jueves, 29 de noviembre de 2012

Doña Perfecta en Madrijosa, 2012

Benito Pérez Galdós es uno de mis escritores favoritos...  incluso, aunque no se note. ¡Qué más quisiera! Me parece que su manera de escribir marca una referencia  polar para situar el punto de partida de un fenómeno literario sumamente irregular que marcó proceso paralelo al de la historia española. Sí, ya sé que ahí está la generación del 98 y ahí están unos posos portentos insulares, pero según mis gusto, habrá que esperar al empuje latinoamericano para encontrar corrientes de mayor "nivel" en el dominio del lenguaje, si es aceptable emplear término tan descriptivo como incorrecto.
Desde ese aprecio y desde mi interés por el cine, he regresado a Buñuel mil veces, para forzar comparaciones, que casi siempre se saldaban en perjuicio del cineasta aragonés. Sugiero comparar las dos Tristanas... ejercicio maravilloso para reflexionar sobre los puntos de contacto y fricción entre cine y novela; entre un cineasta de orientación expresiva y un escritor de sutileza ejemplar.


Con esos prejuicios me acerqué al María Guerrero, condicionado por las críticas muy favorables que se habían publicado sobre la versión de Ernesto Caballero, quien confiesa en el díptico que se entrega a los espectadores, que le interesó partir de la novela y no de la versión para teatro del propio Galdós. Magnífica idea. Entiendo que el peso del Galdós novelista es superior al del Galdós dramaturgo, por mucha influencia que, también en esa dirección, irradiara hacia todo el siglo XX. Sin embargo ahí acaban las coincidencias.
Dice Ernesto Caballero que "Galdós quiso hacer una metáfora de la España de su tiempo: la imaginaria ciudad de Orbajosa era toda una nación menguada, arcaica, ensimismada, y la dolencia que aquejaba a los personajes del relato la propia de un país enfermo de atraso y superstición."  No estoy seguro de ello, porque el texto enfatiza demasiado el carácter rural de Orbajosa. El propio nombre es sumamente explícito; aunque tiene catedral y el erudito local nos diga que el nombre es una corrupción de Urbs Augusta, es obvia su relación con el producto más acreditado de la zona: los ajos.
Acaso me pase de perspicacia —que es delito odioso para Cronos—, pero me ha parecido detectar cierta voluntad por quitar hierro al texto de Galdós (ver el díptico o la documentación ofrecida en Internet), porque en este autor suelen estar diáfanos los juicios políticos; y en ese sentido, esta obra no es ninguna excepción, incluso aunque afronte hechos evitando toda simplificación pueril. No creo que el texto de Galdós equipare la valoración crítica a los orbajosenses y a Pepe Rey, tal y como sugiere el comentario del director...  A mi juicio, en el texto de Galdós está claro el choque entre el pensamiento europeo moderno (de fundamento científico), ya materializado durante la segunda mitad del siglo XIX en los ambientes españoles más dinámicos (urbanos e industriales), y los valores de una sociedad aún dependiente de una estructura de poder todavía vinculada al vientre de los ajos, a pesar de Madoz y Mendizábal. Don Inocencio (el canónico) completa la personalidad de Doña Perfecta para sintetizar la imagen nítida empleada por Buñuel en Viridiana y, muy especialmente, en Tristana. Religiosidad anquilosada, hipocresía, erudición provinciana y autocomplaciente, doble moral, parasitismo, falta de capacidad emprendedora...
De esa voluntad por "reajustar" el texto deriva, a mi juicio, la parte más discutible de la versión  ofrecida en el María Guerrero. Aunque, mediante el vestuario se ha procurado acercar la acción a nuestros días en el comienzo, ese acercamiento gira radicalmente, porque en la parte central el vestuario nos lanza hacia los años 50 y al final de la obra se acentúa el juego de "progresión regresiva" y, casi de modo súbito, nos encontramos en la segunda mitad del siglo XIX. La ruptura del proceso temporal convencional puede ser una fórmula ingeniosa, pero tiene, al menos, un inconveniente, según mi criterio:  el vestuario de la época de Galdós, así como la alusión a las partidas, atenúan la posibilidad de establecer relaciones directas entre lo que sucede en la obra y la actualidad. Entiendo que, para aproximar la obra, habría sido más eficaz hacer lo contrario: empezar con vestuario del XIX y acabar en la actualidad, precisamente, para enfatizar la vigencia del texto, acreditada por fragmentos como el recogido aquí:


 (Doña Perfecta, novela;  habla el canónigo)
—Ya que de este modo ensalzo los méritos de usted, permítaseme expresar otra opinión con la franqueza que es propia de mi carácter. Sí, Sr. D. José, sí, Sr. D. Cayetano; sí señora y niña mías: la ciencia, tal como la estudian y la propagan los modernos, es la muerte del sentimiento y de las dulces ilusiones. Con ella la vida del espíritu se amengua; todo se reduce a reglas fijas, y los mismos encantos sublimes de la Naturaleza desaparecen. Con la ciencia destrúyese lo maravilloso en las artes, así como la fe en el alma. La ciencia dice que todo es mentira y todo lo quiere poner en guarismos y rayas, no sólo maria ac terras, donde estamos nosotros, sino también cælumque profundum, donde está Dios... Los admirables sueños del alma, su arrobamiento místico, la inspiración misma de los poetas, mentira. El corazón es una esponja, el cerebro una gusanera. 


Pero, en todo caso, me parece respetable el planteamiento de Ernesto Caballero y su voluntad por "recuperar" a un autor merecedor de mayor reconocimiento...

Revista Teatros, foto David
Por lo demás...
Me ha encantado el planteamiento escenográfico. La idea de los azulejos es brillante.
No me han gustado los "momentos musicales", que no conseguí relacionar con el original de Galdós ni con la versión "regresiva" de Ernesto Caballero. Acaso sea por ignorancia, pero no creo que hubiera sido difícil encontrar obras que enfatizaran lo uno o lo otro, sin necesidad de inclinarse hacia lo más trillado.
La interpretación... Lola Casamayor, en su proceso de "envejecimiento regresivo", está impecable. Creo que con la escenografía, define lo más brillante de esta versión.
Los demás... dentro de la irregularidad que parece señal de identidad del CDN. Unos, mejor; otros, peor; alguno...
El público, con sus aplausos, emitió juicio muy positivo.

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