miércoles, 25 de abril de 2012

Uffizi, un museo peculiar.


Hemos pasado unos día en Italia cumpliendo deseos viejos: recorrer la Toscana con cierta amplitud y no demasiada profundidad: algo así como un visita de exploración en segundo grado. Las expectativas no han sido defraudadas.
Florencia sigue, como de costumbre, hermosa y amable como mujer generosa, aunque las autoridades italianas y ciertos “negociantes” hacen todo lo posible por embarrar la imagen. Por fortuna, la solución a ese inconveniente es simple: basta con mimetizarse y hacer lo que haría cualquier vecino del extrarradio florentino: tomarse las cosas con calma.
Tenía mucho interés en visitar de nuevo la Galleria degli Uffizi y a ello dediqué una mañana… Sí, ya sé que es poco, pero hubiera sido absurdo emplear más tiempo por las razones que esgrimiré a continuación.
A primera hora la gallería está en buenas condiciones para la contemplación y el disfrute estético, pero esa situación cambia radicalmente pasados unos minutos, porque las salas más interesantes enseguida se llenan de la beatería estética universal y, por supuesto, de los jóvenes estudiantes conducidos por sus circunspectos profesores que se mueven como si tuvieran claro su destino vital. Media hora después de la apertura de las puertas, las salas "más importantes" se parecen más a los vagones del metro en las horas punta que a las de un museo convencional. Y en esas condiciones sólo son relativamente confortables las salas con obras menos populares y el corredor de las estatuas. Allí es posible sentarse y contemplar el  desfile de turistas, entre los que destacan grupos compactos de japoneses y otros menos disciplinados de procedencia oriental.




¿Cómo resolver las aglomeraciones? Supongo que si es axioma indiscutible la ubicación actual, contemplar las obras de este museo en condiciones de confortabilidad estética será imposible por los siglos de los siglos. No hay sino echar un vistazo a las colas que se forman en la piazzale degli Uffizi, para entenderlo. No quiero ni imaginarme lo que sucederá en temporada alta.
Las autoridades italianas, enfrentadas a una situación tan contundente, parecen tenerlo claro. No conozco museo o galería en Occidente (incluyendo España) con instalaciones museísticas aparentes  más deficientes.  Y sin embargo, la gente no deja de acudir… Las cualidades trascendentes de los pintores renacentistas italianos atraen con demasiado vigor.
Antes de entrar imaginaba que los gestores del museo ya habrían encontrado algún sistema de protección que hubiera resuelto los inconvenientes de los paneles de protección que había visto años atrás… Ha sucedido lo contrario: cada vez son más numerosas las pinturas protegidas de un modo incompatible con la contemplación de la obra, porque los reflejos parásitos entorpecen la percepción visual.  Además, a esa penalidad aún debemos añadir otra declinada en la misma dirección: una muy deficiente iluminación que induce demasiados reflejos. 
Y para colmo, sus gestores no han conseguido resolver problemas tan elementales como la acción de los insectos xilófagos, que han engordado a costa de alguna especialmente mítica. 


  

Se siente la presencia de las reliquias divinas, pero es imposible contemplarlas mejor que en un buen libro.
Está prohibido hacer fotografías y, por consiguiente, es divertido observar el repertorio de argucias y triquiñuelas empleadas por quienes desean obtener un recuerdo de las reliquias; en ocasiones se dispara un flash y los escasos vigilantes se agitan como sabuesos perezosos, sin deseos de localizar al infractor, que esconde la cámara en el bolsillo rápidamente.  Apasionante.
Completan el aderezo museístico otras carencias de interés variable... Como la mala comunicación vertical, que se puede convertir en un suplicio para las personas de cierta edad, con problemas de movilidad. Existe un ascensor  de escasa capacidad que no siempre está bloqueado...  Las escaleras no siguen las actuales pautas ergonómicas y, en consecuencia, son incómodas y muy agresivas con los gemelos... Lo habitual en los edificios antiguos.
Para culminación de despropósitos, los aseos del sótano parecen tener problemas constructivos —acaso serios— en la gestión de las aguas fecales. O quizás sean los restos putrefactos de los Medicis... Sea como fuere, los efluvios aromáticos desvirtúan la sacralidad del lugar y proyectan importantes dosis de ironía al turista poco informado.


Sólo las tiendas cumplen plenamente la función para la que fueron diseñadas. En ellas se pueden comprar las bagatelas apetecibles por el turista medio y por los jóvenes que deben llevar algo a sus familiares en primer grado.

Están realizando obras en la zona oriental, donde ahora está la salida... Es posible que dentro de algunos meses, si lo consiente la actual crisis, la Galería presente menos carencias; pero conociendo el sentido práctico de los italianos y sabiendo que la gente no dejará de venir aunque la reciban a latigazos, no creo que cambien mucho las actuales penurias, porque la funcionalidad turística —su concepción como infraestructura turística— está a salvo. ¿A quién preocupan las servidumbres específicas de los museos... ?

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