantizar la estanqueidad absoluta de las cubiertas o de cualquier otro elemento "barrera" por razones que conoce bien cualquier profesional de las "chapuzas": es imposible garantizar la homogeneidad de los materiales y, además, existen múltiples circunstancias incontrolables. En las cubiertas, por ejemplo, no es posible evitar las torpezas de cualquier persona que se pasee por ella, como no es posible controlar la acción abrasiva de los pájaros o los roedores, en ocasiones, de alcance inimaginable. Asimismo, con los medios actuales también es imposible conocer las posibles alteraciones "puntuales" derivadas de la combinación de dichos factores con las acciones meteorológicas (lluvias, granizo, ciclos hielo-deshielo, viento, etc) y anticiparse a las consecuencias mediatas o inmediatas.
En definitiva, es imposible garantizar absolutamente que no se manifestará una anomalía en una tubería de cobre, que no crecerá la junta de unión entre un bloque de granito y un muro de ladrillo o que una rata no destrozará cualquier sistema "de control y seguridad". El objetivo de arquitectos y constructores es hacer las cosas lo mejor posible, teniendo en cuenta que no existen varitas mágicas y que el arquitecto como el albañil deben obrar con  sensatez (la "sabiduría" del alarife) para minimizar el efecto de esos factores. Y para ello no sólo es necesario contar con arquitectos sobradamente reconocidos, también se necesitan operarios hábiles ("especialistas") y con sentido común...

Aquel 11 de marzo, lunes, se produjo un cortocircuito en la zona de los depósitos, lo que ocasionó una caída de tensión eléctrica. Fue precisamente gracias a ese cortocircuito que los responsables de la pinacoteca pudieron tener noticia de las filtraciones de agua. El percance eléctrico sobrevino como consecuencia de la filtración y el goteo de agua a través de tres pequeñas toberas integradas en un conducto de extracción perteneciente al sistema contra incendios del museo. Dichas toberas tienen incorporado un ventilador que, en caso de fuego, se activa de forma autónoma. “El problema”, explicaba ayer Miguel Zugaza, “fue que el agua rebosó el perímetro de esas pequeñas toberas y recorrió el camino hasta el depósito, y empezó a gotear”. En concreto, el agua empezó a caer por encima de un fluorescente situado en el almacén, y eso fue lo que ocasionó el cortocircuito.

Desde esta explicación transmitida por los medios y sin conocer el conjunto de las instalaciones del museo es difícil hacerse una idea de lo sucedido, pero si el sistema de protección contra incendios actuó como conductor del "agente agresivo", deduzco que será difícil encontrar "al único responsable", contando con que será fácil dar con un chivo expiatorio.
Pero en todo caso, me temo que el problema no son las goteras, sino la repercusión que entre unos y otros se da a las goteras, dado el especial carácter de lo atesorado en el Museo del Prado. Y desde esa mitificación, que activa fenómenos periodísticos histéricos y respuestas políticas demenciales, se toman decisiones surrealistas, como aquella de las "sobrecubiertas" que sólo sirven para que el "responsable político" justifique sus limitaciones argumentativas: "No hemos reparado en gastos..."
Desde los precedentes conocidos, da miedo imaginar lo que se le pueda ocurrir a los asesores del señor Wert para garantizar la "estanquidad absoluta" de los almacenes, teniendo en cuenta que será el propio Moneo quien lo concrete. No me sorprendería que los blindaran mediante las fórmulas y los sistemas de las centrales nucleares... Y deduzco que acaso sea más rentable para los intereses sociales cuidar y vigilar la realización de la obra que encargar el proyecto a un arquitecto cuya manera de entender su oficio es relativamente ajena a las posibilidades de los materiales y de la ejecución. La realidad arquitectónica como microcosmos significativo y homólogo de los problemas que nos aquejan en tiempos de vacas flacas...

Y me pregunto cuántas incidentes habrán silenciado porque "no tenían recorrido" y porque había que dejar trabajar a los técnicos... Lo dicho, dada la voluntad oscurantista que parece regir sobre la gestión del Muso del Prado, no me extraña tanta prevención ante esos instrumentos diabólicos que tienen la dolorosa virtud de bloquear y documentar la realidad evanescente...

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