domingo, 19 de enero de 2014

La preocupación del Museo del Prado por incrementar la psicomotricidad fina de los ciudadanos

Cada vez que entro en el Museo del Prado, creo detectar con mayor claridad el orden de prioridades de sus gestores. Sin embargo, esta tarde al recorrer sus salas he observado algo que ha modificado substancialmente la idea que, hasta hoy, tenía sobre el particular.
Es de elogiar el desvelo de los gestores, traducido en el de los vigilantes, por asegurarse de que el ciudadano no se equivocas de botón cuando maneja el smartphone o la tablet. Con suma amabilidad se ponen al lado del diletante para recordarle que, como buen amanuense, debe anotar con cuidado los detalles de las cartelas mediante el teclado o el puntero, en lugar de fotografiarlas, porque las fotografías perturban la tranquilidad espiritual que debe imperar en tan sagrado lugar. De ese modo, además, el Museo cumplen su muy noble y moderna función didáctica, porque el visitante, al tener que mover los dedos con rapidez para pasar de una tecla a otra y de una aplicación a otra, se ve obligado a realizar ejercicios de psicomotricidad fina, que es uno de los objetivos de la educación plástica y estética de nuestros días, según reconocen todos los especialistas. Sólo cuando el museo saca beneficio económico, es asumible prescindir de tan nobles objetivos y emplear los susodichos objetos diabólicos para otras finalidades…


No sería mala idea que los gestores se animaran y crearan alguna aplicación que, mediante wifi, completara los comentarios de las cartelas. De ese modo, se podría ampliar la información ofreciendo los textos de la "galería online", y aún ir más allá, por ejemplo, explicando las razones por las que alguien suprimió los genitales del herma sobre el que se apoya Dioniso, para regularizar la superficie mediante un suplemento rectangular de gran tamaño que da pie a fantasías desbocadas.

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