sábado, 3 de noviembre de 2012

La "catedral" de Justo

La entrada de Edward me recordó un asunto pendiente...
No pasábamos por Mejorada del Campo desde hace dos o tres años. Ya por entonces Justo —así se hacía llamar, simplemente "Justo"—se lamentaba de los achaques, aunque permanecía fiel al objetivo constructivo y, por supuesto, a su voluntad de apostolado.  El 1, festividad de todos los santos, aunque era día de mucho público, Justo no estaba porque se levanta muy temprano y se acuesta antes de la caída del sol. Ya ha cumplido los 97 años y, aunque se conserva bien, está muy anciano...


La "catedral", en términos generales, ha cambiado poco en esos dos o tres años, aunque los espacios parecen más limpios y ordenados, acaso porque hay manos nuevas.  Ángel López, que le ha ayudado durante casi veinte años, está decidido a continuar la empresa, si fuera necesario... Imagino que esa expectativa de transición se habrá sentido en la organización de la obra, que ofrece un hecho insólito: en el interior del templo había tres automóviles y una motocicleta... ¿Para acrecentar los matices anacrónicos y surrealistas?
Aunque los tajos siguen su curso, se diría que se ha manifestado la "paradoja" de Zenón de Alejandría: cuanto más trabajan en la catedral, más tiempo falta para acabarla. Como si Dios Todopoderoso hubiera decidido castigar la extravagancia de un fiel indómito, incapaz de permanecer en el redil y en la pasividad impuesta por la jerarquía eclesiástica, con una pena propia de Titanes, como la de Prometeo.


Justo Gallego nació en Mejorada del Campo en 1925 y, según explica él mismo, desde muy joven sintió una  "profunda fe cristiana" y quiso consagrar la vida a Dios. Ingresó en el monasterio de Santa María de la Huerta a la edad de 27 años, de donde fue expulsado porque enfermó de tuberculosis, "por miedo al contagio del resto de la comunidad". De regreso a su pueblo natal, tomó una decisión que cambió el curso de su vida para siempre: en un terreno de labranza familiar, construiría una "catedral". Y se puso manos a la obra como lo habría hecho un labriego para levantar una paridera, sin planos ni conocimiento alguno de albañilería o de cualquier otra especialidad profesional relacionada con el arte de la arquitectura. Reconoce que se inspiró en las imágenes de castillos y catedrales...  "Pero mi fuente principal de luz e inspiración ha sido , sobre todo y ante todo, el Evangelio de Cristo."  No obstante, parecen obvios los influjos románicos y bizantinos... ¿y de Gaudí? Lleva alrededor de 50 años trabajando en jornadas que empezaban a las tres de la mañana con algunas ayudas esporádicas, según explica él mismo en un texto colocado en el interior del templo.
Aunque alguien ha  dicho que la "catedral" se sostiene porque "Dios trabaja a tracción", cuando el edificio ya está definido en su "esencia arquitectónica" final, se abre al visitante como un extraordinario y prodigioso muestrario de reutilizaciónes e intuición constructiva, de esos que permiten hablar de la grandeza humana, de la capacidad del hombre para afrontar aventuras que, en primera apariencia, le desbordan.


Como el edificio, sito junto a la calle del Arquitecto Gaudi —¡cuántas posibilidades metáforicas!—, fue concebido al modo antiguo, sin proyecto ni licencia municipal, es una construcción ilegal que, de acuerdo con la normativa vigente, debería haber sido demolida hace tantos años como los que el moderno anacoreta lleva enfrascado en su sorprendente empeño de salvación... Supongo que el edil de aquellos tiempos pensaría que las circunstancias se impondrían a la voluntad enfermiza de Justo; o que por tratarse de una iniciativa piadosa, se podía hacer la vista gorda... Es sabido que las autoridades españolas, sean conservadoras o progresistas, son especialmente sensibles a los asuntos espirituales.
Han pasado los años y para solaz de escépticos y desazón de ortodoxos, por encima de la voluntad de las autoridades competentes —la religiosa y la civil—, Justo y su seguidor (o seguidores) siguen a lo suyo y desde hace varios años, considerablemente reforzados por la curiosidad de unos (hasta el MOMA le abrió sus puertas), el interés de otros y una campaña publicitaria (Aquarius), que incrementó considerablemente la cifra de curiosos: seguramente tiene más visitantes anuales que muchos museos españoles.
Consecuencia de ese empeño es lo que podemos ver en la actualidad: un complejo arquitectónico que comprende una "catedral" de planta basilical con torres y tres naves, tribuna perimetral y cripta, cubierta mediante bóveda y cúpula central; pero también ha construido un baptisterio, una extensa sacristía y varios espacios dispuestos alrededor de un generoso patio interior, que podríamos llamar "claustro".
Contra el "éxito popular" creciente, en la diócesis de Madrid-Alcalá no quieren saber nada y, según confiesan los peor pensados, en el ayuntamiento de Mejorada están esperando la muerte de Justo para demolerla, argumentando problemas de seguridad... En un país atrasado y de mezquindad sobreabundante, es previsible un futuro incierto para una obra que acaso debiera ser cuidada como oro en paño, aunque sólo fuera por su excepcional singularidad.


Aunque Justo reconozca su nula formación en asuntos constructivos, la "catedral" es un museo vivo de la creatividad humana aplicada a la acción constructiva mediante materiales de desecho, pero también un manifiesto contra la arquitectura convencional.  Se ha pasado por "el forro" la normativa municipal, pero también casi todo lo que se puede enseñar sobre técnicas constructivas ortodoxas y, a pesar de lo que seguramente dirán quienes la periten, ha construido un edificio que, contando con los previsibles problemas "locales" (descuelgues de pelladas de cemento y otros detalles "menores" conocidos) y con el oportuno mantenimiento, durará en pie más años que los rascacielos de Norman Foster o que el Museo Nacional de Arte Romano de Mérida, sin ir más lejos. ¡Seguro!
El procedimiento empleado es simple y menos rico de lo que se podría deducir de las elegías desbordadas de quienes han manifestado asombro: aplicar el sentido común acumulado mediante el propio proceso constructivo para abaratarlo, contando con las propiedades del cemento, del hierro y de los materiales de deshecho. Ha empleado: ladrillos deformados o mal cocidos, recortes de perfiles laminados, chatarra, bovedillas defectuosas, ventanas rotas, botes de pintura, fragmentos de baldosas o de mármoles... pero también latas de refrescos, pelotas de tenis, papeles, etc, etc.  Le ha servido cualquier cosa, porque su técnica constructiva invariablemente pasaba por compensar cualquier deficiencia mediante morteros que no parecen pobres en cemento.






La fórmula más repetida combina cemento y el hierro para definir estructuras sencillas, por lo general ornamentales, mediante "arcos helicoidales". Con hélices de alambre a las que proporciona la forma deseada (de curvatura variable), consiguen estructuras curvadas de tipos muy diferentes con sólo adaptarlas a la posición y rellenándolas de mortero de cemento combinado con otros materiales. De ese modo ha hecho pilaretes, arcos de arriostramiento, medallones, escaleras monumentales y mil elementos más.
Los pilares, seguramente con armaduras sobredimensionadas, tienen la forma debida a los recipientes cilíndricos, muchos de cartón, que sirvieron de encofrado; en otras ocasiones le han parecido suficientes tubos porosos, de los que se suelen emplear para drenajes, rellenos de hierro y cemento.
Ha organizado los forjados mediante vigas de procedencia "dudosa", unas veces de perfil laminado y otras de cemento prefabricado, con bovedillas de tipos diversos. Y los ha aligerado con lo que tenía a mano, aunque últimamente está empleando arlita (arcilla expandida) y aligerantes similares.
El repertorio de maquinaria auxiliar ha sido exiguo. A pesar del tamaño del edificio, no ha empleado grúas convencionales, apenas algunos mecanismos eléctricos de elevación; junto a ellos por la obra se ven aparatos más prosaicos como una rueda de bicicleta conformada como polea.
Por toda la "catedral" proliferan elementos populares de significación religiosa, traídos de acá y allá, para definir una "museillo" kitsch de apariencia sacralizada gracias lámparas que, según parece, también proceden del reciclado de cera o parafina.


Ya han empezado a "decorar" algunas zonas mediante escenas religiosas de iconografía clara, firmadas por alguien voluntarioso... Hubiera sido absurdo recurrir a manos más hábiles.
También han comenzado a colocar "vidrieras" conseguidas según procedimientos variados; entre ellos destaca una fórmula consistente en colocar diseños materializados mediante "cristales coloreados y machacados" en un sándwich de vidrios.Entre los motivos elegidos destacan composiciones que hacen pensar en el "sol naciente" y en las banderas del antiguo Reino de Aragón, y  tres que acaso pretendan representar a los Reyes Magos, según modalidad iconográfica "prestada" de la popular baraja española de Eraclio Fournier. Son los reyes de copas, espadas y bastos. Desde ese paralelismo, se deducen posibles parentescos iconográficos que no me atrevo ni a mencionar por no avecinar "símbolos" sagrados con motivos de la más rancia estirpe cañí.


¿Gaudí redivivo en formato kitsch? Me parece obvio; como son obvias las consecuencias de las iniciativas consecuentes en un país dominado por la incongruencia entre valores teóricos y moral práctica.

¿Problemas de seguridad? Por supuesto, como los de casi todas las catedrales, más las propias de una edificación singular. Sólo con un paseo por el complejo se advierten mil detalles amenazadores; la mayoría, fácilmente subsanables, pero también algunos de solución más compleja.  El hierro no ha sido tratado adecuadamente y son previsibles fenómenos de oxidación incontrolables... como los que torturan al metro de Nueva York. Asimismo, es imposible comprobar el estado y la naturaleza de la cimentación y, sobre todo, el comportamiento de las fórmulas empleadas en la confección de las cúpulas. Demasiadas soldaduras sin la peritación adecuada, que, con fenómenos climatológicos extremos, podrían culminar en tragedia.
La inexistencia de un control de calidad homologado impide toda predicción de estabilidad arquitectónica a medio plazo y, por lo tanto, la "solución demoledora" cuenta con tres factores muy poderosos:
1. Nadie va a asumir la responsabilidad de consentir su uso público. Cubrir la responsabilidad civil y penal colocando carteles que adviertan al visitante que corren por su cuenta los riesgos de visitar el "templo", deja sin sentido la función municipal en estos asuntos y más tarde o más temprano, ésta deberá tomar una decisión que, conociendo la poca afición de los políticos a los riesgos, parece clara.
2. Aunque la normativa general sobre edificación sea discutible —no parece razonable que una vivienda unifamiliar necesite el proyecto de un arquitecto—, la "catedral" de Justo es un precedente "peligroso". Desde el interés social, sería absurdo consentir la construcción de edificios de uso público sin garantías.
3. El coste del mantenimiento y conservación podría ser elevadísimo y en tiempo de crisis, sería absurdo emplear recursos públicos para mantener "operativo" un edificio nacido como carrera penitencial de un hombre de profundos sentimientos religiosos.
Contando con estas circunstancias, teniendo en cuenta su proyección social, bien como templo, bien como extravagancia excepcional, ¿merecería la pena afrontar su conservación mediante conocimientos y recursos ortodoxos?
En el otro lado dela balanza... Más allá de la ingenuidad de sus objetivo, Justo nos ha enseñado que se puede construir prescindiendo de las estructuras consagradas por la sociedad... En un contexto dominado por diseños arquitectónicos impecables que, sin embargo, no funcionan como deben, Justo ha "escrito" un monumental tratado de arquitectura popular. Su cualidad excepcional avala la conservación.
¿Arquitectura esperpéntica? A lo mejor es la consecuencia directa de enaltecer planteamientos esperpénticos. Y por ello también debiéramos conservarla, para dejar testimonio perecedero de lo que somos como pueblo...
En síntesis...

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