lunes, 19 de septiembre de 2016

Los libros de texto como inconveniente

Javier Penalva ha publicado un interesante artículo, cuya lectura atenta recomiendo, en el que plantea una cuestión casi obvia que, sin embargo, sería políticamente incorrecto plantear por las consecuencias que movilizaría tomarla en consideración. En la actualidad, con los medios a nuestro alcance, los libros de texto no sirve para nada, absolutamente para nada; y aún más: debido a las circunstancias impuestas por su elaboración, tienen muchas posibilidades de convertirse en instrumentos antieducativos, sobre todo si caen en manos de profesores proclives a no "complicarse la vida" y a ser escrupulosos con "lo políticamente correcto". Cualquier profesor sabe que, en la actualidad, existen mejores recursos y, por supuesto, mucho más baratos, para afrontar el asunto educativo y sin embargo...
Por un lado están los intereses de las industrias editoriales, inefablemente vinculadas a los medios de comunicación, que constantemente refuerzan la magia sagrada de los libros. Por otra parte, los mencionados profesores "acomodados", que seguramente son mayoría en el sistema público... Por otra, los políticos que deberían enfrentar el problema y se encuentran atrapados por los mencionados intereses empresariales que devienen losas amoldadoras desde los medios de comunicación... En esas circunstancias, a ver quién tiene cojones para proponer públicamente la supresión de los libros de texto; como mucho, en ciertas zonas se ha apostado por "la mochila digital", que es un esperpento sin otro objetivo que asegurar los peajes del periplo formativo...


Y lo cierto es, como indica Javier Penalva, que cualquier reforma educativa actualizada, debería afrontar cuanto antes unos pocos asuntos preliminares y entre ellos está, obviamente, la SUPRESIÓN de los libros de texto. Y nadie me interprete mal, porque no estoy proponiendo la quema de las bibliotecas, que seguirán cumpliendo una función educativa magnífica... sobre todo, si digitalizan sus fondos.
En ese contexto, consumimos tiempo y energías en discutir sobre "la carrera docente" y otras gilipolleces por el estilo. Hace unos días una amiga preguntó a un colega por qué en los colegios públicos se movilizan aventuras "disruptivas" en "educación artística", casi siempre más bienintencionadas que efectivas en el proceso educativo global, mientras en algunos privados y concertados se están empleando modelos "cooperativos de integración" que, entre otras cosas, dejan los libros en los columbarios de las bibliotecas de los centros educativos y ofrecen a los alumnos propuestas dinámicas, más atractivas, de gran activación en el desarrollo cognitivo y mejor sintonizadas con el progreso de los medios y el del conocimiento.
El colega respondió con un exabrupto:
—Mientras debatimos la derogación de la LOMCE o si son galgos o podencos, se impone el "modelo jesuita"... ¡Hay que joderse!

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